Oct 18 2004
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Política

Un elefante entre la porcelana del imperio

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Durante una entrevista con el periodista brit√°nico Robert Fisk en Democracy Now! El primero de octubre, la ma√Īana despu√©s del primer debate presidencial Bush-Kerry, el colega de Amy Goodman, Juan Gonz√°lez, a la espera, sin duda, de una respuesta contundente, se√Īal√≥ a Fisk que Israel hab√≠a sido apenas mencionado durante el debate; cada candidato lo mencion√≥ s√≥lo una vez, y el moderador Jim Lehrer no hizo ni una sola pregunta sobre Israel o el conflicto palestino-israel√≠. Pero Fisk simplemente descart√≥ el tema como si no fuera algo particularmente trascendente. Seguro, dijo, es algo de lo que no se puede hablar en discusiones pol√≠ticas en EEUU, y es lo que hizo.

Fisk no simpatiza con este impulso tan estadounidense de dejar de lado un tema de extrema importancia, pero que haya hecho caso omiso de la pregunta ayudó a perpetuar un error muy generalizado en la vida política de EEUU. Uno de los mitos duraderos del conflicto árabe-israelí y especialmente del conflicto palestino-israelí es que ese conflicto, y la relación EEUU-Israel que se encuentra en su centro, son básicamente algo secundario, de vital importancia emocional para los judíos estadounidenses y en realidad para la mayoría de los estadounidenses, pero sin gran importancia estratégica para los intereses nacionales de EEUU.

Esta idea de que Israel no tiene que ver con las pol√≠ticas globales de EEUU, y particularmente con la campa√Īa por el imperio, es particularmente evidente en los √ļltimos a√Īos, precisamente cuando todo el que desee verdaderamente un Oriente Medio en paz deber√≠a haber promovido precisamente una √≥ptica opuesta.
El a√Īo pasado, hubo una racha de documentales, estudios y an√°lisis en profundidad realizados por periodistas y medios noticiosos progresistas referidos a la ruta estadounidense hacia la hegemon√≠a mundial, que intentaron establecer por qu√© los terroristas escogieron a EEUU como objetivo.

Estos periodistas y medios de informaci√≥n -los mismos progresistas que deber√≠an haber sido capaces de entenderlo- no consideraron la conexi√≥n israel√≠ con la guerra de Iraq y otros planes de la administraci√≥n Bush para Medio Oriente: la tan discutida posibilidad de un ataque contra Ir√°n y su capacidad nuclear, los posibles planes de atacar Siria, la llamada ¬ętransformaci√≥n¬Ľ del Oriente Medio, que supuestamente se convertir√≠a una democracia sobre las alas de los misiles crucero y de los B-52.

Estos documentales e informes son en su mayor parte v√≠deos de gran circulaci√≥n, como Uncovered, que tuvo mucha publicidad a fines del a√Īo pasado, y Hijacking Catastrophe (Secuestro catastr√≥fico), muy popular en estos d√≠as. No olvidamos Fahrenheit 9/11 de Michael Moore.

Entre los informes existen por lo menos dos estudios en profundidad muy serios hechos por Foreign Policy in Focus (A Secure America in a Secure World, publicado en septiembre de 2004) y, por un ¬ęthink-tank¬Ľ de Notre Dame, (Toward a More Secure America: Grounding U.S. Policy in Global Realities) publicados en conjunto en noviembre de 2003 por Fourth Freedom Forum y el Instituto de Estudios de Paz Internacional Joan B. Kroc de la Universidad de Notre Dame.

Ambos estudios fueron firmados por estudiosos y expertos gubernamentales muy respetados. Y, por cierto, existe el informe de la Comisión del 11-S, que es considerado por la mayoría como la palabra definitiva sobre lo que anduvo mal antes del 11 de septiembre y si la política externa de EEUU tuvo algo que ver con la provocación del ataque.

Hijacking Catastrophe se acerca a la conexión israelí al examinar directamente el complot neoconservador para atemorizar al estadounidense medio, lo que serviría como pretexto y mandato a Bush para implementar los planes para una invasión de Iraq que los neoconservadores habían formulado mucho antes, sobre todo para beneficiar a Israel. Pero esta película, así como otras como ella y los informes se detienen justo antes de llegar a examinar la conexión israelí con el belicismo de EEUU en Oriente Medio.

Son excelentes denuncias sobre la construcción del imperio y la codicia petrolera del gobierno de Bush, pero ignoran uno de los motivos estratégicos más importantes para la guerra de Iraq: Israel y el esfuerzo por garantizar su seguridad neutralizando su mayor amenaza, o sea: el Iraq deSadam Husein.

Los neoconservadores se concentran ahora en Ir√°n, y se puede apostar que si EEUU ataca Ir√°n, dentro de un a√Īo o dos, cuando las cosas comiencen a ir mal, todos ignorar√°n tambi√©n la conexi√≥n de Israel con esa guerra -aunque, una vez liquidado Sadam Ir√°n es ahora la mayor amenaza para Israel-.

Tanto Bush como Kerry cometieron en realidad un peque√Īo error en su primer debate al mencionar la conexi√≥n israel√≠ con Iraq, pero fue tan de paso, que casi nadie se dio cuenta. Bush dijo que, junto con otros beneficios (imaginarios) para EEUU y el mundo, ¬ęun Iraq libre ayudar√° a asegurar Israel¬Ľ.

Kerry, para no quedarse atr√°s en la competencia por complacer a Israel, agreg√≥ una declaraci√≥n de que ¬ęva a hacer bien las cosas¬Ľ en Iraq porque ¬ęes importante para Israel, es importante para EEUU, es importante para el mundo¬Ľ. Los candidatos pueden haber perdido de vista por un instante el deseo general de minimizar toda conexi√≥n israel√≠, pero sin duda pensaron que era m√°s importante, por el momento, no permitir que su oponente obtuviera una ventaja en la competencia por demostrar el mayor apoyo a Israel. Sin embargo, todo el episodio pas√≥ como un rel√°mpago, y en la arena del discurso p√ļblico, Israel sigue pareciendo secundario.

La realidad es que virtualmente nadie -ning√ļn analista, ning√ļn cineasta- quiere tocar el tema de Israel. No se puede vender una pel√≠cula como Fahrenheit 9/11 si se habla de Israel; no tendr√° el mismo impacto, y ciertamente no se podr√° ganar dinero criticando de alguna manera a Israel. As√≠ que m√°s vale ignorarlo.

En realidad, es imposible no considerar que la mayoría de los neoconservadores en el gobierno de EEUU -con muchísima influencia en la política exterior-, son desde hace mucho tiempo partidarios activos de Israel, llegando al extremo de oponerse a pasadas políticas de EEUU en el proceso de paz que contradecían los deseos de la derecha israelí.

Tambi√©n es imposible dejar de lado el hecho de que muchos de los neoconservadores son jud√≠os. Pero esto es realidad; en el mundo surreal de la pol√≠tica de EEUU e Israel, no se puede hablar de este tema. Es ¬ęantisemita¬Ľ decir que los jud√≠os tengan alg√ļn poder, porque eso comienza a sonar como los antiguos rumores, que eran realmente antisemitas, que sol√≠an presentar un enga√Īoso caso de que los jud√≠os quer√≠an controlar el mundo.

As√≠ que nadie quiere tocar el tema. El resultado es que los cineastas y comentaristas que forman la opini√≥n p√ļblica se mantienen lejos del asunto. Esto vale incluso en el caso de periodistas progresistas que conocen la realidad. Y desde luego adem√°s para casi todos los pol√≠ticos, porque la mayor√≠a no conoce la realidad, con la feliz excepci√≥n de Ralph Nader. Y vale para antiguos diplom√°ticos. Son muchos los diplom√°ticos jubilados que, cuando se les pide en diversos foros p√ļblicos que se explayen sobre la pol√≠tica de EEUU hacia Palestina-Israel, dicen cosas sin sentido o se niegan por completo a hablar, porque el tema es demasiado delicado, demasiado peligroso, demasiado enterrado en el hormig√≥n determinado por la pol√≠tica interior.

Como resultado del silencio dominante la opini√≥n p√ļblica estima que Israel no tiene influencia estrat√©gica sobre EEUU, que ciertamente EEUU no formular√≠a pol√≠tica alguna por causa de Israel -o incluso en su ayuda- y que la pol√≠tica israel√≠ en los territorios ocupados y la opresi√≥n de los palestinos no tiene un impacto estrat√©gico y que no podr√≠an posiblemente constituir un factor en los motivos por los que EEUU es un objetivo de los terroristas o en el hecho de que la mayor parte del mundo √°rabe y musulm√°n odia a Estados Unidos por su pol√≠tica exterior -y particularmente porque posibilita la opresi√≥n israel√≠ de los palestinos-. Israel es el elefante en la tienda de porcelana del imperio.
Todo esto forma un c√≠rculo vicioso: mientras menos discuten los pol√≠ticos y los medios sobre Israel-Palestina, menos sabe y menos se interesa el p√ļblico, y viceversa. El tono general de los pocos art√≠culos de prensa que tomaron nota del silencio de los candidatos despu√©s del primer debate Bush-Kerry fue que los temas palestinos-israel√≠es preocupaban poco al p√ļblico y por ello no deb√≠an tampoco preocupar mucho a los candidatos.

Shibley Telhami, un destacado experto en Oriente Medio, que es tambi√©n palestino-estadounidense, dice que el tema no est√° ¬ęen la agenda del p√ļblico¬Ľ y que por lo tanto es de baja prioridad para los candidatos. ¬ęTienen peces m√°s importantes que fre√≠r¬Ľ, dijo otro experto de un ¬ęthink-tank¬Ľ sobre el Oriente Medio en Washington.

Seg√ļn un sondeo del Consejo de Relaciones Exteriores realizado en agosto, los encuestados colocaron la soluci√≥n del conflicto palestino-israel√≠ en el lugar 17 de una lista de 19 temas importantes para la pr√≥xima administraci√≥n. Los israel√≠es est√°n tomando nota. Un art√≠culo en el peri√≥dico israel√≠ Ha’aretz lo resumi√≥: ¬ęNo se puede culpar a los candidatos. Ellos no fijaron la agenda para el electorado, tienen que reaccionar a ella, y los votantes est√°n lejos de interesarse por el conflicto israel√≠-palestino¬Ľ.

Es espantoso -es poner cabeza abajo el concepto de liderazgo, una falla inmensa en el conocimiento de la situaci√≥n por parte del p√ļblico estadounidense y una aberrante falla de comprensi√≥n por parte de los pol√≠ticos en cuyas manos se encuentra supuestamente la seguridad de EEUU. En realidad, la relaci√≥n entre EEUU e Israel se ha hecho tan estrecha, que es casi imposible distinguir qu√© pol√≠tica, la de Israel o la nuestra, est√°n siendo seguida en Oriente Medio, y es una realidad que coloca a Estados Unidos en grave peligro.

El v√≠nculo EEUU-Israel crece continuamente desde antes de que se estableciera el Estado de Israel -desde la √©poca en la que se desarroll√≥ el movimiento sionista y gan√≥ el apoyo de gran parte del p√ļblico estadounidense y de los pol√≠ticos de comienzos del siglo XX-. Pero ahora, la cultura pol√≠tica en Estados Unidos se ha volcado de tal modo en apoyo a Israel que es casi imposible expresar alg√ļn punto de vista alternativo.

M√°s que en ning√ļn momento del pasado la relaci√≥n va micho m√°s all√° de un simple asunto de simpat√≠a por los sufrimientos de los jud√≠os o de admiraci√≥n por los logros de Israel, incluso m√°s de considerar el conflicto s√≥lo desde una perspectiva centrada en Israel.

Después de décadas de lazos que se han solidificado cada vez más, Israel está tan ligado concretamente a Estados Unidos que forma parte real del complejo militar-industrial de EEUU. Israel vende equipo militar, a sabiendas de EEUU, a países a los que EEUU no puede vender por restricciones legales -por ejemplo, a China-.

En EEUU se producen tantas armas y tipos de armas para Israel, que se ha hecho extremadamente f√°cil para los lobbyistas israel√≠es en Washington se√Īalarles a los congresistas cu√°ntos puestos de trabajo en un distrito dado dependen de esa industria de armamentos y lograr que no se impida la entrega de armas de Israel. As√≠, Israel se convierte en un factor directo en el mantenimiento del complejo militar-industrial de EEUU, en la conservaci√≥n de puestos de trabajo en EEUU, y en la subsistencia de congresistas y otros pol√≠ticos en sus puestos.

Con el tipo de activistas pro-israelíes que llenan las filas de los que deciden la política de la administración Bush, se ha llegado a una situación en la que EEUU ajusta gran parte de su política externa para favorecer los intereses de Israel, tanto o más que los propios. Los que deciden la política de Bush tienen tan poco interés en la solución real del conflicto palestino-israelí como los votantes del sondeo del Consejo de Relaciones Exteriores a los que supuestamente deberían dirigir: su interés es manejar el conflicto de cualquier manera que le convenga a Israel.

Una de las principales razones por las que fuimos a la guerra contra Iraq fue para beneficiar a Israel. Esta realidad es tan aterradora que es necesario sacarla a relucir cada vez que se discutan las motivaciones para la guerra.

La propia campa√Īa de Estados Unidos por la hegemon√≠a global fue obviamente otra importante motivaci√≥n, como lo fue el petr√≥leo, pero los objetivos de EEUU e Israel en Medio Oriente est√°n tan entrelazados que es imposible que un pol√≠tico como Paul Wolfowitz, por ejemplo, o Donald Rumsfeld o los numerosos neoconservadores en el Departamento de Defensa dejen de pensar en los intereses israel√≠es y comiencen a pensar exclusivamente en los intereses de EEUU.

La política y los que la deciden están tan íntimamente interrelacionados que probablemente esa diferencia no existe. Esto debe ser discutido abiertamente y a menudo.
Un problema resultante del trato de Israel y su conflicto con los palestinos como algo secundario, sin impacto directo en los intereses de EEUU, es que mientras m√°s se ignore a Israel como factor, como ingrediente en la construcci√≥n del imperio de EEUU, m√°s fuerte se har√° Israel, m√°s fuertes sus v√≠nculos con el complejo militar-industrial, m√°s capaz ser√° de confrontar a Estados Unidos y de resistir cualquier demanda de EEUU -en el proceso de paz por ejemplo- m√°s capaz ser√° de matar palestinos, impulsar su engrandecimiento territorial, y en √ļltima instancia poner en peligro a Estados Unidos.

Todo lo que Israel hace en Medio Oriente es percibido en todo el mundo, correctamente, como aprobado, alentado y posibilitado por Estados Unidos, con el resultado de que todo terrorista capaz de preparar un ataque como los del 11 de septiembre nos escoger√° como objetivo antes de que lo haga con Israel.

Otro problema es que todo el movimiento contra la guerra y contra el imperio en EEUU est√° dividido en el tema de la pol√≠tica hacia Israel, y los esfuerzos por ocultar dicha divisi√≥n son generales. Dos argumentos diferentes, los dos falsos, se presentan a favor de continuar con el ocultamiento. El primer argumento es que la relaci√≥n EEUU-Israel no es simplemente un factor causal mayor detr√°s de la invasi√≥n de Iraq por EEUU o del deseo de EEUU de concentrar su campa√Īa por la dominaci√≥n global primero y ante todo en Medio Oriente.

Muchos activistas por la paz israelíes y estadounidenses-judíos apoyan firmemente este argumento, y no se puede negar que muchos activistas no-judíos también lo hacen, aunque algunos de ellos lo hagan por lo menos en parte por razones tácticas.
El segundo argumento es totalmente t√°ctico, y los que lo aprueban reconocen abiertamente ese hecho. Este argumento afirma que la unidad en el movimiento por la paz de EEUU es importante por sobre todo lo dem√°s, y que debilitaremos irreparablemente el movimiento a menos que ignoremos el controvertido problema Israel-Palestina.

El temor es que las distribuidoras se negarán a distribuir vídeos documentales, películas, libros, y artículos si nos oponemos a las posiciones del establishment sobre Israel y Palestina, y que menos gente mirará, o comprará o leerá nuestros documentales y escritos. Se presenta a menudo la racionalización de que hay tantos otros temas respecto a los cuales podemos atacar las políticas belicosas de EEUU que en realidad no es siquiera necesario tratar delicado problema de la relación estadounidense con Israel.

El movimiento por la paz

Para comenzar, dice el argumento, tenemos montones de qu√© hablar: los males de la dominaci√≥n global; las inmorales guerras contra el ¬ęterrorismo¬Ľ -que no es m√°s que una definici√≥n t√°ctica- como han sido definidas interesadamente por Washington y sus aliados; los asesinatos de miles de inocentes en Afganist√°n e Iraq, que EEUU se niega a contar; las injusticias de una versi√≥n estadounidense de la globalizaci√≥n econ√≥mica que ha aumentado la brecha entre ricos y pobres en todo el mundo; el continuo aumento de los gastos militares de EEUU; el establecimiento de m√°s bases militares por doquier; el permanente apoyo de EEUU a gobiernos autoritarios en el mundo √°rabe, Asia Central, y en otros sitios; las nuevas armas nucleares producidas por un gobierno de EEUU descaradamente hip√≥crita que trata in√ļtilmente al mismo tiempo de impedir que naciones inamistosas y entidades no-estatales obtengan armas nucleares, etc., etc., etc.

As√≠ que, con tanto de qu√© hablar, ¬Ņpor qu√© preocuparnos de un tema tan problem√°tico? Ignoremos simplemente el tema Israel-Palestina y c√≥mo tanto republicanos como dem√≥cratas le hacen el juego al terrible gobierno derechista israel√≠. Despu√©s de todo, la cr√≠tica de cualquier pol√≠tica israel√≠ se acerca demasiado al antisemitismo y todo eso destruir√≠a el movimiento por la paz. As√≠ que juguemos como equipo.

Al mismo tiempo, no debemos dejar de deplorar, y considerablemente, los actos contra israelíes como el reciente terrorismo en Taba -haya sido cometido por palestinos, por al-Qaeda, o por cualquier otro,-y seamos cuidadosos de evitar toda crítica seria de cualquier represalia israelí, aunque esa represalia sea en una escala dos o tres veces mayor que el acto terrorista original. Y, desde luego, sería mejor no molestar a Israel y a sus partidarios de AIPAC hablando demasiado fuerte de los recientes asesinatos excesivos de palestinos en Gaza -muchos más que la cantidad de israelíes matados en Taba. Dejemos todo eso de lado. La unidad del movimiento por la paz es muchísimo más importante.
En circunstancias en las que la mayor√≠a de los dirigentes republicanos y dem√≥cratas ya consienten a m√°s no dar los caprichos de AIPAC y del actual gobierno israel√≠, ¬Ņc√≥mo podemos cambiar la situaci√≥n?

Primero, los líderes del movimiento por la paz que crean que está mal que se les esté haciendo el juego deberían mostrar algo de coraje. Deberían olvidar la unidad con cualquiera que crea que las actuales políticas de EEUU y Palestina son moralmente justificables y que favorecen la futura paz y estabilidad global.

Luego, deber√≠an anunciar tambi√©n fuerte y p√ļblicamente su convicci√≥n de que la cr√≠tica de las pol√≠ticas crueles y opresivas de Israel hacia los palestinos no es antisemitismo, igual como criticar la actual pol√≠tica combinada de republicanos y dem√≥cratas de apoyar de modo tan absoluto a Israel no es antiamericanismo. Deber√≠an dirigir el esfuerzo por la paz y dejar de tratar de lograr la unidad con cualquiera que crea, absurdamente, que la cr√≠tica de cualquiera pol√≠tica gubernamental constituye odio racial.

Por cierto, los activistas por la paz en este pa√≠s deber√≠an trabajar por cambiar m√ļltiples aspectos de las pol√≠ticas exterior y militar de EEUU. Pero ninguno de los elementos de la pol√≠tica global de EEUU en la lista mencionada es m√°s importante que una causa para odiar la pol√≠tica de EEUU en todo el mundo, y que por lo tanto constituye una causa potencial de futuro terrorismo contra EEUU y sus aliados, que el hecho que no se impongan restricciones significativas a la ocupaci√≥n israel√≠ y a su conducta hacia los palestinos., los l√≠deres del movimiento por la paz que crean que est√° mal que se les est√© haciendo el juego deber√≠an mostrar algo de coraje. Deber√≠an olvidar la unidad con cualquiera que crea que las actuales pol√≠ticas de EEUU y Palestina son moralmente justificables y que favorecen la futura paz y estabilidad global.

Al eliminar las políticas de EEUU hacia Israel de la lista de objetivos aceptables de crítica, demasiados voceros del movimiento por la paz, exageran inevitablemente -y tal vez a veces conscientemente- la importancia de otras políticas de EEUU. Lo que ha sido más exagerado, en parte porque se ajusta mejor a las necesidades propagandísticas del gobierno del Likud en Israel, es la relación de EEUU con, y el papel de, los gobiernos autoritarios árabes como una causa a la raíz de los actos terroristas del 11 de septiembre.

Esta exageraci√≥n se aplica particularmente al √©nfasis desplazado sobre la supuesta relaci√≥n del gobierno √°rabe saud√≠ con los eventos de esa fecha. El r√©gimen casi feudal de la familia real saud√≠, apoyado durante medio siglo por EEUU, y la alienaci√≥n resultante de numerosos saud√≠es de a pie, particularmente entre los j√≥venes, tanto ante las pol√≠ticas de EEUU como las de su propio gobierno, constituyen claramente una -aunque sea s√≥lo una- de las causas del terrorismo contra EEUU y sus aliados. Pero los esfuerzos de los funcionarios israel√≠es y de amigos de Israel en EEUU de magnificarlo como la ra√≠z √ļnica, mayor que todas las otras, comenzaron inmediatamente despu√©s del 11 de septiembre y han tenido bastante √©xito.

Desgraciadamente, para tomar un solo ejemplo, Michael Moore y su cinta Fahrenheit 9/11 contribuyeron substancialmente a ese √©xito, tanto por dedicar tanta atenci√≥n a los saud√≠es como por ignorar el apoyo de EEUU a Israel como un factor causal mucho m√°s importante del terrorismo contra Estados Unidos. Semejantes deformaciones han sido asimismo casi universales en otras pel√≠culas y an√°lisis acad√©micos recientes de las pol√≠ticas externas de EEUU, facilitando la tarea de cualquier administraci√≥n de concluir que puede ¬ęganar¬Ľ o ¬ęsolucionar¬Ľ la llamada guerra contra el terror mientras sigue apoyando a fondo la colonizaci√≥n de Cisjordania por Israel.

Y mientras tanto, la relación de EEUU con Israel es tratada, en todos los niveles del discurso político en Estados Unidos, como algo secundario en comparación con temas estratégicos de más envergadura. Esto es extremadamente peligroso. No se solucionará la guerra contra el terror y no disminuirá el odio a Estados Unidos por parte de nuestros propios aliados y del mundo árabe y musulmán, hasta que haya una solución del conflicto palestino-israelí que garantice la misma justicia para palestinos e israelíes.

Ignoramos el peligro directo que Israel representa para nosotros por nuestra cuenta y riesgo. Nuestra campa√Īa por el imperio ya se volvi√≥ contra nosotros hace tres a√Īos, el 11 de septiembre, y volver√° de nuevo mientras no sepamos distinguir nuestros propios intereses de los de Israel.

Y, sin embargo, la ret√≥rica electoral de Bush y Kerry sigue resonando, y ni los candidatos ni los moderadores de los medios en sus supuestos debates han presentado ni una sola vez el tema de los palestinos. El tema secundario se aleja a√ļn m√°s de las mentes de los estadounidenses, aun cuando aumenta la probabilidad de que cause una explosi√≥n internacional.

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* Artículo publicado en CounterPunch (www.counterpunch.org.

Bill Christison fue alto funcionario de la CIA. Sirvió como oficial nacional de Inteligencia y como director de la oficina de la CIA de Análisis Regional y Político. Colabora con Imperial Crusades, la nueva temática de CounterPunch sobre las guerras contra Iraq y Afganistán.
Kathleen Christison es una ex analista pol√≠tica de la CIA y ha trabajado en temas de Oriente Medio durante 30 a√Īos. Es autora de Perceptions of Palestine and The Wound of Dispossession. Su ensayo Dual Loyalities es un material central de The Politics of Anti-Semitism de CounterPunch.

Traducción de Germán Leyens para www.rebelion.org .

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