Ene 17 2013
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Opini贸nPol铆ticaSociedad

Anatom铆a del kirchnerismo

Tres conceptos son necesarios para comprender el kichnerismo: reconstrucci贸n del estado capitalista, r茅gimen neo-populista y gobierno de centroizquierda. Estas nociones clarifican el ciclo actual y contribuyen a gestar un proyecto superador desde la izquierda.

Capitalismo serio con burgues铆as subsidiadas

El Kirchnerismo emergi贸 bajo los efectos de la rebeli贸n del 2001 y se aboc贸 a restaurar el estado cuestionado por esa sublevaci贸n. Recompuso un organismo desarticulado por la extinci贸n de la moneda, la paralizaci贸n de las fuerzas represivas y la conversi贸n de escuelas en comedores sociales. Actu贸 en un marco signado por la evaporaci贸n de los contratos y la pulverizaci贸n del sistema pol铆tico.

Entre el 2003 y el 2007 Kirchner restableci贸 el funcionamiento de la estructura estatal que garantiza los privilegios de las clases dominantes. Pero consum贸 esa reconstituci贸n ampliando la asistencia a los empobrecidos, promoviendo avances democr谩ticos y aceptando mejoras sociales.

La emergencia qued贸 superada en un contexto de altos precios de las exportaciones y repunte c铆clico de la rentabilidad. El gobierno reforz贸 entonces su pol铆tica econ贸mica neo-desarrollista, priorizando el consumo y favoreciendo a los sectores agro-industriales en desmedro de los financistas.

El oficialismo busca gestar desde ese momento un 鈥渃apitalismo serio鈥 supervisado por el estado. Espera generar un c铆rculo virtuoso de bienestar y equidad, contrapuesto al 鈥渁narco-capitalismo鈥 neoliberal. Pero no aclara d贸nde se ha logrado implantar ese modelo. En los pa铆ses europeos prevalece el ajuste para socorrer a los bancos y en las econom铆as asi谩ticas se exprime brutalmente a la fuerza trabajo. Todas las variantes de capitalismo regulado se basan en la competencia, el beneficio y la explotaci贸n, es decir en tres rasgos antag贸nicos con la igualdad.

La idealizaci贸n oficial del intervencionismo incluye otra expectativa: asegurar la continuidad del crecimiento con incentivos al consumo. Pero tambi茅n el capitalismo estatista necesita sostener la demanda con rentabilidad e inversi贸n. No puede auto-propulsarse s贸lo con mejoras del poder adquisitivo.

La ingenuidad keynesiana suele omitir ese condicionamiento o el predominio de empresarios que exigen ganancias y auxilios del estado para reducir costos. Este patr贸n de lucro suele desmentir todas las fantas铆as socialdem贸cratas sobre el comportamiento benevolente de los capitalistas.

El kirchnerismo tambi茅n apuesta a recrear la burgues铆a nacional como protagonista de la acumulaci贸n. Pero los grupos concentrados fugan capital en lugar de invertir, engrosan sus patrimonios con subvenciones estatales y mantienen su rentabilidad con remarcaciones de precios.

Este comportamiento ha conducido a la reaparici贸n de la inflaci贸n y el bache fiscal. Tambi茅n recobran visibilidad las tensiones derivadas del mono-cultivo sojero, el extractivismo mega-minero, la p茅rdida del auto-abastecimiento petrolero y el estancamiento de la reindustrializaci贸n. Estos problemas son consecuencias del propio modelo y no meros resabios de los 90 [2] .

El gobierno espera corregir estos desequilibrios gestando un funcionariado con suficiente habilidad y poder para disciplinar a las grandes empresas. Pero las firmas for谩neas mantienen las mismas prerrogativas de la d茅cada pasada y la vieja burgues铆a nacional ha decrecido, en comparaci贸n con los segmentos exportadores m谩s internacionalizados.

Los reguladores kirchneristas no han logrado contrapesar ninguna de esas tendencias. Subsiste la hist贸rica carencia de una burocracia eficiente y reaparece un 鈥渃apitalismo de amigos鈥 rodeado de coimas.

Comparaciones con el primer peronismo

El r茅gimen pol铆tico kirchnerista se asienta en el liderazgo presidencial, la gravitaci贸n de mecanismos delegativos y la influencia de organismos para-institucionales. Preserva todas las normas constitucionales vigentes desde 1983, pero con mayor apego a las tradiciones populistas que a los basamentos republicanos.

En ambas modalidades persiste la subordinaci贸n de la soberan铆a popular a los controles que ejercen las clases dominantes a trav茅s de su poder econ贸mico, judicial o medi谩tico. Se puede votar peri贸dicamente, pero no desafiar los privilegios sociales de los acaudalados [3].

Pero el molde pol铆tico informal de la 煤ltima d茅cada sintoniza con mecanismos de gesti贸n gubernamental m谩s afianzados y presenta varias semejanzas con lo ocurrido durante el primer peronismo. El kirchnerismo se forj贸 en un contexto econ贸mico favorable e introdujo mejoras sociales, con la intenci贸n industrialista de revitalizar la autonom铆a nacional. Al igual que en los a帽os 40 se consolid贸 en un fuerte choque con la oposici贸n, que ha fortalecido la autoridad presidencial.

El protagonismo actual de Cristina es arrollador. Ejerce su arbitraje tironeada por grupos capitalistas concentrados que exigen ajuste y movimientos sociales que reclaman con acciones directas. CFK recurre a la misma oscilaci贸n que Per贸n para lidiar con esta encrucijada [4].

Pero el kirchnerismo desenvuelve modalidades neo-populistas mucho m谩s atenuadas que las vigentes durante el peronismo cl谩sico. No busca la centralidad de la industria sino su rehabilitaci贸n, en una econom铆a recentrada en torno a la exportaci贸n de bienes primarios. No confronta con Estados Unidos, sino que intenta recuperar la independencia tradicional de la pol铆tica exterior que diluy贸 el menemismo. No apuesta al comando argentino de la zona, sino a una coordinaci贸n subordinada a la estrategia brasile帽a. El viejo nacionalismo ha quedado amoldado a un proyecto m谩s acotado de regionalismo consensuado.

Esta moderaci贸n obedece ante todo a una diferencia de origen con el justicialismo. Per贸n nunca enfrent贸 la cat谩strofe econ贸mico-social o el descreimiento pol铆tico que irrumpieron en el 2001. Tampoco rige en la actualidad la virulenta oposici贸n militar-golpista, que radicalizaba todas las confrontaciones con el peronismo.

Pero la principal diferencia entre ambos procesos es la relaci贸n con la clase trabajadora. En los a帽os 50 la masa obrera obtuvo logros econ贸mico-sociales in茅ditos para un pa铆s latinoamericano. Estas conquistas coronaron una intensa industrializaci贸n por sustituci贸n de importaciones, que facilit贸 la enorme gravitaci贸n del proletariado y su posterior integraci贸n como la 鈥渃olumna vertebral鈥 del justicialismo.

El kirchnerismo surgi贸, por el contrario, en un escenario signado por la regresi贸n industrial y la fractura de los trabajadores en segmentos formales y precarizados. Esta divisi贸n persiste al cabo de una d茅cada de regulaci贸n neo-desarrollista, puesto que la recuperaci贸n significativa del empleo y los salarios se limit贸 al sector registrado. Ya no rigen los avances sociales generalizados que cohesionaban a la clase obrera. Se recompuso el nivel de vida de los 鈥渋ncluidos鈥 y se estabiliz贸 el empobrecimiento de los 鈥渆xcluidos鈥.

Tambi茅n la clase media qued贸 subdividida en sectores recuperados y sumergidos. La expectativa de ascenso social se ha evaporado ante la magnitud de las desigualdades. Esa segmentaci贸n sepult贸 la vieja escuela p煤blica y disolvi贸 los servicios compartidos de salud.

El kirchnerismo se amolda a esta fractura y busca desembarazarse de la incidencia t que mantuvo tradicionalmente el movimiento obrero dentro del peronismo. Intenta congraciarse con los capitalistas para estabilizar un r茅gimen desligado de las demandas sociales. Es cierto que favoreci贸 inicialmente la reconstituci贸n de los sindicatos, pero con el prop贸sito de debilitar a los piqueteros. Cuando los gremios recuperaron su peso, el oficialismo se embarc贸 en una pol铆tica de fractura de las centrales sindicales [5].

Estos choques con los sindicatos no son novedosos y han signado la historia del peronismo, desde la liquidaci贸n del laborismo hasta las pugnas con el vandorismo. Las confrontaciones siempre incluyeron disputas por la conducci贸n y los privilegios, entre burocracias estatales, partidarias y sindicales. Pero la tensi贸n actual tiene un trasfondo m谩s definido. El neo-populismo kirchnerista pretende eliminar la obstrucciones a la estabilizaci贸n hegem贸nica, que impuso la insurgencia obrera durante el peronismo cl谩sico. Esta meta requiere a su vez un tipo de gobierno muy diferente a ese modelo justicialista.

Democratizaci贸n y regimentaci贸n

El gobierno kirchnerista presenta un perfil de centroizquierda. Se asemeja a otras administraciones sudamericanas que contemporizan con los movimientos sociales, sin modificar las transformaciones regresivas que introdujo el neoliberalismo. Comparte con Lula-Dilma Rousseff o Tabar茅 V谩squez-Pepe Mujica una ubicaci贸n pol铆tica igualmente distanciada de la derecha represiva, librecambista y pro-norteamericana (Pi帽era, Calder贸n-Pe帽a, Uribe-Santos) y del antiimperialismo radical (Ch谩vez, Evo).

En muchos planos los presidentes de centroizquierda se asemejan a los viejos gobiernos socialdem贸cratas por sus agendas amoldadas al entorno capitalista y por sus pol铆ticas disuasivas de las demandas populares.

El kirchnerismo se aleja del nacionalismo burgu茅s cl谩sico (Per贸n) y de sus derivaciones reaccionarias (Isabel) o neoliberales (Menem). Retoma el proyecto de la renovaci贸n que encabez贸 Cafiero a mitad de los 80, cuando se busc贸 introducir dentro del peronismo los par谩metros del per铆odo alfonsinista.

Para construir su nueva identidad el gobierno atenu贸 la simbolog铆a tradicional del justicialismo. Se conmemora m谩s el fallecimiento de Evita o la victoria de C谩mpora que el 17 de octubre. No hay muchas citas del General y la melod铆a de la marcha peronista ha quedado ensombrecida por el cancionero latinoamericano. Se ha congelado, adem谩s, el papel del PJ a favor de un proyecto transversal. Pero el nacimiento de la nueva criatura se demora y en las situaciones cr铆ticas reaparece la fren茅tica b煤squeda de respaldo justicialista.

脷ltimamente Cristina ha ensayado con m谩s decisi贸n la construcci贸n de una fuerza socialmente alejada de la clase obrera y basada en segmentos de la clase media, el funcionariado joven y los sectores empobrecidos. Logr贸 una significativa aproximaci贸n de la intelectualidad progresista, que estaba enemistada con el peronismo desde la traum谩tica experiencia de los 70.

La peculiar combinaci贸n de neopopulismo y centro-izquierdismo en curso se expresa en el contradictorio aliento oficial de la democratizaci贸n y la regimentaci贸n de la vida pol铆tica. Los ecos de la insurgencia del 2001 se verifican en el primer terreno y la recomposici贸n del poder estatal se corrobora en el segundo campo. El mismo gobierno que facilita el ensanchamiento de ciertos derechos democr谩ticos, acota la ampliaci贸n de esas conquistas. Este doble movimiento se verifica especialmente en la esfera de los derechos humanos.

Kirchner reabri贸 los juicios a los genocidas, anul贸 los indultos y facilit贸 el encarcelamiento de los principales criminales de la dictadura (Videla, Men茅ndez, Astiz, Acosta). Revirti贸 d茅cadas de impunidad y permiti贸 que ya existan 378 represores condenados. El a帽o pasado se aceleraron los mega-juicios (ESMA, La Perla. Tucum谩n) y comenz贸 la indagaci贸n de los c贸mplices civiles de la dictadura (como Blaquier). Se han recuperado muchos nietos y se instal贸 una gran difusi贸n escolar y medi谩tica de lo ocurrido con los desaparecidos.

Estos avances democratizadores se extendieron a otros campos con la introducci贸n de nuevos derechos (matrimonio igualitario, voto a los 16 a帽os, libre acceso al historial cl铆nico, identidad de g茅nero, muerte digna), mientras crece la demanda por legalizar el aborto. La iglesia no ha podido frenar esas conquistas.

Pero esta secuencia de libertades no se proyecta a ning煤n terreno que pueda afectar la marcha de los negocios, los compromisos externos o las alianzas con pol铆ticos reaccionarios. Por eso se introdujo la ley anti-terrorista exigida por el Departamento de Estado, que brinda a los jueces un instrumento para criminalizar la protesta social. Se intent贸 tambi茅n un proyecto X de espionaje de la militancia y persisten 5000 procesamientos de luchadores sociales.

Lo m谩s preocupante es la veintena de v铆ctimas fatales registradas en protestas populares durante los 煤ltimos tres a帽os. En los casos m谩s traum谩ticos (Mariano Ferreira, Parque Indoamericano, abor铆genes QOM, campesinos del MOCASE, gatillo f谩cil en Bariloche, activistas de Jujuy y Rosario, el gobierno deslind贸 responsabilidades y descarg贸 culpas sobre las patotas, los gendarmes o los funcionarios menores. Pero es evidente que nadie puede actuar en ese tipo de situaciones sin alguna protecci贸n oficial. El propio Poder Ejecutivo mont贸, adem谩s, absurdas denuncias contra dirigentes de izquierda (por 鈥渜uemar los trenes鈥), propici贸 la represi贸n de los cr铆ticos de la mega-miner铆a y encubre causas inconvenientes (responsables pol铆ticos del asesinato de Kosteki-Santill谩n).

La misma dualidad se observa en torno a la ley de medios, a partir de la ruptura que gener贸 el conflicto agro-sojero en la alianza del gobierno con los grandes grupos de la comunicaci贸n. All铆 apareci贸 el respaldo oficial a un proyecto de democratizador de los medios, que hab铆an propiciado en soledad varias organizaciones sociales.

Como la ley aprobada afecta principalmente al grupo Clar铆n (recorte dearg kirchnerismo licencias, exigencia de desinversi贸n, control estatal del papel prensa), la poderosa corporaci贸n resiste con furiosas campa帽as y obstrucciones en la justicia. Ha logrado bloquear desde hace tres a帽os la implementaci贸n de la nueva norma.

Pero el principal efecto de esta confrontaci贸n es el conocimiento logrado por la poblaci贸n de la manipulaci贸n informativa. Este aprendizaje es decisivo en una 茅poca signada por el dominio televisivo de la actividad pol铆tica. Se ha podido notar que los principales comunicadores no act煤an con independencia, profesionalidad u objetividad. Aprovechan su condici贸n de personajes conocidos (m谩s que los diputados) e influyentes (m谩s que los ministros), para construir realidades virtuales divorciadas de los acontecimientos reales. Se ha tornado m谩s visible como moldean un sentido com煤n distorsionado, fijando la agenda p煤blica al servicio de sus empleadores privados.

El kirchnerismo s贸lo busc贸 contrapesar el pasaje de Clar铆n a la oposici贸n con la multiplicaci贸n de voces oficialistas. Por eso reparte la publicidad oficial entre seis grupos privados afines que forjan sus futuros emporios. Para facilitar este objetivo el gobierno tambi茅n obstaculiza la aplicaci贸n de la ley. Congel贸 el otorgamiento de licencias de los medios comunitarios y paraliz贸 el plan t茅cnico requerido para ampliar la variedad de fuentes informativas. Pero su disputa con los grandes medios ha creado un escenario que objetivamente favorece la democratizaci贸n del derecho b谩sico a la informaci贸n.

Otro terreno semejante de confrontaci贸n y consiguiente esclarecimiento popular se avecina en torno a la justicia. Durante mucho tiempo el oficialismo utiliz贸 la protecci贸n de los tribunales (causas Oyarbide, manejo de Ciccone, enriquecimientos de altos funcionarios). Pero con el escandaloso favoritismo de la C谩mara Civil y Comercial hacia Clar铆n, el amparo al predio robado por la Sociedad Rural en Palermo y el encubrimiento del negocio de la trata (crimen de Marita Ver贸n) se ha desatado un fuerte conflicto, que abre caminos para una democratizaci贸n del poder judicial.

Entre paros y cacerolazos

El marco econ贸mico que facilit贸 el surgimiento del kirchnerismo ya no es tan favorable. El estancamiento del PBI, el freno en la creaci贸n de empleo y la aceleraci贸n de la inflaci贸n ilustran m谩s los l铆mites del modelo que las adversidades internacionales. En el 2013 habr谩 una recuperaci贸n, pero sin la intensidad del rebote que sucedi贸 al baj贸n del 2009. Es improbable el retorno al intenso crecimiento que hubo en el per铆odo de super谩vit fiscal, alto tipo de cambio y estabilidad de precios.

El intervencionismo neo-desarrollista persiste, pero con iniciativas poco efectivas y muy tard铆as. La expropiaci贸n parcial de YPF se concret贸 con la depredaci贸n del subsuelo ya consumada y la pesificaci贸n de la econom铆a comenz贸 con los d贸lares ya fugados. El gobierno mantiene la prioridad de impulsar el consumo, pero sin revertir la par谩lisis de la inversi贸n. Multiplica, adem谩s, el gasto p煤blico sin introducir la reforma impositiva requerida para solventar esas erogaciones.

ARGENTINA-GHANA-SHIP-LIBERTADEstas contradicciones explican la reaparici贸n de tendencias al ajuste, que el oficialismo presenta como simples correctivos de sinton铆a fina. Las jubilaciones contin煤an postergadas y resurge el prop贸sito de fijar estrictos techos a los aumentos salariales. Per贸n transit贸 por un camino semejante en 1955 (Congreso de la Productividad) y en 1973 (Pacto Social).

Es evidente que cualquier medida en esa direcci贸n acentuar铆a la enorme desigualdad social que aflor贸 en los connatos de saqueo de Navidad. Estas tensiones nunca se aproximaron a la explosi贸n de hambruna de 1989 o el 2001 y esta vez fueron n铆tidamente incentivadas por los punteros de la oposici贸n justicialista. Pero con simples denuncias de conspiraci贸n, el gobierno cierra los ojos ante la realidad de los marginados que sufren el hacinamiento, la precarizaci贸n del empleo y el tormento del transporte, mientras receptan una obscena publicidad que convoca al hiperconsumo.

El oficialismo sabe que su capacidad para lidiar con las tensiones en aumento depende de la autoridad presidencial. Por eso busc贸 durante el 2012 afianzar esa preeminencia con numerosas campa帽as. Reactiv贸 especialmente la demanda por Malvinas con mayor sost茅n latinoamericano, retomando un problema de inter茅s nacional. Pero difunde verdades a medias. Su acertada denuncia del colonialismo no se extendi贸 a los florecientes negocios mineros y petroleros de las compa帽铆as inglesas, que operan dentro del territorio argentino.

CFK utiliza el enorme activo electoral que obtuvo al demoler a sus adversarios de la oposici贸n derechista. Consigui贸 una diferencia de votos que supera los r茅cords de Per贸n. El kirchnerismo logr贸 el reconocimiento simult谩neo de varios sectores sociales. Aprobaci贸n de los industriales por los subsidios, de las clases medias por el consumo, de los obreros por la recuperaci贸n de los salarios, de los ruralistas por la reconciliaci贸n con agro-sojeros y del progresismo por los derechos democr谩ticos. Tambi茅n recepta la sensaci贸n colectiva de desahogo, que sucedi贸 al fin de la pesadilla vivida durante el colapso de la convertibilidad.

Pero este s贸lido respaldo no estabiliz贸 al kirchnerismo, que enfrent贸 en el a帽o pasado numerosos momentos de debilidad y desorientaci贸n. Contrapes贸 ese deterioro con la masiva conmemoraci贸n del 9 D y el acto de retorno de la Fragata, mientras contin煤a construyendo su base de sustentaci贸n. Ese cimiento se nutre de funcionarios (La Campora), movimientos sociales (Evita, Tupac Amaru), n煤cleos intelectuales (Carta Abierta), estructuras de comunicaci贸n (6- 7- 8), agrupaciones sectoriales (Gelbard-empresarios) y aliados pol铆ticos (Nuevo Encuentro).

En las elecciones del 2013 el gobierno testear谩 las posibilidades de intentar la re-reelecci贸n o en su defecto designar un sucesor, reproduciendo los mecanismos utilizados por Lula con Dilma. Las internas primarias y obligatorias le sirvieron en el 2011 para retomar el control de los aparatos y las candidaturas. Ahora probar谩 qu茅 grado de independencia consigui贸 del Justicialismo o con qu茅 nivel de resignaci贸n debe aceptar la futura jefatura de Scioli.

Pero en los 煤ltimos meses se ha verificado tambi茅n el resurgimiento de la derecha, que logr贸 reunir el 8 N una multitud comparable a larg cristinismoas marchas de Blumberg y los agro-sojeros. Reaparecieron las demandas conservadoras con cuestionamientos al control de cambios y a la restricci贸n de las importaciones, junto a exigencias de corte del gasto social y cr铆ticas a la relaci贸n oficial con Fidel y Ch谩vez.

Con la humilde petici贸n de 鈥渟er escuchados鈥 los manifestantes exhibieron un programa neoliberal, que los ubica en las ant铆podas de la actitud adoptada por la clase media en el 2001. Ya no golpean las puertas de los bancos, ni se solidarizan con los desamparados. Los caceroleros tienen dificultades de representaci贸n pol铆tica, pero demuestran gran capacidad para impulsar la agenda derechista.

Afortunadamente irrumpi贸 un contrapeso a esos planteos con el paro del 20 N. La primera huelga general bajo el kirchnerismo cont贸 con el apoyo espont谩neo de los trabajadores. El gobierno atribuy贸 el 茅xito de la medida a la disuasi贸n creada por los piquetes, pero no explic贸 por qu茅 raz贸n esos cortes lograron tanta efectividad. El secreto simplemente radic贸 en la escasa concurrencia laboral que gener贸 la voluntad de protestar. El malhumor social contra el impuesto al salario se verific贸 tambi茅n en la alta incidencia lograda por el paro en los gremios que boicotearon la medida.

La clase trabajadora volvi贸 a recuperar protagonismo y comienzan a insinuarse parecidos con la 茅poca de Ubaldini frente a Alfons铆n o la UOM frente a Isabel. El gobierno ha quedado afectado por su propia estrategia de atomizar las centrales gremiales. Al debilitar la autoridad de los bur贸cratas, facilita el renacimiento del sindicalismo combativo que act煤a en las bases.

Pero este nuevo polo de resistencia social puede frustrarse si contin煤a el vaciamiento que generan Moyano y Michelli al sumar caceroleros, ruralistas y hombres de la partidocracia a las movilizaciones de protesta. La escasa concurrencia que tuvo el acto del 19 D ilustra c贸mo ese cambalache destruye la credibilidad de los reclamos populares.

Viejas y nuevas decepciones

Los intelectuales kirchneristas provenientes del peronismo tradicional consideran que los logros del gobierno superan todo lo conocido, luego de 鈥渞escatar al pa铆s de una crisis terminal鈥. Divorcian este resultado del contexto internacional favorable, de la cirug铆a que introdujo el colapso econ贸mico y de las conquistas que impuso la rebeli贸n del 2001. Simplemente atribuyen al peronismo un don natural para reconstruir a la Argentina de sus peri贸dicos descalabros [6].

Con esa generalizaci贸n evitan definir qu茅 tipo de peronismo prevalece en la actualidad. Esa identidad incluye a Evita e Isabel, a John William Cooke y L贸pez Rega o a C谩mpora y Menem. Suelen presentar estas diferencias como simples matices de un movimiento que imaginan equivalente a la condici贸n nacional. Ocultan las experiencias justicialistas de terrorismo estatal (1974-75) y neoliberalismo (d茅cada del 90) y resaltan la ingobernabilidad imperante en los mandatos de la UCR.

La preeminencia del peronismo genera creencias de inexorabilidad semejantes a las vigentes en otros pa铆ses de prolongada gesti贸n unipartidaria (Suecia entre 1937 y 1976, Jap贸n desde 1945 hasta los 90, M茅xico durante siete d茅cadas). Lo 煤nico cierto es que el peronismo acumula una experiencia de simbiosis con el estado, que facilita su reciclaje.

Pero las expectativas de eternizaci贸n omiten la profunda mutaci贸n registrada en la relaci贸n de ese movimiento con los trabajadores. La devoci贸n de los a帽os 50 y el entusiasmo de los 70 se diluyeron con las frustraciones creadas por Isabel y Menem. El kirchnerismo intuye esta fractura y busca desembarazarse de esas impresentables herencias.

Por el contrario las c煤pulas del PJ y la CGT consideran oportuno retomar las fuentes e impugnan la 鈥渢raici贸n del gobierno a la doctrina peronista鈥. Pero en el mejor de los casos, esa invocaci贸n suscita indiferencia. Para el grueso de la poblaci贸n rememora la corrupci贸n de Barrionuevo, las barras bravas del Momo Venegas, los remedios truchos de Zanola y la buena vida del criminal Pedraza.

La mayor铆a de los intelectuales kirchneristas comparten el distanciamiento oficial de la estructura justicialista y reivindican el nuevo sustento progresista del oficialismo. Ponderan ante todo la reconstrucci贸n del estado con pol铆ticas que limitan los excesos del mercado [7].

Pero ocultan qui茅nes han sido los principales beneficiarios de ese intervencionismo. Basta revisar los niveles de rentabilidad que tuvieron las grandes empresas en la 煤ltima d茅cada para conocer a esos ganadores. La propia presidenta reconoci贸, por ejemplo, que las utilidades remitidas al exterior han superado en el 煤ltimo decenio los promedios del per铆odo precedente.

Para algunos te贸ricos, el car谩cter populista de la gesti贸n actual constituye uno de sus grandes m茅ritos. Rechazan la connotaci贸n peyorativa de ese t茅rmino y lo identifican con el sost茅n de un liderazgo, que canaliza demandas mayoritarias por v铆as informales [8].

Pero con esta rehabilitaci贸n se justifica tambi茅n el control ejercido desde arriba, para contener la radicalizaci贸n de los oprimidos. Fue exactamente lo que hizo Kirchner al principio de su mandato con el manejo de los planes sociales.

Las caracterizaciones elogiosas del populismo incluyen numerosas indefiniciones, para presentarlo como modalidad pol铆tica abierta a cualquier desemboque. Con ese pragm谩tico criterio se ajusta la evaluaci贸n del gobierno a lo requerido por cada coyuntura, soslayando contradicciones y capitulaciones.

Las nuevas teor铆as ya no ponderan gen茅ricamente el protagonismo del pueblo. Resaltan m谩s bien la capacidad del populismo para articular las demandas de actores sociales diferenciados. Pero la naturaleza clasista de esos conglomerados contin煤a omitida. Ricos y pobres, acaudalados y marginados, explotadores y explotados son colocados en un mismo campo de intereses convergentes. Cristina es vista – al igual que Per贸n en el pasado- como la s铆ntesis de ese empalme poli-clasista. Pero olvidan que si esa comuni贸n permitiera disolver los antagonismos sociales, CFK gobernar铆a sin los arbitrajes que erosionan su gesti贸n.

El progresismo K tambi茅n supone que las contradicciones del proyecto en curso ser谩n manejables, si el gobierno refuerza su transversalidad pos-peronista [9] . Pero esta evoluci贸n socialdem贸crata tambi茅n extingue los resabios contestatarios de la tradici贸n nacionalista y empuja al kirchnerismo hacia la 贸rbita de partidos convencionales que el progresismo cuestiona. Muchos militantes esperan evitar ese resultado 鈥減rofundizando el modelo鈥, con medidas igualitarias de redistribuci贸n del ingreso [10].

Pero olvidan que esa inequidad es intr铆nsecamente recreada por la acumulaci贸n capitalista y que el kirchnerismo se amolda a esa exigencia, adoptando medidas pro-empresariales a costa de los ingresos populares. La ley de ART dise帽ada por la UIA, la reapertura del canje exigida por los fondos buitres, el congelamiento de jubilaciones demandado por los acreedores o la devastaci贸n del subsuelo impuesto por las compa帽铆as mineras son las evidencias m谩s recientes de ese curso.

arg Cristina clarinEstas medidas son frecuentemente presentadas como el precio a pagar en la 鈥渂atalla contra las corporaciones鈥. Pero se acepta delegar en el gobierno la potestad para establecer qui茅n es el enemigo o el aliado de cada momento. Clar铆n, Techint y Cirigliano son los adversarios de esta coyuntura, mientras otros grupos se enriquecen a todo vapor.

El progresismo K sigue la hoja de ruta que dise帽a el Ejecutivo. Por esta raz贸n es cr铆tico de ciertas corporaciones y benevolente con otras, mientras la desigualdad se perpet煤a al comp谩s de la reproducci贸n capitalista.

驴Solo dos campos?

Los sectores m谩s progresistas del kirchnerismo justifican la reconstrucci贸n del viejo estado, se帽alando que 鈥渆ra lo m谩ximo factible en ese momento鈥. Consideran que el gobierno 鈥渟e ubica a la izquierda de la sociedad鈥 y estiman que dentro de esa administraci贸n se libra una disputa entre proyectos radicalizados y conservadores. Propugnan inclinar la balanza hacia el primer curso, resaltando que el oficialismo tiende a optar por esa direcci贸n, en los momentos de conflicto con la derecha [11].

Los defensores de este enfoque destacan acertadamente que el poder no se reduce al gobierno y que existe un contexto favorable para la obtenci贸n de conquistas. Pero olvidan que esos logros no pueden consolidarse si son concedidos desde arriba, sofocando las resistencias que emergen en forma independiente. El progresismo K carece de esa autonom铆a y promueve la subordinaci贸n a las directivas de CFK.

Por eso votaron la ley anti-terrorista, aceptan la mega-miner铆a, avalaron el negocio de los concesionarios ferroviarios, se opusieron al paro del 20 de noviembre, cuestionan la lucha contra el impuesto a los salarios, ocultan la postergaci贸n de los jubilados y silencian el atropello de la nueva ley de ART. Su proclamada intenci贸n de radicalizar el gobierno no incluye ninguna batalla en los terrenos que exigir铆a ese avance.

Lo mismo ocurre con las alianzas que exige el Ejecutivo. Cierran los ojos ante los acuerdos con los gobernadores derechistas, incluso frente a los personajes que sintetizan lo peor del menemismo (como Carlos Soria). Actualmente afrontan la dura perspectiva de aceptar la regresiva candidatura de Scioli.

Habitualmente justifican esas capitulaciones con el argumento del 鈥渕al menor鈥, olvidando que las peque帽as resignaciones conducen a convalidar las desgracias mayores. Suelen afirmar 鈥渉ay dos bandos y corresponde tomar partido鈥, como si todo el escenario nacional se redujera a los conflictos entre el oficialismo y la derecha no gubernamental. Esta simplificaci贸n oculta las coincidencias de ambos sectores en muchas 谩reas y olvida que la restrictiva divisi贸n en dos campos s贸lo prevalece en las coyunturas de agudo enfrentamiento. Lo habitual es la existencia de muchas opciones.

Tambi茅n resaltan la necesidad de 鈥渁vanzar desde adentro鈥 con 鈥渃r铆ticas constructivas鈥 y alertan contra la utilizaci贸n reaccionaria de las objeciones al gobierno. Pero lo que favorece a la derecha no son las cr铆ticas, sino la perpetuaci贸n del capitalismo. El progresismo K soslaya este tema, porque conf铆a en la elasticidad de este sistema para absorber mejoras sociales, bajo el tim贸n de un gobierno reformista.

Algunos autores consideran que el kirchnerismo est谩 recreando los viejos intentos de s铆ntesis entre el peronismo y la izquierda [12]. Esta convergencia qued贸 abruptamente bloqueada en el pasado por los reflejos conservadores del justicialismo, ante situaciones de radicalizaci贸n popular o coyunturas econ贸micas cr铆ticas. No hay ning煤n indicio en la trayectoria de Cristina dentro del PJ o en Santa Cruz que sugiera modificaciones en ese patr贸n de comportamiento.

La convergencia actualmente imaginada con la izquierda dista mucho de los intentos anteriores. En los a帽os 60 o 70 muchos sectores del peronismo adoptaban conductas revolucionarias e incorporaban aspectos del marxismo a sus doctrinas. Por el contrario, los vestigios actuales de Cooke, la JP o Montoneros que sobrevuelan la superficie kirchnerista son puramente conmemorativos.

Es cierto que existe un ponderable rescate cultural de los valores e ideales de esa 茅poca y una reapropiaci贸n del lenguaje contestatario del peronismo, que irrumpi贸 en la resistencia como un 鈥渉echo maldito del pa铆s burgu茅s鈥. Esta tradici贸n se observa, por ejemplo, en la orgullosa reivindicaci贸n de pertenecer a una 鈥渕ierda oficialista鈥. Pero en lo sustancial existe un abismo entre la expectativa anti-capitalista que ten铆a el peronismo de izquierda y la resignaci贸n pro-capitalista que domina en el kirchnerismo.

Ninguna modalidad de socialismo tiene cabida en este espacio. A diferencia de Ch谩vez o Evo, CFK rechaza expl铆citamente la vieja aspiraci贸n de una Patria Socialista y la nueva apuesta por el socialismo del siglo XXI. Este posicionamiento ideol贸gico indica l铆mites infranqueables, que el progresismo K prefiere ignorar.

El enojo elitista de la derecha

La derecha acompa帽贸 la reconstrucci贸n kirchnerista del estado, pero posteriormente se embarc贸 en una confrontaci贸n frontal con el gobierno. Esta oposici贸n no se limita a la esfera ret贸rica o cultural. Cuestiona el modelo neo-desarrollista a favor de un esquema neoliberal proclive al endeudamiento externo, la apertura comercial y el recorte del gasto social [13].

Los conservadores utilizan descaradamente los medios de comunicaci贸n para difundir enga帽os que superan todo lo imaginable. En su campa帽a por impedir la aplicaci贸n de la ley de comunicaci贸n audiovisual restauraron un tono de revanchismo ideol贸gico gorila que parec铆a perimido. Presentan las normas de desinversi贸n anti-monop贸licas como atropellos a la libertad de prensa y celebran la complicidad de los jueces con las grandes empresas, como actos de independencia republicana. Con la misma impudicia defienden los privilegios de los altos magistrados.

Tambi茅n esgrimen el fantasma de la 鈥渃havizaci贸n鈥 del gobierno, como una desgracia de consecuencias irreversibles. Retoman el lenguaje infantil de la guerra fr铆a para advertir contra el contagio bolivariano y por eso vivieron el 煤ltimo triunfo electoral de Ch谩vez como una derrota en casa [14].

Los derechistas omiten que Argentina ya vivi贸 el escenario venezolano hace sesenta a帽os. Tambi茅n silencian la total lejan铆a de Cristina hacia los ideales socialistas del chavismo. Sus campa帽as apuntan a generar un giro de la pol铆tica exterior. Rechazan el anti-golpismo regional del oficialismo (en los casos de Paraguay y Honduras), el sost茅n latinoamericano de la demanda por Malvinas y la negociaci贸n directa con Ir谩n por el atentado en la AMIA.

Entre el 2009 y el 2011 los conservadores fantasearon con el declive del ciclo K. La reciente irrupci贸n de los caceroleros reaviv贸 esta expectativa, creando el mundo invertido de arist贸cratas que ponderan la movilizaci贸n callejera. Los adalides de la pasividad pol铆tica y la representaci贸n indirecta han descubierto el valor de llenar una plaza, cuando las demandas son regresivas.

Los fan谩ticos voceros de la mano dura ahora solicitan 鈥渄i谩logo鈥 y objetan las confrontaciones que 鈥渄ividen a la sociedad鈥. Pero ni siquiera consideran la posibilidad de atenuar estas fracturas reduciendo la brecha entre ricos y pobres. Se lamentan de la polarizaci贸n que ellos mismos alientan, al incentivar pol铆ticas de creciente desigualdad social.

Algunos exponentes extremos de la derecha identifican al gobierno con el fascismo (Carri贸, Aguinis) y acusan al oficialismo de propiciar saqueos con sus pr谩cticas de violaci贸n de la propiedad privada (Pagni, Morales Sol谩). Como estos delirios tienen escasa receptividad, los conservadores apuestan a extender la despolitizaci贸n que encarna Macri. Con ideolog铆as de consumo, est茅ticas de festejo y figuras de la far谩ndula, el PRO ha logrado cuatro victorias electorales consecutivas en la Capital Federal.

Los derechistas tambi茅n retoman el libreto tradicional del liberalismo para denigrar al populismo. Alertan contra los l铆deres carism谩ticos que hipnotizan al pueblo, violan el orden, prolongan mandatos, aplastan las minor铆as y desconocen los valores del Centenario [15].

Son las mismas quejas que la elite dominante exhibi贸 frente a cada desaf铆o a su poder. Suponen que el rumbo del pa铆s debe ser invariablemente dictado por los editoriales de La Naci贸n, las pastorales de la Iglesia, los estilos de la Recoleta y las ferias de la Sociedad Rural. Ejercieron esa supremac铆a desde el siglo XIX con sus socios militares, se reciclaron con los conservadores de la UCR y recobraron influencia con Menem. Ahora reclutan figuras para restaurar esa primac铆a.

Hipocres铆as republicanas

Los pol铆ticos de la UCR quedaron traumatizados por el colapso del 2001 y no asomaron la cabeza durante el debut del kirchnerismo. Volvieron en los 煤ltimos a帽os con cr铆ticas al populismo muy semejantes al recitado derechista. Despotrican contra 鈥渓as restricciones a la libertad de prensa鈥, como si el pa铆s estuviera acosado por una persecuci贸n totalitaria, o sometido a la oleada de asesinatos de periodistas, que se registra en M茅xico u Honduras. Acompa帽an desde Parlamento todas las campa帽as que promueve Clar铆n y apoyan a los caceroleros.

Algunos intelectuales objetan especialmente la renovada reivindicaci贸n de las Malvinas. Propician la conveniencia de negociar con los Kelpers reconociendo su derecho a la auto-determinaci贸n [16]. Repiten exactamente el planteo que esgrime Gran Breta帽a para justificar su ocupaci贸n colonial. El menemismo ya intent贸 transitar ese camino de renuncia a la soberan铆a, buscando compartir la explotaci贸n de los recursos isle帽os.

Los cuestionamientos al gobierno se desarrollan ensalzando el ideal republicano, la divisi贸n de poderes y la independencia de la justicia. Estas banderas son flameadas por escritores provenientes del radicalismo (Gregorich), del Club Socialista (Sarlo, Romero), de las Ciencias Pol铆ticas Convencionales (Palermo, Novaro) y del periodismo liberal (Eliashev). A veces logran sumar tambi茅n a dem贸cratas de izquierda (como Gargarella).

Pero no es f谩cil impugnar al oficialismo rescatando trayectorias anti-peronistas. La historia de la UCR es un almac茅n de complicidades con los oligarcas y dictadores que gobernaron mediante la represi贸n y la proscripci贸n. Basta recordar los cr铆menes de la Patagonia, la presidencia de Alvear o las matanzas de la Libertadora. La idolatr铆a del constitucionalismo tambi茅n propicia la amnesia con el desastre ocurrido hace pocos a帽os con De la R煤a.

Hay mucha hipocres铆a en las objeciones al corporativismo, al clientelismo y a los punteros, que se formulan desde la tradici贸n radical [17]. Todos los presidentes, gobernadores e intendentes de esa vertiente amoldaron sus formalismos republicanos a las restricciones impuestas por el poder militar, empresario o medi谩tico de turno. Tambi茅n es falso responsabilizar exclusivamente a la doctrina peronista de la comunidad organizada por las experiencias reaccionarias vividas por el pa铆s [18]. Las teor铆as liberales tuvieron mayor gravitaci贸n en esas pesadillas.

Estos encubrimientos se exponen idealizando la figura de Alfons铆n, como si el Punto Final, la Obediencia Debida, el sometimiento al FMI y los ajustes para pagar la deuda fueran acciones de otro presidente. Los cr铆ticos del relato oficial construyen una epopeya menos cre铆ble de lo ocurrido durante los a帽os 80.

Los cultores de la rep煤blica comparten con la derecha la aversi贸n a cualquier forma de participaci贸n popular activa. Conciben el funcionamiento de las instituciones republicanas como un ant铆doto de la democracia efectiva. Por eso realzan el manejo minoritario y cerrado del poder en la justicia o el Banco Central.

脷ltimamente tambi茅n recelan del propio sufragio, sugiriendo que el condicionamiento estatal quita legitimidad a los comicios bajo los reg铆menes populistas [19]. Pero los condicionamientos que denuncian siempre se limitan a las acciones del estado. Nunca incluyen influencias m谩s significativas, como el financiamiento privado de los partidos por parte de grandes empresas. Estas firmas siempre distribuyeron su chequera entre el PJ y la UCR.

Las afinidades de los ex alfonsinistas con la derecha se consolidaron en la 煤ltima d茅cada. La desintegraci贸n del Club Socialista, el declive del FREPASO y el estallido de la Alianza indujo al abandono de los proyectos de modernizaci贸n socialdem贸crata y al reencuentro con todos los mitos del elitismo liberal [20].

En ese ambiente predomina actualmente un clima de fastidio y desmoralizaci贸n ante la continuidad del ciclo K. Este per铆odo se ha extendido con escasas probabilidades de retorno a la vieja alternancia bipartidista. Por eso despotrican amargamente contra una idiosincrasia nacional te帽ida de autoritarismo y contaminada de populismo [21].

Para superar esos atavismos los amantes de la Rep煤blica han montado una campa帽a contra la re-reelecci贸n, junto a sus aliados del reconstituido Grupo A. Defienden con fervor la Constituci贸n actual, como si no hubiera brotado del espurio pacto de la UCR con el PJ que habilit贸 la reelecci贸n de Menem.

Ese contubernio se ubic贸 en las ant铆podas de los cambios constituyentes progresistas implementados en Am茅rica Latina en la 煤ltima d茅cada. Al pa铆s no le vendr铆a mal sumarse a esta oleada, introduciendo modificaciones que renacionalicen la propiedad del subsuelo, ampl铆en los derechos sociales e introduzcan normas de democracia semidirecta y protecci贸n al medio ambiente.

Como se demostr贸 adem谩s en el caso de Ch谩vez, una sucesi贸n de mandatos puede cumplir un papel muy progresivo para lucha social y antiimperialista. Pero los liberal-republicanos no s贸lo repudian ese antecedente. Presentan al presidente que m谩s reafirm贸 su legitimidad en incontables comicios, como un prototipo de d茅spota autoritario.

Las reelecciones presidenciales deben juzgarse como problemas pol铆ticos concretos y no como dilemas de formalismo constitucional. S贸lo desde esta 贸ptica es v谩lida la cr铆tica a un nuevo mandato de CFK que no favorecer铆a el desarrollo de un proceso progresista.

Institucionalidad conservadora

La centroizquierda anti-K conforma un heterog茅neo conglomerado que tom贸 partido por los agro-sojeros en el 2008, presentando ese paro patronal como una resistencia de 鈥減eque帽os productores鈥. Omiti贸 que el grueso de esa franja no ha sido despojada -como los campesinos del MOCASE- por el avance de soja. Al contrario, son mayoritariamente segmentos capitalistas que han prosperado con ese cultivo y defienden sus privilegios impositivos junto a la Sociedad Rural, demandando la reducci贸n de las retenciones.

La centroizquierda opositora absorbi贸 posteriormente a sectores que se distanciaron del oficialismo, imaginando que los giros regresivos del gobierno comenzaron con su alejamiento de esa gesti贸n. De esta variedad de procesos surgi贸 un bloque pol铆tico (Stolbizer, Milman, De Genaro, Donda, Tumini), que tiene eco intelectual en el grupo Plataforma [22].

Todos los exponentes de este alineamiento pregonan alguna versi贸n del republicanismo en boga. Ensalzan la institucionalidad denunciando el autoritarismo presidencial y tienden a vislumbrar al gobierno como una formaci贸n derechista, continuadora del neoliberalismo. Contraponen esta administraci贸n con el genuino progresismo que vislumbran en el PT de Brasil o el Frente Amplio de Uruguay.

Consideran que el gobierno es el enemigo principal a enfrentar con los aliados de la UCR y la Coalici贸n C铆vica. Por eso desarrollaron una campa帽a com煤n contra la re-reelecci贸n. Tambi茅n brindaron su espaldarazo al cacerolazo, que reivindicaron como 鈥減arte de nuestra lucha鈥 por su integraci贸n con 鈥済ente tan valiosa como otras gentes鈥 [23]. Ignoraron los prop贸sitos derechistas de esa manifestaci贸n, como si repudiar el control de cambios fuera equivalente a objetar los impuestos al salario. Trazaron incluso analog铆as entre las cacerolas del 2001 y del 2012, cuando la actitud solidaria que exhib铆a ese sector hace diez a帽os con los desocupados, no se extiende en la actualidad hacia el grueso de los empobrecidos.

La misma ceguera anti-oficialista se verific贸 en el apoyo al planteo salarial de la gendarmer铆a. Al ponderar la 鈥渓egitimidad鈥 de esa demanda olvidaron la diferencia existente entre los reclamos de los represores y los trabajadores. El primer grupo defiende a palos el orden capitalista contra las protestas sociales y cuando se insubordinan crean situaciones potencialmente destituyentes (como se verific贸 en Bolivia o Ecuador).

El derecho a la sindicalizaci贸n de estos sectores s贸lo ser铆a positivo en situaciones de excepcional convergencia pr谩ctica con luchas populares. Este empalme requerir铆a, adem谩s, expl铆citas negativas a continuar la labor represiva. Ninguna de estas condiciones estuvo presente en el ultim谩tum de los gendarmes.

La estrategia centroizquierdista de confluir con la CC y la UCR preanuncia una reproducci贸n de la fallida Alianza que sucedi贸 al menemismo. Alientan una candidatura presidencial, que se ubica en casi todos los terrenos a la derecha del gobierno. Binner propone garantizar la estabilidad de las inversiones, propugna acordar con los Fondos Buitres y acompa帽a las peticiones de reconciliaci贸n de la Iglesia. Tampoco es casual su participaci贸n en las reuniones socialdem贸cratas internacionales que respaldaron el brutal ajuste de Grecia [24].

Binner recuerda a De la R煤a no s贸lo por el tono aburrido y conservador de sus discursos. Ha demostrado su impotencia en el reciente esc谩ndalo de narco-tr谩fico policial en Santa Fe. El blanqueo de su gesti贸n mediante contrapuntos con el modelo nacional es un artificio insostenible. Una provincia favorecida por los ingresos de la soja reproduce niveles de desigualdad social superiores al promedio.

La centro-izquierda anti-K desenvuelve tambi茅n campa帽as positivas contra la mega-miner铆a y la criminalizaci贸n de la protesta. Pero estas acciones se promueven difundiendo verdades a medias. Las cr铆ticas habituales a la extranjerizaci贸n, al pago de la deuda o la depredaci贸n del subsuelo omiten que los mismos cuestionamientos valen para el proyecto de Binner [25].

El trasfondo de estos equ铆vocos es la falsa presentaci贸n del gobierno de Brasil y Uruguay, como modelos de superaci贸n progresista del Cristinismo. Es la misma idealizaci贸n que previamente expusieron los partidarios de imitar la Concertaci贸n de Chile [26].

No es casual que las administraciones de Lula-Rousseff y V谩squez-Mujica sean tan elogiadas por el establishment. Se comportan como buenos alumnos del capital financiero y se han negado a implementar medidas democratizadoras. Por eso los neoliberales convocan al re-endeudamiento ejemplificando el curso seguido por esos gobiernos. En cualquier terreno de conquistas sociales o democr谩ticas de la 煤ltima d茅cada, Argentina se ubica muy por delante de sus vecinos.

En esos pa铆ses se estabilizaron presidentes que defraudaron a la militancia, creando un clima de frustraci贸n, desmovilizaci贸n y despolitizaci贸n que no existe en nuestro pa铆s. Esta diferencia -registrada por todos los visitantes extranjeros de izquierda- es ignorada por el progresismo local.

Para eludir este reconocimiento se ha vuelto muy com煤n objetar cualquier tipo de comparaciones regionales, resaltando las particularidades de cada pa铆s o gobierno. Pero estas especificidades nunca invalidaron los contrastes, especialmente cuando se utilizan las viejas nociones de izquierda, centro y derecha para ordenar el an谩lisis. Estas categor铆as son indispensables para clarificar ubicaciones b谩sicas. Los pragm谩ticos que declaran la obsolescencia de esos fundamentos -con apelaciones al 鈥渇in de las ideolog铆as鈥- no han podido aportar ning煤n criterio sustituto.

Una formaci贸n m谩s cr铆tica de la centroizquierda anti-K como Proyecto Sur se distanci贸 durante buena parte del 2012 de la ceguera de ese espacio y de su convergencia con sectores regresivos. Las acertadas posturas frente a YPF, la ley de Medios o el caso Ciccone indicaron, adem谩s, una estrategia de puentes hacia sectores cr铆ticos dentro del oficialismo, que podr铆an resistir la candidatura de Scioli. Pero estas inteligentes posturas se est谩n diluyendo en una agenda de empalme con Binner, que conducir铆a a repetir conocidas decepciones.

Luchadores sin br煤jula

La izquierda partidaria mantiene la implantaci贸n que recuper贸 a partir del 2001 en los movimientos sociales, las universidades y los sindicatos. La t贸nica pol铆tica de este sector tiene gran proximidad con el trotskismo tradicional de las corrientes agrupadas en el FIT (PO, PTS, IS), en Proyecto Sur (MST) o en espacios propios (MAS). El viejo mao铆smo (PCR) no exhibe una fisonom铆a diferenciada de la centroizquierda opositora y las dos vertientes comunistas (PC-CE y PC) se sumaron al kirchnerismo.

Las visiones trotskistas denuncian el car谩cter capitalista del gobierno. Pero como todas las administraciones nacionales precedentes y del grueso del planeta comparten ese perfil, esa constataci贸n no esclarece las singularidades del kirchnerismo. Los conceptos de izquierda, centro y derecha o las comparaciones con Pi帽era, Rouseff y Ch谩vez no son tampoco utilizados para esa clarificaci贸n. Se las considera nociones prescindibles o encubridoras de la opresi贸n burguesa que caracteriza a todos los gobiernos.

Por el contrario el t茅rmino bonapartismo ha sido muy rescatado, para retratar c贸mo Cristina intenta colocarse por encima de las clases, manejando arbitrajes desde la c煤spide del estado [27]. En cierta medida esa mirada se asemeja a la caracterizaci贸n de un r茅gimen populista. Pero el primer concepto resalta m谩s el estilo de gesti贸n centrado en el protagonismo del l铆der y el segundo la gravitaci贸n de elementos para-institucionales, dentro de un sistema constitucional.

El bonapartismo era un concepto muy utilizado en el pasado para describir cierto manejo militar del estado, en situaciones de continuada cat谩strofe econ贸mica, empate social o disgregaci贸n pol铆tica. Estos contextos 鈥搎ue desbordaban el marco cl谩sico de gesti贸n de la democracia burguesa- est谩n ausentes de la actualidad argentina, luego de la marginaci贸n del ej茅rcito de la vida pol铆tica. Una noci贸n que permit铆a entender los contextos extra-parlamentarios perdi贸 gravitaci贸n en el escenario constitucional.

Pero el principal problema radica en el sentido asignado al bonapartismo kirchnerista. Para la derecha implica caudillismo, manipulaci贸n asistencial de los votantes y otorgamiento de d谩divas a las multitudes incultas [28]. 驴Para la izquierda partidaria tiene otro significado?

Tradicionalmente se establec铆a una categ贸rica distinci贸n entre variantes progresistas y regresivas del arbitraje bonapartista. Los l铆deres que introduc铆an reformas sociales en choque en el imperialismo (Per贸n, C谩rdenas, Vargas) eran ubicados en el polo opuesto de los dictadores que emulaban a Luis Bonaparte. 驴En cu谩l de los campos se ubicar铆a al kirchnerismo?

Al hablar de bonapartismo a secas, los utilizadores del concepto no aclaran si esa modalidad es actualmente utilizada para promover pol铆ticas nacionalistas, reformistas, contrarrevolucionarias o conservadoras. Esta indefinici贸n le quita utilidad al t茅rmino.

Frecuentemente se sugiere que el bonapartismo de Cristina es decadente y se desenvuelve como una caricatura de Per贸n. Esta visi贸n supone el inminente agotamiento del ciclo K, ante la 鈥渟ituaci贸n terminal鈥 de un gobierno acosado por los efectos de la crisis mundial [29].

Pero ese diagn贸stico ha sido tantas veces repetido como desmentido en la 煤ltima d茅cada. Su reiteraci贸n tiene poca credibilidad en el clima de presagios apocal铆pticos que difunde Carri贸. Lo m谩s desubicado es presentar al kirchnerismo como un 鈥済obierno del ajuste鈥 semejante a Menem o De la R煤a, cuando el dato dominante de la 煤ltima d茅cada ha sido la recuperaci贸n limitada de conquistas perdidas.

La incapacidad para distinguir situaciones impide comprender los datos b谩sicos de la realidad y en el mejor de los casos induce a caracterizaciones elusivas. No se reconocen los logros obtenidos y tampoco se los niega. Simplemente se navega en la ambivalencia de interminables denuncias.

El desconocimiento del car谩cter centroizquierdista del kirchernismo condujo en algunos casos (MST) a marchar junto a la Sociedad Rural y los caceroleros. Pero el grueso de la izquierda partidaria opt贸 por la neutralidad en los conflictos que enfrentaron al gobierno con la derecha. Interpret贸 los choques por la 125 o la ley de medios como pugnas inter-burguesas, como si el aumento de las retenciones o la desinversi贸n de Clar铆n fueran acontecimientos ajenos al inter茅s popular. Al ubicar al kirchnerismo en el mismo campo que la reacci贸n desecharon estrategias para superar al oficialismo por la izquierda.

Esta equivocaci贸n pareci贸 amainar frente a la estatizaci贸n de las AFJP que la izquierda aprob贸 en forma cr铆tica. Cuando reapareci贸 una situaci贸n semejante con la expropiaci贸n de YPF volvi贸 a predominar el criterio de neutralidad. Para objetar la progresividad de esta medida, las interpretaciones m谩s extremas construyeron un mundo al rev茅s: denunciaron reprivatizaciones donde hubo nacionalizaciones y vaciamientos donde se registr贸 una recuperaci贸n [30].

Es la miop铆a que no tuvo Trotsky en M茅xico ante un proceso semejante bajo el gobierno de C谩rdenas. Lo ocurrido es muy revelador de la actitud que asumir铆an en el Parlamento los eventuales diputados del FIT.

Esta misma conducta tiene consecuencias m谩s negativas en temas de mayor exposici贸n como la ley de medios. Algunos dirigentes (del PO) formalmente se oponen por igual a Clar铆n y al gobierno, postulando el tipo de prensa que surgir铆a en una sociedad pos-capitalista. Pero en los hechos celebraron con Gelburg y defendieron las provocaciones de Lanata en Venezuela, con la misma muletilla (鈥渧iolaci贸n a la libertad de prensa鈥) que utiliza todo el espectro pro-imperialista.

驴Suponen que su batalla por un gobierno de trabajadores no incluir铆a una oposici贸n frontal a las campa帽as de la SIP, la CIA o los emporios medi谩ticos? Resulta dif铆cil conocer su opini贸n real sobre el tema, puesto que desenvuelven un doble par谩metro de posturas amigables hacia el establishment televisivo junto a furibundas convocatorias a la dictadura del proletariado en la prensa militante [31].

El sectarismo tradicional de la izquierda partidaria persiste luego de la formaci贸n del FIT. Se afianz贸 un bloque cerrado, que no busca mejorar los ensayos de construcci贸n ampliada de alianzas anteriores (como Izquierda Unida o el Frente del Pueblo).

Esta dificultad para salir del propio c铆rculo es m谩s visible frente a los acontecimientos internacionales. El apoyo a la insignificante candidatura de Chirino en la elecci贸n venezolana fue un papel贸n registrado por toda la militancia, que sigue atentamente el proceso bolivariano.

Otro ejemplo del mismo encierro ha sido el dogm谩tico rechazo de la coalici贸n griega SYRIZA, que tiene la posibilidad de introducir un giro radical en el escenario europeo. La vieja izquierda es combativa y gana adhesiones por su coraje. Pero es totalmente incapaz de traducir esa simpat铆a en una construcci贸n real.

Esperanzas, posibilidades y sorpresas

La izquierda independiente (o nueva izquierda) re煤ne agrupaciones surgidas al calor del 2001. Conforma un espacio de organizaciones ( Santill谩n, Mella, Juventud Rebelde, Socialismo Libertario), intelectuales (Cultura Compa帽era), coordinadoras (COMPA) e iniciativas de unificaci贸n (La Marea). Estas convergencias constituyen la principal novedad del 煤ltimo per铆odo.

Las distintas formaciones comparten caracterizaciones compatibles con nuestra mirada del kirchnerismo. Cuestionan la reconstrucci贸n del estado burgu茅s que se consum贸 aislando piqueteros, debilitando asambleas y hostilizando luchas sociales independientes del oficialismo. La nueva izquierda no equipara al gobierno con sus adversarios derechistas. Retoma la diferenciaci贸n establecida por el pronunciamiento 鈥渙tro camino para superar la crisis鈥 durante el conflicto con los agro-sojeros [32].

Se han desarrollado posicionamientos convergentes de sost茅n cr铆tico a la expropiaci贸n de YPF, de oposici贸n al 8 N y acompa帽amiento del 20 N. El rechazo a los cacerolazos se expone con la misma contundencia que los cuestionamientos a la impronta conservadora de Binner. Tambi茅n se ha exigido la aplicaci贸n de la ley de Medios, especialmente contra el retaceo oficial de licencias a las experiencias comunicacionales alternativas [33].

La nueva izquierda emerge como reacci贸n al sectarismo. Propone otro tipo de pr谩cticas militantes y explicita su apoyo a la revoluci贸n cubana y el proceso bolivariano. Subraya, adem谩s, la continuada gravitaci贸n de las demandas nacionales y antiimperialistas, en la batalla por el socialismo del nuevo siglo.

Pero un gran problema de la izquierda independiente ha sido la persistente gravitaci贸n del anti-electoralismo autonomista. Esta influencia limit贸 la proyecci贸n del espacio y el trabajo pol铆tico en gran escala. No se comprendi贸 cu谩n importante es la participaci贸n actual en los 谩mbitos institucionales.

Las confrontaciones electorales han sido un campo central de disputa en todos los pa铆ses sudamericanos. Eludir esta intervenci贸n equivale a auto-condenarse a la marginalidad. Este error tiende a quedar superado, pero resulta indispensable sintonizar con el acelerado ritmo de la vida pol铆tica argentina.

Ninguna estrategia de la izquierda logr贸 hasta ahora torcer el liderazgo del peronismo y de sus herederos sobre la clase trabajadora. Esta frustraci贸n comenz贸 con el suicidio pol铆tico cometido por los socialistas y comunistas que apoyaron a la Uni贸n Democr谩tica contra el primer justicialismo. Durante la resistencia de los a帽os 60 hubo convergencias que no maduraron y el clasismo no pudo lidiar posteriormente con las expectativas creadas por el retorno de Per贸n.

Esta vieja pulseada ha reaparecido con nuevas oportunidades para la izquierda, dado el car谩cter incierto del futuro kirchnerista. En Argentina predomina un contexto pol铆tico intermedio. La demanda para 鈥渜ue se vayan todos鈥 no se tradujo en el cambio de r茅gimen consumado en Venezuela, Ecuador o Bolivia. Pero tampoco se restaur贸 el viejo peronismo, siguiendo el molde del PRI mexicano.

Resulta imperioso avanzar en la caracterizaci贸n del kirchnerismo. Ya no alcanzan las descripciones, las consignas o las definiciones escuetas. Las redes intelectuales que emergen a partir de cierta afinidad pol铆tica (Carta Abierta, Plataforma, Argumentos) buscan comprender el significado del ciclo K. En la izquierda independiente ya existen tambi茅n revistas, foros y promisorias producciones para explicar este proceso [34].

Argentina procesa una impactante mutaci贸n generacional en un marco de gran politizaci贸n, democratizaci贸n y conciencia latinoamericana. La juventud reingresa a la militancia, compartiendo experiencias, sensibilidades y anhelos. Hay un escenario muy distinto al per铆odo de ilusiones constitucionalistas (Alfons铆n), desenga帽os (Menemismo) y angustias colectivas (Alianza). En el pa铆s de las sorpresas el 2013 augura nuevos virajes.

Lecturas adicionales

-Almeyra Guillermo, 鈥淒e los piqueteros al kirchnerismo鈥 www.cubaencuentro.com, 6-10-2011.
-Argumedo Alcira, 芦Estall贸 una serie de malas pol铆ticas del kirchnerismo 芦. www.radiolared.multimediosamerica.com.ar/, 26-11-2012.
-Azcurra Martin, La izquierda ante el desaf铆o electoral www.revistasudestada.com, julio 2011.
– Bonasso Miguel, 鈥淓ste modelo va contra nuestros pueblos鈥 www.comambiental.com.ar,15-1-2012.
-Boron Atilio, 鈥 Cristina Recargada 鈥, www. atilioboron .com.ar/ 20-8-11
-Brienza Hern谩n, 鈥 La etapa superior del kirchnerismo鈥, amingaenmovimiento.wordpress.com/,16-3-2011.
-Campione Daniel. 鈥2001-2011: una d茅cada interesante鈥 www.argenpress.info, 21-12-2011.
-Casas Aldo Andr茅s, Hacia la construcci贸n de nuevas herramientas pol铆ticas de la izquierda, 2012
-Castillo Christian 鈥淓l gobierno va a chocar contra su propia base social鈥 www.aimdigital.com.ar/, 13-10-2011
-Castillo Jos茅, 鈥淪obre el nuevo documento del EDI鈥 asambleadeintelectualesfit.wordpress, 26-4-2012.
-De Sanctis, Daniel, Y la izquierda Qu茅鈥, Revista Sudestada , Buenos Aires, diciembre 2012 .
-Foster Ricardo, 鈥淟a anomal铆a kirchnerista鈥 www.revista2010.com.ar/
-Galasso Norberto, 鈥淧eronismo y Kirchnerismo鈥 www.movimientodorrego.com, 27-5-2012
-Gambina Julio, 鈥 Los movimientos sociales. Algunas reflexiones sobre el movimiento popular argentino鈥, fisyp.codigosur.net/author 08/07/2009.
-Garc铆a Sergio, 鈥淧lataforma 2012: Una iniciativa positiva y necesaria鈥, Alternativa Socialista, 2-2-2012.
-Gargarella Roberto 鈥淟as dictaduras nos han malacostumbrado鈥 www.politicargentina.com, 7-2-2012
-Gonzalez Horacio, 鈥 N茅stor Kirchner, la pol铆tica鈥, Pagina12, 28-10-2011
-Grunner Eduardo, 鈥淏alance del 2012鈥, artemuros.wordpress.com/ 2012, 28-12- 2012.
-Katz Claudio 鈥淐ertezas e inc贸gnitas de la pol铆tica argentina鈥, Herramienta web 7, diciembre 2010,, www.herramienta.com.ar
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-Mazzeo Miguel, 鈥淵 la izquierda Qu茅鈥, Revista Sudestada , Buenos Aires, diciembre 2012 .
-Natanson Jos茅 鈥淓l riesgo de La C谩mpora es terminar como la Coordinadora鈥, Miradas al Sur sur.infonews.com, 13-10-2012.
-Novaro Marcos 芦Los Kirchner destruyeron su propia herencia鈥, La Naci贸n, 1-7-2009.
-Ogando Mart铆n , 芦Nueva izquierda y disputa institucional鈥, Batalla de Ideas 2, noviembre 2011.
-Palermo Vicente, 鈥 Una sofisticada legitimaci贸n para democracias pol茅micas鈥, La Naci贸n, 28-11-2012
-Piva Adri谩n, 鈥溌緾u谩nto hay de nuevo y cu谩nto de populismo? Kirchnerismo y populismo en la Argentina post-2001鈥.
-S谩enz Roberto, 鈥淟a gran herencia del Argentinazo es la recomposici贸n obrera鈥, Socialismo o Barbarie n 216, 23-12-2011.
-Sanmartino Orovitz Jorge, 鈥 K irchnerismo y quiasmo: A prop贸sito del debate de los intelectuales鈥, www.argenpress.info/ 2012 , 3-2-2012
-Svampa Maristella, 鈥淟a brecha urbana en tiempos de kirchnerismo鈥, maristellasvampa .net/blog, 3-9-2012 www.pensamientodelsur, diciembre 2012.

Notas
[2] Hemos desarrollo este tema en 鈥淐ontrasentidos del neo-desarrollismo鈥, 8-8-2012, Herramienta web 11, Septiembre de 2012 Ver tambi茅n: 鈥淎floran los l铆mites del modelo: Un balance de los Economistas de Izquierda鈥, http://www.argenpress.info, 3-4-2012.
[3] Abordamos este problema en : Katz Claudio Las disyuntivas de la izquierda en Am茅rica Latina. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008, (cap 2).
[4] Para una comparaci贸n con el contexto de los a帽os 50 ver: Rappaport Mario, Historia econ贸mica, pol铆tica y social de la Argentina, Ariel, Buenos Aires, 2006, (cap 4) .
[5] La sindicalizaci贸n es masiva en el sector p煤blico y muy importante en las ramas estrat茅gicas del sector privado. Uno de cada dos nuevos empleados se agremi贸, consolidando un escenario muy diferente a Estados Unidos o Europa. Tambi茅n se reactivaron las comisiones internas, inexistentes en el grueso de Am茅rica Latina.
[6] Coscia Jorge, 鈥淓l kirchnerismo expresa lo mejor del peronismo鈥 tn.com.ar/ 6-11-2012 O麓Donnel Pacho. 鈥淟a historia rescatar谩 al actual gobierno鈥 www.elsolquilmes.com.ar, 8-10-2012.
[7] Felleti Roberto, 鈥淓l abandono de la dependencia鈥 La Nac

* Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su p谩gina web es: www.lahaine.org/katz

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