Oct 21 2017
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Despacito por las piedras

VENEZUELA SIGUE ASOMBRANDO

 

Una vez más se votó en Venezuela. Hubo un rotundo triunfo del chavismo. Hasta aquí no habría novedades dado que, desde el triunfo inicial de 1998, se realizaron 18 actos eleccionarios de diferente naturaleza y el chavismo ganó 16. De modo que un triunfo más no parece una novedad. Sin embargo esta victoria se da en medio de dos situaciones que no pueden dejar de mencionarse: Venezuela transita por una grave situación económico-social que afecta la mayor parte del pueblo humilde, no obstante ello la oposición ha sufrido una impresionante pérdida de votos.
Respecto a la situación económico-social, se puede comenzar mencionando que los problemas alimenticios y sanitarios son muy graves. Ello ha llevado a que los avances logrados hasta la muerte de Hugo Chávez (2013) se están diluyendo. Unos pocos datos permiten calibrar la profundidad de esta crisis. El PBI del año 2016 se redujo en un 18% respecto al del año anterior (el argentino, en medio de la crisis 2001-2002 había descendido un 11%). En materia de inflación, la prevista para este año es del 720%. ¿Cuáles son las causas de esta situación y la involución que la misma supone? Si bien no sería correcto atribuirlas a una sola razón y es muy difícil sintetizarlas en estas breves reflexiones, se puede decir que encontramos las causas en cuatro cuestiones concurrentes: No haber ido a fondo en los cambios propuestos y en la organización popular para sostenerlos; no es menor la influencia de la injerencia, boicot y presiones de los sectores del poder económico, enlazados con el poder internacional de los Estados Unidos; la baja del precio internacional del petróleo, que representa el 90% de las exportaciones de ese país, deterioró toda su economía: por último, tampoco se puede ignorar lo que significó el haber tolerado una burocratización y corrupción que terminó afectando a la economía y carcomiendo la voluntad y fuerza popular. Dentro del propio chavismo se escuchan voces que habiendo pedido el voto a sus candidatos, ante el riesgo que suponía un triunfo opositor, sostienen que “La corrupción debe ser considerada un delito contra el pueblo y la patria (…) y los culpables de este delito deben ser expropiados de todos los bienes incluidas las cuentas bancarias”.
Todos estos antecedentes han motivado una fuerte emigración de venezolanos. Sirve como dato lo ocurrido respecto de nuestro país. En diciembre de 2014 había 4.781 ciudadanos de ese país registrados como residentes en Argentina, en junio de este año esa cifra ascendió a 38.540.
Una síntesis electoral indica que el gobierno obtuvo 5.294.065 votos, contra 4.644.344 de la oposición. Esto le permitió quedarse con 17 de las 23 gobernaciones en juego. Para tener una idea de la evolución de la situación hay que tener presente que la oposición perdió, respecto a las elecciones legislativas de 2015, un 40% de sus votos y el oficialismo apenas un 6% de los suyos. Desde el punto de vista estratégico el oficialismo fue derrotado en las provincias vecinas a Colombia con todo lo que eso implica y los riesgos secesionistas en caso que el conflicto institucional y la intervención extranjera se profundicen.
Si bien la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos ha cuestionado la legitimidad de este triunfo electoral, hay sectores importantes de la oposición que reconocen el triunfo del oficialismo, lo hacen diciendo: ¡Nos derrotamos nosotros mismos! Todo ello más allá de algunos cuestionamientos que no modifican la ya señalada tendencia electoral.
Ello prueba que en Venezuela hay dos tipos de chavismo, el de gran parte de la dirigencia que cuida sus espaldas para asegurarse los frutos de la corrupción existente y otro, el chavismo del pueblo, que ha decidido defender lo conquistado y seguir bregando por su propia emancipación y la de toda Venezuela, sin quedarse atado a las macanas de su dirigencia.

Juan Guahán

 

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