Sep 4 2010
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Opinión

Venezuela: elecciones en tierra derecha y la derecha desesperada

Néstor Francia.*

La aparición de Vicente Díaz como vocero de la oposición investido con una rectoría del CNE, no hace sino confirmar las grandes dificultades que está sufriendo la oposición ante la arrolladora campaña del PSUV con el huracán Chávez al frente. Una de las consecuencias del desborde de la gran maquinaria roja es el efecto inhibidor que provoca en la base social opositora, y que fomenta la abstención en ese sector. La impresión victoriosa del chavismo, que reboza alegría, optimismo, positividad, contrasta con el apocamiento y la desmotivación del mermado liderazgo y la disminuida campaña de los opositores.

Lograr que Chávez se salga de la campaña no es el objetivo de la comparecencia de Díaz. Ellos saben que eso no va a ocurrir. Lo que pasa es que se están dando movimientos en la estrategia electoral opositora, dentro del plan alternativo de embasurar las elecciones y preparar el escenario para patear la mesa, sea con un retiro de última hora, con la excusa del “ventajismo” del Gobierno, o con un desconocimiento del resultado electoral con apoyo de factores externos como el Senado chileno o el PP español, y respaldo total de la canalla mediática nacional e internacional y del Imperio. En cualquiera de los dos casos se abriría las puertas a la conspiración sin tapujos, al intento de generar violencia y de promover las salidas inconstitucionales.

De allí que el presidente Chávez no haya dejado pasar por debajo de la mesa lo que la presidenta del CNE calificó, con toda razón, de "show mediático" del rector Vicente Díaz.

Una cosa que demuestra la difícil situación que vive la oposición en Venezuela es la soledad que rodeó el espectáculo macabro que trató de crear en torno al suicidio de Franklin Brito. En ninguno de los actos del espectáculo, ni en el velorio, ni en el traslado a Anzoátegui, ni en el “homenaje” en una plaza de Barcelona, ni en el entierro lograron una convocatoria masiva, por el contrario, básicamente actuaron en el show los conocidos y fracasados politiqueros del campo opositor, así como algunos familiares y allegados del suicida, además de cuatro cacatúas salidas de entre las viudas de los días “dorados” de la Plaza Altamira.

Para nuestro pueblo mayoritario, ese muerto es de otro, sin más ni más. De manera que a la larga, esta fiesta fúnebre del escualidismo está deviniendo poco a poco en otra derrota política de ese impenitente grupo de perdedores.

La inmediata y furibunda reacción opositora ante el anuncio de la Cédula del Buen Vivir (que equivaldría a un tarjeta de crédito popular y limitada, y que no tiene nada que ver con racionamiento) anunciada por Chávez, demuestra el gran temor de la oligarquía ante la perspectiva de profundización que presenta la Revolución Bolivariana, y de la consolidación de un sistema de distribución socialista que se está creando, junto a la conectividad que se plantea entre ese sistema y el sistema financiero del Estado, que igualmente está en franco crecimiento, en un interesante experimento nunca antes visto de sustitución paulatina de las estructuras del capital privado en medio de políticas democráticas y sin recurrir a la violencia.

Contra la Cédula del Buen Vivir se han pronunciado distintos representantes políticos y económicos de la oligarquía, inclusive ese lamentable ejemplo de escualidismo senil agudo que es Maza Zavala, quien declaró que ve con poco optimismo la efectividad que tendrá la aplicación de la Cédula del Buen Vivir, y hasta parece estar preocupado por considerar que su uso será exclusivamente para los sectores de menores ingresos.

Maza sigue mansamente la falta matriz que trata de imponer la oposición en torno al aun no creado instrumento, y dice que teme incluso que sirva de “tarjeta de racionamiento” donde las cantidades y los artículos estén estipulados, cosa de la cual no ha hablado Chávez ni por asomo. Señaló este transfigurado economista burgués, que de respetable pasó a ser ridículo, que se estarían afectando las libertades económicas, y añadió que “Una cosa es una pauta alimentaria por cuestiones de salud y otra cosa es una restricción tanto cualitativa como cuantitativa” ¿De qué extraño sombrero sacó tal conejo este decadente aprendiz de brujo?

* Analista de asuntos políticos.

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