Jun 27 2013
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Opini贸nPol铆tica

隆A la juventud chilena, salud!

Los estudiantes siguen entreg谩ndonos -pese a la represi贸n y a las oscuras maniobras que pretenden cooptarlos a la institucionalidad vigente-, la lecci贸n de civismo que el pa铆s necesitaba para sacudirse las telara帽as del temor y el escepticismo. Los j贸venes -con los adolescentes de la educaci贸n secundaria a la cabeza- protagonizan un ejemplo del comportamiento social indispensable para cambiar las estructuras que impiden el tr谩nsito a una democracia participativa, tolerante e inclusiva.
El esfuerzo que la juventud chilena viene haciendo -a partir de la 鈥渞evoluci贸n chile estudiante sen valparaisode los ping眉inos鈥 de 2006- merece el agradecimiento del pa铆s. Permite retomar la lucha por libertad, justicia y democracia que se libr贸 durante la resistencia contra la dictadura. La victoria popular se frustr贸 en los 80 debido a la operaci贸n -fraguada por el poder financiero nacional y extranjero- que evit贸 el derrumbe de la tiran铆a aislada y agotada por sus cr铆menes y excesos. El acuerdo de los llamados 鈥減oderes f谩cticos鈥 dio origen a los veinte a帽os de gobierno de la Concertaci贸n de Partidos por la Democracia. El retorno a las formalidades y apariencias de un sistema democr谩tico, se recibi贸 con alivio despu茅s de 17 a帽os de brutal opresi贸n y de heroica lucha de resistencia. El fin de la dictadura cre贸 enormes esperanzas en el pueblo, que en su mayor铆a crey贸 en la 鈥渢ransici贸n a la democracia鈥 que promet铆a la Concertaci贸n.
Empe帽ados en recuperar un espacio de poder, los partidos no hicieron mayor cuesti贸n en que quedaban en pie los pilares de la dictadura: la Constituci贸n y el modelo capitalista neoliberal. M谩s bien por el contrario, abjurando de principios socialcristianos, socialdem贸cratas y republicanos, la Concertaci贸n hizo suya la econom铆a de mercado y jur贸 fidelidad a una Constituci贸n espuria. La ciudadan铆a, por su parte, otorg贸 un amplio plazo de confianza a la Concertaci贸n, que pudo as铆 elegir con toda facilidad cuatro gobiernos consecutivos.
Estaba sobreentendido que no ser铆a f谩cil desmontar los engranajes del terrorismo de Estado. El pueblo acept贸 resignadamente la desmovilizaci贸n y tregua social que ped铆an los sembradores de ilusiones para realizar su trabajo. Las amenazas del pinochetismo militar y civil, incluyendo abiertos desaf铆os a las nuevas autoridades, confirmaron los temores y vacilaciones de la Concertaci贸n. Sus representantes m谩s caracterizados se dedicaron a los concili谩bulos de la 鈥減ol铆tica de los consensos鈥 que permitieron legitimar su relaci贸n carnal con la derecha econ贸mica y pol铆tica. La Concertaci贸n se convirti贸 as铆 en guardaespaldas de la oligarqu铆a heredera de la dictadura, y pas贸 a gerenciar sus negocios. Sus gobernantes y parlamentarios dieron protecci贸n a Pinochet y a su fortuna mal habida y a sus generales y almirantes, culpables de cr铆menes y latrocinios; hicieron borr贸n y cuenta nueva del saqueo que sufri贸 el Estado con el traspaso de sus empresas al sector privado; consagraron la existencia del robo monumental a los ahorros de los trabajadores, que son las AFPs; entregaron la educaci贸n y la salud al lucro insaciable de la empresa privada; y dieron chipe libre y dispensa tributaria a las ganancias descomunales de las empresas mineras, los bancos, etc.
A cambio de ello, la oligarqu铆a premi贸 a las figuras de la Concertaci贸n con el galard贸n a la 鈥渧irtud republicana鈥 y les permiti贸 meter la cuchara en la olla en que se cuece el fruto del trabajo de todos los chilenos. La impunidad de horribles violaciones de los derechos humanos y la apropiaci贸n de caudales p煤blicos, fueron tratadas como faltas leves, justific谩ndolas -literalmente- por 鈥渞azones de Estado鈥. Se consagr贸 la c铆nica 鈥渏usticia en la medida de lo posible鈥, que se convirti贸 en el apotegma de una moral de cartulina.
Este fen贸meno, que igualaba a reg铆menes elegidos por el pueblo con una odiosa dictadura impuesta por el terror, dio inicio a una nueva etapa en el ininterrumpido periodo hist贸rico que vive el pa铆s desde 1973. Los chilenos no hemos podido encontrar todav铆a el punto de ruptura democr谩tica -sin duda una Asamblea Constituyente- que abra paso a la plena libertad. Las inconsecuencias, traiciones y corrupci贸n minaron la fe p煤blica en la Concertaci贸n. El desider谩tum de su deterioro 茅tico lo constituye -hasta ahora- el vergonzoso rescate de Pinochet detenido en Londres. El presidente de la Rep煤blica, sus ministros, diplom谩ticos, parlamentarios, abogados y publicistas de la Concertaci贸n, protagonizaron un espect谩culo que produjo estupefacci贸n en el mundo. Democratacristianos, socialistas, peped茅s, etc., compitieron en esfuerzos, tr谩fico de influencias y contactos internacionales para salvar al ex dictador de su fortuita ca铆da en manos de la justicia. Le aseguraron al pa铆s que el criminal se encontraba casi inv谩lido y que ser铆a juzgado en Chile. Nada era cierto. Pero m谩s all谩, en el mundo de los negocios, donde la pol铆tica hoy tiene su domicilio, muchos prohombres de la Concertaci贸n se convirtieron en Cresos. Esto termin贸 de decepcionar a una opini贸n p煤blica que la hab铆a apoyado con ingenuidad digna de mejor causa. Nunca el empresariado nacional y extranjero hab铆a ganado tanto dinero como sucedi贸 bajo los gobiernos de la Concertaci贸n. Valga del lobo un pelo: la ganancia hist贸rica de 7.946 millones de d贸lares que confesaron las compa帽铆as mineras en el primer semestre de 2008: dos veces y media m谩s que Codelco. Esto ocurri贸 en el gobierno de la presidenta Bachelet y bajo la administraci贸n financiera del poderoso ministro Andr茅s Velasco. Casi tanto como la reforma tributaria a cuatro a帽os plazo que hoy promete la candidata Bachelet.
Es posible -aunque no seguro- que la Concertaci贸n vuelva a gobernar, si el universo electoral se mantiene en los 7 millones 200 mil ciudadanos que votaron en la segunda vuelta de 2011. La Concertaci贸n y la Alianza (las dos derechas de que hablaba Sergio Aguil贸 en marzo de 2002), est谩n pr谩cticamente empatadas en ese escenario. Las fuerzas potenciales de la Concertaci贸n son las mismas que en 2011, cuando tambi茅n inclu铆a al PC. Pero la derecha heredera de la dictadura se impuso entonces con el 51,61% que alcanz贸 Sebasti谩n Pi帽era. Sin embargo, el n煤mero de inscritos en los registros electorales supera hoy los 13 millones y m谩s del 60% se abstuvo en las municipales de 2012. La mayor铆a son j贸venes a quienes la Concertaci贸n margin贸 de la participaci贸n pol铆tica. Ahora los busca desesperadamente y habr谩 que ver si sus cantos de sirena dan resultados. Lo que se avecina es una impresionante guerra publicitaria en que los dos bloques gastar谩n fortunas cuyo verdadero origen seguir谩 en el misterio. Es claro que hasta que no entren en escena los 5 millones de electores producto de la inscripci贸n autom谩tica, el control del gobierno y del Parlamento seguir谩 en manos de la Concertaci贸n y la Alianza, en un escenario cada vez m谩s reducido y menos diferenciado.
El futuro, sin embargo, depende mucho del camino que est谩n abriendo los j贸venes, en particular los estudiantes. Las movilizaciones de 2006, 2011, y las de este a帽o, muestran una curva ascendente. En lo pol铆tico, registran una definida exigencia de cambios en educaci贸n, salud y seguridad social. En la direcci贸n global apuntan a una Constituci贸n democr谩tica por la 煤nica v铆a aceptable en una rep煤blica de ciudadanos libres: la convocatoria a una Asamblea Constituyente cuyo trabajo sea sometido al veredicto del pueblo. En los hechos, ha sido derrotada la timorata posici贸n de algunos partidos que intentaron convencer a los estudiantes para que no incorporaran demandas que pusieran en tela de juicio la institucionalidad. En forma visionaria de su papel hist贸rico, los j贸venes se negaron a trasladar -como se les propon铆a- la discusi贸n de los cambios a un Congreso que por su origen binominal no representa a las mayor铆as. Junto con subrayar la impugnaci贸n al sistema y sus instituciones, las m谩s recientes movilizaciones estudiantiles evidencian la incorporaci贸n al movimiento de sectores sindicales, gremiales y poblacionales que agregan sus propias reivindicaciones y profundizan el cuestionamiento a la institucionalidad.
Un aire fresco recorre al movimiento social. Se debe a la tenacidad y valent铆a de la lucha estudiantil. Ni maniobras pol铆ticas ni represi贸n policial han conseguido quebrar la moral de este movimiento que crece con nuevos actores sociales. De all铆 surge, por cierto, una exigencia: la necesidad de forjar el instrumento pol铆tico que permita realizar los cambios. Para derrotar a las dos derechas, hay que dar nuevos pasos en la l贸gica de la protesta social. A fin de evitar la interrupci贸n abrupta y brutal de las aspiraciones populares -como sucedi贸 hace 40 a帽os y como hoy anuncian los agoreros de ambas derechas-, hay que acumular fuerzas que permitan imponer la 煤nica salida democr谩tica a la crisis de una institucionalidad herrumbrosa y de una econom铆a generadora de desigualdad: la Asamblea Constituyente. Para llegar a ese punto todav铆a falta mucho. Pero los estudiantes, que est谩n esbozando el futuro de Chile, deber铆an convertirse en portadores del estandarte de una Constituci贸n democr谩tica.

*Editorial de 鈥淧unto Final鈥, edici贸n N潞 784, 28 de junio, 2013

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    1 Coment谩rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      8 julio 2013 21:04

      Con qu茅 claridad de pensamiento pol铆tico se exponen en este art铆culo los 煤ltimos aconbtecimientos en Chile, felicito a su autor, ignoro qui茅n ser谩 realmente el autor de la editorial. En todo caso, aunque 茅sta parezca una frase archiconocida, manida, o un lugar com煤n, creo firmemente que el futuro pol铆tico, econ贸mico y social de Chile hoy se encuentra en manos de la juventud del pa铆s, de sus estudiantes, que son quienes se niegan a heredar el actual sistema impuesto y validado por las dos derechas, la llamada Alianza (que no es m谩s que otra forma de fascismo) y la Concertaci贸n, o como se hace llamar ahora para cambiar de 芦look禄, la Nueva Mayor铆a.