Abr 26 2020
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CulturaSociedad

Advertencias frente al avance del nihilismo, filosofía próxima en tiempo de coronavirus

Llegó una cierta noche, la del coronavirus, que no es reparadora, puesto que está llena de insomnio, de miedos y fantasmas que nos recuerdan todos los mundos y las esperanzas perdidas. Es la noche que nos conecta con esa nada [2] de la que venimos escapando, no se llama solo Occidente (pues también se llama así, es decir, un proyecto de mundo que habita su propia decadencia desde hace muchos siglos), es la propia condición humana que cae una y otra vez en la cuenta de sus grandes promesas incumplidas.

Nihilismo [3], le llamó el filósofo F. Nietzsche y es pasible de aplicarlo a la situación que ahora vivimos. No se trata solamente de lo que nos trajo acarreado la “muerte de Dios” según este filósofo, entendido como muerte de los absolutos donde ya no hay un supra-mundo o un supra-sentido  ni verdad a la que recurrir que nos salve de ese encuentro con el vacío.Nihilismo: origen, tipos, ideas centrales y características

También se trata de caer en la conciencia de que este tipo de animal, el humano, no ha sido capaz de sostener la vida de su cría, y a pesar de toda su razón, ciencia y tecnología (y no sólo a pesar de sino muchas veces con) ha puesto en jaque la vida toda sobre el planeta.  Somos los grandes depredadores de la vida. Toda la soberbia del pequeño hombre cae en un segundo, ese ser, que ha develado ser peor en lo humano que en lo animal, se encuentra envuelto en una vida que puede prescindir de él en un abrir y cerrar de ojos.

Nihilismo es tener conciencia de esa farsa de los grandes meta-relatos, de todas esas historias que nos contaron para vencer los miedos de la interminable noche a la intemperie y con miedo.

El tema es precisamente cómo construir una vida sin caer en la desesperación o lo que es peor, en la indolencia. Hasta aquí el nihilismo más pasivo, rotundo y negativo, que hemos de superar de alguna manera, sin caer en la trampa del reencantamiento del mundo que intenta inventar nuevos dioses [4].

Esta es nuestra postura: ocurre que nadie nos va a dar el sentido, el sentido debe construirlo y forjarlo el humano en su comunidad junto a los otros. Es inmanente no trascendente, aunque debe partir de ideas fuerza que empujen hacia adelante, tiene que ver con afirmar la vida a partir de la conciencia de la finitud y precariedad (en algunos aspectos, esto nos dirá Nietzsche a través de su idea de nihilismo activo).

¿Qué nos protegerá de la gran noche indolente donde todo es igual y nada vale la pena? Nosotros mismos con los otros.

¿Cómo construir esa protección en la belleza, en lo simple y cotidiano, ese lugar cálido que sostiene, ese hogar físico y espiritual que cobija?

Y quiero decir ahora que ese sentido del que hemos de partir, lo hemos de encontrar en lo próximo.  Hay una resistencia íntima  posible y viable en lo próximo, en lo cotidiano, donde se comienza a jugar la batalla contra el nihilismo y donde se dan los pequeños pasos que superan abismos [5].

El amor por el prójimo es fundamental en tu vidaSi bien el ser humano es el gran depredador, la gran amenaza es también la gran esperanza para sí mismo y el resto de los seres que habitan el plantea.

No se trata de que lo malo es la enfermedad y la muerte. que forman parte de la vida, lo malo es matar premeditadamente al otro, enfermarlo o simplemente no dejarlo vivir.  Incluso arrogarse el derecho de decidir quiénes tienen el derecho a vivir, y quiénes a morir (“necropolítica” le llama Achille Mbembe) [6].

¿Dónde debemos refugiarnos, sino en nosotros mismos? decían los filósofos antiguos[7].  Y hay que aprender a estar con nosotros mismos, la cosa más difícil, hemos de aprender a habitar ese refugio en nosotros mismos. Uno de los grandes problemas del hombre, ya lo decía Pascal, es no saber habitar su propia habitación. No saber vivir sin fuga. No haber aprendido el goce de habitar en el sí propio (y no sólo me refiero a habitar su ser, sino en su hogar mayor, su vida sobre el planeta).

Y preguntarnos desde el fondo, ¿qué nos puede inmunizar, en el sentido de proteger desde dentro?, ya no de la muerte y la enfermedad frente a lo que no hay  ni puede haber inmunidad absoluta, dado que forman parte de la vida. Y encontrar una fortaleza que nos nutra desde dentro y nos permita desplegarnos transformados hacia afuera.

Pues no se trata solo de sobrevivir a un virus y luego a otro virus y así ad infinitum (no le quito importancia a esto), sino de poder habitar en nosotros mismos y con los otros, de hacer de este hogar en el que habitamos un mundo vivible donde “quepamos todos”.

Instauremos una filosofía de lo próximo y preguntémonos ¿qué nos salva hoy del frío metafísico de la grande ausencia y el vacío de sentido?

Lo próximo, esa tarea que involucra lo que amo y a los que amo.Los compañeros", de Mario Monicelli | El director ... | Página12

Un sostener que para ser tal, no puede ser sólo individual. Un estar juntos, aunque estemos solos y aislados. Reconstruir el vínculo perdido con nosotros, con los otros y con el mundo.

No hay cuidado de sí sin cuidado de los otros, el cuidado de los otros, no puede implicar el descuido de mí, ya lo sabían los antiguos griegos.

Y la pregunta que no deja de retumbar en mis oídos ¿por qué  hemos llegado hasta aquí, y en qué nos hemos descuidado tanto?

Vivir es resistir [8]

Hay que recordar que también vivir es resistir no solo íntima y privadamente, sino también pública y políticamente [9].

Para ello debemos recordar que:

  1. El Covid-19 es un virus y no puede ser, bajo ninguna circunstancia, un medio para imponer una especie de dictadura policíaca y militar so pretexto de seguridad.
  2. Deben indicarse modos de cuidarse razonables y no de propagar el miedo irracional al contagio o a la enfermedad. Es insostenible una soledad que me separe absolutamente del otro, que, aunque no esté próximo, es el que me acompaña en el autocuidado y también me cuida. Hay una orden de una cierta distancia razonable, pero una orden de distancia absoluta, se torna imposible y absurda.
  3. El coronavirus no puede ser una carta en blanco que permita la supresión de la libertad a título de una protección que no tiene derecho a réplica o cuestionamiento. Queremos recordar que existe el derecho a desobedecer (ya lo decía Thoreau), si una orden deja de ser razonable, se trata solo de ser sensatos. El confinamiento no nos impide pensar por nosotros mismos.
  4. El agente siempre es cada sujeto, cada familia.  Somos el agente de nuestro propio cuidado, que es también cuidado a los otros, no de los otros[10].
  5. No estamos, a partir del Covid-19, solo representados como “vivos” a partir del trabajo imprescindible o el tele trabajo. Habitamos otros espacios, lugares y tiempos que no son sólo los de la productividad, también son los del goce, la diversión, la alegría y el tiempo libre.
  6. Tampoco el Covid-19 nos puede anular en la capacidad crítica acerca de los otros elementos sociales, políticos y culturales, que están presentes y siguen estando presentes y que debemos seguir elaborando conceptual y políticamente.
  7. El Covid-19, a partir del confinamiento, nos desvincula de lo real, de la calle y de la asociación con el otro, instrumento fundamental para la lucha, transformación social y parte fundamental del sentirnos vivos. Debemos buscar otras formas de protesta, de resistencia y asociación.  Hay otra calle posible, la resistencia necesita de la asociación con el otro.
  8. Que el coronavirus no nos deje pegados a una vida virtual y a una realidad construida dominantemente por los medios de comunicación o en los espacios virtuales. Hay que buscar en esos mismos medios, formas alternativas de construir realidad y de ofrecer resistencia desde la pluralidad de visiones. Recordar que estamos en la “máquina”( thematrix), que ha sido programada por alguien, con ciertos objetivos o intenciones, y que esto no es neutral.
  9. El coronavirus puede instalarnos en un aislacionismo centrado en la soberanía nacional que no es buena  medida. Hay que recordar que somos uno, seres  de aquí y de allá, planetarios y que el virus no tiene fronteras y lo que le pasa a unos nos pasa a todos. No perdamos empatía y solidaridad con los otros de otras naciones, pues de esto salimos juntos. Cuidémonos de los fascismos que dejan entrar el virus del miedo y la intolerancia que pueden contagiarse aún más rápido que el coronavirus.
  10. No hay otra normalidad, pues no hay normalidad. La anormalidad que ha de ser rechazada como nueva normalidad es la que permite habilitar la exclusión del otro visto como amenaza o peligro y no como compañero de lucha.

Finalmente, debemos estar advertidos y protegernos de una anormalidad como nueva normalidad que se plantee como sometimientoExposición de Escher en Madrid y afectación de derechos. De toda nueva normalidad que pueda tornarnos más frágiles a la hora de poder poner límite a los abusos que llegan desde un poder dominante.

Quiero terminar esta reflexión con esta excelente litografía de Maurits Cornelis Escher, artista holandés de renombre internacional. Es su autorretrato reflejado en una esfera de cristal. En el contexto del artículo quiere simbolizar un aislamiento que pueda ser una oportunidad para entrar en un proceso de autoconocimiento (expreso aquí el deseo del que el habitar en sí mismos intente ser una buena experiencia, algo que nos dé provecho y refugio).

La búsqueda de protección simbolizada por la esfera está llena de otros, implicados en todo el entorno de la habitación y en cada detalle, también supone esa resistencia íntima a la que apelamos, esa inmunidad construida desde dentro que se proyecta a un afuera transformador en lo personal y en lo político.

Notas

[2]Etimológicamente “nihil” significa “nada”.

[3]El análisis sobre el nihilismo está basado en F. Nietzsche, ver La Voluntad de Poder, Madrid, Edaf, 2000.

[4]Todo esto pensando desde el contexto de la filosofía nietzscheana a partir de una libre interpretación y con aportes personales. Para profundizar en este punto ver Andrea Díaz Genis: El eterno retorno de lo mismo o el terror a la historia. Montevideo, Editorial Ideas, 2008.

[5]Ver en este sentido el libro de Josep María Esquirol: Resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Barcelona, Acantilado, 2015.

[6]Mientras mencionamos esto, sigue muriendo personas en el Mediterráneo, huyendo del hambre y la desesperación sin ser rescatados, sin derechos, incapaces de ser llorados como dice Butler, abandonados para morir, simplemente no refugiados. Según ACNUR, hay  70,8 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares  por situación de extrema violencia política, guerra, hambre, etc.. Entre ellas hay casi 25,9 millones de personas refugiadas, más de la mitad menores de 18 años. Los Muertos desde el 2014  en su travesía hacia a Europa son más de 20.000. Consultado en https://news.un.org/es/story/2020/03/1470681, Acceso el 22 de abril de 2020

[7]Sobre la importancia de una relectura de la filosofía antigua para la formación de lo humano ver: Andrea Díaz Genis: La formación humana desde una perspectiva filosófica. Cuidado de sí y de los otros. Autoconocimiento. Buenos Aires, Biblos, 2016.

[8]Esta parte supone incluir textualmente muchas de las críticas ofrecidas por Mónica Galindo en la Sopa de Wuhan, 2020 en nuestra propia reflexión.

[9]Hoy no es tan fácil distinguir el espacio público del espacio privado. La resistencia política se produce en el espacio íntimo del hogar.

[10]Importante son las reflexiones de Harari al respecto, consultado en https://elpais.com/elpais/2020/04/06/planeta_futuro/1586170713_492779.html.

*Doctora en Filosofía. Profesora titular de Filosofía de la educación, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República, Uruguay. Integrante de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública, RICDP, asociada al Centro latinoamnericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

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