Oct 23 2006
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Cultura

Allen Ginsberg: – LA LEYENDA DE LA GENERACIÓN BEAT  

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Allen Ginsberg nos recibió al filo del mediodía, en la cocina de su apartamento del Lower East End neoyorquino. Tres o cuatro piezas muy simples, atiborradas de libros de poesía,  un armónium por aquí, un pequeño cojín para la meditación por allá… Budista y cofundador de la Jack Kerouack School of Disembodied Poetics (Escuela Jack Kerouac de Poesía Desmaterializada) en el Instituto Budista de Naropa; Ginsberg medita cotidianamente.  

Su último libro, Cosmopolitan Greetings: poems 1986-1992, publicado en los Estados Unidos en ocasión de los 50 años del encuentro histórico entre Ginsberg, Kerouac y Burroughs, acaba de aparecer (en francés) en una traducción de Yves Le Pellec (edición bilingüe) en  la editorial de Christian Bourgois, quien reedita asimismo su Diario 1952-1962. ¡Algunas novedades beat ! Porque el movimiento, para empezar, en los Estados Unidos, se vuelve muy fuerte.  Una prueba de ello es el gran éxito entre la juventud de la Exposición Cultura Beat y la Nueva América: 1950-1965, que acaba de terminar en el Museo Whitney de Nueva York, antes de llegar a  Minneapolis en junio y  después San Francisco hasta el fin de año.  

( Jean-Francois DuvalEl Museo Whitney de Nueva York consagra una gran exposición a la generación beat que estará hasta el fin de 1996 en Minneapolis y San Francisco. Se nota un renovado interés por todos estos autores. Su último poemario, Cosmopolitan Greetings apareció en los Estados Unidos en ocasión del 50 aniversario de su encuentro con Kerouac y Burroughs.  ¿Cómo se llegó a este encuentro?

– Cuando yo tenía diecisiete años estudiaba en la Universidad de Columbia en Nueva York. Y durante mi primer año ahí, en el otoño de 1943, encontré a Lucien Carr, un tipo de Saint Louis. Era un amigo de Burroughs y conocía también a Kerouac. Me dijo de él, es un escritor, un “marino romántico que escribe poemas”. Quise visitarlo.

 

foto –¿Ya Kerouac había escrito?  

–¡Ah, sí! Kerouac era cuatro años mayor que yo y había escrito un libro titulado The Sea is my Brother, que nunca se ha publicado. Una obra de juventud, muy romántica. Si bien mi padre era también poeta –y maestro de escuela– Kerouac fue la primera persona con la que me encontré que se considerara un escritor, que se pensara un escritor y para quien la escritura era como una vocación sagrada. Eso me impresionó mucho. Y eso me condujo a pensar de mí mismo como un escritor, o más bien, como un poeta, en vez de otra cosa…  

“Poco antes que con Kerouac, me había encontrado con William Burroughs, que tenía veintinueve años en esa época. Lucien Carr  me había llevado de visita a Greenwich Village. Era justo después de la Navidad de 1943 y la primera vez que ponía un pie en el Village, el barrio bohemio de Nueva York. Me acuerdo haber caído en el medio de toda una historia a propósito de una lesbiana y de una trifulca entre dos personas, en fin, no me acuerdo de toda la historia… Pero habían mordido a alguien en la oreja,  la sangre salía …y Burroughs comentó: ”’Tis too starved a subject for my sword’ (poco digno de mi espada), ¡citando a Shakespeare! Era la primera vez que escuchaba citar a Shakespeare con tanto ingenio. Nos hicimos amigos”.

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–¿Era lo que se llama una mala compañía? …Su padre habría querido que usted escribiera un cierto tipo de versos, y usted se pone a escribir otra cosa…  

–Al cabo de un año, sí. En ese momento, todos habíamos empezado a experimentar con marihuana. Mi padre estaba muy azorado.

 

¿La marihuana y el peyote los consume todavía?

 

–El peyote no. Es muy difícil. La última cosa que probé fue el éxtasis, hace unos años. Fue una muy buena experiencia. Yo tenía un amigo de la universidad, un neoconservador, un tipo muy de derecha. Hace muchos años este amigo escribió un artículo en una revista denunciando a Kerouac como un delincuente juvenil, como un tipo que no sabía escribir.  Con los años se volvió más y más de derecha. Así que, en mi mente, era verdaderamente un enemigo: discutía y disputaba mentalmente con él. Tanto más porque él en un principio quería ser poeta, pero era una nulidad y  yo sentía que era una humillación batirme mentalmente con él: ¡un personaje tan pequeño, un escritor tan malo! ¿Encolerizarme contra él? ¡Qué vergüenza!  

“Y después de eso tomo éxtasis. Y entonces, de un golpe, me pongo a pensar sobre este tipo, este cuasifascista, ¡de una manera totalmente diferente! Me dije ¡qué bueno este viejo gordo! Ha jugado en mi espíritu el papel de un pequeño diablo de la perversidad, se ha sido instalado en mi mente como un pequeño diablo familiar, ha servido de receptáculo de todas mis pulsiones agresivas, de todas las tormentas de mi espíritu, de todas mis cóleras, él me ha servido para localizarlas, me ha librado de la angustia, ¡pero cómo podría odiarlo! Me ha hecho un gran favor durante todos estos largos años!  

“Y a la mañana siguiente, después que aterricé, todavía tenía esta nueva percepción de él. Después, mi actitud con respecto a ese hombre ha cambiado totalmente. ¿Cómo no tenerle reconocimiento?  Todo eso se alcanza además perfectamente con la práctica del budismo, que enseña como transmutar la energía negativa para hacerla tomar una dirección positiva.  ¿Usted nunca ha probado el éxtasis?  

–No. LSD una sola vez: directamente me encontré en presencia del Diablo.

 

–Yo he tenido muchas experiencias con el LSD y la mescalina. Y también malos viajes, como se dice. Viajes chocantes. No en los que usted se encuentra con el Diablo, sino donde usted piensa que es el diablo es usted, o que el Diablo está con usted, o que Dios se lo va a  tragar. Existen poemas que relatan este género de experiencias particulares. Pero con un poco de experiencia en el pensamiento oriental y ejercicios budistas, usted puede desviar su atención de estas proyecciones –porque no son más que proyecciones, seguro–,  usted puede disolver la alucinación concentrándose en su propia respiración, y volver así a la pieza donde se encuentra.

“Es posible provocar un corto circuito en estos malos viajes, si usted tiene el entrenamiento apropiado. Es de esta manera que alrededor de 1967 pude, después de años de viajes angustiantes, hacer “un viaje” bajo el efecto del LSD; el resultado fue Wales Visitation, un poema sobre la respiración de la naturaleza”.

– ¿Y  la marihuana?  

–Puede ser útil también. No cuando escribo, sino cuando reviso algunos poemas. Produce un ligero cambio de percepción y permite introducir ligeros matices en el idioma.

– Bueno, volvamos a la generación beat.  !

foto –¡No, no hay 50 aniversario de la generación beat!  Es sólo que hace cincuenta años que yo me encontré con Burroughs y Kerouac. La palabra “ beat ” es sólo un estereotipo que nos han adherido; el movimiento beat es una alucinación sicodélica de los medios. Nosotros, los autores, somos todos escritores singulares, capaces de llegar todavía a las nuevas generaciones: Keroauc por su entusiasmo romántico, Burroughs por su crítica hiperinteligente del Estado policial y el control de las mentes y yo por mi candor.  

“La crítica de Burroughs vuelve a ser actual, como se vio con el  éxito de los fundamentalistas de derecha en las elecciones del otoño de 1994. El fundamentalismo es un fenómeno del cual Burroughs ha estado muy consciente, contra el que ha prevenido a las nuevas generaciones.  Su influencia ha sido inmensa en cantidad de artistas del rock, de Bob Dylan a Kurt Cobain, pasando por los Beatles, Blondie y muchos otros. Se puede agregar que desde los años cincuenta teníamos un fuerte interés en el pensamiento oriental,  la meditación budista, que se hace muy fuerte hoy”.

–La influencia de los escritores beat ha sido en el fondo mucho más grande que lo que se cree generalmente…

 

–Kerouac tuvo un inmenso efecto en una y otra parte de eso que llamamos la cortina de hierro entre los países socialistas y no socialistas de América. Inspiro a los muchachos: a la poesía, a la poesía oral, a la expresión individual. Gregory Corso, que es menos conocido, ha ejercido una gran influencia sobre todo lo que concierne a la apertura de espíritu y la apreciación inteligente de las obras de arte. Gary Snyder introdujo las preocupaciones de orden ecológico y es uno de los líderes del movimiento poético que ha tenido un prolongado interés en el budismo zen en América. Así como Phillip Whalen que hoy es un maestro zen en San Francisco…

–Usted es budista.

 

–Yo estuve intelectualmente interesado desde 1950. Pero no me he entregado a la práctica formal del budismo, bajo la conducción de un maestro, sino partir 1970. Usted sabe que en 1974, junto con mi maestro Chögyam Trungpa, fundamos el Instituto Naropa, en Boulder, Colorado, donde Burroughs, Corso, Orlovsky, Whalen y otros han sido invitados a expresarse. Y yo soy igualmente el cofundador de la Jack Kerouack School of Disembodied Poetics (Escuela Jack Kerouac de Poética Desmaterializada) en ese mismo Instituto.

– ¿Entreví un pequeño cojín para la meditación en su cama. ¿Usted practica todos los días?  

–Sí. Una forma de meditación sentado. O mantras. O visualizaciones.

–¿A los sesenta y nueve años, sabe usted más de la vida, o menos?

 

–Es justo la misma cosa, desde los dieciséis años. La meditación budista lo acerca a usted mismo.  

–¿ El budismo tiene un vínculo con su poesía?

– ¡Ah, sí! Con muchos de mis poemas. En la poesía budista tibetana, así como en cierta poesía china y en los haikus japoneses hay toda una tradición de composición espontánea. Usted no revisa. O más bien es como en caligrafía: usted revisa primero mentalmente, después traza los caracteres caligráficos. En poesía es la misma cosa: usted prepara su espíritu, después escribe rápidamente. Por ejemplo, los últimos poemas de Cosmopolitan Greetings , titulados American Sentences, son haikus de 17 sílabas. Spot anger empieza con un aforismo directamente inspirado en la tradición tibetana, que dice: “Drive all blames into one”. Es decir: dejá de culpar a los otros, echale tus culpas a una sola persona, que erees tu mismo –la única manera de cambiar–. 

“En The charnel ground hago uso de una fórmula de mi maestro Trungpa, que se relaciona con ese lugar a la orilla del Ganges donde se queman los cadáveres; en Tibet se dejan los huesos del cuerpo para ofrendarlos a las hienas, los chacales y los zopilotes. Porque The charnel ground es casi la descripción de mi vecindario, aquí, ¡en el Lower East Side! Ande un poco alrededor de los bloques vecino: hay desechos, gente sin techo, etc. Yo veo estos alrededores como una especie de osario. Un lugar donde puede venir la compasión y el cambio”.  

–Como budista, ¿Usted piensa que reencarnará?

 

–No es cosa mía, no tengo idea al respecto. Mi tarea es más bien cómo meditar, aquí y ahora, y cómo situarme en relación con mis propias emociones: cólera, celos, amor…

 

–El amor, justamente. ¿Usted tiene la sensación de haberlo encontrado?

foto –Oh sí, he vivido con Peter Orlovsky durante cuarenta años. He tenido más amor del que merezco.

–Su poesía también habla mucho de soledad.  

–Sí. Pero ¿sabe usted?, todo el mundo siente la soledad, tenga uno amor o no. Usted muere en su lecho de muerte, y no hay amante con usted, usted no lleva consigo más que el infierno. Nuestra conciencia incluye pensamientos muy contradictorios… Es como William Carlos Williams, mi maestro, que dice: si bailo en mi habitación, desnudo frente a un espejo, agitando una camisa en torno a mi cabeza, admirando mis caderas, mis costados, mis nalgas, ¿ Quién dirá que estoy solo? No estoy solo. Mejor aún: ¿ Quién dirá que no soy el alma buena de mi casa? 

 

“No nos resumimos a un único pensamiento. Whitman dice: “Do I contradict myself? Very well then I contradict myself, (I am large, I contain multitudes)”. ¿Me contradigo? Sí, me contradigo (Soy inmenso y contengo multitudes). He ahí una noción muy democrática de la conciencia.  

–Si usted no debiera evocar más que un  único recuerdo de sus amigos, Kerouac, Burroughs, Neal Cassidy, ¿cuál de ellos escogería usted?

–Me acuerdo de haberle dicho a Kerouac, la primera vez que lo encontré, que quería ser un abogado especializado en derecho laboral.  Yo estudiaba derecho, sabe usted. Tenía dieciséis o diecisiete años y él me dijo: pero si tú jamás has trabajado un sólo día en una fábrica, no sabes nada del trabajo. ¿Quién te ha metido esa idea idealista de dirigir a los trabajadores para que salgan de su miseria, para salvarlos…? Y me di cuenta de que yo no hacía más que repetir como un loro las ideas políticas de mi familia. No tenía pensamiento propio. Me sentí muy avergonzado. Pero esta observación me ayudó, comencé a escuchar más a la gente, eso me hizo salir de mi concha, de mi sueño dogmático.

–¿Esa fue su primera impresión de Kerouac?

–No, esa no fue mi primera impresión.  Usted me preguntó cuál era mi primer recuerdo de él. Y lo que le dije fue lo que me vino espontáneamente a la mente, en respuesta a su pregunta.

–Bien. Entonces, ¿cuál fue su primera impresión de él?

– Esa es una pregunta muy diferente. ¿Mi primera impresión? Que era muy bello, terriblemente viril. Justo volvía de un largo viaje por el océano. Cuando fue marinero en la marina mercante durante la guerra, varios navíos habían sido torpedeados en torno suyo, y él escribió este libro, The Sea is my Brother , del que emanaba una especie de conciencia melancólica.  Estuvo muy tierno también, muy gentil conmigo. Tenía una novia, en cuyo departamento vivía. Estaba en camiseta,  tomando su desayuno, yo entré después de tocar, un perfecto desconocido…

“Tenía curiosidad de por qué alguien quería verlo. Yo dije que escribía poesía. El se mostró interesado. Me cayó bien y yo a él; inmediatamente tuve interés en él, me enamoré, sentí afecto. Creo que lo que encontramos en común es que habíamos leído las novelas de Dostoievski. Yo había idealizado al príncipe Muichkine dl El príncipe idiota y Kerouac estaba familiarizado con esta figura. Estuvimos de acuerdo los dos en que Dostoievki había tratado de describir, con este personaje, la más hermosa figura humana que se pueda imaginar”.

foto –¿Y Neal Cassidy, que se convierte en el héroe de de Kerouac, con el nombre de Dean Moriarty?

 

–Había oído hablar mucho de él, por parte de un amigo mutuo de Denver. Tenía ansia de encontrarme con él y él también. Vino a Nueva York y nos encontramos en el bar West End, cerca de la Universidad de Columbia. Estaba sentado en compañía de Kerouac. No tuvimos ocasión más que de decirnos “Hola”, sin mucha conversación. El también era muy bello y parecía tener deseos de hablar conmigo.

“La segunda vez que nos encontramos callejeamos toda la noche con Kerouac y para variar, todos los bares estaban cerrados. No sabíamos donde más ir. Yo tenía un dormitorio, un lugar donde no se podía llevar a nadie. Fuimos todos a pasar la noche en la casa de un amigo mutuo. Neal y yo debimos compartir una cama. Yo tenía un poco de miedo de él, vio que yo estaba asustado y me puso los brazos en torno mío e hicimos el amor. No esperaba eso, porque lo había encontrado muy macho, muy masculino. No me esperaba para nada este tipo de ternura”.

–¿Neal Cassidy era bisexual?  

–Yo no diría eso. La palabra “bisexual” es como la palabra “ beat”, un estereotipo. Cassidy ha tenido centenares de mujeres –Carolyn se convirtió en su esposa más tarde– y  raramente ha tenido un hombre.  Yo creo que yo soy uno de los pocos hombres con los que él se ha acostado. Y el único con el que haya tenido una larga relación, entre los hombres. Una relación intermitente, que duró veinte años.  

–¿Supo usted muy pronto que era homosexual?  

–Sí… En fin, yo no tenía nombre para ello antes de tener doce años, hasta que leí a Krafft-Ebing.

–Más bien joven para leer a Krafft-Ebing…  

–Tenía un tío doctor.  

–¿Usted nunca hizo el amor con una mujer?  

–Ah sí, con frecuencia. Tuve muchas novias cuando tenía entre veinte y treinta años.

–¿Cuál es la diferencia?

–Sería bastante largo responder a esta pregunta (risas). Es un asunto de preferencia en los sentimientos. No creo que sea una elección. Yo me podría haber forzado a casarme con una mujer –pero no creo que eso la habría hecho feliz, mi corazón no hubiese estado ciertamente con ella–.

   

–En el primer poema de Cosmopolitan Greetings usted dice que sus genes…

–…Y mis cromosomas se enamoran de hombres jóvenes, no de mujeres jóvenes, sí. 

–Usted cree que sea genético?

–Creo que es una mezcla. La idea de que viene de una sola cosa es simplista, un estereotipo de los medios. Probablemente es un fenómeno muy complejo, de condicionamiento, de genes y de quién sabe qué más.  

–Cuando apareció el SIDA, al comienzo de los años 80, ¿qué pensó usted?  

–Me pregunté si esto no era un virus escapado de un laboratorio. Y me lo pregunto todavía. 

–¿Ah sí?  

–Sí, porque su aparición en los Estados Unidos fue muy particular. ¿Por qué la enfermedad no ataca más que los homosexuales, mientras que en Africa golpea indiferentemente a ambos sexos?

 

–Al comienzo de su Diario 1952-1962, usted dice no saber cual es su función en la vida. ¿Ttiene la impresión de haberla hallado?  

–Sí, sí, lo creo, es más claro ahora que tengo sesenta y nueve años. Ser cándido. Franco. Sincero. Mostrar públicamente lo que se encuentra en mi espíritu. Es decir, ofrecer la representación de un espíritu promedio, pero que se distingue bien de las falsas representaciones elaboradas por los medios y gobierno, y de la producción masiva de imágenes que proponen una visión falseada de los sentimientos y del ser humano. En tanto que posible, proponer un estándar, una medida del valor humano, distinta de los valores mecánicos, o capitalistas, o comunistas, distinta de todos los valores de la comodidad. Ofrecer tal ejemplo, confronta la despersonalización y desestabilización generales.

–De hecho…

–Todo el mundo tiene sentimientos privados. Nada más universal. ¿Pero por qué este inmenso océano de emociones y de sentimientos privados está borrado completamente de la discusión y de las conductas públicas? Es como en la Rusia de Stalin, donde el dominio oceánico de sentimientos personales era reprimido por una policía autoritaria, que se conducía por el terror y la intimidación. Aquí, en Occidente, la intimidación es mucho más sutil, pero existe. Se ignora al sentimiento privado, en una gran medida. El Estado policiaco es particularmente activo en la represión de las conductas privadas.  

–Volvamos a esto que usted decía de su candor o franqueza. ¿Tiene alguna relación con la infancia?

–No, se trata de la franqueza de una persona madura, honesta, que conoce su propio espíritu, y que no se deja engatusar por manipulaciones y toda suerte de hipnosis. La política, como la publicidad, depende esencialmente de tal manipulación de los espíritus, de una apropiación  hipnótica de la gente. A la inversa, la poesía no busca tomar el control de la gente; es sinónimo de apertura, dice abiertamente lo que en verdad se piensa, sin pretender vender lo que sea.  

–¿No piensa usted que la gente misma tiene una gran parte de responsabilidad en este fenómeno que usted describe? La gente se limita hoy a leer los periódicos, a ver la televisión y la mayor parte de conversaciones e intercambios de ideas no son más que la repetición de lo que se ha leído o escuchado en los medios…A comienzo del siglo, la gente pensaba quizás un poco más por sí misma, ¿no?  

–Yo lo creo. Pero estamos invadidos por las técnicas de reproducción mecánica y la hipertecnología,  por lo tanto las posibilidades de lavado de cerebro –como las pintaba George Orwell en 1984– se amplían a medida que se invaden electrónicamente nuestros domicilios. Un niño estadounidense dedica más horas a la televisión que a establecer cualquier relación con sus padres. La TV es la autoridad.  

–Ya en los años sesentas, gente como Timothy Leary o Castañeda se rebelaron contra esta evolución. ¿Usted los trató?  

–No me reuní con Castañeda mismo, sino con su consejero y maestro de antropología, Michael Horner, quien me dijo que la obra de Castañeda era en realidad una composición, un compuesto ficticio de diversas prácticas indígenas americanas, y no el relato directo de la enseñanza de un solo maestro. Horner es un experto en todo lo que tiene que ver con plantas psicodélicas de México y América del Sur.  

“A Timothy Leary lo conocí en 1960. Un psiquiatra nos puso en contacto cuando el doctor Leary conducía sus primeras experiencias, perfectamente legales, sobre las drogas psicodélicas. Enseguida me vino a ver a Nueva York. Nos vemos todavía a veces. Hace algún tiempo hice una lectura de mis poemas en Los Angeles y fue él quien me presentó al público. Eso pasó en el club de Johnny Depp, usted sabe, The Viper Room , un club muy famoso; fue a la salida de esta discoteca que River Phoenix, el actor, murió después de una sobredosis… Johnny Depp es también un admirador de Kerouac, por cierto.  

–¿Y Gregory Bateson, el antropólogo?

–A Bateson lo conocí un año antes, en 1959, cuando él vivía en Stanford. Estaba relacionado con las experiencias que se hacían en el Instituto de Salud Mental de Palo Alto. Un instituto en cuya creación tomó parte la CIA, creo, o los servicios secretos del Ejército. Como usted sabe, fue la CIA la introdujo el LSD en los Estados Unidos, cosa que supe por mis conversaciones con Albert Hoffman, el suizo de la casa Sandoz que inventó el LSD y que estaba en contacto con la CIA.  

   

“Yo tenía ya cerca de diez años de experiencia con el peyote. Estaba interesado en ver a que se parecía el LSD. Entonces, probé. Bateson me presentó a  algunos de los responsables del proyecto, y tomé varias veces, bajo supervisión médica. ¡Pero debo decir que aquello fue un desastre! Porque pasó en el hospital, con muros blancos y electrodos por todas partes… Mientras que en realidad, este género de experiencias debería conducirse a veinte millas de ahí, sobre la costa de Big Sur, de cara al océano, en un ambiente apropiado… De aquí que, estas primeras veces tuve grandes ataques de paranoia. Fue como si el hermano mayor de Orwell estuviera escuchando en mi cerebro.  

–Aldous Huxley, el autor de Las puertas de la percepción , ¿no se reunió con él también en esta ocasión?

–No, intercambié correspondencia con él. Y su mujer era amiga. Pero un primo mío, que era un gran amigo de Huxley, tiene hoy un papel muy activo en la Biblioteca Albert Hoffman, en California. Ellos tienen ahí cantidad de archivos sobre esta cuestión, que mantiene su interés. El LSD fue introducido en los Estados Unidos con la idea de utilizarlo como arma de guerra. Pero apenas el asunto cesó de ser secreto, en cuanto la gente pudo meterle mano y el LSD se democratizó, ¡se lo ilegalizó!

“En consecuencia desde 1966, durante treinta años, no ha habido ni la más mínima investigación científica sobre el LSD. ¡Se han descartado las que hayan podido ser sus ventajas como instrumento terapéutico o educativo! Mientras que, por otra parte, se ha estimulado a los científicos a experimentar con cantidad de otras sustancias cuyos desechos nos envenenan… Pero todo eso forma parte de lo que usted puede llamar el Estado policiaco y el control de las mentes”.

 

–¿Cómo explica usted que Kerouac sea la figura más conocida entre los escritores beat? ¿Su muerte en 1969 ha contribuido a hacerlo un mito?  

–No. Es por lo mucho que escribió. Yo no soy más que un alumno de Kerouac, mi poesía no es sino una imitación de la suya.  Es él el gran poeta seminal. Y lo que he aprendido, lo aprendí de él. Como lo hizo Bob Dylan y otros. Para gente como Dylan, la poesía de Kerouac ha sido una gran inspiración. Dylan mismo me contó que recibió un ejemplar de poemas de Kerouac, Mexico City Blues, publicado en 1959 y que lo había dejado atónito. Le pregunte por qué y me dijo: de todos los poetas americanos que he leído, Kerouac es el primero que escribe con ritmos propios de la lengua americana (estadounidense).

–¿Usted encuentra que las canciones de Dylan son poesía?

–¡Claro!  

–¿Canciones?

–¿Usted cree que las canciones de Safo no eran poesía? Ella cantaba, Safo, ¡con una lira de cinco cuerdas hecha de un caparazón de tortuga! Y los cantos de Homero, ¿no eran poesía? Se cantaban. ¡Y los trovadores provenzales! … Dylan es un gran poeta. Quizás el gran poeta de esta parte del siglo. Y antes que él, todos los primeros bluesmen americanos hicieron una contribución decisiva a la poesía lírica en América (Estados Unidos): Bessie Smith, Charlie Parton, Texas Alexander, Skip James, Leadbelly (Ginsberg se pone a cantar Black Girl, un blues de Leadbelly, convertido también en un éxito de Kurt Cobain):
Black girl, don’t lie to me, tell me where did you sleep last night./ In the pines, in the pines, where the sun’ never shines…/ Black girl, black girl, never lie to me, tell me where you will sleep tonight./ I’m gone in the dark, where the cold wind blows, and I’’l never be heard again…
Eso, es tan bueno como cualquier balada clásica. Hay un ahí gran tesoro de la poesía lírica que los académicos todavía no han hecho figurar en las antologías, superior a lo que ha producido la mayor parte de la poesía académica de comienzo de siglo.

–Usted mismo, acaba de sacar hace poco un estuche de cuatro CD, Holy Soul Jelly Roll: poems and songs 1949-1993 con la casa Rhino Records.

 

–Sí. La música –y la fotografía, de la cual Robert Frank me enseñó la técnica– son mis dos “hobbies”, “hobbies” que atrapan, que practico asiduamente … Estos cuatro CD comprenden poemas, canciones y blues que abarcan más de cuarenta años. Hay de todo, del blues al calipso, una media hora de grabación con Bob Dylan, cosas con Philip Glass, con Alvin Jones, que era el baterista de John Coltrane, rap, rock, una canción que grabé en vivo con los Clash. Y cosas con Don Cherry.

“Puse ahí letras del poeta William Blake. Blake cantaba, sabe usted, pero la música se ha perdido.  Entonces yo aporté la música a sus letras y lo grabé con Bob Dylan, Don Cherry y otros músicos.  Es mitad música y mitad poesía.

“También escribí el libreto de Hydrogen Jukebox, una ópera con Philip Glass, que salió en el 93. Gran ópera, clásica: Glass es probablemente uno de los grandes compositores estadounidenses vivos. En cuanto al jazz, escribí las letras de Cosmopolitan Jazzy Opera, con música de George Gruntz”.  

–¿Burroughs ha hecho la misma cosa, no?

 

–Sí. Ha grabado varios discos. Tenemos el mismo productor, Hal Willner, que produjo dos de sus álbumes. Burroughs ha grabado Dead City Radio, Spare Ass Annie and the Other Tales, The Priest they Called Him, este último con Kurt Cobain…

 

–Entonces los beats de nuevo “in”, mientras que su primera obra Howl (Aullido), fue censurada en 1957.  

–¡Y lo es todavía!  

–¿Cómo así?  

–Sí. En los años 50 había una fuerte censura sobre los libros. Usted podía traducir a Cátulo o Petronio al inglés, ¡pero los pasajes eróticos debían permanecer en latín! Y cantidad de otras obras estaban prohibidas: Henry Miller, D.H. Lawrence… Historia de O… En 1957 empezó una serie de procesos, inaugurado por el de mi Howl en 1957, que se vio rematado por Almuerzo campestre de Burroughs en 1961. Proceso que desembocó en una liberación de la literatura. El mismo fenómeno se produjo a continuación en el cine, hasta que Andy Warhol y otros hacen estallar todo eso…  

“Pero, desde octubre de 1988 y debido a la revancha de los neoconservadores republicanos, la FCC ( Federal Communication Commision ), una comisión que legisla sobre la radio, la TV y todas los medios electrónicas, se prohíbe emitir “cosas indecentes”, las veinticuatro horas del día. No se precisó que se entendía por cosas “indecentes”, tanto que después de eso la radio y la TV prohíben recitar o reproducir mis poemas, incluidos los más conocidos. Actualmente, Howl está desterrado de las ondas.

–Cincuenta años después del nacimiento de la generación beat, usted todavía es un rebelde…

 

–¡No! Es el gobierno el que se rebela contra la naturaleza. Yo, usted ve, no hago más que estar aquí, tomar mi desayuno en mi cocina, escribir lo que viene a mi espíritu. ¡Reflexionar en este lugar, solamente! Escribí un poema largo, hace algunos años de eso, Howl, que está reconocido como un clásico de las letras modernas ¡y el gobierno lo prohíbe! ¿Es que eso hace de mí un rebelde? No. Al contrario, ¡eso hace del gobierno un gobierno represivo!  

–Ya que usted habla de su cocina, hablemos un poco de su vida cotidiana. Es mediodía y usted aparentemente está tomando una suerte de “brunch”. ¿En qué consiste?

 

–Es leche de arroz, ¿usted la ha probado? No. ¿Quiere usted probar?  Sigo una dieta macrobiótica, porque tengo diabetes y también problemas cardiacos.  Tengo prohibida la leche. Esta, a base de arroz, se ha convertido en uno de mis platos más habituales. A veces tomo también un plato de avena, con mucho sabor, con hierbas marinas, cebollas, hongos.  

–Uno de los poemas de Cosmopolitan Greetings se intitula Put Down Your Cigarette Rag (Don’t Smoke). ¿Ya no fuma?  

–Cigarrillos no, pero hierba sí.

–¿Cuándo escribe usted? ¿Cómo está organizada su vida cotidiana?

–No lo está. Escribo solamente cuando tengo deseos de ello. Si me viene algo lo escribo.

 

–¿Cuál es su principal defecto?

–La cobardía.  

–¿Su principal cualidad?  

–El afecto, probablemente.

–Un verso suyo dice: “Notice what you notice” (preste atención a lo que está atento).

 

–Sí. Tengo el hábito de mirar cada día por esta ventana de la cocina. Pero un día, me doy cuenta que presto verdaderamente atención a lo que se encuentra afuera… Y entonces tomo quizás una foto.. y me vuelvo cada día más completamente consciente de esta ventana, del patio de abajo, de los cambios de estación.

–Y cada mañana, como hace notar en Autumns Leaves, está feliz al levantarse de descubrir que usted no es todavía un cadáver.

 

…Sí. Feliz de no ser aún un cadáver.

–¿Piensa cada mañana en la muerte?

– Creo que todo el mundo lo hace, al menos una vez por día. Al envejecer, “uno de cada tres pensamientos será sobre vuestra tumba” – Shakespeare, La tempestad

–Su poesía mezcla también preocupaciones muy íntimas, referidas a su cuerpo, con las últimas maquinaciones de la CIA…

–Sí, no hace diferencia entre los pensamientos más ordinarios y cotidianos de todos y cada uno.  

–Usted no omite absolutamente nada: los detalles de su vida sexual, si su erección no es fuerte o no, etc.  

–Hacer poesía es poner en el papel todo lo que nos viene al espíritu. Todo lo que está suficientemente vivo, viviente, para recordarlo. Es por lo que digo: “Notice what you notice”. Para empezar, cuando observaba a través de esta ventana, no notaba nada y un día, vi lo que observaba.

–Pero numerosos poemas suyos hacen eco también a lo que se puede leer en los periódicos.

–Todo lo que viene de los medios, la radio, la TV pasa también por mi cabeza.

–¿Usted tiene TV?

–Sí, pero no la miro. Salvo para las elecciones.  

–¿Escucha música?

–Para escuchar, salgo, pero sobre todo hago mi propia música. Tengo un pequeño teclado.

–¿Y el cine? ¿…Va aún?

–Muy raramente. Pero me gusta Robert Franck, como director. Y Charlie Chaplin, Orson Welles. Y estuve muy interesado en Jean Renoir, La Grande illusion, los filmes con Jean Gabin, Pépé Le Moko, Quai des Brumes… Cocteau también, en particular, La sangre de un poeta.

–¿Cuáles son los poetas franceses contemporáneos que conoce?

–Bien… conocí, cuando estuve por primera vez en París a Tzara. Y Genet, Michaux, Joyce Mansour. A Michaux lo conocí muy bien. Vino a verme varias veces a la habitación que yo tenía en París. No habitábamos muy lejos, a una cuadra uno del otro. Después, cada vez que regresé a París nos vimos. El me daba sus libros, yo le daba los míos. La última vez que estuve en París cené con su viuda.

“Tuve también la suerte de conocer a Duchamp, Benjamin Péret, Georges Lemaire, Phillipe Soupault, toda la vieja guardia. Y de la nueva generación  gente cono Alain Jouffroy, Gérard-George Lemaire, Jean-Jacques Level.

–¿Y entre los americanos (estadounidenses)? …Digamos Charles Bukowski por ejemplo. Se tiene la tendencia a asociarlo con el movimiento beat. ¿Usted lo conoce?

 

–Hicimos una lectura juntos, una vez.  

–¿Le gusta su poesía?  

–No mucho. 

–No es un gran poeta…

 

–Es un poeta interesante.  Yo no diría un gran poeta, no.  Quizás algunos de sus poemas figurarán en una antología de buena poesía, pero no estoy seguro de ello. Era muy popular en Alemania hace algún tiempo, sobre todo en Alemania.  Pienso que su obra palidecerá un poco. Si bien los alemanes adoran la expresión de este género de sufrimiento crudo.

–¿Cuáles son los grandes poetas del pasado con los que usted conversa mentalmente?

–Cátulo, Villon, Rimbaud, William Blake, Christopher Smart, Whitman. Cuando era joven, Kerouac y Burroughs y ahora, Trungpa, el lama tibetano cuya enseñanza para mí se asimila a la poesía.  

–En Salutaciones a Pessoa, uno de sus poemas de Cosmopolitan Greetings, usted dice que cada vez que usted lee a Pessoa piensa ser mejor que él.

 

–¡Es una parodia burlesca del estilo de Pessoa!  Me meto en su pellejo. ¿Usted no ha leído nunca su famoso poema Salutaciones a Walt Whitman? Un poema en el que dice, no sólo soy uno de sus admiradores, enamorado loco de su obra, ¡sino que de hecho soy usted! ¡Usted, Walt Whitman! Y a quien diga lo contrario lo noqueo.  Puedo tener la apariencia de un camarón, de un estirado hombre de negocios, pero en realidad soy Walt Whitman y a quien se me ponga en el camino lo liquidaré… Yo hago lo mismo: mi poema es un poema de admiración hacia Pessoa.  

–Hay también una alusión a Salman Rushdie en The Charnel Ground.

 

–Sí. Para empezar es un amigo. Además tenemos el mismo agente. Lo visité cuando estuvo en Nueva York.  El posee mis poemas escogidos en dos volúmenes, en dos lugares diferentes y los lee. Nos sentamos juntos para meditar.  

–¿Quiere usted decir, como los budistas?  

–Estaba interesado en aprender a practicar la técnica, porque tiene mucho tiempo para meditar. El fundamentalismo… Sabe usted, los fundamentalistas islámicos son el reflejo de los fundamentalistas estadounidenses que hemos llevado al poder. Quizás son un poco más  fanáticos, pero no más criminales. La guerra del Golfo no produjo menos muertes que todo lo que hemos tenido que soportar de los fundamentalistas musulmanes estos últimos años. Bombardeamos las ciudades de Irak donde la edad promedio era de dieciséis años… Y todo eso, en cierta manera se deriva de la política exterior estadounidense, inglesa y francesa, de los tiempos de las concesiones y de nuestras manipulaciones en Medio Oriente.

 

–¿La caída del Muro de Berlín, el hundimiento del comunismo no le hacen creer que el mundo va un poco mejor?

–No. Estoy de acuerdo con Rimbaud: ¡La ciencia, la nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo marcha! ¿Por qué no en círculos? En todas partes hemos creado monstruos del género de Mobutu. En todas partes, se mata en masa y se muere de hambre. En los Estados Unidos los fundamentalistas y los neoconservadores crecen en importancia y toman la delantera. No pudiendo más emprenderla contra los comunistas, atacan a los negros, los homosexuales, los toxicómanos. Y se utiliza la lucha contra la droga como una excusa demagógica para crear un Estado policiaco.  

–¿Vamos de peor en peor? ¿No hay ninguna razón más para creer en el progreso?

 

–¿Quien cree en él todavía? Pregúntele a cualquier abuela. Ya ninguna persona cree en esa noción. La idea de que cada hombre sobre el planeta tuviera un día una mujer en cada puerto y un carro en su garaje causaría además la ruina ecológica del planeta.

–Usted está muy preocupado por estos problemas ecológicos.

–Es evidente.  Ese ha sido un tema literario para los poetas americanos (estadounidenses) desde los años 50. Recuerde a Kerouac: The Earth is an Indian Thing (La Tierra es algo indígena).

 

–¿Que quería él decir con eso? 

–Que por una suerte de ebullición hipertecnológica, existe desde hace tiempo un divorcio entre nosotros y nuestro ambiente. En cierto sentido el planeta tiene sida, su sistema inmunológico no es capaz de resistir al virus humano. Creo que está claro para todo el mundo. El planeta naufraga. Destruimos por millares los códigos de información contenidos en las especies animales y vegetales. Mientras que los antiguos indígenas de América conocían íntimamente las plantas, los animales y vivían en una relación equilibrada con ellos.  En este sentido, “la  Tierra es una cosa indígena”.  

–¿Ha viajado usted mucho?

–No. India, China, Camboya, Vietnam, Japón. Pero por ejemplo, jamás he estado en los Polos, en Afganistán, Indonesia, Bali o Java y muchos otros lugares.

– ¿Una ciudad favorita?  

–Benarés, es la primera que me vine a la mente.  

–¿El verdadero viaje es todavía posible? Usted lo decía, vivimos en un mundo enteramente de los medios. Las pantallas frente a las que pasamos nuestro tiempo, no tienen efectos más peligrosos que la marihuana o el peyote…  

–Bueno, de hecho el peyote y la marihuana tienen un efecto exactamente opuesto. Es todo lo contrario de un lavado de cerebro. Y es por ello que han sido ilegalizadas. Porque lo conducen a usted a una visión primigenia de la naturaleza, porque lo abren a uno a percepciones variadas  y diferenciadas de la realidad, de las cuales los medios no dan más que una percepción uniforme.

–¿Quiere usted decir un enriquecimiento de la realidad?

–Eso ofrece perspectivas alternativas. Y a veces, sí, un cierto enriquecimiento de la textura de lo real. El doctor Albert Hoffman, que dirigió las investigaciones sobre el LSD para Sandoz me dijo un día haber tomado LSD solamente ocho veces. Yo le dije: ¿Por qué no más? ¿Por qué se ha detenido si estas experiencias lo abren a mundos diferentes? Me respondió: Una vez que usted supo de que se trata, ¿para qué repetir la experiencia? Y agregó: a partir de ahora, para sentir el mismo tipo de percepciones, me paseo en mi jardín, en la naturaleza. Eso es. Yo diría que el LSD tiene como efecto liberarlo a uno de una visión uniforme, condicionada de las cosas, la política, la cultura, las tecnologías, el progreso, etc.

–Esa era la función liberadora que se le atribuía a los alucinógenos durante los años sesentas. Pero los “junkies” de hoy presentan otro aspecto, lamentable y trágico. No toman la droga con el mismo fin que se tomaba en esa época.

–¡Oh, moierda! Eso forma parte de la propaganda y del lavado de cerebro propagado por los medios Hoy, cantidad de gentes todavía toman drogas con propósitos estéticos, en particular jóvenes. Pero es la propaganda oficial la que, al meter todas las drogas en el mismo saco y al considerar el fenómeno en su totalidad de una manera negativa, ha creado una enorme población de toxicómanos. Se ha mezclado todo. Los que se dedican a la marihuana, a las anfetaminas, la cocaína, a la heroína, a las drogas psicodélicas, se ha embutido a todo el mundo en el mismo guetto.

“No se ha provisto a las nuevas generaciones de ninguna indicación sobre la manera de utilizar las drogas psicodélicas. Hace mucho tiempo que se habría debido crear instituciones para ello en vez de reprimirlas y proscribirlas.  

– Pero los motivos por los que se toman drogas han cambiado también. Usted las tomaba para descubrir otras realidades. Hoy las toman simplemente para soportar la realidad.

–En realidad, hay una infinita variedad de gente que toman droga, y que no son en absoluto “harapos”. Los “harapos”  no son más que un dos por ciento de los jóvenes, esos que usted puede ver en la calle, a una cuadra de aquí. Debe considerar que entre 10 y 20% de los estudiantes de Harvard fuman marihuana, que un 30% ha probado el LSD, con la diferencia de que no hablan públicamente de ello porque no quieren que los molesten: podrían pretender el puesto de presidente de los Estados Unidos uno de estos días. De allí que usted no los vea. Los únicos que ve son las víctimas. Están sobre la 8ava. avenida. Justo ahí. Pero ahí también se encuentran los artistas, el rock´n roll , la vanguardia, los activistas políticos, etc. Y quienes toman drogas psicodélicas hoy siempre lo hacen con la misma idea.  

–¿Cambiar el mundo?

–Su conciencia de las cosas.  

–En su época, gente como Los Beatles esperaban también que…  

–Que el mundo cambiaría, sí. Pero descubrieron que las burocracias capitalistas y comunistas estaban tan parapetadas que eso tardaría cientos de años en llegar – después de todo,  le ha tomado a la revolución industrial sus buenos doscientos años para conducir el planeta a las crisis que enfrenta hoy–.

“La primera vez que Kerouac tomó psilocibina –Timothy Leary nos la había dado, lo que formaba parte de las experiencias de la Universidad de Harvard en 1960–, estábamos en mi apartamento de la época, a algunas cuadras de aquí. En un cierto momento, Leary y yo habíamos tratado de convencerlo de los formidables cambios en la sociedad a los que conducirían estas experiencias. Y Kerouac calmó nuestro entusiasmo diciendo: “Walking on water was not made in one day”: caminar sobre el agua no se hizo en un día, manera de decir que la resurrección no se hizo de un día para el otro.

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* Escritor costarricense.

Jean-François Duval es un escritor y periodista francés.

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