Oct 17 2019
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Cultura

Adiós a Alicia Alonso, la última gran diva del ballet

 

La bailarina cubana más reconocida a nivel mundial, Alicia Alonso, falleció hoy a los 98 años de edad, informó el Ballet Nacional de Cuba (BNC). La legendaria artista participó en la fundación del American Ballet Theatre en Estados Unidos y del BNC, en la primera mitad del siglo XX.

Cualidades y decisiones tejieron leyendas sobre Alonso, algunas asociadas a su virtuosismo técnico e interpretativo dentro de obras clásicas, otras a la decisión de seguir bailando pese a la progresiva pérdida de visión y la voluntad de mantenerse activa en escena hasta muy avanzada edad.Resultado de imagen para alicia alonso

Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo, falleció este jueves en un hospital de La Habana en el que había ingresado horas antes por una bajada de tensión arterial muy fuerte, según ha podido confirmar este periódico. En diciembre habría cumplido 99 años.

“Toda mi esperanza y mis sueños consisten en no volver a salir al mundo en representación de otro país, sino llevando nuestra propia bandera y nuestro arte. Mi afán es que no quede nadie que no grite: ¡Bravo por Cuba!, cuando yo bailo. De no ser así, de no poder cumplir ese sueño, la tristeza sería la recompensa de mis esfuerzos”, señaló.

Esa postura nacionalista la llevó a fundar, junto a Fernando y a Alberto Alonso el 28 de octubre de 1948, el hoy Ballet Nacional de Cuba (BNC), y en 1950 la Academia de Ballet que llevó su nombre y tuvo la tarea histórica de formar la primera generación de bailarines dentro de sus principios técnicos, estéticos y éticos.

Alonso puede ser considerada, cronológica y estilísticamente, la última gran diva del ballet y, como expresó un laudatorio poeta, «su monumento con respiración». Alonso acumuló en su palmarés un récord tras otro: fue la que se calzó las zapatillas de puntas hasta más tarde; la que apareció en alguna escena coreográfica pasado el umbral de los 90 años; la que bailó prácticamente ciega gran parte de su vida. Y la que recorrió el mundo más veces…

Resultado de imagen para alicia alonsoNacida el 21 de diciembre de 1920 en el cuartel de Columbia de La Habana, donde su padre ejercía de oficial de intendencia y caballería, Alicia, a quien llamaban en la intimidad Hunguita o Hunga (por ser muy morena de pelo y ojos negros, parecía una «pequeña húngara»), viajó con su hermana mayor a España, donde aprendió a tocar las castañuelas y los rudimentos de las danzas españolas durante una estancia de su familia en Cádiz y Jerez de la Frontera.

A los nueve años ingresó en la clase habanera del maestro ruso Nikolai Yavorski. Allí hizo su primera aparición escénica poco después en el vals del Cascanueces. Viajó a Nueva York por primera vez en 1937, donde se casó con Fernando Alonso, a quien ya conocía de la clase de Yavorski. Enseguida tuvieron a su única hija, Laura, que también fue bailarina y prestigiosa maestra de ballet.

Alicia ingresó en la School of American Ballet y, entre otros, tuvo cuatro maestros decisivos: Enrico Zanfretta, Alexandra Fedorova, Anatole Vilzak y Anthony Tudor. Después aprendería con Vera Volkova en Londres y Olga Preobrayenskaya en París. Apareció en Broadway en los musicales Great Lady (1938) y Stars In Your Eyes (1939) e hizo su primera gira con el Ballet Caravan ese mismo año, encarnando su primer papel protagónico en Billy the Kid, de Eugene Loring, ballet con argumento del lejano Oeste.

Con la compañía Ballet Theatre (después American Ballet Theatre: ABT) estuvo desde su fundación en tres periodos: 1940-1948, 1950-1955 y 1958-1959, donde asumió creaciones históricas: Undertow (Tudor/Schumann), Theme and Variations y Fall River Legend. Bronislava Nijinska le creó Schumann Concerto y Enrique Martínez el sugerente y exótico Tropical pas de deux.

Foto Muere Alicia Alonso, la leyenda de la danza cubana Se ha convertido en leyenda su primera aparición como la protagonista de Giselle, el 2 de noviembre de 1943, con Anton Dolin, en sustitución de la inglesa Alicia Markova, que había enfermado; en 2013, en esa misma fecha, celebró los 70 años de esta aparición escénica asistiendo en el Teatro de la Maestranza de Sevilla a una representación de este título por su compañía, el Ballet Nacional de Cuba.

En esa temprana época neoyorquina, entre 1943 y 1945, fue operada en dos ocasiones de los ojos y tuvo que guardar reposo. En 1972 fue nuevamente operada en Barcelona, con éxito parcial. Desde un principio, los médicos le dijeron que debía dejar la danza si quería conservar algo de visión. Ella se negó. Y, al contrario, se esmeró en su técnica depuradísima y en su inveterada versatilidad estilística, estudiando roles y modos que luego puso en práctica sobre el escenario cuando fue perdiendo progresivamente la vista.

Resultado de imagen para alicia alonsoEntre su vastísimo repertorio de entonces hay que señalar Pas de Quatre (Dolin, Lester); Apollon Musageta (Balanchine); Jardín de lilas, Gala performance y Romeo y Julieta (Tudor) y Aleko (Massine). Bailó con todos los destacados partenaires masculinos de su tiempo, aunque su inseparable pareja hasta 1960 fue Igor Youskevitch.

Durante una suspensión laboral de actividades del BT, en 1948, volvió a La Habana como bailarina invitada de Pro-Arte Musical y fundó su compañía, el Ballet Alicia Alonso (después Ballet de Cuba y a partir de 1959 Ballet Nacional de Cuba). Es entonces cuando empieza a coreografiar.

Su obra Ensayo sinfónico (1950) se representó en La Habana. Creó Lydia (1951), El pillete (1952), Narciso y Eco (1955), La carta (1965), El circo (1967), Génesis (1978) y Misión Korad (1980), este último título inspirado en la ciencia ficción y los viajes interestelares.

Interesada en el arte moderno y la música contemporánea, Alonso compuso una obra rompedora, Génesis, con música del italiano Luigi Nono y escenografía del venezolano Jesús Soto. “Génesis es un trabajo muy apreciado por mí, y que exhibimos en varios países de América y Europa. Lo que ha entorpecido su reposición es que el escenario es un penetrable escultórico creado por Soto, que el tiempo y el uso deterioró, y cuya confección es compleja y costosa. Pero espero reponerlo algún día”.Resultado de imagen para alicia alonso

Alonso siguió creando hasta último momento. Volvió sobre el tema mitológico con Muerte de Narciso (2010 y 2012) y coreografió, entre otros ballets, Dido abandonada (original de Angiolini) y La flauta mágica, sobre la recuperada música de Riccardo Drigo (2010).

A partir de 1960 y mientras las relaciones entre Cuba y Estados Unidos lo permitieron, Alonso dividió su tiempo entre Nueva York y La Habana. Después de dejar el ABT, entre 1955 y 1959 apareció como estrella invitada del Ballet Russe de Monte Carlo, donde Boris Romanov coreografió para ella el papel de Colombina en Harlequinade. En 1957, en el Teatro Griego de Los Ángeles creó y bailó su primera versión de Coppélia con André Eglevski como pareja.

En la Ópera de París montó su Giselle en 1972, bailando en el estreno y allí en 1974 montó Grand pas de Quatre y La bella durmiente. Otros de sus montajes europeos fueron Giselle para la Ópera de Viena en 1980 y La bella durmiente en el Teatro alla Scala de Milán en 1983.

Alonso fue una de las primeras bailarinas occidentales invitada a bailar en el Teatro Kirov (hoy de nuevo Mariinski) de Leningrado y el Teatro Bolshói de Moscú en plena Guerra Fría, desde diciembre de 1957 a febrero de 1958, donde interpretó Giselle y Lago de los cisnes. Por una ventana la vio ensayar un estudiante llamado Rudolf Nureyev, pero no se reunieron en escena hasta la gala de Palma de Mallorca al final de las carreras de ambos, en 1990, respaldados en escena por el canto de Victoria de los Ángeles.Resultado de imagen para alicia alonso

Alonso volvió a la Unión Soviética en la primera gira del BNC, en 1960, ya después del triunfo de la revolución. Fidel Castro apoyó el ballet y lo dotó de presupuesto, además de aupar la fundación de la Escuela Nacional de Ballet. Al no regresar a EU, encontró compañero en Azari Plisetski (hermano de Maya Plisetskaia), que posteriormente fue sustituido por Jorge Esquivel, con quien bailó Giselle. 

Con Esquivel de pareja bailaron por muchas compañías del mundo, como Les Grands ballets Canadiens (1967). Tras su divorcio de Fernando Alonso, se casó con Pedro Simón, historiador y director del Museo de la Danza de La Habana, que la sobrevive.

*Periodista cubano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

Anexo:

Alicia Alonso

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Kintto Lucas *

La Habana, 1993. «La vista ya no da como antes», le dice a una vieja alumna, mientras le cuenta de sus últimas presentaciones en el exterior. De los aplausos le cuenta, de la vibración de otros públicos al verla, de las miradas casi hipnotizadas, de la vida… Y la vida está ahí, siempre llena de todas las formas de la tierra, que es como decir del cuerpo, o sea de los colores. Aunque cuando piensa en el mirar un poco apagado de estos días la voz cambia…

«Pero qué importa la vista cuando llevas adentro todo el movimiento del mundo», le responde su alumna, quien sabe y conoce que ella siempre tendrá ojos para ver mientras su cuerpo vuele. Y las imágenes estarán ahí, mientras haya un escenario donde bailar, donde caminar por el aire, donde crear todas la esculturas posibles e imposibles, donde acariciar el cielo con las manos y los pies…Imagen relacionada
Ella anda por los setenta y cada vez que sube a un tablado, de los tantos que la piden por el mundo, sigue siendo una jovencita y sigue haciendo envidiar toda la vida de su cuerpo, que es como envidiar que no hayan pasado los años, o que pasaron pero nadie los vio. Y cada vez que baila deja toda la imagen y la imaginación y la pasión y los sueños que lleva adentro, que es como llevar a toda Cuba en su bailar, a su Marianao, a todos los haceres de la Revolución.
El movimiento lo lleva en la piel desde pequeñita, cuando muchos la miraban raramente por el tal placer. Y entonces se fue a Estados Unidos a estudiar ballet clásico, pero en él se sintió como presa, como que vio que su cuerpo necesitaba más libertad para hablar con toda la poesía, para reír y llorar al mismo tiempo. Y allí comenzó a dibujar otras figuras para su cuerpo, y supo romper todas las maneras de moverse que había antes.
Y ya con toda la libertad encima, cuando los barbudos ingresan a La Habana, se vuelve a la isla para tomarse todo lo bueno de la danza de todos los lugares y toda la magia de todos los rincones de su país, y así crear nuevas cosas. Y el baile se hizo parte de la vida de este lugarcito del Caribe, donde ella, Alicia, es como una almita en movimiento.
* Del libro Mujeres del Siglo XX (Abya Yala, 1995 y varias ediciones posteriores).
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