Dic 22 2004
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Opinión

Almuerzo campestre en el desierto. El desastre de Mosul

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hace m√°s de una d√©cada Sadam Hussein se alist√≥ para la Madre de todas las Batallas; la tormenta convocada por el entonces general Colin Powell hizo que los ¬ęanalistas¬Ľ olvidaran que Hussein jam√°s di√≥ plazos ni se√Īal√≥ un √°rea espec√≠fica para la parici√≥n de esa cruel madre.

Tras ¬ęrecuperar¬Ľ los pozos petroleros kuwat√≠es -incidentalmente Kuwait es para los iraqu√≠es algo as√≠ como Palestina para los hebreos, pero con t√≠tulos menos discutibles y m√°s recientes- los ¬ęaliados¬Ľ desataron otra tormenta sobre un pueblo castigado por la dictadura, que no se terminaba de recuperar de la sangrienta guerra contra Ir√°n y que buscaba los medios para encauzar el descontento que produc√≠a el prolongado y a veces duro gobierno de Sadam Hussein.

Armar la mesa para el banquete

Desde luego los visionarios dirigentes pol√≠ticos occidentales no escucharon sus voces; ni la de la oposici√≥n chi√≠ta, que ped√≠a pertrechos para la acci√≥n directa contra el gobierno, ni de la oposici√≥n sunita que intent√≥ apostar al recambio pol√≠tico y administrativo. Afganist√°n era un lugar remoto, nadie hab√≠a o√≠do hablar de Al Qaeda, las Torrres Gemelas eran ¬ęel¬Ľ s√≠mbolo, Arabia Saudita controlaba a la d√≠scola OPEP de la primera mitad de la d√©cada de 1971/90 …Y estaba Yugoslavia.

La segunda prueba de la tecnolog√≠a b√©lica, caliente, dir√≠amos, la arena por los bombardeos -incluyendo aquellos con proyectiles recubiertos por el contaminante ¬ęuranio empobrecido¬Ľ-. fue en territorio de esos molestos serbio-comunistas, como lo fue en la segunda mitad de la d√©cada de 1931/40 la Espa√Īa, casualmente, llena de rojos y anarcos.

Mientras, se montaba la campa√Īa de petr√≥leo por medicamentos y comida para Iraq -que cost√≥ la vida a m√°s de un mill√≥n y medio de personas, la mayor parte ni√Īos- se implement√≥ otra con una nueva bestia negra: la Rep√ļblica Serbio-Montenegrina con un nuevo Vlad Dracul: Slobodan Milosevic.

De la noche a la ma√Īana aquellos que en Croacia hab√≠an colaborado -con orgullo- con los nazis durante la ocupaci√≥n alemana de Los Balcanes se convirtieron en v√≠ctimas a las que el yugo serbio no dejaba vivir y medrar en paz. Croacia era otra bandera para la globalizaci√≥n, serbia era una bandera regional. Al medio, de paso, mor√≠an musulmanes y los hermanos kosovares daban las mejores fotos a los corresponsales para vender diarios y revistas en ¬ęOccidente¬Ľ. Tambi√©n aprovecharon el tiempo y armaron sus redes comerciales en Europa: contrabandos varios, una poca de hero√≠na por la ruta del sur, alguna trata de blancas, ¬Ņpor qu√© no un poco de hach√≠s?, etc…

Todo muy bien. Hasta que lleg√≥ la aciaga ma√Īana de setiembre de 2001. Los poco m√°s de tres mil muertos -no nos enga√Īemos- no importaron a nadie, salvo a sus familias y amigos. Sucede que los confusos atentados del 11 de setiembre de ese a√Īo coincidieron con la divulgaci√≥n de otros hechos. Por ejemplo, que la econom√≠a estadounidense despertaba con todos los s√≠ntomas de una noche -una d√©cada en verdad- de excesos; que la japonesa no levantaba cabeza, que la alemana estaba con el freno puesto, que China produc√≠a una sombra inquietante creciendo a un promedio que superaba el nueve por ciento anual.

Buscando el mantel

Los imperios, sus dirigentes, son a menudo crueles, pueden cometer errores fant√°sticos que los llevan a la ruina, son arrogantes; pero no pueden ser irresolutos ni ignorantes. El neo imperio del XXI no es irresoluto.

Era necesario redibujar el mapamundi y volver a nombrar aliados, amigos y enemigos. Afganist√°n nunca fue un objetivo por s√≠ mismo; Afganist√°n -como anta√Īo- es una geograf√≠a de tr√°nsito. Como tal incide hasta el oeste sobre Rusia y ¬ęsus¬Ľ rep√ļblicas cauc√°sicas; al nor-este con China, hacia el sur con Pakist√°n. Por su suelo pasar√°n los nuevos gasoductos y oleoductos de los yacimientos que est√°n a tiro de piedra de su territorio. Ser musulm√°n -no √°rabe- lo vincula con Oriente Medio.

Se ocup√≥, pues, Afganist√°n a costa de un cuasi holocausto y nadie sabe lo que all√≠ ocurre desde entonces, salvo que alg√ļn atentado en contra de los invasores y sus empleados locales sea demasiado grande. Como primer efecto, se debilit√≥ el flanco ruso en la zona, en segundo lugar se hizo posible una base muy pr√≥xima a China; en tercer lugar se reabri√≥ la puerta para los cargamentos de ¬ęcaballo¬Ľ que llegan a lomo de mula y en 4X4 a Europa, que los talibanes hab√≠an cerrado.

Nada de eso bast√≥. Asegurar el combustible para la energ√≠a de los pr√≥ximos a√Īos era vital. Y tambi√©n apostar un poco a que la industria b√©lica pod√≠a ayudar a la recuperaci√≥n de la econom√≠a. Y esa otra cosa, tan poco definible, que es en apariencia mera ret√≥rica, pero que en una sociedad violenta es cuestion de honor: preguntarse y preguntar qui√©n manda aqu√≠.

Geoestratégicamente: Iraq, luego Irán. Y bajo la manga la ficha final: Arabia saudita. Y todo debía hacerse rápido. Presentar a los no tan oxidados arsenales rusos hechos consumados, no permitir que la angustia les proponga alguna locura (se sabe, los eslavos cometen locuras). También hacerlo antes de que China alcance categoría de real potencia.

Fue fácil para un equipo humano resuelto: las armas de destrucción masiva, no importa si inexistentes, y las relaciones del gobierno con Osama ben Laden -no importa si también inexistentes- proveyeron el pobre recurso publicitario. A Iraq se lo pretendió un paseo para las fuerzas terrestres que lo invadieron en 2003, el fatídico almuerzo de este diciembre de 2004 revela que el mantel estuvo muy mal puesto.

Los entremeses los gustaron en Faluja, tanto, que barrieron con la ciudad. Sin embargo, lo ense√Īan algunos libros, una mesa bien puesta es propia de gente culta. Y en este caso los malos modales pueden hacer que antes de lo imaginado terminemos todos -esto es: los sobrevivientes- comiendo raicillas y buscando, para el postre, frutos en los bosques que habr√°n exterminado.

¬ęLos delitos contra el derecho internacional son cometidos por hombres, y no por entidades abstractas, y s√≥lo mediante el castigo de los individuos que cometen tales delitos pueden aplicarse las disposiciones del derecho internacional¬Ľ, se afirm√≥ en N√ľremberg.

Así sea.

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