May 12 2011
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Opinión

Venezuela, un despido y una cierta nítida oscuridad

Lagos Nilsson.

Fue despedida sin mayores explicaciones la directora de Radio del Sur de Venezuela, emisora integrante de la red de medios periodísticos afines o propiedad directa del gobierno bolivariano, como son el periódico El Correo del Orinoco, la estación de televisión TeleSur, AN Radio, Alba TV, etc… La medida fue tomada por el ministro del área de Comunicaciones, Andrés Izarra. No hubo información sobre las razones de la destitución de Cristina González, que motiva la preocupación de periodistas y polìticos comprometidos con la libertad de expresión y libertades democráticas.

Buena parte de los trabajadores de Radio del Sur —y muchos grupos de izquierda en Caracas y que apoyan al gobierno de Chávez en el exterior— de inmediato culparon al ministro Andrés Izarra por el despido de la profesora González; las teorías conspiratorias, tan de moda en otras tierras (en EEUU por ejemplo) apuntaron de inmediato a la supuesta "derechización" del funcionario.

Otros, más audaces —o presa de paranoia más profunda— aludieron a la existencia incluso de corrientes antibolivarianas en en PSUV, Partido Socialista Unificado de Venezuela, poco menos que traidoras al proceso político y social en marcha.

De cualquier modo todas esas facciones —incluyendo incondicionales al presidente— estiman que la salida de Cristina González de la emisora pudiera deberse a la cobertura que dio —para desagrado del gobierno— del procedimiento —a todas luces triste desde una óptica ético-política y según algunos juristas, tanto venezolanos como extranjeros, por lo menos irregular— que entregó al periodista colombiano-sueco Joaquín Pérez Becerra al Estado de Colombia. Reemplaza a González Desireé Santos Amaral.

Es evidente y no admite mayor discusión que el gobierno de Venezuela, en contra de cualquiera y todos los principios del respeto al derecho a informar de los periodistas y a recibir información de parte de la ciudadanía, procuró al menos disimular y ocultar los hechos pre existentes y los que se sucedieron entre la llegada de Pérez Becerra a territorio venezolano y su entrega al gobierno colombiano. No faltan quienes hablan de censura —por ejemplo al canal de televisión TeleSur.

En el portal de Radio del Sur (www.laradiodelsur.com), y resulta una paradoja dramática, puede leerse:
"Ser la plataforma de apoyo comunicacional del proceso de creación del nuevo sistema multipolar internacional. Ser un instrumento al servicio de los pueblos basado en los principios de independencia, igualdad, libre determinación y no intervención en los asuntos internos, solución pacífica de conflictos, cooperación, respeto de los derechos humanos y solidaridad en la lucha por la emancipación y bienestar de la humanidad".

No faltan voces que aseguran que González tenía su suerte dcidida antes del poco glorioso y nada revolucionario "affaire" Pérez Becerra, y que éste solo precipitó su salida de Radio del Sur.

Resulta difícil de creer que un ministro por sí y ante sí tome semejantes medidas sin antes haber recibido el correspondiente "úkase" de quién tenga el poder de emitrlo. En especial cuando se habla en Caracas de la próxima renuncia —voluntaria o no— de la periodista Helena Salcedo, que fuera designada viceministra de Gestión Comunicacional en 2007, a la dirección de Radio Nacional de Venezuela.

Otra baja en la trinchera de comunicaciones del gobierno la proveerá el diputado del PSUV, profesor universitario y periodista Earle Herrera que dejará el espacio que ocupa en Venezolana de Televisión; al respecto escribió Herrera: "La endogamia comunicacional, el endogenismo informativo y la contemplación periodística umbilical no son buenos para ningún proceso. Cuando fundé el Kiosco Veraz [su programa en VTV], no lo hice para que me sirviera de catafalco. Yo me voy antes de infartarme la mañana de un domingo cualquiera".

Todo indica que existen diferencias, pugnas y enfrentamientos, en el seno mismo del poder bolivariano, al menos entre quienes apuestan a un periodismo y sistema comunicacional democrático, que considera la diversidad factor de unión y fortaleza, y aquellos que piensan que las comunicaciones deben obedecer a las consignas de una línea de mando central; Izarra, desde este punto de vista, no es más que la correa de transmisión del centralismo, y el poder que parece haber adquirido y que ostenta en rigor no le pertenece, es el mandadero. El asunto a dilucidar es ¿de quién?

La asfixia del periodismo y los medios y entes culturales, y no importan los modales del que aprieta el cuello, es el primer paso al cercenamiento de la democracia, sea ésta entendida como se la quiera entender.

Pensar que se defienden los principios, ya de una revolución, ya de un mero cambio evolutivo en la política de un país —o que se defiende un gobierno—, del mismo modo en que las avestruces se protegen, esto es: escondiendo la cabeza, como lo hace algún panegirista de Chávez, es pulir y encerar los  famosos peldaños que suben al cadalso. Y, se sabe, en el cadalso no se esconde la cabeza, se la pierde.
 

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