Dic 4 2014
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Sociedad

Ayotzinapa: el dolor y la esperanza

El Estado mexicano vive desde el pasado 26 de septiembre una profunda crisis. Millones de ciudadanos indignados, en su gran mayor铆a j贸venes, exigen en las aulas, en las calles y en las redes sociales la renuncia de Enrique Pe帽a Nieto. El gobierno federal navega sin br煤jula. Su estrategia parece consistir en ganar tiempo, esperar a que la marea del descontento baje y se produzca un milagro.

Mientras tanto, una parte importante del mundo empresarial y de la clase pol铆tica claman por una salida represiva.

La crisis fue precipitada por un hecho inesperado. El pasado 26 de septiembre, la polic铆a municipal de Iguala, en Guerrero, atac贸 salvajemente a un grupo de 80 alumnos de la Normal Rural de Ayotzinapa. Literalmente los caz贸 como conejos. Les dispar贸 a mansalva sin advertencia alguna, los detuvo y luego los desapareci贸. A uno de los j贸venes, lo torturaron, le arrancaron los ojos y le desollaron el rostro.

Hasta la fecha, y a pesar de diversas versiones oficiales preliminares que se帽alan que los desaparecidos fueron entregados por la polic铆a al grupo delincuencial Guerreros Unidos, quienes los habr铆an asesinado, quemado y esparcido sus cenizas en un r铆o, se desconoce su paradero.

Cuatro hechos asociados entre s铆 nos permiten explicarnos el por qu茅 de la masacre. Estos son la estigmatizaci贸n de los normalistas rurales en general y de la de Ayotzinapa en particular, la impunidad generalizada que priva en el estado de Guerrero y que ha llevado a al asesinato y desaparici贸n de luchadores sociales sin que los responsables hayan sido castigados, el clima de delincuencial en el que diversas bandas disputan centros de producci贸n y mercados de drogas y la existencia de un narcoestado.

Los alumnos de Ayotzinapa eran j贸venes, en su mayor铆a hijos de familias campesinas, estudiantes de una Normal Rural. Por eso los desaparecieron de manera forzada y asesinaron. Defend铆an la educaci贸n p煤blica, el normalismo rural, la ense帽anza al servicio de los m谩s necesitados, la transformaci贸n social del pa铆s. Por eso los ejecutaron y secuestraron.

La incapacidad gubernamental para esclarecer los hechos y la impunidad con la que se ha protegido a los pol铆ticos involucrados en 茅l han provocado una oleada de rabia por todo el pa铆s. La agresi贸n a los estudiantes fue la gota que derram贸 el vaso de una ciudadan铆a asolada por la violencia. En los 煤ltimos 8 a帽os, en medio de una guerra contra las drogas, han sido asesinadas unas 120 mil personas y desaparecidas alrededor de 30 mil, en su mayor铆a j贸venes.

Los hechos han sacudido a la opini贸n p煤blica en todo el mundo. La Casa Blanca, el Papa Francisco y la misma Uni贸n Europea han tomado cartas en el asunto. La imagen, del Presidente Pe帽a Nieto, que hab铆a adquirido notoriedad mundial al haber impulsado con 茅xito -aunque sin consenso social- un nuevo ciclo de reformas neoliberales -especialmente la privatizaci贸n de la industria petrolera- y se presentaba como un 鈥済ran estadista鈥 se resquebraj贸. Los esfuerzos de sus socios comerciales por sacarlo a flote han naufragado.

El narcoestadomex botas

El d铆a del ataque a los j贸venes estudiantes, Mar铆a de los 脕ngeles Pineda de Abarca, presidenta de una instituci贸n p煤blica municipal encargada de proporcionar asisyencia social a las familias, rindi贸 su informe de actividades. Adem谩s de ser la esposa del presidente municipal Jos茅 Luis Abarca Vel谩zquez, era una de las principales aspirantes a la alcald铆a para 2015, una figura de enorme influencia pol铆tica e integrante de una familia ligada al narcotr谩fico.

El alcalde Jos茅 Luis Abarca Vel谩zquez, uno de los personajes se帽alados como responsable de la agresi贸n, pas贸 de ser un humilde vendedor de sombreros a joyero, due帽o de una plaza comercial y un acaudalado comerciante. Su fortuna le permiti贸 sufragar en 2011 una costosa campa帽a electoral en favor del hoy gobernador con licencia 脕ngel Aguirre Rivero y, un a帽o despu茅s, financiar la suya propia.

Abarca conquist贸 la candidatura de la alcald铆a a golpes de chequera. Despu茅s de un ef铆mero jaloneo interno, el centro-izquierdista Partido de la Revoluci贸n Democr谩tica (PRD) no tuvo empacho alguno en incorporarlo a sus listas, a pesar de su reputaci贸n como amigo de algunos de los m谩s importantes narcotraficantes de la regi贸n. De inmediato se sum贸 a las filas de Nueva Izquierda, la principal corriente del PRD y responsable principal de su acercamiento al gobierno de Pe帽a Nieto.

Desde su llegada al ayuntamiento, Jos茅 Luis Abarca ha sido acusado de corrupci贸n, nepotismo y autoritarismo. El 30 de mayo de 2013, ocho miembros de Unidad Popular de Iguala, organizaci贸n social opositora al presidente municipal, fueron levantados por un comando. Tres fueron ejecutados. Nicol谩s Mendoza Villa, uno de los secuestrados, que alcanz贸 a escapar, acus贸 directamente al alcalde de los hechos y de haber dado muerte personalmente al dirigente perredista Arturo Hern谩ndez Cardona dispar谩ndole un escopetazo en la cara y otro en el pecho, tras de espetarle: 鈥淨u茅 tanto est谩s chingando con el abono. Me voy a dar el gusto de matarte鈥.

Iguala es una ciudad clave en el tr谩fico de drogas. Valle rodeado por nueve monta帽as en la regi贸n norte de Guerrero, es punto de entrada a la Tierra Caliente, donde los c谩rteles elaboran drogas sint茅ticas y cultivan mariguana. Es tambi茅n puerta de salida de una de las hero铆nas m谩s pras que se elaboran en el mundo. All铆 operan diversas bandas del crimen organizado, hegemoneizadas por Guerreros Unidos, uno de los subgrupos surgidos a ra铆z de la implosi贸n de los Beltr谩n Leyva.

La guerra de c谩rteles por la plaza ha sido salvaje. Guerreros Unidos est谩 enfrentado por el control de las rutas de trasiego de drogas que conectan los estados de M茅xico, Guerrero y Morelos con la Familia y Los Rojos, una c茅lula encabezada por Leonor Nava Romero, El Tigre, hermano de Jes煤s Nava Romero, El Rojo, lugarteniente de Arturo Beltran Leyva, abatido en 2009 en Cuernavaca. El resultado de esta disputa en Iguala ha sido sangriento.

La disputa en Guerrero forma parte de una guerra m谩s general librada en territorio nacional. El escritor italiano Roberto Saviano, reconocido por sus libros sobre el negocio de las drogas, asegura que en este momento M茅xico es el centro del mundo. Es el pa铆s que est谩 experimentando con m谩s violencia las contradicciones del capitalismo. M茅xico -dice- cuenta con las organizaciones criminales m谩s poderosas y sanguinarias del mundo. Aqu铆 se hacen negocios con la coca铆na por valor de muchos miles de millones. El dinero se lava luego en los mejores bancos de los Estados Unidos, como han demostrado las investigaciones realizadas por las propias autoridades americanas. M茅xico -sentencia- es como un Estado m谩s de los Estados Unidos, pero sin sus leyes ni sus reglas. El crimen organizado disfruta aqu铆 de todas las ventajas de los Estados Unidos, pero sin los inconvenientes.

El estado de Guerrero -como otras entidades del pa铆s- es un narcoestado. Pol铆ticos locales, legisladores estatales y federales, dirigentes partidarios, jefes de la polic铆a y mandos militares, est谩n estrechamente vinculados con los grupos delincuenciales. La narcopol铆tica no es asunto exclusivo del viejo PRI. Integrantes de varias corrientes al interior del PRD han sido se帽alados como parte de ella. El Presidente del Congreso local, Bernardo Ortega, ha sido acusado como jefe de una de las bandas, al igual que dirigente estatal de ese partido. Hasta el gobernador con licencia ha sido vinculado con estas bandas.

La existencia de este narcoestado est谩 asociada a la impunidad generalizada que priva en la impartici贸n de justicia. Seg煤n el obispo cat贸lico Ra煤l Vera, quien estuvo al frente de la di贸cesis de ciudad Altamirano entre 1988 y 1995, la impunidad es la caracter铆stica m谩s lacerante de Guerrero y su desaf铆o m谩s importante. Su extensi贸n y persistencia -se帽ala- alienta el crimen y la violaci贸n de los derechos humanos y la dignidad.

Las normales rurales

mex tpp ofrendaLa normal rural de Ayotzinapa (el lugar de las tortugas en nahuatl) es un centro de formaci贸n de profesores para comunidades campesinas. Fundada en 1926 como parte de una res de escuelas similares, es uno de los 煤ltimos baluartes de la Revoluci贸n Mexicana de 1910-1917, con sus promesas de una reforma agraria radical y esducaci贸n libre, laica y gratuita para todos.

El normalismo rural es una comunidad imaginaria integrada no s贸lo por los alumnos que estudian en sus aulas y viven en sus internados. De ella forman parte tambi茅n los poblados de donde provienen los estudiantes, los grupos campesinos a quienes se atiende en las pr谩cticas escolares y las comunidades adonde van a laborar sus egresados. Son parte sustancial de ella los maestros en activo que se graduaron en sus muros. A todo ellos, lo que sucede all铆 les ata帽e.

Las normales rurales son una de las pocas v铆as de ascenso social que tienen los j贸venes en el campo. El destino que se forjen gracias a sus estudios incide en la vida de las comunidades. Lo que acontece con ellas no les es ajeno. Son suyas: son un legado vivo de la Revoluci贸n Mexicana, una herencia de la escuela rural y el cardenismo, al que no est谩n dispuestos a renunciar.

Los alumnos que se instruyen en esas escuelas cuentan, adem谩s, con una de las organizaciones estudiantiles m谩s antiguas en el pa铆s: la Federaci贸n de Estudiantes Campesinos Socialistas de M茅xico (FECSM). Fundada en 1935, ha desempe帽ado un papel fundamental en la sobrevivencia de las normales rurales, permanentemente acosadas por autoridades educativos y gobiernos locales. Sus dirigentes deben ser alumnos regulares, tener buena conducta y un promedio escolar no menor de ocho. S贸lo los mejores alumnos representan a sus compa帽eros. Sus l铆deres son j贸venes formados pol铆ticamente, con capacidad de an谩lisis, dotes organizativas y visi贸n.

Esa comunidad transgeneracional e intercomunitaria es la que ha evitado que las normales rurales sean cerradas en el pa铆s en el pasado. Es la que ha resistido las agresiones en su contra. Es la que ha hecho posible la supervivencia del proyecto. Y es la que ha articulado la lucha por la presentaci贸n con vida de sus j贸venes desaparecidos.

S铆, no son s贸lo 43 j贸venes desaparecidos. Detr谩s de ellos est谩n m谩s de cuatro decenas de padres dolientes y sus familias extensas, en su mayor铆a de muy escasos recursos, que pasan las noches en vela esperando que sus hijos aparezcan. A su lado se encuentran decenas de comunidades, casi todas r煤sticas, que ruegan por el retorno con bien de sus paisanos. Hombro con hombro, marchan unos 500 estudiantes de la Normal Rural 鈥淩a煤l Isidro Burgos鈥, que aguardan el regreso de sus compa帽eros de banca y de dormitorio.

Como si fueran un ej茅rcito, los acompa帽an miles de egresados profundamente comprometidos con la escuela que les ha permitido salir adelante en su vida, muchos de ellos laborando en los poblados m谩s remotos de Guerrero, que viven como un agravio personal lo que se ha hecho a los muchachos. Y, en primera l铆nea, est谩n unos 8 mil alumnos de otras normales rurales, hermanados con ellos mucho antes de que la tragedia llegara a sus vidas.

La nueva insurgencia c铆vicamex queremos justicia

El fuego devora un veh铆culo frente al palacio de gobierno de Chilpancingo. En el chasis de otro derribado, sobre uno de sus costados, manos rabiosas pintaron: Justicia. Guerrero est谩 en llamas.

La lumbre que devora edificios p煤blicos y automotores expresa la rabia y la indignaci贸n crecientes de cada vez m谩s j贸venes en la entidad. Es el term贸metro de una insurgencia c铆vica y popular de largo aliento que sacude todo su territorio, y se extiende a m谩s municipios y sectores. Es la evidencia de una ira que cada d铆a que transcurre se radicaliza m谩s y m谩s.

En un primer momento las protestas se centraron a las autoridades locales y el Partido de聽聽 la Revoluci贸n Democr谩tica. Edificios municipales y las oficinas del sol azteca fueron incendiadas. Las flamas de la c贸lera se extendieron despu茅s contra el gobernador con licencia 脕ngel Aguirre. Hoy han alcanzado al presidente Enrique Pe帽a Nieto. La exigencia de su renuncia es un clamor a lo largo y lo ancho de la entidad y del pa铆s.

Alrededor de 22 de los 81 municipios del estado est谩n tomados. La cuenta crece cada d铆a. Los plantones surgen como hongos en las plazas p煤blicas. La revuelta no s贸lo obstaculiza el buen funcionamiento de los cabildos. La multitud analiza echar a andar gobiernos paralelos.

Como resultado del alzamiento c铆vico, la econom铆a local funciona a trompicones. Los hoteles se han vaciado. Los interminables bloqueos carreteros estrangulan el transporte de carga y de pasajeros. El cerco a los grandes centros comerciales frena las transacciones comerciales.

La revuelta actual tiene en normalistas, maestros, polic铆as comunitarias y organizaciones campesinas su columna vertebral. Su larga tradici贸n de lucha y su experiencia organizativa son el sustrato que sostiene la movilizaci贸n. Sin embargo, el levantamiento va mucho m谩s all谩 de ellas. En algunas regiones participan hasta empresarios.

En Guerrero existen desde hace 45 a帽os organizaciones insurgentes. Hay evidencias serias de la presencia y actuaci贸n de, al menos, de cinco de ellas. Tienen implantaci贸n social en varias regiones, capacidad de fuego y experiencia en la acci贸n. Varias han acordado formas de entendimiento y coordinaci贸n.

La expansi贸n de la insurgencia c铆vico popular guerrerense ha sido acompa帽ada y cobijada por un ampl铆simo y creciente movimiento nacional de solidaridad. El mundo universitario est谩 en ebullici贸n. En las redes sociales son apabullantes las muestras de descontento contra Enrique Pe帽a Nieto.

La estrategia gubernamental para enfrentar la crisis ha sido desastrosa. Error tras error, cada paso que las autoridades dan las acercan irremediablemente al borde del abismo. Incapaces de comprender la naturaleza de la insurgencia c铆vica que tienen frente a s铆, han respondido echando mano de politiquer铆a barata y maniobras burdas.

As铆 aconteci贸 con su 煤ltimo ardid. La versi贸n oficial de que los alumnos de Ayotzinapa habr铆an sido ejecutados, calcinados en un basurero de Cocula y sus cenizas arrojadas al r铆o, ha propiciado que los 谩nimos se exacerben a煤n m谩s. Lejos de ofrecer una explicaci贸n convincente de los hechos, caus贸 m谩s dudas y malestar.

El gobierno federal pretende establecer un relato oficial de la masacre y una verdad jur铆dica para evadir su negligencia y responsabilidad en los hechos y librar posibles demandas internacionales en su contra. Busca ocultar que se trat贸 de un crimen de Estado y de delitos de lesa humanidad. Sin embargo, su explicaci贸n est谩 llena de omisiones, inconsistencias y contradicciones. No es cre铆ble.

No es el 煤nico que lo piensa. Una y otra vez, en las distintas movilizaciones que se producen en el pa铆s, la multitud corea dos consignas que sintetizan no s贸lo un estado de 谩nimo pasajero, sino las convicciones profundas de quienes las vocean. Al gritar 隆Fue el Estado!, se帽alan a quien consideran responsable de la barbarie. Al exigir 隆Fuera Pe帽a! expresan lo que ven como v铆a de salida del conflicto. La insurgencia c铆vica y popular ha entrado a una nueva etapa.

 

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