Sep 8 2009
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Sociedad

Alan Turing, el matemático que no se salvó

Sergio Dahbar*

El matemático Alan Turing descifró los códigos nazis Archivo.Habría que preguntarse por qué algunas personas trascendentes para la historia de la humanidad no lograron sobrevivir intactos con sus leyendas y se desvanecieron como pompas de jabón. Existen siempre explicaciones contundentes, pero no bastan para completar el círculo.

Es el caso del matemático inglés Alan Turing (1912/1954), que cuenta en su foja de servicios nada menos que con esta hazaña: haber descifrado los códigos de las trasmisiones nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

En plena confrontación bélica, Turing era miembro del equipo de Bletchley Park y estuvo a la cabeza de la investigación que descifró los códigos de la máquina Enigma, aparato en el que las fuerzas nazis ocultaban sus maniobras de guerra. La estrategia de Turing fue clave para lograr la derrota de las fuerzas del Eje en 1945.

Pero su inteligencia se perdía de vista. No sólo inventó la máquina Bombe, con la que abrió de par en par los mensajes cifrados de Enigma, sino que ese adelantado británico contribuyó con el desarrollo de la inteligencia
artificial y la informática.

En 1950 elaboró una prueba, conocida desde entonces como "la prueba de Turing" para determinar la inteligencia de una máquina. Parece una novela de ciencia ficción, pero forma parte de la más cruda realidad.

Establece una conversación escrita entre un ser humano y una computadora. Para que la máquina pueda aprobar, el ser humano no debe saber que habla con un aparato.El invento de Turing se basa en reglas complejísimas que no se reducen a ningún código binario.

Con semejante currículum, Alan Turing debería ocupar hoy uno de los lugares relevantes en la historia de la ciencia aplicada al bien común: es el ejemplo contundente de cómo las matemáticas pueden ayudar al ser humano.

Pero Alan Turing se suicidó un día de 1954, comiéndose una manzana mojada en cianuro. Aparentemente tomó la idea de una de sus películas favoritas, "Blancanieves y los siete enanos", la mitológica adaptación de Walt Disney. Desde ese momento su nombre desapareció de la faz de la tierra.

¿Qué pasó con este científico, que de la gloria pasó al olvido en un segundo con la misma velocidad con la que desaparece un puño al abrirse la mano? Algo muy sencillo, que quizás hoy pueda resultar inexplicable para muchos.
Era homosexual.

En 1952 Turing fue sometido a un proceso judicial, de acuerdo con la ley de indecencia pública vigente en ese momento en Inglaterra, después de haber admitido que tuvo relaciones con otro hombre.

No sólo fue sometido a la humillación pública de ese juicio, sino que lo condenaron a la castración química experimental de esa época, a través de inyecciones de estrógeno.Perdió todos los privilegios que poseía y fue expulsado del Cuartel General de Comunicaciones Gubernamentales, donde trabajaba.

Sin fuerza para oponerse a semejantes agresiones, devastado por un sentimiento de desesperanza, dos años después del juicio optó por comerse una manzana y despedirse de un mundo al que le había dado tanto y que había sido tan ingrato con él.

En la actualidad, el ingeniero informático John  Graham Cumming ha impulsado una campaña para lograr que el Gobierno británico se disculpe con este matemático que puso se grano de arena para salvar al planeta de la oscuridad de la Segunda Guerra Mundial.

Entre los que firman esta petición de desagravio se encuentran el escritor Ian McEwan y el biólogo evolucionista Richard Dawkins. Lo curioso de todo
esto es que el mismo GrahamCumming piensa que la campaña no prosperará porque Turing no tiene descendencia, lo que quiere decir que no hay dolientes que puedan poner la cara para pelear por su memoria.

El escritor estadounidense David Leavitt escribió una biografía sobre Alan Turing que fue traducida al español en 2008 con el nombre "El hombre que sabía demasiado". Allí lo describe como un hombre ingenuo, distraído, que
vivía a espaldas de las fuerzas que lo amenazaban.

Buscó siempre unir la teoría con la práctica, y hacer de las matemáticas un ejercicio de vida que sirviera para ayudar a los demás. Curiosamente, fue expulsado del mundo de la peor manera por gente que lo consideraba un peligro público. Sabía demasiado, pero no tanto como para salvarse.
 
 *eriodista y escritor argentino-venezolano
 

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