Ago 6 2004
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Opinión

9/11: el bordado de la tela

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Ha cambiado el curso de la historia. Fue como una intuici√≥n imprevisible: est√°bamos observando algo grandioso, que merec√≠a quedar inmortalizado en un libro. Pero muchos se preguntaban si hubi√©semos tenido tiempo para leerlos, aquellos libros, y -a√ļn m√°s- para escribirlos. Porque todo nos sucedi√≥ como si hubi√©ramos sido lanzados a la estrat√≥sfera con una aceleraci√≥n con la que no cont√°bamos, violent√≠sima, imprevista.

¬ŅImprevista? En honor a la verdad, los a√Īos que precedieron al 11/9 est√°n llenos de signos premonitores. En este √ļltimo decenio, sobretodo, mostraron un horizonte color violeta, de nubes que se acumulaban amenazantes; pero nadie quiso prestar atenci√≥n. Casi nadie. Aconteci√≥ – acontece tambi√©n ahora, mientras escribo estas pocas l√≠neas- que la humanidad se comport√≥ como el due√Īo de aquel perro que gem√≠a y tiraba de la correa para avisarle de un temporal pr√≥ximo a dejarse caer, y no se dio por enterado cuando s√≠ deber√≠a haberle prestado atenci√≥n.

Me viene a la memoria -mientras vuelvo a reflexionar sobre el 11/9- lo vivido por Karl Kraus. Vagaba por Viena √©l tambi√©n gimiendo como perro inquieto. Daba conferencias frecuentadas por much√≠sima gente en las que ¬ęnarraba¬Ľ cosas terribles. S√≠, las narraba como ya acontecidas cuando aun estaban por acontecer. ¬ęLadraba¬Ľ el peligro que hab√≠a olfateado. Muchos lo comprend√≠an, y por eso se juntaban para escucharlo. Grandes cantidades de gente inquieta.

√Čl era como una antena receptora. Recib√≠a y transmit√≠a siempre las se√Īales m√°s tormentosas que le llegaban. Contaba que la guerra era inminente, una guerra inmensa, grande como nunca la historia hab√≠a registrado otra. Morir√≠an millones de hombres, mujeres y ni√Īos. Suceder√≠an atrocidades nunca vistas y la m√°s escondida ferocidad de las personas se desencadenar√≠a.

Los periodistas lo escuchaban. Quedaban impresionados ellos tambi√©n por la extraordinaria lucidez, por su elocuencia fluida, pero despu√©s, al volver a la redacci√≥n, minimizaban sus ¬ęprofec√≠as¬Ľ. Un loco, un exaltado -pensaban-. Todo estaba tranquilo. El Emperador era un sabio. Nada podr√≠a ocurrir.

En los a√Īos que precedieron a la primera guerra mundial Karl Kraus escribi√≥ Los √ļltimos d√≠as de la Humanidad. Se equivoc√≥: ahora sabemos que no fueron los √ļltimos. Mas no se equivoc√≥ en el sentido de que despu√©s todo cambi√≥. Lleg√≥ la guerra, hubo millones de muertos, se deshicieron imperios… Todo lo que √©l hab√≠a previsto.

S√≥lo que Kraus no fue un adivino y menos un profeta. Era alguien que sab√≠a leer las se√Īales y luego sab√≠a juntarlas, tejerlas en un dise√Īo. Y solo entonces, desde la tela que emerg√≠a, se pod√≠a ver el dise√Īo terrible de lo que acechaba. Kraus tampoco fue un cient√≠fico. Era un literato, un poeta. Era -si intent√°semos hacer una analog√≠a- como Pier Paolo Pasolini: intu√≠a y anticipaba los tiempos. Y pod√≠a hacerlo porque sab√≠a leer las se√Īales que se le presentaban a cada d√≠a.

No queremos leer las se√Īales. E incluso si √©stas son claras para cualquiera -cuando no es necesario ser cient√≠ficos, ni literatos, ni poetas para verlas-, elegimos cerrar los ojos, dar vuelta a la cabeza, mirar hacia otra parte. Porque nos da miedo preferimos no saber.

Ahora es mucho m√°s dif√≠cil que entonces girar la cabeza y mirar pora otro lado. En estos d√≠as no existe s√≥lo un Karl Kraus, aislado, para hacer repicar las alarmas. Digo ahora, no antes del 11/9. Subrayo ahora porque muchos piensan que la tempestad ya pas√≥; no quieren comprender que el 11/9 -no importa cuan grande y terrible haya sido- fue apenas un s√≠ntoma, s√≥lo una se√Īal m√°s.

Ahora hay, alineados, grupos de cient√≠ficos que nos entregan datos. La tela ha sido tejida y todo el dise√Īo est√° a la vista: s√≥lo hay que abrir los ojos.

Vivimos sobre un volc√°n a punto de estallar. Hay quien intenta decirnos que todo es fruto de la maldad de otros. Quien indica al Islam como enemigo. Pero, si conseguimos abrir los ojos, descubrimos que siempre existe una causa, hasta en la eventual maldad de los otros. Peor: descubrimos que nosotros somos los malvados, mejor dicho: los est√ļpidos. Porque insistimos en vivir tranquilos -como en la Viena de 1913- mientras todo a nuestro alrededor, cientos y cientos de millones de personas, viven con un d√≥lar virtual por d√≠a. Mejor dicho, mueren.

Y además nos miran, nos observan, nos envidian, y luego nos odian. Después, si abrimos los ojos, descubrimos que estamos destruyendo la naturaleza en la que vivimos. Y esto es mucho peor que sentirnos cercados por el odio. Significa organizar -quedándonos con los ojos cerrados- nuestro suicidio colectivo. No es necesario ser profetas, ahora, para comprenderlo. Es suficiente mirar el entorno y leer en la tela que ya ha sido bordada.

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* Traducción de Luigi Lovecchio.

Artículo anterior: http://noticias.arcoiris.tv/modules.php?name=News&file=article&sid=255

1Giulietto Chiesa, periodista y escritor italiano; su ensayo La guerra infinita, el mundo después de la invasión a Afganistán, está disponible en castellano publicado por Ediciones del Leopardo (www.pieldeleopardo.com) y la revista El Periodista (www.elperiodista.cl).

La obra se puede consultar si costo alguno en: www.wordtheque.com.

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