Sobre un plagio genial de José Martí

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En 1872, la escritora y activista por los derechos de los pueblos nativos, Helen Hunt Jackson, escribió el poema “The prince is dead” (“El príncipe ha muerto”).

El poema tiene mucho de un romanticismo tardío (emociones extremas de amor y muerte) y lo que será el Modernismo Iberoamericano a finales del siglo XIX, con sus temas alejados de la realidad local, como la princesa de Rubén Darío, para concentrar la atención del lector en el lenguaje.

En su exilio, José Martí encontró este poema en una revista de una biblioteca de Nueva York y 17 años después (y cuatro años después de la muerte de la poeta norteamericana) publicó en la misma ciudad, en la revista La Edad de Oro, una traducción modificada. Como Rubén Darío (luego de que José Enrique Rodó lo criticase con su famosa “No es el poeta de América” y el poeta nicaragüense bajase a tierra de forma radical escribiendo “A Roosevelt”), José Martí, con los pies de poeta en la tierra desde el comienzo, pero sin escapar a la lectoescritura del Modernismo, tradujo al español el poema de Helen Hunt Jackson.

Le hizo modificaciones y le agregó el contrapunto, por demás dramático de “Murió el hijo del pastor”, logrando una unión perfecta entre lo político y lo existencial, como suelen tener las grandes obras, como Cien años de soledad y cualquier otra.

Aquí, esta joya de la poesía de su siglo:

Los dos príncipes (NY, 1889)

José Martí

El palacio está de luto

Y en el trono llora el rey,

Y la reina está llorando

Donde no la pueden ver:

En pañuelos de holán fino

Lloran la reina y el rey:

Los señores del palacio

Están llorando también.

Los caballos llevan negro

El penacho y el arnés:

Los caballos no han comido,

Porque no quieren comer:

El laurel del patio grande

Quedó sin hoja esta vez:

Todo el mundo fue al entierro

Con coronas de laurel:

–¡El hijo del rey se ha muerto!

¡Se le ha muerto el hijo al rey!

En los álamos del monte

Tiene su casa el pastor:

La pastora está diciendo

“¿Por que‚ tiene luz el sol?”

Las ovejas, cabizbajas,

Vienen todas al portón:

¡Una caja larga y honda

Está forrando el pastor!

Entra y sale un perro triste:

Canta allá adentro una voz–

“Pajarito, yo estoy loca,

Llévame donde él voló!”:

El pastor coge llorando

La pala y el azadón:

Abre en la tierra una fosa:

Echa en la fosa una flor:

–¡Se quedó el pastor sin hijo!

¡Murió el hijo del pastor!

The prince is dead” (NY, 1872)Ver las imágenes de origen

Helen Hunt Jackson

A room in the palace is shut. The king
And the queen are sitting in black.
All day weeping servants will run and bring,
But the heart of the queen will lack
All things; and the eyes of the king will swim
With tears which must not be shed,
But will make all the air float dark and dim,
As he looks at each gold and silver toy,
And thinks how it gladdened the royal boy,
And dumbly writhes while the courtiers read
How all the nations his sorrow heed.
The Prince is dead.

The hut has a door, but the hinge is weak,
And to-day the wind blows it back;
There are two sitting here who do not speak;
They have begged a few rags of black.
They are hard at work, though their eyes are wet
With tears which must not be shed;
They dare not look where the cradle is set;
They hate the sunbeam which plays on the floor,
But will make the baby laugh out no more;
They feel as if they were turning to stone,
They wish the neighbors would leave them alone.
The Prince is dead.

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