Jun 20 2019
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Economía

Alquimia neoliberal: más de cuatro millones de argentinos desocupados o subempleados

 

En la Argentina del gobierno neoliberal de Mauricio Macri, el desempleo urbano alcanzó al 10,1 por ciento, lo que significa que dos millones 133 mil trabajadores urbanos sin trabajo, a lo que se suma la disparada de la subocupación que, según cifras oficiales, roza el 12% de la población económicamente activa.

Proyectado a nivel de la población total urbana del país (unos 41,4 millones de personas), son 1.961.840 las personas desempleadas, 211. 800 más que en el mismo período del año pasado. Desde que asumió el actual gobierno en diciembre de 2015, el nivel de desempleo casi se duplicó, al pasar de 5,9 por ciento del tercer trimestre de 2015 hasta ubicarse en el 10,1 por ciento actual.

El compañero del desempleo y de la pobreza, es la miseria. Al aumento del índice de pobreza confirmado por la Universidad Católica Argentina (31,3%) sobre 2018 se sumó el Índice de Miseria de la Universidad del Salvador (USAL): «Entre los países seleccionados de Sudamérica el mayor índice del cuarto trimestre de 2018 fue el de Argentina (63,8), seguido por Brasil (13,2) y Colombia (11,4). Los menores correspondieron a Uruguay (6,9) y Ecuador (2,9)».

La desocupación

El nivel de desocupación, cara humana de una crisis que agobia a los sectores de la industria, la construcción y el comercio,  es el más alto de los últimos trece años, desde que en el tercer trimestre de 2006 alcanzara el 10,2 por ciento, y recoge en cifras del cotidiano cierre de pequeñas y grandes empresas en todo el país. Un dato significativo es el del crecimiento del empleo no registrado, que alcanzó el 35 por ciento.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) señaló que en los 31 aglomerados urbanos medidos se generaron 155.000 desocupados respecto de igual período del 2018, para alcanzar a un millón 183.000 en esos distritos. En subocupados la cifra creció en 296.000, para sumar un millón 562.000 trabajadores con trabajos temporales o de medio tiempo.

Si se extrapolan los datos del relevamiento oficial en 31 ciudades a toda la población activa del país, el número de desempleados creció en 242.000 personas, hasta llegar a dos millones 133.000 desocupados, situación causada por la crisis en construcción, industria y comercio, los pilares de la economía sana.

Las políticas del gobierno de Macri disparó un proceso de quiebras en el segmento de la pequeña y mediana empresa, principal empleador privado, al que se suma la situación de grandes compañías, desde Loma Negra a la trasnacional Puma. “Los desocupados provenientes de la construcción y del comercio pasan, en cada caso, a representar el 20,3 y el 17,1 por ciento del total de desocupados del trimestre”, explica el informe del Indec.

En plena campaña electoral,  el gobierno insiste en imponer el imaginario colectivo de que la crisis económica tocó fondo, pero las cifras oficiales dan cuenta que todavía no se conoce a fondo el efecto completo de las políticas implementadas en los últimos 40 meses.

La población económica activa (que ingresa al mercado laboral) aumentó en 353.000 personas, pero la cantidad de ocupados creció en 198.000 puestos, lo que deja en claro que casi la mitad de los que intentaron buscar trabajo no lo lograron, a lo que se suma la destrucción de puestos derivada de la caída de la actividad.

Los jóvenes ¿sin futuro?

Entre los jóvenes, la situación laboral es peor: la tasa de desempleo en las mujeres de entre 14 y 29 años se ubicó en un desolador 23,1 por ciento, 2,2 puntos más que un año atrás, mientras que entre los varones del mismo  rango etario el desempleo es de 18,5 por ciento, 3,2 puntos más que doce meses atrás.

Según el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento, el desempleo afecta más a los jóvenes que a los adultos. Casi dos de cada diez jóvenes están desempleados, mientras que incide sobre el 7,4% de la población en general. La tasa de desempleo en los jóvenes duplica a la de la población adulta en general. La Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región.

El desempleo afecta más a los jóvenes que más necesitan trabajar: los provenientes de hogares de menores ingresos. Mientras el 26% de los jóvenes del quintil más bajo de ingreso es desempleado, solo el 9% de los jóvenes del quintil más alto está en esa situación. El género es otro predictor de vulnerabilidad laboral: hay más mujeres jóvenes desempleadas que varones, en un país donde el 35%.de los trabajadores está en situación de informalidad.

Si se consideran solamente los trabajadores jóvenes, ese porcentaje asciende al 60%, es decir que seis de cada diez jóvenes que trabajan lo hacen de forma precaria. La informalidad  se traduce en que ganan el salario mínimo o menos, trabajan por jornadas extendidas, en situaciones insalubres y sin protección social (sin vacaciones pagas, licencias por estudio, por maternidad o paternidad en caso de tener un hijo, ni aportes jubilatorios) lo que tiene consecuencias graves para el futuro de los jóvenes.

La informalidad del primer empleo es un predictor importante de trayectorias de exclusión: impacta negativamente sobre los ingresos futuros, sobre la probabilidad de tener un trabajo decente y de acceder a la jubilación. Los jóvenes enfrentan una gran disparidad entre lo que la demanda de trabajo les exige y lo que les ofrece. Se les pide conocimientos técnicos y capacidades cognitivas, sociales y emocionales mucho mayores que los requeridos para el puesto, pero simultáneamente no se les ofrece protección social ni condiciones decentes, añade el CIPPEC.

Contracción generalizada

En un proceso de marcada contracción del poder adquisitivo de los ingresos y de destrucción de trabajo registrado, los nuevos trabajadores y aquellos que perdieron sus puestos formales, se ven obligados a aceptar empleos precarios  para enfrentar el contexto adverso, lo que marca la fuerte expansión del empleo no registrado y del trabajo por cuenta propia en el último año.

El desempleo más elevado se da en el comercio (18,3%) a partir del cierre de negocios ante el congelamiento del consumo por la pérdida de poder adquisitivo, seguido por el conglomerado industrial (11,3%) guarismo que se repite en el sector de los servicios financieros y alquiler, donde repercute el cierre de inmobiliarias. En la construcción, el índice de desempleo se mantuvo en 8,6 por ciento, igual que el registro de un año atrás.

Mientras, la subocupación, causada por la caída de la actividad y de la decisión de las empresas de suspender personal y reducir horas, creció de manera significativa en dos puntos porcentuales, a 11,8 por ciento, respecto de igual trimestre de 2018 (9,8 por ciento). Los desocupados que llevan menos de un mes de búsqueda laboral aumentaron en 3,8 puntos, mientras que los desempleados con un plazo superior a un año se ubicaron en 31,3 por ciento.

El Gran Buenos Aires (11,1%) y la región pampeana (sur del país, 10,2%) lideraron los niveles de desempleo dentro del relevamiento de los 31 aglomerados urbanos, caída de la actividad provocada por la destrucción de industrias y comercios en los principales polos productivos. En el cono urbano de Buenos Aires (la zona de mayor población económicamente activa, de cinco millones 743 mil personas) el desempleo alcanzó 12,3 por ciento, equivalente a 705 mil ciudadanos sin trabajo.

Es la alquimia de un gobierno neoliberal que quiere avanzar, también, con la reforma previsional, para desamparar aún más al sector laboral: a la inmensa mayoría del país.

*Periodista económico argentino, analista asociado a al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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