Jun 27 2007
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Política

Aguafuerte de un país pálido. – REFINACIÓN DE LA VIOLENCIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La otra cara acaso curtida por el trabajo, la poca paga, injusticias muchas quizá no module tan bien: “No descartamos ningún método de lucha” dijo cuando le tocó decir algo. Y dijo también: “la injusticia la pone CODELCO” –la empresa estatal más grande del país, “propiedad de todos los chilenos”–. CODELCO es cobre.

“A igual trabajo ganamos cuatro veces menos que quienes trabajan para la empresa”. El hombre representa y es vocero de los trabajadores subcontratados. Los trabajadores subcontratados –subcontratistas los llaman– conforman una categoría laboral “made in dictadura” sazonada golosamente, como un guiso, por la Concertación. La Concertación es una fauce orgánica, al estilo que definió Gramsci lo orgánico, de la dizque recuperada democracia.

El gobierno para el que trabaja el joven mofletudo con cara de haber sido un niño castigado hizo aprobar una ley que reglamenta el desempeño de los proletarios subcontratados.

Existe también una legislación ambiental, como lo saben ríos, bahías, montañas, bosques y eso que denominan “la gente”. Chile no ha dejado de limitar con la injusticia.

Todo comenzó con la estúpida pretensión de unos 29.000 trabajadores de ganar, por igual tarea, lo mismo que sus pares de verdad contratados. No los escuchan, alegan, así que fueron al paro. Son malos chilenos, ¡qué vaina esa de querer vivir con dignidad! La dignidad es una palabra de discurso, no de realidades.

Dignidad se parece a la palabra hospital, que solían llamarse los hospitales nosocomios. Los hospitales de verdad son lugares donde a veces los enfermos mejoran y a veces mueren. En una cama. El poeta Pezoa Véliz escribió sobre eso. Chile edifica o al menos inaugura hospitales sin camas. Culto de la muerte. Los mexicanos hacen panecillos dulces para festejar la muerte, en Chile hospitales sin camas. ¿Será culpa de Chávez –que no es mexicano?

El hecho es que CODELCO no tolera huelgas: ¿que será de la “imagen-país”? Y los huelguistas no toleran que se trabaje si están de paro. Así que impidieron el paso de los buses que transportarían a los mineros “de planta” a la mina que espera su cierre, El Teniente es la mina. Algo pasó, de lo que no se habla por eso de los buenos modales, y ocho buses fueron quemados.

¡Horror! El culito de la Concertación no tolera abusos en despoblado. ¡Anatema, anatema!; dejaron de ser trabajadores y explotados para convertirse en delincuentes. Ya un tribunal instruye el sumario de rigor. Todo el peso de la ley a esos vándalos; y deben ser vándalos, debe haber mucho descendiente de andaluz o andaluza en Chile. Se sabe: los andaluces son gente de genio vivo –o mueren fusilados, ay, Federico–.

Por mucho menos en Buenos Aires hicieron lo que hicieron con una estación de ferrocarril. Sucede que dignidad es también una necesidad de vida y paciencia un concepto con muchas aristas que acotar. No crecen flores si no se riegan, no se hacen tortillas si no se rompen algunos huevos, no se destapan oídos si no se grita. Pero, claro, el gobierno “mantiene abiertas las puertas al diálogo”. Pues si está medio sordo usaron un megáfono iluminado: diez millones de dólares en daños.

¿Cuánto daño acumulado puede contarse por la plusvalía robada a a lo largo de las generaciones?

El diálogo del gobierno –de los gobiernos– sólo se produce fruiciosamente con gente de corbata y zapatos lustrados. Ahí está el triste Transantiago. El encargado –otro “public servant”, para usar el inglés que les gusta tanto– ¿cuántas veces ha hablado con las víctimas de semejante despelote? Sólo le falta decir que si no les gusta el diseño tomen taxis. Por una frase parecida la pobre María Antonieta –una alemana que habló de pasteles– perdió la cabeza, literalmente.

El Transantiago sobre lo que se ha perdido ya cuesta otros 290 millones de dólares (si no es en dólares como que no es serio), y eso solo para garantizar que los pasajes no suben antes de diciembre de 2007. ¿Qué pasará en enero de 2008? ¿Habrá que quemar algunos buses para entonces? debe pensar “la gente”.

Y no hablemos, por ahora, de los crímenes ambientales.

El primer trabajador muerto por acción directa del Estado –varios balazos– desde el acuerdo político que reemplazó a pinochet por Alwyn se produjo en el otoño de 2007. ¿Cuántos otros se jodieron porque nadie controla nada en materia de seguridad laboral? Pero delincuentes son los que quemaron ocho micro-omnibuses. Parece una burla, pero no es una burla: es una lección. Que sin duda fue aprendida.

Lo peor de todo, dicen algunos canallas del bar de la esquina, está por venir.

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