Feb 12 2014
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Opini贸nSociedad

A un a帽o del sacrificio de Benedicto XVI

Francisco ha ido reemplazando las im谩genes de Juan Pablo II descoloridas por el tiempo y las muy ocasionales de Benedicto XVI que ornamentaban en Roma locales y restaurantes. La memoria hist贸rica se construye m谩s con im谩genes que con hechos: el mandato medi谩tico de Juan Pablo II apabull贸 al silencioso y falsamente inoperante papado de Joseph Ratzinger.

Sin embargo, una lectura minuciosa menos cerrada autoriza una reactualizaci贸n m谩s justa del mandato de Benedicto XVI. La izquierda lo detesta, y muchos cat贸licos tambi茅n. Benedicto XVI, r铆gido y anticuado, te贸logo arduo y con escaso encanto, portador de una visi贸n de la Iglesia poco entusiasta, tiene una imagen escabrosa. Ha quedado comprimido entre la devoci贸n a Juan Pablo II y la habilidosa novedad de Francisco. Sin embargo, las decisiones que tom贸 durante su papado fueron tan determinantes como osadas. En este contexto, su rigidez y sus torpezas no pueden borrar una evidencia: el verdadero enemigo ha sido Juan Pablo II. Su obsesi贸n por derrotar al comunismo, su complicidad con las peores figuras pol铆ticas de Am茅rica latina, sus pactos con mafiosos, banqueros corruptos, cardenales o curas al frente de multinacionales ped贸filas (Marcial Maciel, los Legionarios de Cristo), su cinismo pol铆tico y su oportunismo sin moral alguna son una horrenda memoria para la Santa Sede. Y mucho m谩s. Benedicto XVI pag贸 por ello.

Presionado por esa herencia desastrosa, hace un a帽o, Benedicto XVI daba un paso hist贸rico. Renunci贸 a su mandato de forma inesperada. Quienes asistieron al consistorio (reuni贸n del colegio cardenalicio) recuerdan ese momento de azoramiento y, para muchos, hasta de ignorancia. En su lujosa residencia de San Calisto, en el barrio Trastevere de Roma, el cardenal Paul Poupard recapitula ese 11 de febrero de 2013, cuando concluy贸 la sesi贸n del consistorio que despach贸 asuntos corrientes y los cardenales se pusieron de pie para irse. 鈥淣os dijeron que esper谩ramos porque iba a haber un anuncio. Entonces, Benedicto XVI ley贸 el comunicado de la renuncia, en lat铆n. Los que hab铆amos entendido nos quedamos mudos. Hay que decir que muchos cardenales no ten铆an ni idea de lo que estaba pasando porque no hablaban lat铆n.鈥 Seg煤n cuenta Poupard, unos cuantos cardenales se dieron cuenta de que algo poco habitual hab铆a ocurrido por la expresi贸n en el rostro de los que s铆 entend铆an bien lat铆n. 鈥淒espu茅s de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, llegu茅 a la certeza de que, debido a la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de la seriedad de este acto y, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma.鈥 La 煤ltima renuncia de un papa se remonta a la de Celestino, en el a帽o 1294.

Ratzinger abandon贸 su puesto devorado por la jaur铆a conocida como 鈥渓a curia romana鈥. La larga enfermedad de Juan Pablo II hab铆a dejado el Vaticano en manos de esa curia, entre cuyos miembros hay responsables que en la vida civil tendr铆an un sumario policial abierto. La batalla por arrancar la Santa Sede a ese c铆rculo vicioso desemboc贸 en la renuncia del papa: 煤ltimo gesto del ajedrecista discreto que sacrifica la mejor pieza para ganar la partida. En este caso, la mejor pieza fue 茅l mismo, el 煤nico y absoluto gesto de un hombre conocido por la imposibilidad de enojarse o levantar la voz.

La historia oficial retiene, por ahora, la 煤nica versi贸n que existe sobre esta pieza dram谩tica: el destape de los documentos personales de Benedicto XVI, supuestamente robados por su mayordomo, Paoletto, Paolo Gabrielle, y publicados por el periodista italiano Gian Luigi Nuzzi. La correspondencia secreta del papa arroj贸 una luz cruel sobre las internas vaticanas: pederastia, robos, corrupci贸n, lucha mortal entre congregaciones, batallas feroces para tomar el control e impedir las reformas de ese contramensaje pastoral que es el IOR, el banco del Vaticano, antagonismos sin soluci贸n entre congregaciones como el Opus Dei o Comuni贸n y Liberaci贸n, la ultraconservadora organizaci贸n fundada en los a帽os 鈥50 por al padre y te贸logo Luigi Giussani.vaticano Bergoglio-Ratzinger

La oposici贸n a las reformas que Benedicto XVI quer铆a impulsar es una trama permanente en esos documentos. La narrativa p煤blica es sospechosa: 驴c贸mo un mayordomo puede robar de la habitaci贸n del papa miles de documentos, y ello en el Estado m谩s chico del mundo, 44 hect谩reas, el menos poblado, 900 personas, y el m谩s vigilado de todo el planeta? La prolija conducta de Benedicto XVI, sus jugadas pensadas al mil铆metro dejan una sospecha de arreglo previo general. En un encuentro con P谩gina/12 en Roma, Gian Luigi Nuzzi cuenta que se vio con Paolo Gabrielle antes de que se divulgaran los documentos del papa: 鈥淓staba dispuesto a enfrentar lo que viniera. Recuerdo que me dijo: 鈥楲os m谩rtires necesitan paciencia鈥欌. Paolo, en suma, ayud贸 al pont铆fice. Al poner la verdad en circulaci贸n, con nombres y apellidos, Gabrielle abri贸 la caja de Pandora, las aguas sucias donde navegaban los hombres con sotana y corona virtual. Tarcisio Bertone, su ex secretario de Estado, o monse帽or E-ttore Balestrero, hoy nuncio en Colombia, aut茅nticos tent谩culos de la conspiraci贸n, operadores bajo la sombra de la cruz para frenar la reforma del banco del Vaticano a la que hoy se aboca Francisco. La prensa italiana cont贸 que Paolo Gabrielle, quien fue arrestado durante 53 semanas por la sustracci贸n de los documentos, les dijo a los magistrados: 鈥淢e siento un infiltrado del Esp铆ritu Santo鈥.

Paolo Gabrielle le abri贸 el camino a Francisco. Aqu铆, las apariencias tambi茅n enga帽an: el papa argentino no dice cosas muy distintas a las que dec铆a moderadamente Ratzinger. Giacomo Galeazzi, el gran vaticanista del diario La Stampa, coment贸 a este diario la situaci贸n sui generis del Vaticano, donde hay dos papas: 鈥淔rancisco har谩 sus reformas con la ayuda de Ratzinger. Hoy por hoy, es su m谩s fiel aliado, su 煤nico consejero鈥.

Tal vez el relato hist贸rico deje a Ratzinger como un te贸logo agrio y un mero papa renunciante, y a Francisco, quiz谩s, como el reformador. Un error de perspectiva como el que consagra a Juan Pablo II como un gran papa. Ha sido un excelente comunicador, un ca帽onazo para hacer tambalear el Pacto de Varsovia. Pero dej贸 a la Iglesia manchada, corrompida, c贸mplice de lo peor. Ratzinger pag贸 con la cruz su tentativa de sanear el pasado. Francisco recuper贸 esa segunda herencia. Tal vez los dos logren que el pasado se haga humo, como esa fumata blanca que millones de personas vieron salir de la chimenea vaticana la noche en la que el primer papa latinoamericano de la historia, no europeo, fue electo.

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1 Coment谩rio

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    19 febrero 2014 23:18

    Actualmente se saben muchas de las soterradas intrigas vaticanas. En el Vaticano los obispos y cardenales se dan las pu帽aladas por la espalda al menor descuido; el que pesta帽ea… pierde. La ambici贸n por el poder corrompe y deforma a muchos de esos ensotanados personajes, que con aspecto de m铆stico, recorren esos hist贸ricos pasadizos. Pocos saben que el Vaticano est谩 involucrado en la venta de armas a nivel mundial y que tiene nexos con el narcotr谩fico a escala internacional, esos son los dos pilares de la econom铆a del planeta. Pero… 驴qu茅 dir谩 la anciana que reza todas las noches a su virgencita de yeso en la pared de su habitaci贸n? 驴Qu茅 dir谩 la mendiga que ofrece bendiciones porque le arrojan una moneda? 驴Qu茅 dir谩n los ni帽os que estudian en escuelas cat贸licas cuando les dicen que Dios es bondadoso, que sabe perdonar, que es misericordioso y que est谩 en todas partes, inluyendo las drogas y las armas?
    Bien dec铆a Napole贸n Bonaparte a uno de sus generales cuando miraban Mosc煤 desde una colina: La cantidad de templos religiosos de una comunidad est谩 en directa relaci贸n con su nivel de atraso e ignorancia.