Jun 29 2006
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Sociedad

Antiguas sociedades americanas. – REPARAR DEUDA Y APROBAR DERECHOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A nombre de todos nuestros hermanos y hermanas de Am茅rica Latina queremos felicitarlo por su elecci贸n para la Presidencia de este Consejo y tenemos la confianza en su objetiva y propositiva conducci贸n de los asuntos que se presentaran en nombre de los derechos humanos del mundo, en especial aquellos referidos a la vida y destino de nuestros pueblos.

En primera instancia debemos se帽alar que la Asamblea General de las Naciones Unidas ha sido muy firme y decidida en relaci贸n con la pronta adopci贸n de la Declaraci贸n de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Ind铆genas del mundo, reconociendo con esto la violaci贸n de nuestros derechos humanos fundamentales de que somos victimas d铆a a d铆a los pueblos ind铆genas.

Se帽or Presidente, nosotros, como representantes ind铆genas que venimos de nuestras comunidades, participamos desde el a帽o de 1982 en las sesiones del Grupo de Trabajo de la Subcomisi贸n creada con el fin de atender las realidades y aspiraciones de nuestros pueblos y que adopt贸 el proyecto de Declaraci贸n en 1994. En ese momento, cre铆amos que hab铆amos alcanzado un texto de consenso, pero la extinta Comisi贸n de Derechos Humanos consider贸 necesario hacer m谩s consultas y estableci贸 el Grupo de Trabajo Intersesional para elaborar el Proyecto de Declaraci贸n teniendo como documento base el texto de la Subcomisi贸n.

Durante once a帽os, los pueblos ind铆genas hemos participado activamente en dicho Grupo de Trabajo con representantes de los Estados, y el resultado de las labores hoy d铆a esta contenido en el Informe del Presidente del XI periodo de sesiones del Grupo de Trabajo de la Comisi贸n de Derechos Humanos (DOC E/CN.4/2006/79). En este sentido, el texto final del Presidente es un documento de compromiso que atiende de manera equilibrada y razonable las justas reivindicaciones de nuestros pueblos y las preocupaciones de los Estados.

Se trata de un documento consecuente con el desarrollo progresivo del derecho internacional de los derechos humanos y es el resultado de los m谩s altos consensos entre los pueblos ind铆genas y los Estados, por lo que venimos con el mandato de nuestras comunidades y pueblos de apoyar decididamente dicho texto y solicitar su adopci贸n en esta primera sesi贸n del Consejo de Derechos Humanos.

Se帽or Presidente, respetados miembros del Consejo, en sus manos y en su conciencia est谩 el destino de m谩s 350 millones de ind铆genas de todo el mundo. Confiamos en ustedes la posibilidad de una vida digna y justa para nuestros pueblos y de las futuras generaciones del mundo. Por eso ustedes no deben dejarse impresionar, ni creer en aquellos Estados y personas que no tienen el m铆nimo compromiso, ni la sensibilidad por los derechos humanos de nuestros pueblos. A nuestro juicio, ha llegado la hora de que la ONU cristalice todos los esfuerzos que hemos realizado por m谩s de 20 a帽os para tener una Declaraci贸n que proteja nuestros derechos fundamentales.

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Se帽or Presidente, la Declaraci贸n busca eliminar progresivamente la discriminaci贸n que vivimos los pueblos ind铆genas en todo el mundo y es congruente con los Objetivos del milenio de las Naciones Unidas para la erradicaci贸n del hambre y la pobreza que tanto dolor trae a la humanidad, en especial a nuestros pueblos. Tambi茅n contribuir谩 a que haya una nueva relaci贸n entre nuestros pueblos ind铆genas y los Estados basados en la coordinaci贸n y el respeto mutuo.

A ustedes queremos enfatizar que los pueblos ind铆genas no buscamos la desintegraci贸n como algunos han afirmado, sino lo que deseamos es la unidad a partir del reconocimiento de la diversidad. La Declaraci贸n sentara las bases para que los pueblos ind铆genas tengamos un lugar digno en la historia de la Humanidad.

Respetables Estados miembros del Consejo, queremos denunciar la campa帽a insensible, incomprensible y deshonesta encabezada por el Gobierno de Canad谩, Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, entre otros, que usando su poder econ贸mico visitan nuestras Canciller铆as con la complacencia de algunos Estados, para tratar de postergar la adopci贸n de la Declaraci贸n.

Los representantes de los Estados y de los pueblos ind铆genas comprometidos con los derechos humanos sabemos perfectamente que sus intenciones no son consensuar ning煤n tipo de textos, porque el m谩ximo consenso posible ha sido alcanzado con la propuesta del presidente, sino que sus prop贸sitos de fondo son la de dilatar el proceso para obstruir y destruir el compromiso de la Asamblea General de adoptar la Declaraci贸n de los Derechos de los Pueblos Ind铆genas. A estos Estados renuentes les solicitamos que reconsideren su actitud ya que lo 煤nico que est谩n haciendo es perpetuar la injusticia y la discriminaci贸n que pesa sobre nosotros.

Por ello, en nombre de los m谩s de 50 millones de ind铆genas en las Americas instamos a todos los miembros del Consejo, especialmente al GRULAC, para que reafirmen su compromiso con los pueblos ind铆genas, votando favorablemente la Resoluci贸n presentada por Per煤 a fin de adoptar en esta sesi贸n del Consejo de Derechos Humanos la Declaraci贸n de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Ind铆genas y que una vez aprobado en este Consejo, se recomiende a la Asamblea General que lo adopte en su 61潞 periodo de sesiones.

Ha llegado la hora de saldar la deuda hist贸rica con los pueblos ind铆genas. Ha llegado la hora de atender los justos y dignos reclamos de nuestros pueblos. Este nuevo Consejo de Derechos Humanos tiene que estar a la altura de los reclamos de quienes hist贸ricamente hemos sido discriminados y excluidos. Este nuevo Consejo tiene que mandar un mensaje positivo a la humanidad aprobando en su primera sesi贸n la Declaraci贸n de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Ind铆genas.

Addenda

LOS PUEBLOS IND脥GENAS

Se estiman alrededor de 5.000 pueblos ind铆genas en el mundo, repartidos en unos 70 pa铆ses 鈥揺n Am茅rica suelen denominarse pueblos originarios鈥搊 naciones orginarias鈥. Su situaci贸n 鈥揳l interior de los Estados conformados en territorios que les pertenecen ancestralmente鈥 viene analiz谩ndose desde la primera mitad del siglo XX, en tiempos de la Sociedad de las Naciones y por demanda de pueblos originarios americanos.

Los avances son lentos; reci茅n hacia 1970 las NNUU, por medio de la Subcomisi贸n de Prevenci贸n de Discriminaciones y Protecci贸n de las Minor铆as inici贸 el estudio completo y sistem谩tico de los problemas que enfrentan y que, de no mediar medidas urgentes en muchos casos est谩n condenados a la extinci贸n.

Naciones Unidas calcula que los pueblos ind铆genas conforman no menos de 300 millones de personas, en general menospreciados por los invasores que, merced habitualmente a una tecnolog铆a b茅lica de mejor calidad, pudieron dominarlos y hacerse con sus territorios muchas veces a costa de su aniquilaci贸n f铆sica. No hay culturas superiores a otras, empero, y el pueblo jarawa 鈥揹e las islas Andam谩n, pr贸ximas a India鈥 dio una lecci贸n al evitar los efectos desastrosos del maremoto que afect贸 las costas asi谩ticas y africanas por su conocmiento y relaci贸n con el ambiente natural.

Los jarawa enfrentan, desde fines de la d茅cada de 1991/2000 un planificado genocidio. No menor 鈥損or otra parte鈥 que aquel que se cierne sobre los clanes y tribus amaz贸nicas.

El enfrentaniento entre la civilizaci贸n europeo-americana y las culturas de los pueblos denominados originarios pone el eje de la discusi贸n en las formas 鈥搉o 芦modelos禄鈥 de vida de unos y otra. Mientras la civilizaci贸n occidental pone le acento en el desarrollo basado en el dominio de la naturaleza, los pueblos originarios eligieron un camino que aprende a vivir en la naturaleza como parte de ella, y sin destruir el ambiente.

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