Abr 22 2008
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Sociedad

Africanos en Argentina, la nueva migración

 Orlando Gabriel Morales*

 Tras una historia de extinción y ocultamiento de su descendencia, una reciente migración que tiene a los senegaleses como principales referentes ha puesto otra vez a la sociedad local frente a la africanía.
 
En Argentina las estadísticas censales no definen con precisión la dimensión numérica de la población senegalesa. Pero los propios migrantes de esa nacionalidad consideran que dicho colectivo cuenta con alrededor de 5 mil integrantes; y en la percepción de los ciudadanos locales la migración africana comienza a hacerse visible y adquiere connotaciones particulares.
 
Los registros del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos ni siquiera desagregan la cantidad de personas prevenientes de Senegal, sino que incluyen a toda la población extranjera originaria de África en una sola categoría continental. Según esos datos, la población africana empadronada al año 2001 es de 1883 personas.
 
Estas imprecisiones no son casuales sino que responden a múltiples factores. Durante la época colonial, bajo la égida española, la presencia de africanos en este territorio era significativa. El padrón poblacional correspondiente al año 1778 indica que los afrodescendientes constituían casi un 40 por ciento de la población total. En el mismo sentido hay datos que señalan que hacia 1810 un tercio de la población de la ciudad porteña de Buenos Aires era negra.
 
Esa presencia se vería afectada por un doble proceso, por una parte de desaparición objetiva a partir de la inclusión de los negros en cuadros militares que resultaron exterminados. Por otra, mediante una operación de invisibilización de la negritud implementada desde el poder público local, imbuido de una ideología política de constitución de un Estado nacional europeizado.
 
El historiador local Felipe Pigna explicaba oportunamente a BBC Mundo (¿Hay negros en Argentina?, 16/03/07) que el principal motivo del descenso de la población negra en el país fue su exterminio en los sucesivos combates para los que resultó reclutada, de forma casi siempre compulsiva. Ellos fueron: las guerras por la independencia nacional, guerras civiles y la Guerra de la Triple Alianza -que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay con Paraguay, durante los años 1865 y 1870-.
Mientras que Miriam Gomes, representante de la Sociedad Caboverdeana Argentina, sostiene que también debe considerarse que en la historia nacional ha operado una estrategia de “desaparición artificial”. Esta implica el ocultamiento de los negros, siendo que hacia 1887 el porcentaje oficial de esta población es de 1,8 por ciento y a partir de allí los censos no recogen datos sobre ellos. Además, según esta especialista, hubo una manipulación de los discursos para borrar la negritud local, por ejemplo, reemplazando en la documentación oficial la denominación “negros” por “trigueños”.
 
La llegada masiva de inmigrantes europeos a fines del siglo XIX y principios del XX, promovida por el Estado, afianza el proyecto racial de una nación blanca y contribuye a la desaparición de lo africano, a pesar de que en diferentes períodos se registran ingresos de contingentes de población de ese origen, provenientes fundamentalmente de Cabo Verde, con nacionalidad portuguesa.
Actualmente, la población afrodescendiente y africana vuelve a hacerse visible a partir de la lucha política por la reivindicación y el reconocimiento de los grupos ya establecidos y por efecto de la nueva migración proveniente de diversos países de África, siendo elevada la población senegalesa.
 
La predominancia de africanos senegaleses se manifiesta particularmente en la cantidad de trámites iniciados por el Comité de Elegibilidad para los Refugiados, dependencia del ámbito de la Dirección Nacional de Migraciones de Argentina. El padrón de solicitudes de reconocimiento del estatuto de refugiado durante el período 2000-2006 indica que los senegaleses constituyen el 4,16 por ciento del total de los solicitantes (4373), siendo la sexta nacionalidad entre 101 referenciadas.
Esta situación pone en evidencia una problemática, en tanto los refugiados no representan migrantes corrientes que salen de su país de origen por motivos personales o en busca de nuevas oportunidades y condiciones más dignas de vida, sino que se hallan obligados a hacerlo por estar bajo amenaza o persecución. En este marco, la cuestión de los refugiados requiere particular atención, pero en relación a la totalidad del colectivo, los senegaleses en condición de refugiados son todavía una minoría.
 
Para conocer el porqué de la emigración, nada más apropiado que consultar a los actores involucrados. Modou, un senegalés procedente de Touba que actualmente reside en la ciudad de Resistencia, Chaco, señala que “uno emigra por la familia, para ayudar, porque tienen necesidades y hay que aportar para su bienestar”. Babha sostiene que “en Dakar no tenía trabajo” y, a pesar de su muy limitado uso del idioma castellano, el puesto de venta ambulante que instaló en La Plata, Buenos Aires, está funcionando. Cheikh piensa en “trabajar para poder estudiar una carrera universitaria”, estuvo trabajando en una fábrica de neumáticos en la provincia de Córdoba, pero la venta ambulante en La Plata le resultó más redituable.
 
Oriundo de Thiès, Papis no tenía pensado venir a Buenos Aires hasta que en un viaje de avión conoció a quien pronto se convertiría en su esposa; ahora, entre otros negocios iniciados, ha montado una fábrica de indumentaria para vender a connacionales y locales que gustan vestir el estilo senegalés y africano. Mientras que su mujer, Alima, llegó a esta ciudad porteña del Río de la Plata luego de que su actividad como comerciante minorista en Mékhé fracasara por problemas financieros.
Estos casos evidencian una diversidad de motivos aludidos como causa de la emigración, aunque el trabajo tiene un lugar central.
 
Como propiedades de este nuevo contingente migrante se destacan la primacía de una población juvenil y masculina, la frecuente experiencia de una trayectoria migratoria anterior a la llegada al país y la preeminencia de la pertenencia al grupo étnico Uolofs o, al menos, el uso mayoritario de su lengua.
 
¿A qué actividades se dedican?. Estos nuevos migrantes se hacen visibles en los centros comerciales de las grandes ciudades del país a partir de su inserción en el mercado informal como vendedores ambulantes, o callejeros, de productos de bijouterie de bajo costo. Entre los locales, las intrigas y los supuestos sobre la procedencia de la mercadería y su calidad circulan sin cesar en los comentarios cotidianos, pues parece que la exoticidad de los “nuevos extraños” no puede corresponderse con una explicación simple y honesta sobre sus recursos.
 
Es así que no son pocos los que rumorean que los sencillos productos de oro 14 quilates y enchapados de plata que estos comercializan, provienen directamente de África. Claro que tampoco faltan quienes aprovechan el “exotismo” y las fabulaciones como estrategia de marketing.
 
Entretanto, desde el sentido común cabría preguntarse: ¿si un trabajador africano pudiera acceder al oro y la plata en cantidades mayoristas, se dedicaría a recorrer la arena caliente de la Costa Atlántica, las frías y ventosas calles de la Patagonia, las sofocantes arterias del norte argentino o los salvajes centros comerciales de Buenos Aires para vender sus productos por módicas sumas de dinero?
 
Lo cierto es que tales productos son accesibles para el pequeño capital con que cuentan estos migrantes, y una vez que establecen contacto con la red de comercialización -lo cual entre migrantes de un mismo país es una estrategia de inserción laboral reconocida-, los mismos se pueden conseguir con cierta facilidad. Incluso hay senegaleses que en un tiempo relativamente corto se han constituido en empleadores de sus connacionales recién llegados.
 
* Orlando Gabriel Morales es Director Ejecutivo del portal electrónico “Otros en Red: Periodismo para una comunicación intercultural”.

 

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