Sep 5 2006
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Economía

Violencia doméstica (VII). – ANTE UN QUÉ HACER DESESPERADO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La violencia doméstica contra las mujeres es una pandemia global, viola el derecho de la mujer a la integridad física, la libertad y frecuentemente su misma opción a la vida. Sin excepción, el mayor riesgo de crueldad contra ella proviene de alguien conocido.

Cuando los gobiernos no toman las medidas básicas para protegerla de la sevicia, o permite que dichos crímenes sean cometidos con impunidad, el Estado no cumple con sus obligaciones de proteger a la mujer de la tortura.

Hablan los especialistas

“La violencia doméstica es un fenómeno de gran actualidad, aunque posiblemente haya existido desde hace muchísimo tiempo”, afirma el psicólogo español, Jorge Castelló Blasco, autor del trabajo Dependencia Emocional y Violencia Doméstica, que explica:

foto“Es difícil agrupar en un mismo patrón a la cantidad de personas que sufren de malos tratos, a la vez que resulta complicado proporcionar un perfil único de los maltratadores. Las víctimas de la violencia doméstica pueden ser personas que han tenido la desgracia de emparejarse con sujetos extraordinariamente agresivos o posesivos, y no por ello tender hacia este tipo de individuos. Una vez entran en una dinámica de ofensas y humillaciones, posiblemente les cueste salir de ella tanto por su propia situación –dificultades económicas, aislamiento del entorno, etc.-, como por las amenazas de su pareja, que lamentablemente resultan muy creíbles.

Por lo que respecta a los agresores, la mayoría de las veces varones, su comportamiento puede ser el resultado de la interiorización de unas pautas machistas, que consideran a la mujer como una persona-objeto sobre la que pueden descargar sus frustraciones o en las que simplemente deben demostrar su poder. Estas normas culturales machistas pueden no ser las vigentes en nuestra sociedad, pero si existir en otras o aparecer en determinados entornos, muchas veces desfavorecidos.

“Los maltratadores también pueden ser personas sin escrúpulos y con una gran carga de hostilidad hacia el resto de la gente, desplegando su comportamiento antisocial hacia su pareja con el fin de amedrentarla y tenerla a su disposición, o por el mero disfrute con su dolor. Es habitual que este tipo de maltratadores cuentan con un amplio historial delictivo”.

Y agrega:
“No se puede englobar en un mismo patrón a estas personas. Existe un determinado tipo de individuos víctimas de malos tratos que desconcierta a los profesionales de la salud mental, asistentes sociales, fuerzas de seguridad y resto de gente en general. Este grupo de víctimas no denuncia a sus agresores y, este hecho no se debe al miedo, retira las denuncias si es que alguna vez se han producido, visita a sus parejas a las cárceles, incumple órdenes judiciales de alejamiento por malos tratos repetidos. Pero lo más significativo es que estas personas habitualmente mujeres, afirman con rotundidad que continúan queriendo con locura a sus parejas. Y no sólo eso, sino que una ruptura de una relación de este tipo vendrá seguramente acompañada de intentos desesperados de retomarla, o bien del inicio de una nuevo compañero de similares características.

“De la misma forma, un grupo de agresores también es bastante peculiar. Las continuas provocaciones a sus parejas se acompañan de un sentimiento insano de posesividad, con unos celos habitualmente patológicos que denotan tanto la necesidad como la suspicacia que tienen hacia la persona que atacan. Dicha necesidad se manifiesta igualmente en el establecimiento de una nueva relación de pareja con similares características si se disuelve la anterior; o en intentos que pueden ser tanto de remordimientos, con súplicas y promesas de cambio de comportamiento, como de agresiones todavía más feroces, que son las que continuamente aparecen en los medios de comunicación, para evitar la ruptura”.

El comportamiento de estos grupos de victimas y de maltratadores es notablemente paradójico, porque no tiene sentido que una persona tienda a relacionarse con otra que la arremete, maltrata y humilla sistemáticamente. Asimismo, es desconcertante en los maltratadores que tras sus agresiones exista una necesidad posesiva hacia la pareja, porque lo lógico sería que si la odian no tuviera inconveniente alguno en romper la relación.

Dependencia emocional. La dependencia emocional es un trastorno de personalidad, que recibe el nombre de dependencia emocional, señala Castelló Blasco. “La dependencia emocional es la necesidad afectiva extrema que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones de pareja. No obstante, su carácter crónico no se basa en la sucesión de dichas relaciones sino en la personalidad de estos sujetos: es decir, el dependiente emocional lo es también cuando no tiene pareja, aunque esto no sea lo más habitual porque su patología provoca que busque otra desesperadamente. De hecho, una de sus características es que no soportan la soledad”.

Reconocer la violencia
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Reconocer la violencia a los primeros síntomas y aprender a poner límites: éste es el reto que propone la psiquiatra francesa Marie-France Hirigoyen, a las víctimas de los mecanismos de violencia en el seno de la pareja. La autora de los reveladores El acoso moral y El acoso moral en el trabajo, publica ahora Mujeres maltratadas, y advierte que la violencia se ha vuelta más sutil:

“Nuestra sociedad –dice– es más sensible ante el fenómeno, pero su condena sólo afecta a la parte visible: no existe violencia física sin que haya antes violencia psicológica; la física es la punta del iceberg, pero es solo un acontecimiento en una forma de relación.

Hirigoyen, que ha contribuido a validar el concepto de violencia psicológica –aún siendo difícil de probar ante un tribunal– o a desmentir que las víctimas reincidentes en la pareja sean masoquistas –como diagnosticaba el psicoanálisis–, diferencia ahora entre lo que es una discusión simétrica de pareja y la violencia. ”No es una agresión, sino un modo relacional que utiliza el control, la humillación, la descalificación… y por tanto es una relación asimétrica”.

El objetivo de la violencia, explica, es dominar, y si uno necesita dominar mediante la fuerza es porque no se siente seguro, no tiene confianza en si mismo.

“Cuando un hombre se siente inseguro y no se le ha enseñado a conocer su vulnerabilidad, puede sentir la tentación de aplastar a su compañera para realizarse y sentirse viril. Es lo que llamo potencia aprendida: se enseña a los hombres a ser potentes, pero no a reconocer sus debilidades. Debería revisarse el proceso educativo.

“Francia ha revisado recientemente su ley de violencia de pareja –término que agrada más a Hirigoyen que el de género–, pero sus cambios han sido tímidos: sólo han endurecido las penas para el agresor, lo que disuade a la victima de denunciarle, sin lograr una ley integral como la española”.

La autora prefiere hablar de violencia de pareja, pues se da también desde la mujer y entre homosexuales, y “hay que tener cuidado de no estigmatizar a los hombres”. Al fin y al cabo es la proximidad afectiva lo que genera la gravedad, es la dominación del más fuerte sobre el más débil, y la mujer es culturalmente la más débil. “Si queremos que las cosas cambien, ese cambio debe venir también de los hombres”.

En esta violencia, la victima ha perdido la capacidad de fijar los límites. “Los primeros ataques verbales –añade Hirigoyen– son sutiles y difíciles de detectar. Aumentan gradualmente hasta que la mujer los considera normales”.

En su libro desgrana las conductas que articulan esa violencia, como el control, el aislamiento, los celos patológicos, el acoso, la denigración, las humillaciones o la indiferencia ante las demandas afectivas. Una de sus pacientes explica que cuando se maquillaba en el baño su pareja venía a orinar en el lavabo, a su lado, en lugar de el váter.”Veía que tenía voluntad de humillarme, pero yo no sabía que hacer aparte de protestar. Entonces me trataba de gruñona”.

A modo de corolario indica: “Cuando uno cree que es víctima desapareja debe decirle que no le gusta como la trata, sin acusarle de violento, y debe atreverse a contarlo a la familia y amigos”. Para Hirigoyen, prevenir esa violencia es prevenirlas todas.”Si no la tratamos en el seno de la familia, la veremos luego en todas partes; no es un asunto privado, sino de salud pública”.

fotoSupermujer quebrada

“La violencia doméstica es un grave problema social, que tiene siempre secuelas negativas para la salud de las mujeres que lo sufren”, afirma el doctor Asensio López Santiago, vice-presidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria:
“una de las características más importantes de los problemas es que las mujeres que lo padecen lo mantienen oculto durante un largo número de años. Los hechos que se denuncian, sólo representan del cinco al diez por ciento de los casos reales”.

Según la ultima encuesta del Instituto de la Mujer de España, el cinco por ciento de las mujeres “reconocen” sufrir malos tratos. Sin embargo un 11% tiene signos objetivos de sufrirlos, siendo un 15% en el grupo de edad de 45 a 65 años. Las mujeres maltratadas tardan 6 a 10 años en realizar la primera denuncia.

“Es necesario considerar la violencia doméstica como una dificultad que tiene tres líneas de actuación complementarias”, advierte López Santiago

“Primero se trata de un problema de identidad de derechos individuales. Para ello es imprescindible desarrollar leyes que garanticen los derechos, corrijan las desigualdades y aseguren a las mujeres afectadas los servicios y los apoyos públicos para resolver las dificultades que les causa la violencia de género.

Segundo, es un obstáculo que requiere una transformación en el modo que tiene de ver el inconveniente la sociedad en su conjunto. Se continúa encubriendo y justificando muchas de las situaciones de discriminación y de desigualdad de las mujeres. Hay un excesivo silencio ante situaciones de violencia y una falta de apoyo y de comprensión hacia las maltratadas. Para ello es imprescindible transmitir mensajes con contenido positivo.

Y por último, también se trata de un asunto de salubridad, y en concreto de salud pública que requiere actuaciones de prevención del daño, de la detección de los casos de violencia y de tratamiento de los problemas físicos y psicológicos y de la orientación social y personal de las afectadas.

“Cada día se producen un millón de consultas en los centros de salud españoles. El 60% las hacen mujeres, de éstas, un 60 por mil sufren agravios, pero la mayoría no lo menciona de manera expresa este problema delante del facultativo”, dice López Santiago, señalando:
“Una de las características de los asuntos de violencia doméstica es que las mujeres que lo padecen, lo mantienen oculto y en silencio durante un largo número de años.

Y es que, hoy día, la violencia doméstica es un grave conflicto social que tiene siempre consecuencias negativas para la salud de las que lo soportan… Las complicaciones de salud que presentan las mujeres golpeadas son tanto de naturaleza física como psíquica. Actualmente, los últimos datos detallan que son mas de dos millones, las mujeres españolas que sufren maltrato y en un millón y medio de casos el agresor es su pareja”.

“El tratamiento global de la violencia doméstica debe incluir, además de atención a la víctima, también a los hijos y a la pareja o esposo maltratador. De hecho, se sabe que el 30% de la mujeres lesionadas continúa viviendo con su agresor”, afirma López Santiago, explicando que “los antecedentes familiares de violencia familiar, el consumo abusivo de alcohol, la precariedad laboral, los trastornos psicopatológicos, como la celitipia, perturbaciones de la personalidad o la paranoia, y el bajo nivel económico y cultural aparecen con mayor frecuencia en el maltratador, aunque esto no significa que sean factores causales de las conductas violentas. En cualquier caso, los agresores deben someterse, también a un tratamiento específico y con profesionales”.

“Los médicos –concluye López Santiago- hemos comenzado a percibir lo que podría dominarse la supermujer quebrada. Aparentemente se encuentra en una situación de igualdad, sin embargo empieza a quebrarse. Se medica con ansiolíticos para poder afrontar el día a día”.

fotoUn mal sobre el cual es difícil hablar

“Ahora sabemos que hay otro tipo de violencia que también hace daño a las personas: la psicológica o verbal”, afirma la psicóloga chilena, Paola Silva F., autora del trabajo “La violencia interfamiliar”, quien sostiene:

“Las victimas de este tipo de barbarie continúan sufriendo calladamente y por eso no reciben la ayuda que tanto necesitan. Una persona golpeada en su psiquis, en su espíritu, no tiene heridas físicas que mostrar al mundo para poder pedir ayuda. Como este tipo de abuso de violencia doméstica ocurre mayormente en la privacidad del hogar, generalmente pasa desapercibida a veces durante muchos años. Por añadidura, generalmente la crueldad verbal o psicológica procede a la física.”

“Las víctimas del maltrato verbal muchas veces piensan que éste no es lo suficientemente grave como tratar de hacer algo para impedirlo. Algunas temen que nos les creerán si denuncian al abusador, pues a menudo este goza de una buena imagen pública. Las que están siendo golpeadas tienen miedo a las represalias por parte del agresor ya que a menudo éste amenaza con matarla. Otras temen enfrentar la vida sola o simplemente no tienen los medios para hacerlo. A veces alguien que la víctima respeta le dice que debe permanecer en esta relación abusiva, “por el bien de sus hijos”.

En el caso de la mujer del alcohólico o drogadicto, ella es una codependiente de su esposo o compañero y la codependencia es una enfermedad emocional que necesita tratamiento de un psicólogo o psiquiatra. Todas estas mujeres tienen en común una baja autoestima, e incapacidad para poner límites, porque viene arrastrando problemas emocionales desde su niñez. A menudo la raíz de la violencia doméstica tanto para las victimas como para sus victimarios, es el vacío afectivo, falta de amor y atención en su niñez”.

En los hogares disfuncionales, -prosigue diciendo Paola Silva F.,- “en los cuales un cónyuge maltrata a otro, es común el maltrato a los niños. Constituye violencia no solo el darles fuertes golpes, sino también gritarles, menospreciarlos, castigarlos excesivamente o negarles la atención, la aceptación y clamor que son tan imprescindibles para vida emocional y social. También es un acto de violencia en el caso de los padres divorciados, el hablar mal de su exmarido delante de los hijos o utilizarlos para hacerle daño al otro”.

“Lamentablemente, cuando una mujer está siendo victima de cualquier tipo de violencia por parte de su esposo o compañero, está tan enfrascada en defenderse que a menudo no puede darse cuenta del daño que están sufriendo sus hijos. A veces permite hasta los maltratos físicos o verbales a éstos por parte del padre o del padrastro, porque se siente incapaz de detenerlos ni siquiera en lo que especta a sí misma.

“Muchas mujeres han intentado de diversas maneras evitar las situaciones de violencia, ya sea modificando conductas propias, a través de separaciones temporales, recurriendo a distintos profesionales e inclusive a los sistemas de seguridad y justicia, sin lograr cambios. Sumemos la presión social fundada en mitos como “algo habrá hecho”, “la mujer buena tiene que sacrificarse por la familia”, “los celos son una manifestación de amor” y tendremos a una mujer muy confundida, convencida de que nada de lo que haga podrá modificar la situación.

“Recordemos que la violencia familiar es un proceso cíclico y que, a medida que pasa el tiempo, los períodos de tranquilidad se reducen en duración, en tanto los episodios van aumentando en intensidad y frecuencia. La duración de este tiempo, que pocas veces es percibido por la víctima, es un indicador valioso”.

“La violencia intrafamiliar se da en todas las clases sociales, sin distinción de factores genéricos, sociales, raciales, financieros, educativos o religiosos. Las mujeres maltratadas de menores recursos económicos son más visibles debido a que buscan ayuda en las entidades estatales, figuran en las estadísticas. Suelen tener menores inhibiciones para hablar de este problema que consideran “normal”.

Las de mayores recursos buscan apoyo en el ámbito privado y no figuran en los registros. cuanto mayor es el nivel social y educativo de la victima, sus dificultades para develar el problema son mayores, por diversas razones. Sin embargo debemos tener en cuenta que la carencia de recursos monetarios y educativos es un factor de riesgo ya que implican un mayor aislamiento social”.

Y añade:
“Muchas mujeres dejan sus parejas. Otras que se divorcian por abuso, eligen no hablar de la violencia. Sin embargo existen razones sociales, económicas, culturales, religiosas, legales y financieras que mantienen a las mujeres dentro de la relación, el miedo es otra de los pretextos que las hace permanecer en sus hogares. Los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja. Los golpeadores tratan de evitar que las mujeres se vayan a través de amenazas de lastimarlas o asesinarlas, de golpear o matar a sus hijos, de inmolarse ellos o de quedarse con la tenencia de los chicos.

“Las actitudes sociales, tales como la creencia de que el éxito del matrimonio es responsabilidad de la mujer y que estas lastiman a sus hijos si los privan del padre, sin importar cómo actúe él, mantiene a muchas de ellas dentro de la relación de violenta. Además, las mujeres con niños que abandonan el hogar tienen el 50% de posibilidades de verse económicamente perjudicadas y terminar viviendo por debajo de niveles de pobreza.

“Al menos en la mitad de los hogares en los que la madre es maltratada, también lo son los niños. Igualmente pueden ser lastimados por la violencia en contra de su progenitora, a través de objetos voladores, o mientras están en sus brazos. Aún cuando los chicos sólo sean testigos de la violencia contra la mamá, las consecuencias para su salud y su supervivencia son graves. Frecuentemente son ellos quienes instan a la madre a abandonar la relación violenta o quienes se interponen entre los padres para protegerla”.

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* Periodista.

El capítulo anterior de esta investigación puede leerse aquí, donde encontrará la necesaria referencia para los anteriores.

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