Sep 5 2015
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Política

Allende inmortal

Lo ocurrido en Chile el 4 de septiembre de 1970 a√ļn no ha desplegado toda su profunda trascendencia hist√≥rica. Tal como lo dijera esa noche desde el balc√≥n de la Fech el presidente electo Salvador Allende, emerg√≠a de lo m√°s profundo de la historia el primer gobierno aut√©nticamente democr√°tico, popular, nacional y revolucionario de Chile. Se detonaba un momento √ļnico en la aporreada vida del pueblo que desde su anonimato incansable y f√©rtil hizo lo posible por ese triunfo largamente buscado, que tantos obst√°culos debi√≥ superar y tanta traici√≥n tuvo que sortear.
Lo excepcional del gobierno de Salvador Allende fue el hecho de que por primera vez los m√°s pobres sab√≠an que ese m√©dico, socialista de verdad, los representaba y no buscaba abusar de su esperanza. Esa fe nac√≠a de una marginaci√≥n centenaria, de sue√Īos eternamente postergados.
Salvador Allende dej√≥ latiendo un pulso hist√≥rico que ha tardado en ser entendido en su cabal mensaje y compromiso: el honor, la lealtad, la fidelidad a la palabra empe√Īada, el sentido de coherencia.
El triunfo de Salvador Allende representa un momento √ļnico e irrepetible. Inaugura mil d√≠as en que cada uno pareci√≥ ser el primero, pero tambi√©n el √ļltimo. Y ser√≠a el pueblo allendista, el marginado, el explotado, el hombre y la mujer sin futuro, quienes entendieron mejor su profundidad revolucionaria. Pero la victoria de Salvador Allende deton√≥ el odio m√°s profundo de los poderosos. Movi√≥ rencores y prejuicios anidados en quienes toda medida es riqueza, y todo valor tiene un precio.
Esa noche heroica e irrepetible notific√≥ al imperialismo norteamericano, el enemigo de todos los pueblos, que en este peque√Īo pa√≠s comenzaba un proceso que trascender√≠a la geograf√≠a y la historia y que por su impronta popular y el despliegue inusual y original de su optimismo, se alzaba como un peligroso ejemplo. La victoria del 4 de septiembre de 1970 fue ante todo la victoria de los m√°s despose√≠dos.chile allende y fidel1
Desde su ejemplo Allende sigue exponiendo en su verg√ľenza la cobard√≠a de militares traidores y rastreros que sucumbieron a potencias extranjeras, al dinero de la oligarqu√≠a y al odio de clase.
En estos días hemos visto la irrupción de empresarios del transporte en un intento de provocar al gobierno aprovechando su debilidad y vacilaciones. No olvidamos el rol de esos sectores en el derrocamiento del gobierno popular, financiados por la CIA y con apoyo de políticos que hoy lucen vestimentas democráticas.
El pueblo jam√°s abandon√≥ a Salvador Allende. S√≠ lo hicieron algunos de los que se dijeron sus compa√Īeros. Y lo siguen haciendo con singular entusiasmo. Es que el ejemplo de Salvador Allende se transform√≥ en una valla dif√≠cil de sortear para quienes lo olvidaron al amparo de los goces del poder. Allende es para la memoria de algunos un recuerdo inc√≥modo, un destello que molesta. Para muchos es solo una estatua. No para el pueblo. Para la gente humilde es un ejemplo que impulsa, un recuerdo que emociona, un muerto imbatible.
A cuarenta y cinco a√Īos de aquel triunfo de la gente pobre, vivimos el contraste inimaginable entre el Programa Popular y el pa√≠s que la mayor√≠a sufre, y que ha sido perfeccionado con el concurso de quienes se dijeron sus camaradas. Las riquezas que fueron rescatadas para beneficio del pa√≠s, hoy son propiedad de capitales extranjeros que dejan un hoyo est√©ril donde estuvo la viga maestra de nuestra econom√≠a. Se depreda el mar para goce de un pu√Īado de familias que arrasan con sus riquezas. Destazaron la incipiente industrializaci√≥n del pa√≠s, dejando que en otras latitudes se fabrique lo que se podr√≠a hacer aqu√≠. Se carcomi√≥ la tierra, se envenen√≥ el aire, el agua y destruyeron los glaciares.
La ‚Äúcultura‚ÄĚ que se entroniz√≥ con apoyo de algunos allendistas conversos, pulveriz√≥ todo intento por restituir los derechos humanos que hacen de la existencia algo grato de vivir.
Se destina a los viejos a sufrir la √ļltima parte de sus vidas en la pobreza m√°s indigna para que de su trabajo disfruten empresarios abotagados de riqueza levantada sobre la base de pensiones de horror.
La infancia no es lo que fue en el ideario de Allende. Los ni√Īos ya no nacen para ser felices, sino para ser considerados clientes del consumo y la estulticia, cuando no de la droga y otras lacras hijas del desprecio y la pobreza.
Se privatizó la educación, la salud, las carreteras, los puertos, las cárceles y todo cuanto genere beneficios a los que lo controlan todo. Las ciudades se han transformado en una geografía anárquica, a expensas del clima, de edificaciones que asfixian a los habitantes, creando guetos abominables donde van a parar los más pobres de los pobres. El negocio inmobiliario rompe todas las reglas de la civilización.chile salvador-allende-y-fidel-castro
El país se ha poblado de industrias tóxicas que generan medioambientes sucios, contaminados, trasminados de olor a mierda, de residuos sobre los cuales se construyen casas, escuelas y calles.
El pueblo mapuche sigue con sus tierras militarizadas, lamentando de tarde en tarde el asesinato de sus jóvenes.
Y cada una de estas desgracias que pagan d√≠a a d√≠a los m√°s despose√≠dos, es la forma que adquiere en su proyecci√≥n hist√≥rica la venganza de los poderosos por esos tres a√Īos tan lejanos y sin embargo tan cerca en el recuerdo.
Y en ese tr√°nsito hacia un pa√≠s dise√Īado para una oligarqu√≠a, encabezando un proyecto antipopular, burlando los derechos m√°s elementales de la gente y mediante represi√≥n, se sit√ļan algunos que un d√≠a dijeron ser compa√Īeros del presidente Allende.
En el fondo, la trenza de poderosos que ha instalado esta cultura inhumana y ajena, intenta imponer la certeza de que no es posible un intento siquiera parecido al que ganó aquella noche del 4 de septiembre de 1970.
A cuarenta y cinco a√Īos de ese d√≠a heroico, las esporas de aquella Izquierda compa√Īera y decidida se debaten en la nada, sin atinar a generar una idea que permita un nuevo horizonte. Peor a√ļn, sin entender este mundo en que vivimos. Entregados en cuerpo y alma al sistema, los otrora combativos partidos que conformaron la Unidad Popular trastocaron la trinchera por el directorio y el pu√Īo en alto por el traje de marca. Y de lo que hubo, no queda sino alg√ļn afiche deste√Īido.
De esas maquinarias electorales √°vidas de poder jam√°s va a salir una opci√≥n que retome las antiguas banderas y sume las contempor√°neas. Ser√°n otros quienes demuestren que nada es eterno, que ning√ļn sistema es capaz de aplastar a un pueblo provisto de una idea y de una decisi√≥n de futuro.
Late fuerte la esperanza en las nuevas generaciones que hacen sus primeras armas en la lucha social y pol√≠tica, opuestas a un destino que parece inevitable. La juventud chilena que fue vanguardia en esa gran batalla de los 70, seg√ļn dijera el mismo Salvador Allende, ha hecho bastante por desnudar esta cultura avasalladora y miserable. Pero no todo lo necesario.
Con las organizaciones de trabajadores en el atolladero de la politiquer√≠a, cooptadas sus organizaciones, sus dirigentes y estructuras, son los j√≥venes los llamados a empujar la historia y ofrecer un camino de lucha a este presente que a veces parece irremediable y definitivo. Innumerables colectivos, agrupaciones, frentes, iniciativas y coordinadoras de Izquierda pululan en escuelas, Facultades, poblaciones y sindicatos sin que se logre un lenguaje com√ļn y un camino a compartir.
Y olvidado de casi todo, a la espera de su hora, está el pueblo. En este extravío que a veces abruma, la figura de Allende y su porfía trascendente es un buen punto de partida. Su decisión por cambiar un destino que parecía inmodificable lo hizo un campeón de la unidad, capaz de comprender las diferencias como propias de la riqueza humana, más que como insalvables fronteras. Supo que la unidad requería de una alta dosis de generosidad, de voluntad y decisión y por sobre todo, de una especial preocupación por el que nunca es tomado en cuenta: el pueblo.
En tiempos de brumas e incertidumbres haría muy bien el ejercicio de sentirse allendistas, no solo para reivindicar un heroísmo que transciende nuestro tiempo, sino como un imperativo que urge considerar: que el pueblo de Chile es el legatario indiscutible del inmortal ejemplo de Salvador Allende.
*Editorial de ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ, edici√≥n N¬ļ 836, 21 4 de septiembre, 2015

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    1 Coment√°rio

    Comentarios

    1. Antonio Casalduero Recuero
      8 septiembre 2015 20:31

      Qu√© duda cabe de que la figura inmortal de Salvador Allende ha seguido agrand√°ndose en el tiempo, la epopeya de su acto ha trascendido largamente las dimensiones de propia √©poca, la consecuencia de sus actos con la palabra empe√Īada a√ļn no ha sido superada por ninguno de los actuales dirigentes, y eso a m√°s de cuarenta y dos a√Īos de aquella magna odisea. El s√°trapa y el esbirro colocado por el imperio, que se mantuvo por 17 a√Īos en el poder bajo el poder de las armas y el terror, es hoy no m√°s que un despojo arrojado al vertedero de la historia, yace en la fosa ignominiosa de los que por unas monedas fueron capaces de sembrar la muerte entre sus propios compatriotas, la sola menci√≥n de su nombre provoca asco y repulsi√≥n.