Ago 3 2010
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Cultura

Virginia Vidal / Urge en Chile un Premio Nacional de Literatura anual con jurados escritores

A setenta y ocho años de fundación de la SECh, resulta imperiosa la restitución de su calidad de premio anual al Premio Nacional de Literatura, junto con el reintegro de la representación de la misma Sociedad de Escritores de Chile en el jurado de dicho premio. Este empeño se ha convertido en una lucha prolongada con muchas demandas y ninguna respuesta, salvo frases de buena crianza.

Como miembros de la directiva de la SECh, conversamos con el ministro Sergio Molina, bajo el gobierno Frei Ruiz Tagle, quien acogió favorablemente nuestra petición. Le planteamos el asunto a Claudio di Girolamo, jefe de la división de cultura del Ministerio de Educación, en entrevista realizada el 30.06.1997. Enviamos carta a Rodrigo Moraga, asesor de Frei Ruiz Tagle, el 13.03.1998 y también nos entrevistamos con él.

Ahora hemos enviado una carta a Luciano Cruz-Coke. Otra gestión importante consistió en el intento de presentar el proyecto de ley que propone el Premio Nacional de Literatura deje de ser bienal, recupere su calidad de anual y se integre la representación de la SECh al jurado, patrocinado por Sergio Velasco de la Cerda (1988-2002) y la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados: este parlamentario expresó su disposición de persistir en esta iniciativa.

Antes que nada es indispensable recordar que este premio es obra de los escritores chilenos organizados en la SECh. La Sociedad de Escritores de Chile, fundada en 1932, a los diez años de existencia inició las gestiones para instituir este premio proponiendo un proyecto de ley durante el gobierno de don Pedro Aguirre Cerda. Su muerte lo interrumpió, pero don Juan Antonio Ríos, su sucesor, promulgó la ley Nº 7.368 que creó el Premio Nacional de Literatura, con fecha 9 de noviembre de 1942 (publicada en el Diario Oficial Nº 19.414, el 20.11.42). Dicha ley llevaba las firmas del primer mandatario, de Guillermo del Pedregal, ministro del Interior, y de Benjamín Claro Velasco, ministro de Educación.

Según el texto oficial, el Premio Nacional de Literatura, de ahí en adelante, sería otorgado “cada año” “por una vida entera entregada al ejercicio de las letras”. Esto se cumplió y siempre hubo dos representantes de la SECh como miembros del jurado.

Hoy se concede dicho premio dejando al margen a la Sociedad de Escritores por cuya iniciativa fue creado.

Se eterniza el sistema que dejó a los escritores sin su derecho, recalcando la marginalidad a la que los aherrojó la dictadura. Hasta hoy, para conferir el Premio Nacional de Literatura, se ha estado reuniendo un jurado de catedráticos y no de escritores, a menos que lo fuere el último premiado. Esta situación inclina a pensar que el sistema que impide modificar la ley  modificante de la ley fundacional del premio (no es un trabalenguas) tiende a condenar a la literatura chilena a manejos ajenos al hacer literario.

Reiteramos: este premio fue fruto de una larga aspiración de los escritores de nuestro país y la promulgación de la ley en 1942, año de su creación, corresponde a una fecha de hondo significado histórico, pues pretendìa coronar con ese suceso la celebración del centenario del Movimiento Literario de 1842.

En 1842, se consolidó en Chile el primer grupo literario organizado de la vida republicana, nacido en la tertulia de don Jacinto Chacón, tío de Arturo Prat, donde no faltaron intelectuales más importantes de ese tiempo: Jotabeche, Salvador Sanfuentes, y nutrido por la presencia de ilustres exiliados como el venezolano Andrés Bello y el argentino Domingo Faustino Sarmiento.

A este movimiento se le puede atribuir el carácter de efectivo despertar de los escritores a la creación literaria, erigiéndolos al mismo tiempo en la verdadera conciencia crítica de la vida nacional, lo cual quedó demostrado cuando se incorporó José Victorino Lastarria (imagen de apertura).

Discurso de Incorporación a una Sociedad Literaria de Santiago

En la sesión del 3 de mayo de 1842, José Victorino Lastarria pronunció su Discurso de Incorporación a una sociedad literaria de Santiago, el cual se constituyó en el acta fundacional del movimiento literario de nuestra república independiente.

De este discurso sigue vigente y suscitando la polémica el precepto:

 “La literatura debe pues dirigirse a todo un pueblo, representarlo todo entero, así como los gobiernos deben ser el resumen de todas las fuerzas sociales, la expresión de todas las necesidades, el representante de todas las superioridades: con estas condiciones sólo puede ser una literatura verdaderamente nacional”  (el subrayado es de Lastarria).

Por esto, se comprende mejor que la proximidad del centenario de la llamada generación de 1842 hubiera provocado entusiasmo en el ámbito cultural. Movidos por el espíritu impreso por Lastarria a la Sociedad Literaria de Santiago en 1842, los escritores y la entidad que los agrupaba, la Sociedad de Escritores, comenzaron a  plasmar con antelación al centenario de tan importante movimiento la iniciativa de crear el Premio Nacional de Literatura.

El poeta Jerónimo Lagos Lisboa era presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (fundada en 1932). Cuando se promulgó la ley, él había fallecido; eran directores: Rubén Azócar, Nicanor Parra, Manuel Rojas y Francisco Coloane.

El jurado encargado de discernirlo fue compuesto por tres miembros: el rector de la Universidad de Chile, un representante del Ministro de Educación (quien designaba a un escritor) y un representante de la Sociedad de Escritores.

Con posterioridad, el jurado se aumentó a cinco miembros: el rector de la Universidad de Chile; un representante del  Ministerio de Educación; un representante de la Academia Chilena de la Lengua y dos representantes de la Sociedad de Escritores de Chile.

En 1973, no fue discernido. Por errónea decisión del ministro de Educación Mario Astorga  consideró per se el otorgamiento bienal, con anuencia de la propia directiva de la Sociedad de Escritores.

La junta militar consolidó la categoría de premio bienal y eliminó la presencia de los representantes de la Sociedad de Escritores de Chile en el jurado.

Actualmente, este jurado es integrado por: el rector de la Universidad de Chile, el último galardonado con el Premio Nacional, un académico designado por el Consejo de Rectores y un representante de la Academia de la Lengua, confiriéndosele al ministro de Educación el derecho a dirimir el empate, si lo hubiere, según las normas de discernimiento de los premios nacionales, estipuladas por la ley Nº 19.169, del 28.09.92.

Como se puede advertir, los escritores poco o nada tienen que ver en la concesión de este premio creado por ellos.

Para hacer más ostentosa la deliberada marginalidad de quienes forjaron “una vida entera entregada al ejercicio de las letras”, durante el prolongado lapso de la dictadura, le fue otorgado a un historiador, a un divulgador científico, a un lingüista, a algunos que en rigor no habían cultivado los géneros literarios propiamente tales.

Si se analiza la calidad y el aporte de las mujeres a las letras chilenas, se pueden considerar a varias como dignas de este premio y esperamos en adelante se las tenga en cuenta para reparar la iniquidad. Un sedicente premiado por el jurado de la dictadura llegó al extremo de injuriar a María Luisa Bombal al afirmó que ella no podía ser digna de ese premio por “borracha y asesina”.

Respetar la ley que lo fundó y entregarlo una vez al año;  no constituye un gasto exorbitante para el Estado, un Estado que se beneficia día tras día con la participación gratuita de los escritores en talleres, jurados, conferencias, charlas, ferias del libro etc. Hay que considerar que el Premio Nacional de Literatura se entrega a un escritor por toda su vida, obra y  trayectoria, lo que en dinero se puede comparar al bono que se concedió a cada trabajador del mineral la Escondida, más una pensión mensual muy inferior ni comparanle con el sueldo de cualquier parlamentario.

Mujeres y pueblos originarios excluidos del Premio Nacional

En el curso de los cincuenta y seis años que se ha estado confiriendo el Premio Nacional de Literatura, han sido reconocidos valores de nuestras letras que representan toda la vasta y compleja geografía: dos tercios de los premiados nacieron en  diversas localidades de todas las regiones.

Por cierto, se han cometido notorias injusticias: no se concedió a Vicente Huidobro, a María Luisa Bombal, a Marta Jara, a Luis Durand, a Enrique Lihn, a Jorge Teillier. Apenas ha sido otorgado a tres mujeres, una de las cuales es Gabriela Mistral, quien  ya había recibido mucho antes el Premio Nobel.

Jamás se le ha concedido a un escritor mapuche, en circunstancias que son muchos y muy importantes los poetas de ese pueblo originario, baste con mencionar a Elicura Chihuailaf, Graciela Huinao, Rosendo Huenumán, Leonel Lienlaf, todos más conocidos y apreciados fuera de nuestras fronteras màs que en el propio Chile.

Sería injusto no reconocer que también se le ha escamoteado a escritores de larga e importante trayectoria como Guillermo Blanco, Ennio Moltedo, Enrique Lafourcade, Jaime Valdivieso, Pedro Lastra, Hernán Valdés (Cuerpo Creciente, Tejas Verdes diario de un campo de concentración en Chile, Fantasmas Literarios). Murieron sin ser debidamente reconocidos Pablo García (Los muchachos y el Bar Pompeya), Luis Vuillamy Claudio Giaconi (La Difícil juventud), Luis Oyarzún, quien nos legó su notable Diario, entre otras obras.

Pero por sobre todo, el Premio Nacional de Literatura está vedado a las escritoras chilenas

Consideramos debe otorgarse año por medio a una mujer, con jurado de mujeres, más el varón que lo recibió el año anterior. Por otra parte, se destruiría la perversa práctica  de alternar el premio nacional entre un prosista y un poeta.

Como a lo largo de cincuenta y seis años, los jurados han estado compuestos siempre por hombres, llegó la hora de que se acuerde escoger a un jurado compuesto por mujeres, escritoras decididas a reparar la injusticia e iniquidad, que representen al rector de la Universidad de Chile, a la ministra o ministro de Educación, al presidente de la Academia Chilena de la Lengua; que incluya a una académica designada por el Consejo de Rectores y, por supuesto, el premio nacional anterior, seguramente varón, para asignar el premio a una escritora.

Hasta hoy, jurados predominantemente masculinos del Premio Nacional se lo han conferido en rigor a una sola escritora en estos sesenta y tantos años: a Marta Brunet, socia fundadora de la SECh, quien también fue su presidente.

A Gabriela Mistral se lo dieron seis años después de que recibiera el Premio Nobel, como acto de reparación de la propia vergüenza, después de haberla negado de todas layas inclusive aun habiéndola omitido de la “Antología de Poesía Chilena Nueva”.

A Marcela Paz (Esther Huneeus de Claro) le fue conferido durante la dictadura de Pinochet por un jurado en que estaban marginados los escritores. Esther Huneeus de Claro obtuvo en ese período numerosos reconocimientos: Medalla de Oro del Instituto Cultural de Providencia (1979), Diploma de Honor de la Municipalidad de Santiago en 1981; el Primer Premio Concurso Obras Infantiles para la televisión en 1982 y este mismo año el Premio Nacional de Literatura.

Les negaron el Premio Nacional de Literatura a las poetisas Winnétt de Rokha, Violeta Parra, Emma Jauch, Eliana Navarro Stella Díaz Varin; a las narradoras Marta Jara, María Flora Yánez, Mercedes Valdivieso, Virginia Cox Balmaceda, Margarita Aguirre, Teresa Hamel, Matilde Guevara (Ladrón de Guevara es su apellido de pluma), Ana Vásquez-Bronfman; a las dramaturgas María Asunción Requena: todas ellas murieron sin tener el reconocimiento que merecían.

Viven entre nosotros admirables escritoras que vibran con el acontecer nacional: narradoras y ensayistas brillantes en los campos de la filosofía, la sociología la antropología, como Carla Cordua, Raquel Olea, Malú Sierra, Sonia Montecino; las poetisas Cecilia Casanova, Elvira Hernández, Graciela Huinao, Sonia Caicheo, Rosabetty Muñoz, Maha Vial; la dramaturga Isidora Aguirre, las novelistas y narradoras María Elena Gertner, Pía Barros, Diamela Eltit con todo su aporte renovador a la escritura y a la re-visión del mundo.

Otras han tenido vasto reconocimiento fuera de Chile como las novelistas Isabel Allende, Lucía Guerra, o la poetisa Carmen Yánez.

En vano la Sociedad de Escritores de Chile viene demandando desde 1997 en comunicados directos al Presidente de la República, al Parlamento y a la División de Cultura del Ministerio de Educación la restitución de su calidad de premio anual, junto con el reintegro de la representación de los propios escritores.

Para resolver esta situación de debe dictar una ley. Por lo tanto, ahora nos corresponde presentar un proyecto de ley que proponga el Premio Nacional de Literatura deje de ser bienal, recupere su calidad de anual y se integre la representación de la SECh al jurado.

Virginia Vidal es periodista de larga trayectoria y novelista cuyos méritos son ampliamente apreciados en el exterior de su país.
Dirige el portal cultural  Anaquel Austral (http://virginia-vidal.com).

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