May 25 2018
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Política

208 años después, el pueblo argentino sigue queriendo saber de qué se trata

Hace 208 años, frente al Cabildo de Buenos Aires, el pueblo argentino rompía sus lazos con la corona española. La Revolución de Mayo fue una serie de acontecimientos revolucionarios ocurridos ese mes de 1810 en la capital del Virreinato del Río de la Plata, dependiente del rey de España, y que tuvieron como consecuencia la destitución del virrey Cisneros y su reemplazo por la Primera Junta de gobierno.

La Revolución de Mayo inició el proceso de surgimiento del Estado Argentino sin proclamación de la independencia formal, ya que la Primera Junta no reconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, pero aún gobernaba nominalmente en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona y su lugar ocupado por el francés José Bonaparte.

El hecho de que la burguesía se lo haya apropiado, que distintas dictaduras militares y gobiernos antipopulares, hayan tratado de justificar sus fechorías invocando “el espíritu de Mayo”, no replegó la reivindicación  política desde una perspectiva popular. En el estallido social, la rebelión popular de 2001, fue importante la consigna de cambio social, y años después el macrismo retomó la idea del cambio y la convirtió en el centro de su plataforma de propaganda política del neoliberalismo más crudo y antipopular.

Ya en 1810 existían dos tendencias irrenconciliables. Una expresaba los intereses de la burguesía comercial porteña vinculada a la exportación de cueros y otras materias primas y a la importación de productos manufacturados desde la metrópoli española y veían en ese cambio la posibilidad de “abrirse al mundo”, ampliando su negocio de intermediación a las nuevas potencias emergentes (Inglaterra, Holanda, Francia), ampliación de negocios que ya habían iniciado ilegalmente mediante el contrabando.

La otra tendencia política, a quienes los servicios de inteligencia reales denominaban “tupamaros” (reconocían en su proyecto el antecedente de la  sublevación de Tupac Amaru y porque sus principales dirigentes Moreno, Belgrano, Castelli eran propensos  a reivindicar derechos de los pueblos originarios, se planteaba un proyecto popular de independencia y Patria Grande.

Este proyecto se mantuvo vigente en la existencia de la Liga Federal liderada por el caudillo oriental (uruguayo) José Gervasio Artigas e incluso se radicalizó apoyándose en el sujeto de los pueblos libres (gauchos, negros cimarrones y originarios) con  propuestas concretas como el reparto de tierras,  la libertad de cultos y el federalismo.

También sobrevivió ese espíritu en el ejército de los Andes al mando de José de San Martín, con hazañas comparables con las del ejército de Simón Bolívar, y también en las guerrillas de gauchos y originarios lideradas por Martín Miguel de Guemes y Juana Azurduy, epopeyas que se financiaron con expropiaciones y fuertes impuestos a las oligarquías locales.

La Patria en peligro

208 años más tarde el pueblo de Buenos Aires se concentró en el Obelisco del centro porteño para denunciar que la “Patria está en peligro” por las políticas de ajuste y los condicionamientos del Fondo Monetario Internacional. Señalaron que la soberanía de la nación, los derechos de sus habitantes y las posibilidades de ésta y las generaciones futuras están siendo comprometidas por las medidas adoptadas por el gobierno neoliberal de Mauricio Macri. “Todo está permitido menos no defender la Patria”.

La vuelta a las políticas dictadas por el FMI no hace sino confirmar el camino trazado por el gobierno desde hace dos años y profundiza los padecimientos de las mayorías populares. Trabajadores, jubilados, mujeres, jóvenes, estudiantes, científicos, niños, madres, docentes, desocupados, farmacéuticos, emprendedores, extranjeros, pequeños empresarios, productores rurales, comerciantes, médicos, castigados. Perdiendo derechos. Y todos en la calle para torcer el camino del macrismo y sus mandantes.

Por otro lado, banqueros, especuladores, empresas multinacionales, amigos del poder, CEOs de trasnacionales, multimedios, funcionarios, se benefician y realizan los mejores negocios jamás imaginados, licuando sus pingües ganancias en paraísos fiscales.

Nuevamente, como hace 208 años, el pueblo -en la calle- quiere saber de qué se trata, porque este gobierno ha apelado al secretismo (como en la insistencia en suscribir un tratado de libre comercio con la Unión Europea cuyos términos y condicionalidades no conocen ni los congresistas), a las noticias falsas, a la creación de un imaginario colectivo de la necesidad de “abrirse al mundo” para entregar las riquezas nacionales y las empresas públicas a las grandes corporaciones.

Rodeado de vallas y fuerzas de seguridad y tras compartir un chocolate con funcionarios e integrantes de otros poderes del Estado en la Casa Rosada, el Presidente caminó a media mañana desde allí hasta la Catedral para participar del Tedeum. Lo hizo en el marco de un fuerte operativo de custodia y, obviamente, sin contacto con la gente.

Poco más tarde, miles y miles de argentinas y argentinos salieron otra vez a la calle, quizá ya sabiendo de qué se trata. Reafirmamos la necesidad de integrar nuestro destino con el de los pueblos de nuestra Patria Grande. Nuestra Patria es América, gritamos los que supimos enfrentar al colonialismo y al Plan Cóndor.(…) Nos enfretamos al gobierno de Macri, por el camino de la democracia, en las calles y los haremos también en las urnas”, prometieron.

* Periodista y politólogo uruguayo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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