Ene 21 2021
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Opini贸nPol铆tica

La mentira no desaparece con el mentiroso. Eso es lo malo de Trump

Cuando Donald Trump se present贸 ante sus seguidores el 6 de enero y los exhort贸 a dirigirse al Capitolio de Estados Unidos, estaba haciendo lo de siempre. Nunca se hab铆a tomado la democracia electoral en serio ni hab铆a aceptado su legitimidad en Estados Unidos. Incluso cuando gan贸, en 2016, insisti贸 en que las elecciones hab铆an sido fraudulentas, en que su rival hab铆a recibido millones de votos falsos. En 2020, consciente de que iba por detr谩s de Joseph R. Biden en las encuestas, pas贸 meses asegurando que las elecciones iban a estar ama帽adas y que no pensaba aceptar el resultado si no le era favorable. Al acabar la jornada electoral, proclam贸, sin raz贸n, que hab铆a ganado, y despu茅s se dedic贸 a endurecer su ret贸rica: poco a poco, el resultado pas贸 a ser una victoria de dimensiones hist贸ricas y las diversas conspiraciones que, seg煤n 茅l, se la quer铆an arrebatar se volvieron m谩s elaboradas e inveros铆miles.Trump ser谩 presidente: EU vot贸 por un xen贸fobo y mentiroso | El Economista

La gente le crey贸, lo que no resulta sorprendente. Es necesario un esfuerzo tremendo para educar a los ciudadanos y lograr que resistan la poderosa atracci贸n de creer en lo que ya creen, o en lo que cree la gente de su entorno, o en lo que da sentido a sus decisiones anteriores. Plat贸n se帽al贸 un peligro concreto para los tiranos: que se rodearan de sumisos y aduladores.

A Arist贸teles le preocupaba que, en una democracia, un demagogo rico y con talento pudiera controlar con demasiada facilidad las mentes del pueblo. Los redactores de la Constituci贸n estadounidense, conscientes de estos y otros riesgos, establecieron un sistema de controles y contrapesos. El prop贸sito era no solo garantizar que ning煤n brazo del Estado dominara a los dem谩s, sino tambi茅n que en las instituciones hubiera siempre distintos puntos de vista.

En este sentido, la responsabilidad del intento de Trump de invalidar las elecciones corresponde tambi茅n a un vasto n煤mero de congresistas republicanos. En lugar de llevar la contraria a Trump desde el principio, dejaron que su enga帽o electoral prosperase. Ten铆an distintos motivos para hacerlo. A algunos les interesa, sobre todo, ama帽ar el sistema para conservar el poder y aprovechar al m谩ximo las ambig眉edades constitucionales, la manipulaci贸n de las circunscripciones electorales y los fondos opacos para ganar elecciones con una minor铆a de votantes motivados.

Mitch McConnell loses his Senate majority, the only thing he cared about.No les conviene la desaparici贸n de una forma peculiar de representaci贸n que otorga a su partido un control desproporcionado de la Administraci贸n. El miembro m谩s importante de este grupo, el senador Mitch McConnell, toler贸 las mentiras de Trump sin hacer ning煤n comentario sobre sus consecuencias.

Otros republicanos ten铆an un punto de vista distinto: pensaban que pod铆an romper el sistema y alcanzar el poder sin democracia. La separaci贸n entre estos dos grupos, los manipuladores y los rupturistas, se hizo claramente visible el 30 de diciembre, cuando el senador Josh Hawley anunci贸 que apoyar铆a a Trump recurriendo la validez de los votos el 6 de enero.

Ted Cruz se sum贸, junto a otros 10 senadores. M谩s de un centenar de congresistas republicanos asumieron la misma postura. Muchos actuaron de cara a la galer铆a: el recurso de los votos electorales de los Estados se traducir铆a en retrasos y votaciones individuales, pero no cambiar铆a el resultado final.

Sin embargo, para el Congreso, degradar su papel fundamental tuvo un precio. Una instituci贸n electa que se opone a unas elecciones est谩 invitando a que la derroquen. Los congresistas y senadores que respaldaron las mentiras del presidente, a pesar de las pruebas inequ铆vocas en su contra, traicionaron su misi贸n constitucional. Al actuar bas谩ndose en sus mentiras, hicieron que estas cobraran cuerpo y que Trump pudiera exigirles la sumisi贸n a sus deseos.

Trump deposit贸 personalmente en el vicepresidente, Mike Pence, que deb铆a presidir la sesi贸n de ratificaci贸n de los votos, la responsabilidad de pervertirla. Y el 6 de enero orden贸 a sus seguidores que presionaran a esos representantes elegidos. Le hicieron caso: invadieron el Capitolio, buscaron a qui茅n castigar y saquearon el edificio.

Todo esto ten铆a alg煤n sentido: si era cierto que las elecciones hab铆an sido fraudulentas, como insinuaban los propios senadores y congresistas, 驴c贸mo iban a permitir que siguiera adelante el Congreso? Para algunos republicanos, la invasi贸n del Capitolio debi贸 de ser una conmoci贸n o una lecci贸n. Para los rupturistas, en cambio, quiz谩 fue solo un aperitivo del futuro. Despu茅s de los sucesos, ocho senadores y m谩s de 100 congresistas votaron a favor de la propia mentira que les hab铆a obligado a huir del Capitolio.

Trump, el triunfo de la posverdad - Antoni Guti茅rrez-Rub铆La posverdad es prefascismo; y Trump ha sido el presidente de la posverdad. Cuando renunciamos a la verdad, cedemos el poder a quienes tienen la riqueza y el carisma necesarios para crear en su lugar un espect谩culo. Sin un consenso sobre ciertas verdades b谩sicas, los ciudadanos no pueden formar una sociedad civil que les permita defenderse. Si perdemos las instituciones que producen las realidades que nos afectan, tendemos a obsesionarnos con abstracciones y ficciones llenas de atractivo.

La verdad se defiende especialmente mal a s铆 misma cuando escasea, y la era de Trump 鈥攃omo la de Vlad铆mir Putin en Rusia鈥 ha supuesto el declive de la informaci贸n local. Las redes sociales no sirven como sustitutas: sobrealimentan los h谩bitos mentales que nos empujan a buscar est铆mulo y confort emocional, y se difumina as铆 la diferencia entre lo que parece cierto y lo que realmente lo es.

La posverdad desgasta el Estado de derecho y promueve un r茅gimen basado en mitos. En los cuatro 煤ltimos a帽os, los expertos acad茅micos han debatido sobre la legitimidad y el valor de hablar de fascismo en referencia a la propaganda trumpista. Una postura c贸moda es tachar esas menciones de comparaciones directas, consideradas tab煤. El fil贸sofo Jason Stanley ha hecho algo m谩s productivo, tratar el fascismo como un fen贸meno, como una serie de patrones que se observan no solo en la Europa de entreguerras, sino en otros lugares y 茅pocas.

Yo creo que conocer mejor el pasado 鈥攆ascista o no fascista鈥 nos permite percibir y conceptualizar elementos del presente que, si no, podr铆amos ignorar, adem谩s de pensar en t茅rminos m谩s amplios sobre las posibilidades futuras. En octubre vi claramente que el comportamiento de Trump presagiaba un golpe de Estado y lo escrib铆 en alg煤n art铆culo; no porque el presente sea una repetici贸n del pasado, sino porque el pasado arroja luz sobre el presente.

Como los l铆deres fascistas hist贸ricos, Trump se presenta como la 煤nica fuente de verdad. Su uso del t茅rmino fake news (noticias falsas) recuerda al insulto nazi Trump Claims He Invented the Term "Fake News"鈥擧ere' s an Interview With the Guy Who Actually Helped Popularize It | Washingtonian (DC)L眉genpresse (prensa mentirosa); igual que los nazis, califica a los periodistas de 鈥渆nemigos del pueblo鈥. Igual que Adolf Hitler, Trump lleg贸 al poder en un momento en el que la prensa tradicional estaba en horas bajas; la crisis financiera de 2008 hizo a los peri贸dicos estadounidenses el mismo da帽o que la Gran Depresi贸n a los alemanes. Los nazis pensaron que pod铆an usar la radio para sustituir el viejo pluralismo de la prensa escrita; Trump ha intentado hacer lo mismo con Twitter.

Gracias a las posibilidades tecnol贸gicas y a su talento personal, Donald Trump ha mentido a un ritmo tal vez inigualado por ning煤n otro dirigente hist贸rico. En su mayor parte, se trataba de peque帽as mentiras que solo ten铆an peso por acumulaci贸n. Cre茅rselas implicaba aceptar la autoridad de un solo hombre, porque significaba dejar de creer en todo lo dem谩s.

Una vez establecida esa autoridad personal, el presidente pod铆a tachar a todos los dem谩s de mentirosos e incluso hacer que alguien pasara de ser un leal asesor a un mentiroso sinverg眉enza con un solo tuit. Sin embargo, mientras no pudo imponer alguna mentira verdaderamente importante, alguna fantas铆a que crease una realidad alternativa en la que pudiera vivir y morir gente, su prefascismo se qued贸 en eso.

Algunas mentiras, la verdad, eran de tama帽o medio: su triunfo en los negocios, que Rusia no le ayud贸 en las elecciones de 2016, que Barack Obama naci贸 en Kenia. Esas mentiras de tama帽o mediano son habituales entre los aspirantes a tiranos del siglo XXI. En Polonia, la extrema derecha construy贸 un culto martirol贸gico basado en responsabilizar a los rivales pol铆ticos del accidente a茅reo en el que muri贸 el presidente. En Hungr铆a, Viktor Orb谩n culpa de los problemas del pa铆s a una minor铆a cada vez menor de refugiados musulmanes. Esas afirmaciones no son verdaderamente grandes mentiras: estiran lo que Hannah Arendt llam贸 鈥渆l tejido de la realidad鈥, pero no llegan a romperlo.

Una gran mentira hist贸rica que examina Arendt es la explicaci贸n que dio Josef Stalin de la hambrunFascismo: 驴puede suceder aqu铆? | IELA - Instituto de Estudos Latino-Americanosa en la Ucrania sovi茅tica en 1932-1933. El Estado hab铆a colectivizado la agricultura y despu茅s hab铆a implantado en la regi贸n una serie de medidas de castigo que inevitablemente iban a hacer que murieran millones de personas. Sin embargo, la explicaci贸n oficial fue que los que estaban muriendo de hambre eran provocadores, agentes de las potencias occidentales que odiaban tanto el socialismo que estaban suicid谩ndose.

Otra ficci贸n a煤n mayor, en el estudio de 颅Arendt, reside en el antisemitismo de Hitler: las afirmaciones de que los jud铆os gobernaban el mundo, que eran responsables de las ideas que envenenaban las mentes alemanas, que hab铆an apu帽alado por la espalda a Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Curiosamente, Arendt pensaba que las grandes mentiras solo son eficaces en las mentes solitarias; su coherencia ocupa el lugar de la experiencia y el compa帽erismo.

En noviembre de 2020, a trav茅s de las redes sociales, Trump cont贸 a millones de mentes solitarias una mentira peligrosamente ambiciosa: que hab铆a ganado unas elecciones que, de hecho, hab铆a perdido. Esta mentira s铆 fue grande en todos los sentidos: no tanto como la de que los jud铆os gobernaban el mundo, pero casi. Estaba en juego algo muy importante, el derecho a gobernar el pa铆s m谩s poderoso del mundo y la eficacia y honradez de sus procedimientos de transmisi贸n de poderes. El grado de falsedad era inmenso.

No solo era una afirmaci贸n falsa, sino que estaba hecha de mala fe, con fuentes poco fiables. Contradec铆a las pruebas, pero tambi茅n la l贸gica: 驴c贸mo (y por qu茅) iban a manipularse unas elecciones contra un presidente republicano, pero no contra los senadores y congresistas republicanos? Trump tuvo que hablar de algo absurdo: unas 鈥渆lecciones (presidenciales) ama帽adas鈥.

El poder de una gran mentira reside en que obliga a creer o dejar de creer en muchas otras cosas. Para justificar un mundo en el que las elecciones presidenciales de 2020 fueron fraudulentas hay que desconfiar de los periodistas y de los expertos, y tambi茅n de los representantes de las instituciones locales, estatales y federales; desde los funcionarios electorales a los cargos electos, el Departamento de Interior e incluso el Tribunal Supremo. Y eso debe ir necesariamente acompa帽ado de una teor铆a de la conspiraci贸n: pensemos en cu谩ntas personas tendr铆an que haber participado en el plan y cu谩nta gente tendr铆a que haber ayudado a encubrirlo.

La mentira electoral de Trump flota a la deriva, sin contraste con la realidad. No se basa en hechos, sino en afirmar algo que otro ha afirmado. El sentimiento es que hay algo que est谩 mal porque siento que est谩 mal y s茅 que otros sienten lo mismo. Cuando unos dirigentes pol铆ticos como Ted Cruz o Jim Jordan hablaron as铆, lo que quer铆an decir era: ya que os cre茅is mis mentiras, me veo en la obligaci贸n de repetirlas. Las redes sociales ofrecen infinidad de supuestas pruebas para cualquier acusaci贸n, especialmente si la hace un presidente.

A primera vista, una teor铆a de la conspiraci贸n hace que la v铆ctima parezca m谩s fuerte: pinta a Trump resistiendo frente a los dem贸cratas, los republicanos, el Estado profundo, los ped贸filos, los satanistas. Sin embargo, si profundizamos, se invierten las posiciones. La obsesi贸n de Trump por las presuntas 鈥渋rregularidades鈥 y los 鈥淓stados en disputa鈥 se reducen a ciudades en las que viven y votan los negros. A la hora de la verdad, la mentira del fraude se refiere a un crimen cometido por los negros contra los blancos.

No es solo que nunca haya habido un fraude electoral cometido por los afroamericanos contra Donald Trump. Es que ha ocurrido todo lo contrario, en 2020 y en todas las elecciones que se han celebrado en Estados Unidos. Como siempre, los negros hicieron colas m谩s largas que otros para votar y sus papeletas sufrieron m谩s impugnaciones.

Ten铆an m谩s probabilidades de estar enfermos o morir de Covid-19 y menos posibilidades de faltar al trabajo. La protecci贸n hist贸rica de su derecho al voto qued贸 eliminada en 2013 por el fallo del Tribunal Supremo en el caso de Shelby County vs. Holder, y los Estados se han apresurado a aprobar medidas que disminuyen el voto de pobres y comunidades de color.

La mentira lleva a la conspiraci贸n

As Donald Trump stumps for Ted Cruz in Texas, former enemies are now allies | The Texas TribuneLa afirmaci贸n de que a Trump le robaron la victoria es una gran mentira no solo porque desaf铆a la l贸gica, hace una descripci贸n mendaz del presente y exige creer en una conspiraci贸n, sino, fundamentalmente, porque trastoca el 谩mbito moral de la pol铆tica estadounidense y la estructura b谩sica de su historia.

Cuando el senador Ted Cruz anunci贸 su intenci贸n de cuestionar los votos del colegio electoral invoc贸 el Compromiso de 1877, que resolvi贸 las elecciones presidenciales de 1876. Los comentaristas subra颅yaron que aquel pacto no serv铆a como precedente, porque en aquella ocasi贸n s铆 existieron serias irregularidades y el Congreso estaba empatado. Sin embargo, para los afroamericanos, esta referencia aparentemente irrelevante era algo m谩s.

El Compromiso de 1877 鈥攓ue dio a Rutherford B. Hayes la presidencia a cambio de retirar poder federal de los Estados del sur鈥 fue precisamente el acuerdo por el que se impidi贸 votar a los negros durante casi un siglo. Supuso el fin de la Reconstrucci贸n (tras la guerra de Secesi贸n) y el comienzo de la segregaci贸n racial, la discriminaci贸n legal y las leyes (segregatorias) de Jim Crow.

Fue el pecado original de la historia de la era posesclavista en Estados Unidos, lo m谩s parecido al fascismo que hemos tenido hasta ahora. En el momento en el que Ted Cruz y otros 10 senadores hicieron su declaraci贸n el 2 de enero, la referencia pudo parecer remota, pero result贸 mucho m谩s cercana cuatro d铆as despu茅s, cuando vimos c贸mo paseaban banderas confederadas por el Capitolio.

Es evidente que desde 1877 han cambiado algunas cosas. Entonces eran los republicanos, o muchos de ellos, los partidarios de la igualdad racial, y los dem贸cratas, el partido sure帽o, los que defend铆an el apartheid. Los dem贸cratas dec铆an que los votos de los afroamericanos eran fraudulentos, y los republicanos, los que quer铆an que se contaran. Ahora sucede todo lo contrario.

Latinos y afroamericanos en Estados Unidos: 鈥矱liminar el racismo es una meta que une鈥 | Las noticias y an谩lisis m谩s importantes en Am茅rica Latina | DW | 03.06.2020En el 煤ltimo medio siglo, desde que se aprob贸 la Ley de los Derechos Civiles, los republicanos se han convertido en un partido predominantemente blanco, interesado 鈥攃omo declar贸 Trump sin reparos鈥 en que haya el menor n煤mero posible de votantes, especialmente de votantes negros. Pero sigue habiendo un hilo com煤n. Al ver a supremacistas blancos entre la muchedumbre que invadi贸 el Capitolio era f谩cil rendirse a la sensaci贸n de que se hab铆a violado algo muy puro. Pero quiz谩 valdr铆a m谩s ver este episodio como uno m谩s en el largo debate de Estados Unidos sobre qui茅n merece estar representado.

Los dem贸cratas son hoy una coalici贸n que obtiene mejores resultados que los republicanos entre las mujeres, los votantes no blancos, los sindicatos y las personas con estudios universitarios. Pero no es cierto que frente a esa coalici贸n haya un Partido Republicano monol铆tico. Los republicanos tambi茅n son una coalici贸n, de dos tipos de gente: los que quieren manipular el sistema (casi todos los pol铆ticos y parte de los votantes) y los que sue帽an con romper dicho sistema (unos cuantos pol铆ticos y muchos votantes).

En enero de 2021, esa divisi贸n se ha manifestado en la diferencia entre los republicanos que defendieron el sistema actual porque les favorec铆a y los que trataron de derrocarlo.

En las cuatro d茅cadas transcurridas desde la elecci贸n de Ronald Reagan, el Partido Republicano ha superado la tensi贸n entre manipuladores y rupturistas a base de gobernar en oposici贸n al Gobierno, diciendo que las elecciones eran una revoluci贸n (el Tea Party) o proclamando que luchaba contra las 茅lites. En esta estrategia, los rupturistas son la tapadera de los manipuladores, porque propugnan una ideolog铆a que desv铆a la atenci贸n de la realidad: que el Gobierno, cuando est谩 en manos de los republicanos, no interviene menos, sino que se reorienta al servicio de un pu帽ado de intereses.

Al principio pareci贸 que Trump era una amenaza para este equilibrio. Su falta de experiencia pol铆tica y su racismo descarado hac铆an de 茅l una figura muy inc贸moda para el partido; varios republicanos destacados pensaban que su costumbre de mentir constantemente era una zafiedad. Sin embargo, una vez que lleg贸 a la presidencia, su destreza rupturista pareci贸 ofrecer una enorme oportunidad a los manipuladores que, encabezados por el manipulador en jefe, Mitch McConnell, obtuvieron el nombramiento de cientos de jueces federales y recortes fiscales para los ricos.Mitch McConnell claims backing for Donald Trump trial without witnesses | Financial Times

Trump se diferenciaba de otros rupturistas en que parec铆a no tener ninguna ideolog铆a. Su objeci贸n a las instituciones se deb铆a a las limitaciones que estas pod铆an suponer para 茅l personalmente. Quer铆a romper el sistema en su propio beneficio, y esa es una de las razones por las que ha fracasado.

Trump es un pol铆tico carism谩tico e inspira devoci贸n no solo entre los votantes, sino entre un asombroso n煤mero de legisladores, pero no tiene ninguna visi贸n m谩s importante que 茅l mismo o que lo que sus admiradores proyectan sobre 茅l. En este sentido, su prefascismo nunca ha llegado a ser fascismo, porque su visi贸n nunca ha ido m谩s all谩 de mirarse en el espejo. Lleg贸 a la mentira m谩s grande de todas no desde una visi贸n del mundo, sino desde la realidad de que pod铆a perder algo material.

Pero Trump nunca prepar贸 un golpe decisivo. Le falt贸 el apoyo de los militares, despu茅s de conseguir indignar a varios de sus jefes (un verdadero fascista no habr铆a cometido el error de declarar abiertamente su amor por varios dictadores extranjeros; quiz谩 no les importara a unos seguidores convencidos de que el enemigo estaba dentro del pa铆s, pero por supuesto que molest贸 a quienes hab铆an jurado protegerlo de enemigos extranjeros). La polic铆a secreta de Trump, los hombres que llevaron a cabo secuestros en Portland, era violenta pero tambi茅n peque帽a y rid铆cula.

Las redes sociales fueron un arma contundente: Trump pudo anunciar sus intenciones en Twitter y los supremacistas blancos pudieron planear la invasi贸n del Capitolio en Facebook o Gab. Pero el presidente, a pesar de sus querellas, sus s煤plicas y sus amenazas a funcionarios p煤blicos, no logr贸 orquestar una situaci贸n que empujara a las personas adecuadas a hacer lo que no deb铆an. Trump consigui贸 que algunos votantes creyeran que hab铆a ganado las elecciones de 2020, pero no logr贸 sumar a las instituciones a su gran mentira.

Pudo llevar a sus partidarios a Washington y enviarlos a saquear el Capitolio, pero ninguno de ellos parec铆a saber a ciencia cierta qu茅 deb铆a hacer ni qu茅 iban a conseguir con su presencia. Es dif铆cil encontrar otro momento de insurrecci贸n equiparable, en el que un edificio tan importante fuera tomado con tanto merodeo.

La mentira dura m谩s que el mentiroso. La idea de que Alemania perdi贸 la Primera Guerra Mundial en 1918 por la 鈥減u帽alada en la espalda鈥 de los jud铆os ten铆a ya 15 a帽os de antig眉edad cuando Hitler lleg贸 al poder. 驴Qu茅 ser谩 del mito victimista de Trump dentro de 15 a帽os? 驴Y a qui茅n beneficiar谩?Seguidores del todav铆a presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ocupan el edificio del Capitolio, en Washington, el pasado 6 de enero de 2021.

El 7 de enero, Trump habl贸 de un traspaso pac铆fico de poderes, con lo que reconoci贸 impl铆citamente el fracaso de su golpe. Aun as铆, sigui贸 repitiendo e incluso intensificando su mentira electoral, que convirti贸 en una causa sagrada por la que se hab铆an sacrificado algunas personas. La imaginaria pu帽alada en la espalda de Trump persistir谩, sobre todo, gracias al apoyo de muchos miembros del Congreso. En noviembre y diciembre de 2020, los republicanos repitieron la mentira y le dieron una vida que, si no, no habr铆a tenido. En retrospectiva, es como si el 煤ltimo y fr谩gil pacto entre los manipuladores y los rupturistas fuera para que Trump tuviese todas las oportunidades posibles de demostrar que fue perjudicado. Esa postura sirvi贸 de base para que los seguidores del presidente ya predispuestos a creer la gran mentira, en efecto, se la creyeran. Y no consigui贸 contener a Trump, cuya mentira sigui贸 creciendo.

Rupturistas y manipuladores

Los rupturistas y los manipuladores empezaron entonces a ver un mundo distinto ante ellos, en el que la gran mentira era o bien un tesoro o bien un peligro a evitar. Los rupturistas no ten铆an m谩s remedio que ser los primeros en reivindicar la mentira. Como Josh Hawley y Ted Cruz deb铆an competir para apoderarse del azufre y el veneno, los manipuladores se vieron obligados a revelar sus cartas y, el 6 de enero, se puso de manifiesto la divisi贸n en las filas republicanas, una divisi贸n agudizada por la invasi贸n del Capitolio.

Varios senadores retiraron sus objeciones al voto electoral, pero Cruz y Hawley siguieron adelante, junto con otros seis senadores. Y m谩s de 100 congresistas se sumaron a la gran mentira. Algunos, como Matt Gaetz, incluso a帽adieron sus propios adornos, como la afirmaci贸n de que la turba no estaba formada por partidarios de Trump sino por sus adversarios.

De momento, Trump es el m谩rtir supremo, el sumo sacerdote de la gran mentira. Es el l铆der de los rupturistas, al menos en opini贸n de sus fieles. A estas alturas, los manipuladores no quieren saber nada de 茅l. Ha quedado desacreditado en las 煤ltimas semanas y, por tanto, ya no sirve. Despojado de las obligaciones de la presidencia, volver谩 a ser un personaje tan bochornoso como lo era en 2015. Incapaz de ofrecer cobertura a sus manipulaciones, dejar谩 de contar para sus intereses cotidianos.

Pero los rupturistas tienen todav铆a m谩s motivos para querer perderlo de vista: es imposible heredar nada de alguien que todav铆a no se ha ido. Puede que asumir la gran mentira de Trump parezca un gesto de apoyo, pero, en realidad, expresa el deseo de su defunci贸n pol铆tica. Transformar el mito y hacer que deje de referirse a Trump para referirse a toda la naci贸n ser谩 mucho m谩s f谩cil cuando se hayan deshecho de 茅l.

Es posible que Cruz y Hawley descubran que contar la gran mentira es caer en su trampa. El hecho de que hayan vendido su alma no quiere decir que hayan sido buenos negociadores. Hawley no reh煤ye ning煤n grado de hipocres铆a: es hijo de banquero y estudi贸 en la Universidad de Stanford y la Facultad de Derecho de Yale, pero critica a las 茅lites. After leading Senate Republicans to object to Biden's win, Hawley and Cruz face a backlash - The Boston Globe

En cuanto a Cruz, si se le atribu铆a alg煤n principio, era el de creer en los derechos de los Estados, que los llamamientos de Trump han infringido con toda desfachatez. La declaraci贸n p煤blica que hizo Cruz sobre los motivos de los senadores para cuestionar el voto electoral refleja muy bien su car谩cter de posverdad: en ning煤n sitio dec铆a que hubiera habido fraude, solo que hab铆a habido acusaciones de fraude. Acusaciones de acusaciones de acusaciones, hasta el final.

Una gran mentira requiere compromiso. Cuando los manipuladores republicanos no demuestran tener suficiente, los rupturistas los llaman RINO (Republicans in Name Only, republicanos solo en teor铆a). En otros tiempos, este apelativo indicaba una falta de compromiso ideol贸gico.

Ahora significa el rechazo a invalidar unas elecciones. Por su parte, los manipuladores cierran filas en torno a la Constituci贸n y hablan de principios y tradiciones. Los rupturistas tienen que saber, todos (con la posible excepci贸n del senador por Alabama Tommy Tuberville), que est谩n participando en un enga帽o, pero sigue habiendo decenas de millones de espectadores que no est谩n conscientes de ello.

Si Trump contin煤a presente en la vida de Estados Unidos, es indudable que seguir谩 repitiendo constantemente su gran mentira. Hawley, Cruz y los dem谩s rupturistas ser谩n responsables de ad贸nde puede llevar todo esto.

Parece que Cruz y Hawley aspiran a la presidencia. 驴Pero qu茅 significa que un candidato denuncie las elecciones? Si asegura que su rival ha hecho trampas y sus seguidores le creen, querr谩n que 茅l tambi茅n las haga. Al defender la gran mentira de Trump el 6 de enero, sentaron un precedente: si un candidato republicano a la presidencia resulta derrotado, el Congreso debe designarlo de todas formas.

Es de suponer que, en el futuro, los republicanos, al menos los candidatos rupturistas a la presidencia, tendr谩n un plan A (ganar y ganar) y un plan B (perder y ganar). No hace falta ning煤n fraude; solo acusaciones de que hay acusaciones de fraude. El espect谩culo sustituye a la verdad, y la fe, a los hechos.

Intento de golpe

El intento de golpe de Trump en 2020-2021, como otros intentos de golpe fallidos, es una advertencia para los partidarios del Estado de derecho y una lecci贸n para los detractores. Su prefascismo dej贸 al descubierto una posibilidad para la pol铆tica estadounidense. Para que en 2024 triunfe un golpe, los rupturistas necesitar谩n algo que Trump no ha tenido nunca: una minor铆a indignada, organizada para ejercer la violencia en todo el pa铆s, dispuesta a emplear la intimidaci贸n en las elecciones.

Es posible que, si se dedican a reforzar la gran mentira durante cuatro a帽os, lo consigan. Cuando uno afirma que el otro bando ha hecho trampas en unas elecciones est谩 prometiendo que su bando las va a hacer tambi茅n. Y diciendo que el otro bando merece un castigo.

Diversos observadores informados, dentro y fuera de la Administraci贸n, est谩n de acuerdo en que el supremacismo blanco de extrema derecha es la mayor amenaza terrorista que sufre Estados Unidos. En 2020, las ventas de armas alcanzaron una cifra asombrosa. La historia nos muestra que, cuando los dirigentes de los grandes partidos pol铆ticos abrazan abiertamente la paranoia, el resultado es la violencia pol铆tica.

Nuestra gran mentira es t铆picamente norteamericana, envuelta en nuestro peculiar sistema electoral y basada en nuestras tradiciones racistas particulares. Pero tambi茅n es estructuralmente fascista, con su falsedad extrema, su pensamiento conspiratorio, su inversi贸n de los papeles de los responsables y las v铆ctimas y su conclusi贸n de que el mundo se divide entre ellos y nosotros. Mantenerla viva durante a帽os es fomentar el terrorismo y el asesinato.

Cuando surja esa violencia, los rupturistas tendr谩n que reaccionar. Si aprueban la violencia, se convertir谩n en una facci贸n fascista. El Partido Republicano se dividir谩, al menos durante un tiempo.Racismo, la herida abierta de Am茅rica - El Independiente

Podemos imaginar, desde luego, una reunificaci贸n deprimente: el candidato rupturista pierde por estrecho margen las elecciones en noviembre de 2024, clama que ha habido fraude, los republicanos obtienen la victoria en las dos C谩maras del Congreso y los alborotadores, alimentados por cuatro a帽os de gran mentira, exigen lo que consideran justicia. Si se dieran esas circunstancias el 6 de enero de 2025, 驴se alzar铆an los manipuladores por una cuesti贸n de principios?

Es indudable que este momento tambi茅n ofrece una oportunidad. Es posible que un Partido Republicano dividido preste mejor servicio a la democracia estadounidense; que los manipuladores, separados de los rupturistas, empiecen a pensar que las pol铆ticas sirven para ganar elecciones. Es muy probable que el mandato de Biden y Harris tenga unos primeros meses m谩s sencillos de lo previsto; quiz谩 el obstruccionismo deje paso 鈥攁l menos por parte de algunos republicanos y durante un breve periodo鈥 a un instante de introspecci贸n. Los pol铆ticos que quieran acabar con el trumpismo tienen una sencilla manera de conseguirlo: decir la verdad sobre las elecciones.

Estados Unidos no va a sobrevivir a la gran mentira solo con apartar al mentiroso del poder. Necesitar谩 una cuidadosa repluralizaci贸n de los medios y un compromiso con la verdad como bien p煤blico. El racismo incorporado a todos los aspectos del intento de golpe es una llamada de atenci贸n para que aprendamos de nuestra historia. Prestar atenci贸n al pasado nos ayuda a ver los peligros, pero tambi茅n sugiere posibilidades para el futuro.

No podemos ser una rep煤blica democr谩tica si decimos mentiras racistas, sean grandes o peque帽as. La democracia no consiste en quitar importancia a los votos ni en hacer caso omiso de ellos, en manipular ni romper un sistema, sino en aceptar que los dem谩s son iguales a nosotros, en escucharlos y contar sus votos.

 

  • Historiador y profesor en la Universidad de Yale. Autor de 鈥楽obre la tiran铆a鈥, su 煤ltimo libro es 鈥楴uestra enfermedad鈥 , sobre las carencias del sistema sanitario de EU. Ambos t铆tulos, editados por Galaxia Gutenberg. Publicado en The New York Times Company.Traducci贸n de Mar铆a Luisa Rodr铆guez Tapia para El Pa铆s.
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