Ago 19 2012
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CulturaSociedad

脕lvaro Cuadra* / Manifestaciones en Chile: educaci贸n y democracia

En las sociedades burguesas del siglo XIX, Francia en primer lugar, se instituy贸 鈥渓鈥櫭ヾucation publique鈥 de tipo laica y de acceso libre para todos los ciudadanos. Tal logro se entendi贸, por cierto, como un derecho ciudadano garantizado por el estado. De este modo, el laicicismo se opuso al verdadero monopolio clerical en la educaci贸n. | 脕LVARO CUADRA.*

 

1.- Educaci贸n p煤blica, gratuita y de calidad
Ese mismo esp铆ritu se instal贸 en tierras americanas donde el peso de la Iglesia era incontrarrestable en los albores de nuestra rep煤blica. Sea bajo la forma filantr贸pica, como las 鈥淓scuelas Matte, o como d茅biles pol铆ticas de gobierno, la tendencia fue la misma, ampliar este derecho de la ciudadan铆a. Los gobiernos de tipo socialista no hicieron sino profundizar esta tendencia modernizadora.

 

As铆, el gobierno del Frente Popular encabezado por don Pedro Aguirre Cerda en Chile cuyo lema 鈥淕obernar es educar鈥 es elocuente, otro tanto aconteci贸 con las revoluciones triunfantes como es el caso de Cuba donde una de las primeras pol铆ticas del nuevo gobierno fue establecer una radical campa帽a de alfabetizaci贸n.

 

Desde otro punto de vista, se puede afirmar que la educaci贸n p煤blica fue, al mismo tiempo, una 鈥渆ducaci贸n alfab茅tica鈥. La 鈥渓ecto-escritura鈥 era el dispositivo axial que organiz贸 no solamente la cultura sino, tambi茅n, todo el curr铆culo desde el nivel primario hasta la universidad.
La graf贸sfera, es decir, el universo escritural, organiz贸 la cultura, tanto como modo de producir, distribuir y consumir bienes simb贸licos, as铆 como una manera particular de entender el mundo.

 

Esta cultura letrada nos proporcion贸 una manera de comprender y practicar lo pol铆tico, cuyos ejes se hallan en la figura del tribuno, pero tambi茅n en la expansi贸n de la literatura y la prensa.

 

Entre las muchas tensiones que atraviesa hoy la cuesti贸n educacional se encuentra, justamente, un debilitamiento paulatino de la educaci贸n alfab茅tica y el advenimiento de una 鈥渃ultura virtual鈥 que, hasta el presente, no se traduce en una 鈥渆ducaci贸n virtual鈥. Esta nueva 鈥渃ultura virtual鈥 merece nuestra atenci贸n no solo en cuanto la hegemon铆a tecno industrial plena y de alcance planetario sino y, muy especialmente, como un estadio de la cultura humana en el presente.

 

Las habilidades lecto-escriturales van cediendo su espacio a los signos audio visuales dispuestos en una red digital, estamos ante la emergencia de una 鈥渧ide贸sfera鈥. Este nuevo r茅gimen cultural entra帽a mutaciones en los procesos de socializaci贸n y, ciertamente, en el estatuto mismo del saber en las sociedades tardo capitalistas.

 

Conviene tener presente estas consideraciones, pues, atienden a un fen贸meno mundial que se relaciona con uno de los reclamos estudiantiles planteados por los estudiantes. En efecto, el reclamo estudiantil posee una doble dimensi贸n: Por una parte, se quiere el reconocimiento de la educaci贸n como un derecho ciudadano elemental, esto es, una educaci贸n p煤blica gratuita. Se trata de restituir aquel principio que estuvo al origen de la educaci贸n p煤blica y oponerlo a la tesis neoliberal que lo asume como un bien de consumo.

 

Se le reclama al Estado que vuelva a ocupar su papel protag贸nico frente a un mercado voraz e injusto.

 

Sin embargo, m谩s all谩 del reclamo hist贸rico de los estudiantes por la restituci贸n de un principio democr谩tico de larga data, est谩 contenida una demanda por la calidad de la educaci贸n. Contra lo que pudiera pensarse, y por hereje que parezca a primera vista, el problema de la calidad de la educaci贸n es mucho m谩s complejo y de dif铆cil resoluci贸n que la restituci贸n de su car谩cter gratuito y p煤blico.

 

Esto es as铆 porque no existe, todav铆a, una pedagog铆a ni un modo de gesti贸n educacional capaz de hacerse cargo del nuevo 鈥渞茅gimen cultural鈥 Se instala, por lo pronto, una interrogante no f谩cil de responder, qu茅 se debe entender por calidad en el presente siglo. En pocas palabras, no hemos desarrollado una inteligencia pedag贸gica que garantice un proceso ense帽anza-aprendizaje de calidad y a la altura de la 茅poca en que nos toca vivir.

 

2.- De la filantrop铆a a la licantrop铆a

Si bien la pregunta por el concepto de 鈥渃alidad鈥 en la educaci贸n en el siglo XXI es m谩s que pertinente, la cruda realidad de nuestro pa铆s impone restricciones m铆nimas. Lo concreto y lo cierto es que el deterioro de la educaci贸n en Chile es de tal magnitud y posee tantas aristas que exige morigerar las cuestiones te贸ricas.

 

Como en muchas actividades del pa铆s, incluida la democracia, estamos ante una impostura en que miles de profesores fingen ense帽ar, miles de estudiantes fingen estudiar y el pa铆s finge que se ocupa de la educaci贸n de los chilenos.

 

Uuna mirada panor谩mica al desastroso estado en que nos encontramos debiera considerar, como m铆nimo, que existen colegios primarios en regiones del pa铆s con un profesor 煤nico, o que la ense帽anza secundaria gasta miles de horas en idioma ingl茅s sin que los estudiantes adquieran las m谩s m铆nimas habilidades en esa lengua. La gran mayor铆a de los estudiantes graduados de Educaci贸n Media no hablan ingl茅s, pero tampoco 鈥渉ablan鈥 matem谩ticas, f铆sica, biolog铆a y escasamente manejan su lengua vern谩cula.

 

Estamos certificando a generaciones de estudiantes mal preparados que no poseen, siquiera, las competencias b谩sicas para integrarse al mercado ocupacional. A esto se agrega un contingente de profesores con una formaci贸n universitaria d茅bil, mal pagados, escasamente valorados socialmente, ayunos de est铆mulos y ajenos a pol铆ticas de perfeccionamiento y capacitaci贸n.

 

Todo ello en un marco jur铆dico y administrativo aberrante en que la figura de un 鈥渟ostenedor鈥 convierte la educaci贸n en un negocio y su presencia en un lastre para cualquier reforma, mientras los gobiernos locales, municipios, han resultado incapaces de administrar m铆nimamente los colegios a su cargo.

 

Todo en el deprimente escenario de edificios en mal estado, sin calefacci贸n donde, muchas veces, el problema no es la ense帽anza sino el almuerzo, el desayuno, la violencia o el consumo de drogas.

 

A nivel universitario la situaci贸n no es m谩s alentadora, si bien la ley cualifica estas instituciones como entidades 鈥渟in fines de lucro鈥, todos saben de la figura legal de una inmobiliaria asociada que permite burlar la ley. Si anta帽o fue la filantrop铆a burguesa la que se sum贸 a los esfuerzos educacionales del pa铆s, hoy es m谩s bien una suerte de licantrop铆a la que preside el mercado de la educaci贸n superior.

Tal como reza el antiguo adagio latino Homo homini lupus, en Chile muchos empresarios de la educaci贸n se han convertido en lobos, cuyo objetivo central es lucrar con el derecho de sus semejantes a la educaci贸n, endeudando a miles de familias que invierten sus esfuerzos para formar y educar a sus hijos.

 

Esta visi贸n cr铆tica, sin embargo, no debe llevarnos al pesimismo absoluto. Asumir el estado catastr贸fico en que nos encontramos es ya un primer paso. Las manifestaciones de los estudiantes, casi inadvertidamente, constituyen un signo alentador y ponen la cuesti贸n en una dimensi贸n pol铆tica y moral.

 

Los cientos de miles en las calles est谩n testimoniando la conciencia de que lo que est谩 ocurriendo con la educaci贸n en Chile no est谩 bien, y mejor a煤n, los estudiantes nos est谩n diciendo 鈥渆sto que acontece en nuestro pa铆s no es correcto鈥 Ha cristalizado en este momento la conciencia hist贸rica de que nuestra sociedad debe plantearse cambios de fondo.

 

3.- Las encuestas y la desmovilizaci贸n estudiantil

El actual gobierno de derechas, con el auxilio de la m谩xima autoridad eclesi谩stica, busca desalentar a los j贸venes que protestan mediante llamados a la paciencia y esgrimiendo sondeos seg煤n los cuales nadie quiere violencia callejera ni 鈥渢omas鈥 de colegios. Se argumenta que la movilizaci贸n estudiantil se habr铆a desnaturalizado para convertirse en una demanda pol铆tica.

 

Las autoridades buscan instalarse en cierto 鈥渟entido com煤n鈥, insistiendo en lugares comunes que no atienden al fen贸meno estudiantil. Lo primero que habr铆a que advertir es que la movilizaci贸n estudiantil es, por definici贸n, un acontecimiento pol铆tico y social. Si bien la demanda de los estudiantes se enmarca en el 谩mbito educacional, es claro que su horizonte interpela el actual estado de cosas en nuestro pa铆s. De suerte que la instrumentalizaci贸n de sondeos o los llamados de la Iglesia constituyen, esencialmente, gestos pol铆ticos destinados a la desmovilizaci贸n estudiantil.

 

La movilizaci贸n de los estudiantes se suma a los reclamos en sordina de otros movimientos sociales. Se trata de una movilizaci贸n democr谩tica que demanda cambios pol铆tico institucionales. El ordenamiento pol铆tico e institucional de nuestro pa铆s se basa en una 鈥済ram谩tica鈥 estatuida en la constituci贸n.

 

En rigor, estamos sumidos en una cultura gramatical, un universo en que lo legal y lo ilegal est谩 estampado en 鈥渦n libro鈥. Ahora bien, sabemos de sobra qui茅n y con qu茅 prop贸sito escribi贸 dicho texto constitucional en la d茅cada de los ochentas del siglo pasado.

 

La movilizaci贸n social democr谩tica entra帽a, necesariamente, un horizonte pol铆tico que no puede ser otro que abolir 鈥渆l libro鈥 cuya legalidad consagra la injusticia, sometiendo a las mayor铆as a condiciones paup茅rrimas en todos los aspectos de la vida a favor de grandes intereses econ贸micos. El reclamo democr谩tico no podr铆a ser otro que poner t茅rmino a una constituci贸n antidemocr谩tica. Todo gesto por desmovilizar y desprestigiar el movimiento estudiantil, como hace el gobierno de la mano de dignatarios religiosos, afirma, consciente o inconsciente de ello, una legalidad profundamente inmoral e instituida como gram谩tica oficial hace tres d茅cadas por una dictadura militar.

 

4.- Riesgos y perspectivas

Un distinguido analista pol铆tico , propone una visi贸n comparativa entre las movilizaciones estudiantiles de la actualidad respecto al a帽o precedente y detecta lo que 茅l llama 鈥淓l desinfle del a帽o despu茅s鈥, en una l铆nea pr贸xima al actual gobierno que exhibe cifras seg煤n la cuales la ciudadan铆a rechaza las 鈥渢omas鈥 y todas las formas de violencia. En un gesto temerario llega a plantear la pregunta: 鈥溌縋or qu茅 fracasan o terminan diluy茅ndose los movimientos sociales?鈥 que pretende reeditar entre nosotros la interrogante propuesta por Gladwell: 鈥淲hy the Revolution will not be tweeted?鈥

 

Las revoluciones no pueden ser fruto de tales o cuales tecnolog铆as. 脡stas, en efecto, catalizan fen贸menos hist贸ricos y sociales pero no se constituyen como agentes de cambio en s铆 mismas. No obstante, ello no autoriza a pronosticar, en la actualidad, el fracaso los diversos movimientos sociales que se est谩n dando en el mundo entero. La experiencia egipcia, por ejemplo, demuestra que un movimiento ciudadano ha sido capaz de hacer caer un gobierno y cambiar el rumbo hist贸rico de ese pa铆s.

 

En el caso de Chile, es cierto que entre nosotros se afirm贸 una institucionalidad partidocr谩tica que administr贸 lo pol铆tico, tempranamente, durante gran parte del siglo XIX y XX, debilitando el desarrollo movimientista como ocurri贸 en otras latitudes. Sin embargo, estamos lejos de aquel mundo republicano e ilustrado en que los partidos pol铆ticos pose铆an un arraigo entre los ciudadanos.

 

El s铆ntoma inequ铆voco del presente pol铆tico es la crisis de los partidos. En estas circunstancias hist贸ricas, anunciar el fracaso ineluctable de los movimientos sociales resulta, por lo menos, incierto.

 

M谩s que a una 鈥渆nfermedad infantil鈥, estamos asistiendo a la irrupci贸n de diversas formas de demandas ciudadanas en un espacio pol铆tico donde los partidos est谩n debilitados o ausentes. Lo que advertimos en la actualidad no es el fracaso de los movimientos sociales sino, por el contrario, un fracaso de los partidos pol铆ticos cautivos de un orden binominal y cooptados por una democracia de baja intensidad dise帽ada por las elites durante la dictadura que muestra cada d铆a sus arrugas y fisuras.

 

Todo movimiento social, como cualquier empresa hist贸rica, tiene riesgos que son fruto de sus propias tensiones y del asedio constante desde el poder. Como en toda genuina experiencia hist贸rica nada est谩 garantizado de antemano, en este sentido estricto, la movilizaci贸n estudiantil chilena es aprendizaje.

 

No es posible predecir un derrotero ni, mucho menos, un resultado final. Solo nos cabe constatar su din谩mica presente, su abigarrada presencia como demanda pol铆tica y social.
鈥斺
* Semi贸logo.
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Universidad de Artes y Ciencias (ARCIS), Chile.

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