Feb 18 2007
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Opinión

Venezuela. – REPASO A LOS CARNAVALES EN TIEMPOS DE POLÍTICA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Creo que se puede agregar el adjetivo socialista al Estado o a la Constitución, pero considero que existe implícita en su estructura actual la posibilidad de buscar cualquier forma ideológica que no sea contraria a los principios del Estado y del Gobierno.
Hildegard Rondón de Sansó
(En El Nacional, el 10 de febrero de 2007).

El epígrafe es simplemente para recordar la fecha. No voy a dedicarle un artículo a esa frase y, mucho menos, a otra de las afirmaciones de la declarante sobre la incorporación de las misiones al texto constitucional. Prefiero descansar un poco, y conmigo a los lectores, y revisar en mis archivos algunas cosas que en tiempos pretéritos dije sobre estas fechas y, al final, dar mi voto por el mejor disfraz de estos carnavales venezolanos.

fotoAlgunas encuentro, parece que con alguna frecuencia me he ocupado de las máscaras. El carnaval a mí me recuerda Venecia, con Casanova, y Viena, con los valses de Strauss. Rio de Janeiro es testigo de un extraordinario desbordamiento de pasiones con crímenes (uno tiene en la mente Orfeo Negro) que rondan en las máscaras y se cometen desde la avenida Presidente Vargas hasta las favelas, pero, para mi gusto, no es la ciudad que identificaría con esta misericordiosas carnestolendas que aprovechan los desdichados de carne y espíritu.

Además, no hay por qué identificar crimen con carnaval, pues aguanta, más bien, la identificación con sexo. Es tal vez por ello que la figura de Casanova me viene a la mente cuando se tiene que escribir una nota para el lunes de carnaval.

No se trata de un olvido de las mulatas y sobre quienes no lo son, sólo que es apasionante ver a Casanova, excelente escritor, saliendo de una de esas encantadoras viviendas venecianas con su mascarín sostenido en la mano izquierda, mientras arriba el noble carnudo trama venganza y él, luego de pasada la travesura detrás de uno de esos muritos protectores de los que tanto abundan en aquella ciudad, toma no tan tranquilamente una góndola sabiendo que los sicarios lo perseguirán en los días sucesivos por aquella torpeza de dejar un guante abandonado sobre la cómoda de la amada.

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Hoy, muchos émulos de aquel célebre aventurero de alcoba sostienen las máscaras porque ellas son las más bellas que recuerde y además de los bailes de Plaza San Marcos bien se puede andar las callejuelas sin temor a enfriar los huesos en la prisión del Puente de los Suspiros. Venecia es siempre romántica y un carnaval allí sigue siendo un espectáculo, sólo que se debe reservar una habitación con un año de preaviso, dado que no se puede asegurar un lecho sólo vistiéndose de Casanova para esta maravillosa noche de ciudad iluminada y de fustanes almidonados. Dejemos, por lo demás, de llamar a Casanova aventurero y digámosle escritor, pues lo fue, y de varios tomos (allí está La storia della mia vita).

Viena es mucho más sofisticada, tal vez por esa tradición de ciudad musical de la música. Se abrirán los palacios y se danzará cómodamente a Strauss en la misma sala donde Kennedy y Kruschev mantuvieron el célebre diálogo aquel en el cual el dirigente soviético pretendía asustar al novato presidente norteamericano.

fotoLas pinturas en las paredes van del XVII al XIX y sólo unas tímidas cuerdas rojas impedirán a los bailarines descansar en las sillas donde la princesa Sisy reposaba de sus malacrianzas para con el joven rey. Por supuesto que en Viena todo se arregla con valses, aunque existan las 70 casas donde el neurótico de Beethoven nos dio la música más sublime que se pueda recordar y en la plaza de su nombre la hierba esté mal cortada y las palomas tengan la estatua en pésimo estado.

Sólo que Strauss es Viena, aunque en las Sinfonías de Beethoven el grande Bersteim nos haga aparecer de entrada la estatua del genio iluminada por un relámpago. Habrá que vestirse de época, de pies a cabeza, lo que incluye esas incómodas prendas íntimas que tanto contribuyeron a la castidad de las vienesas. Tal vez porque las mujeres de esta pequeña y sugestiva ciudad son flacas a más no poder, aunque coronan con los rostros más bellos de entre los bellos que se pueden encontrar en Europa, gusten de estas complicadas vestimentas.

Es un placer detenerse en el centro de Viena a ver pasar los desfiles, además de muy económico, pues bien se pueden ahorrar los dólares destinados a la comida. Se trata de que en aquellos simpáticos desfiles le ofrecen a uno de todo, empezando por las salchichas y terminando por el vino con el intermedio de un montón de frutas que delicadas criaturas entregan en las manos, y no como se acostumbra aquí, o mejor, se acostumbraba, que la idea central era golpear al pobre que se atrevía a colocarse en la calle. Es una buena manera para restaurantes, fabricantes y distribuidores hacer conocer sus productos; si uno queda con hambre persigue la carroza de mayor gusto culinario y ante la noticia de que a uno le ha gustado la comida le sirven dos porciones abundantes. Cuestión de civilización.

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En Munich beben cerveza y se divierten con las burlas a los personajes de relevancia política local y mundial. Por lo demás la comida alemana es estupenda, aunque es recomendable llevarse una caja de pastillas contra la acidez. Generalmente se encuentran pequeños carnavales en tantísimos pueblos de Europa, desconocidos para el gran turismo, pero deliciosos desde todo punto de vista. Si aquí imitáramos a los alemanes tendríamos una próspera industria de muñecos de cartón, que en verdad ya existen, y algunos hasta desfilan.

En fin, todavía hay carnavales en algunos puntos del planeta, aunque sólo en este país nuestro el carnaval es todo el año.

Aquí se usa el disfraz de socialismo para autoritarismo, el disfraz de opositor que prefieren algunos tontos de capirote, el disfraz de experto en reforma constitucional que usan algunos desmedidos que tratan de darle al jefe más de lo que ha pedido, el disfraz de declarador de oficio que se trasmite a diario convirtiéndonos en un campamento donde hay entrega diaria del Oscar y de los Globos de Oro.

Un disfraz inmejorable, memorable, digno de ser incluido en las mejores crónicas de Ripley ha sido el editorial de El Nacional del día 15 de febrero de 2007 y titulado El fervor de la Copa América. En fin, los disfraces de este país disfrazado que va disfrazado de país todo el año.

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* Escritor.

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