Dic 31 2010
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Sociedad

A propósito del nuevo año: ¿tengo miedo?

Gisela Ortega.*

Miedo es una perturbación caracterizada por un sentimiento de inquietud desagradable, provocado por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o  incluso pasado. El miedo es un esquema adaptativo, y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir a la persona responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido es normal y beneficioso para el individuo y para su especie.

Si somos honestos debemos confesar que alguna vez también hemos sentido miedo: miedo a perder el trabajo, miedo a ser atracados, miedo por los muchos peligros que nos amenazan.

Social y culturalmente, el miedo  puede formar parte del carácter de las personas   o de la  sociedad.  Se puede por tanto aprender a temer objetos o contextos, y también a no temerlos. Hay miedos de siempre y de todos: el miedo al dolor, a la muerte, a la destrucción, a sentirse viejo,  a la soledad,  a ser secuestrado,  miedo al hampa imperante.

Hay quienes tienen miedo de asumir sus responsabilidades,  otros  se hacen temer para darse a respetar, hay quienes  inspiran miedo para ocultar su cobardía. Hay personas que, a punto de  fijar su posición sobre alguna situación, terminan diciendo otra cosa y  cambian el tema, porque el miedo les impide comprometerse.

¿Qué hacer ante esa emoción que es el   miedo, esa zozobra  ante la posibilidad de que suceda algo contrario a lo que deseamos?

Ante los hechos y las circunstancias que sentimos  lo recomendable  e incluso inevitable es  enfrentar la situación. El miedo a las figuras de autoridad nace de la creencia de que hay personas superiores, que poseen mas derechos y que saben lo que es conveniente para uno. Esta idea es supremamente peligrosa, porque nos lleva de manera automática a rendir pleitesía y a obedecer por obedecer.

Joanna Bourke, autora  de El miedo: una historia cultural, revela que el miedo, como un sentimiento colectivo e individual, varia con las épocas y los contextos históricos. La investigadora sostiene que el principal transmisor actual del miedo son los medios de comunicación de masas, pero en todo caso se precisa de la credulidad de la sociedad para que el pánico estalle.

Bourke sostiene que el miedo es también un arma de dominación política y de control social, basándose en la creación de falsos escenarios de inseguridad ciudadana.

A lo largo de la historia ha habido todo tipo de movimientos sociales y culturales fundamentados en el miedo a algo: el milenarismo, el miedo al efecto  2000 o los movimientos apocalípticos. El miedo es también un arma, empleada con frecuencia en la guerra moderna gracias al desarrollo de la aviación.

El miedo es una característica inherente a la sociedad humana, y esta en la base de su sistema educativo, como expuso de manera radical Skinner. Es un pilar del proceso socializador.

La religión cristiana hace mención al miedo en su  primer libro. En concreto, el miedo se convierte en atributo humano por causa del pecado original:

“Y llamo Dios al hombre, y le preguntó: ¿dónde estas?

Y él respondió: "Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo". (Génesis).

¿Es paradójico en realidad que las creencias nazcan del miedo, o podría decirse que es natural? ¿No son las creencias una manera de “salvarnos” del temor, o de encontrar una tabla a la que podemos aferrarnos en busca de protección, aunque sea una protección “virtual”?

¿No es la fe una manera de ponernos en manos de algo “superior” a nosotros mismos, al miedo y a aquello que lo produce?

* Periodista.

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