May 28 2018
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Ciencia y Tecnología

La fiebre por minar bitcoins conquista Islandia

 El consumo masivo de electricidad para fabricar criptomonedas suscita dudas por su efecto medioambiental. En el país nórdico, las divisas digitales usan ya más energía que las familias.

La misma imagen se repite en otras estancias. Adem√°s, pilas de ordenadores se agolpan en el suelo a la espera de nuevas instalaciones listas para continuar explotando la gallina de los huevos de oro versi√≥n 2.0. ‚ÄúEs una locura. Hace un a√Īo solo ten√≠amos esta sala. Ahora disponemos de tres centros y estamos a punto de abrir otros cuatro. El tel√©fono no para de sonar. Son inversores tratando de que les alojemos sus m√°quinas‚ÄĚ, asegura Marcel Mendes da Costa, gerente de Borealis. Aqu√≠, en este descampado desangelado de Islandia, se palpa una nueva fiebre del oro. La del siglo XXI.Marcel Mendes da Costa, en el centro de datos Borealis.

El minado de bitcoins ha llegado para quedarse: HS Orka, una de las grandes el√©ctricas de Islandia, avisa de que, por primera vez, en 2018 el consumo de energ√≠a destinada a este complejo proceso superar√° al de todos los hogares del pa√≠s. En este mundo de las divisas digitales, el minado equivale a lo que en las monedas tradicionales ser√≠a la impresi√≥n de billetes. Y si todo contin√ļa como hasta ahora, el proceso solo conoce una direcci√≥n: hacia arriba.

Seg√ļn estimaciones del economista Alex de Vries, el bitcoin habr√° absorbido a finales de a√Īo la electricidad que consume un pa√≠s como Austria, el 0,5% de toda la producida en el mundo. ‚ÄúPuede parecer que no es mucho. Pero la energ√≠a solar aporta un 1% de la electricidad total: y han hecho falta d√©cadas para llegar a ese porcentaje. En un solo a√Īo se dispara ahora el consumo y nadie sabe hasta d√≥nde puede llegar‚ÄĚ, asegura al otro lado del tel√©fono. .

Compa√Ī√≠as el√©ctricas, empresas de centros de datos e inversores extranjeros se relamen pensando en los ping√ľes beneficios. Pero el uso masivo de energ√≠a para las criptomonedas ya ha hecho que organizaciones como Greenpeace hablen de una amenaza para el medio ambiente.

Pero, ¬Ņpor qu√© inversores de todos los tama√Īos y de todos los puntos del mundo han fijado su atenci√≥n en una isla perdida, a medio camino entre Am√©rica y Europa, con solo 350.00 habitantes? B√°sicamente, por el fr√≠o y el bajo precio de la energ√≠a. Aqu√≠, donde la temperatura media ronda los cuatro grados ‚ÄĒm√°s o menos la de una nevera‚ÄĒ, la naturaleza ofrece refrigeraci√≥n gratuita, una bendici√≥n para una industria cuyo principal enemigo es el calentamiento de equipos que trabajan 24 horas al d√≠a, 365 d√≠as al a√Īo. En este negocio, quien tiene m√°s armas contra el calor es el rey.

‚ÄúNuestro negocio consiste en vender mal tiempo‚ÄĚ, dice medio en broma medio en serio G√≠sli Katr√≠narson, jefe comercial de Advania, la mayor empresa de centros de datos en Islandia. Adem√°s, la abundancia de energ√≠as renovables ‚ÄĒprincipalmente, geot√©rmica e hidr√°ulica‚ÄĒ permite una electricidad a precios baj√≠simos. Si en el c√≥ctel se mezcla la seguridad de suministro que ofrece un pa√≠s hiperdesarrollado, es comprensible el furor por el norte que invade a estos mineros digitales.

Mientras el negocio florece, organismos internacionales y grupos ecologistas se preguntan por sus efectos medioambientales. Agust√≠n Carstens, director general del Banco Internacional de Pagos, defini√≥ a las criptomonedas como una mezcla de ‚Äúburbuja, fraude de esquema Ponzi y desastre medioambiental‚ÄĚ. Greenpeace alerta de que la demanda de energ√≠a no para de crecer, y que solo un quinto de esta se cubre con energ√≠as renovables. Incluso aunque en lugares como Islandia la pr√°ctica totalidad de los centros de datos usen energ√≠as limpias, esto no hace desaparecer el problema. ‚ÄúLos nuevos consumos de energ√≠a deben moderarse. Si no, se estar√° retrasando el proceso de transici√≥n energ√©tica‚ÄĚ, explica Sara Pizzinato, responsable de Energ√≠a de la ONG.

Pero el problema va m√°s all√° de los bitcoins. Seg√ļn un estudio de Greenpeace, si Internet fuera un pa√≠s, ser√≠a el quinto mayor consumidor de energ√≠a del mundo. En un art√≠culo reciente, Heidar Gudjonsson, presidente de Vodafone Islandia, dec√≠a que la huella de carbono que dejan las descargas de la canci√≥n Despacito equivale a la de las emisiones de gases anuales de 100.000 taxis.

Preguntas sin respuesta

Las dudas sobre el negocio de las criptomonedas no proceden solo del frente medioambiental. Sm√°ri McCarthy, activista digital y diputado del Partido Pirata, es uno de los l√≠deres islandeses que m√°s alto habla de los problemas asociados al boyante negocio de los centros de datos. ‚ÄúHay muchas preguntas sin respuesta. ¬ŅQui√©n se beneficia de unas operaciones que nadie controla? ¬ŅC√≥mo sabemos que no suponen una amenaza para la seguridad nacional? A un competidor podr√≠a interesarle lanzar un ataque que dejara al pa√≠s sin Internet. No pretendeo ilegalizar estas operaciones, pero s√≠ regularlas‚ÄĚ afirma el combativo diputado en un despacho del Althing, el Parlamento island√©s.

La granja de minado de Borealis es la versión de bajo coste de los modernos centros de datos. Aquí no hay sofisticados sistemas de refrigeración. Solo se ven hileras de ordenadores trabajando sin descanso; y unos tubos que expulsan el calor hacia el techo. Las paredes son de una especie de gomaespuma que deja entrar el frío en una zona en la que dos semanas atrás, en una primavera prácticamente inexistente, la temperatura rondaba los cinco grados.

Central geotérmica

El inter√©s se dispar√≥ el a√Īo pasado, cuando el bitcoin pas√≥ de valer menos de 1.000 d√≥lares en enero a casi 20.000 de diciembre. Entonces llegaron lo que Mendes da Costa, uno de los responsables del centro de datos, llama ‚Äúcowboys‚ÄĚ. ‚ÄúEran los inversores que ven√≠an con la idea de ‚Äėcoge el dinero y corre‚Äô. Pero ese tipo de clientes est√° disminuyendo‚ÄĚ, asegura este holand√©s mudado a Islandia. Con el descenso de la cotizaci√≥n del bitcoin ‚ÄĒesta semana ha oscilado entre 7.500 y 8.500 d√≥lares‚ÄĒ, en este negocio ven asentarse a los clientes con vocaci√≥n de medio o largo plazo, grandes entidades financieras internacionales incluidas. Pero nadie garantiza qu√© pasar√° si el precio sigue a la baja. ‚ÄúSi cae por debajo de 6.000 d√≥lares, tendremos problemas‚ÄĚ, vaticina el gerente de Borealis.

J√≥hann Snorri Sigurbergsson, responsable de la empresa el√©ctrica HS Orka, llega tarde a la cita con EL PA√ćS en un pueblo cercano a Keflavik, la zona de Islandia donde se concentra la mayor parte de centros de datos. Justifica el retraso por la cantidad de peticiones que cada d√≠a le llegan de inversores extranjeros deseosos de entrar en el negocio. ‚ÄúEsta ma√Īana ten√≠a tres emails. Es as√≠ todos los d√≠as‚ÄĚ, se disculpa. Sigurbergsson resume una sensaci√≥n muy extendida estos d√≠as en su sector: ‚ÄúEl objetivo es llegar aqu√≠ y hacer dinero r√°pido‚ÄĚ.

Un robo masivo y un prófugo en el avión de la primera ministra

Estas semanas, los islandeses siguen con atención una rocambolesca historia digna del thriller más descabellado. El cóctel incluye un robo de ordenadores, la huida de un delincuente y un vuelo donde coinciden el prófugo más buscado del país con la primera ministra, la ecologista Katrín Jakobsdóttir.Imagen relacionada

Sindri Thor Stef√°nsson puede presumir de ser el delincuente m√°s famoso de Islandia, un pa√≠s con un baj√≠simo nivel de criminalidad. Primero protagoniz√≥ un espectacular robo de 600 ordenadores dedicados al minado de bitcoin. M√°s tarde se escap√≥ de la prisi√≥n de baja seguridad donde estaba encerrado y cogi√≥ un avi√≥n a Suecia donde pudo saludar a la jefa de Gobierno. La aventura acab√≥ d√≠as m√°s tarde, cuando Stef√°nsson fue detenido tras posar sin complejos desde √Āmsterdam en el Instagram de un amigo, en una fotograf√≠a donde se pod√≠a leer #teamsindri (equipo de Sindri).

Al margen de la an√©cdota, este episodio muestra el problema de seguridad al que se enfrenta la floreciente industria del minado de bitcoins. ‚ÄúLo ocurrido nos ha hecho revisar todos nuestros protocolos de seguridad‚ÄĚ, dicen en la empresa de centros de datos Advantia.s Advantia.

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