Jun 5 2006
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Opinión

APORÍAS DEL NEW AGE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

“Música del Universo”. Las aporías del New Age estrangulan el deseo como un dragón de muchas cabezas asfixiándose con su propia cola. Por un puñado de dólares cabalgamos este dragón contemplando el espacio en una orden de correo zafu, deseando, soñando y meditando nuestro camino hacia el gran espectáculo luminoso del fin del tiempo…
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Mirada cristalina esperando el “punto omega” dentro de nuestros SUV, quemando incienso al sonido de pájaros cuidadosamente grabados en su ambiente natural saliendo de un sistema sonoro digital: parlantes estereofónicos estratégicamente colocados para evocar la foresta amazónica lluviosa o algún lugar en el medio del Edén.

La foresta comulga con nosotros …divulgando sus secretos e invitándonos a abrazar a Gaia, a mamar con la Diosa Madre misma. Una regresión al vientre de Miss Universo, al estado beatífico del Samadhi o, a lo menos, es lo que la portada del CD nos dice que podríamos experimentar por el cómodo precio de $19.95.

!Despierta! Todo es un sueño, una remembranza sonambulísticamente mecanizada, meras sombras y fantasmas en el telón de la cultura de masas. Despertemos de nuestro estupor y hagámosnos conscientes de nuestra propia divinidad. Hemos caído. Hemos sido expulsados a patadas del Paraíso y la evolución de la consciencia es la historia de la agotadora re-ascensión en la gran cadena de seres.

fotoAsí como es arriba, ¿es abajo?. El sacudimiento de la consciencia social de los años 60 emerge en los 70 como New Age. Desde las cenizas de un mundo desencantado, los hippies prepararon la escena para el advenimiento de la Edad del Aquarius. En el cuerpo social amorfo y fluctuante del movimiento “human potential”, el fetiche de un “noble salvaje” retro primitivo adaptado del romanticismo, se poliniza con un sutra budista, pacíficamente languideciendo en el sueño de un lotus, mientras un terapista de grupo realiza encantamientos ocultos de los diez mil nombres de Dios.

Esta re-configuración maquinista del ensamblaje de los deseos surge como rechazo al paradigma mecanicista newtoniano-cartesiano. Intenta rescatar el estatus del significado universal al organizar una red internacional de correspondencias conectando principios cósmicos, psíquicos, esotéricos y materiales a través de la lógica del sincretismo y el discurso velado de prácticas espirituales ritualizadas.

Con la búsqueda de la consciencia cósmica como su raro atractor, el ensamblaje del New Age procede mezclando mitología, yoga kármico, escatología, chamanismo, ciencia pop y psicología, paganismo, para-psicología, budismo, cristianismo, estados de conciencia alterados, etc., en el intento de acelerar el salto cuántico.

Entre las muchas líneas que florecen de las secuelas de la mecánica cuántica, Carl Jung es uno de los primeros que intenta construir un puente entre ciencia y religión. La máxima “arriba como abajo” se proyecta en la ruptura entre Freud y Jung y modula The Tao of Physics (1975) de Fritjof Capra, The dancing Wu Li Masters (1979) de Gary Zukav y Wholeness and the Implicate Order (1980) de David Bohm, trabajos seminales clásicos de la New Age.

La premisa fundamental de Freud en La Civilización y su Descontento es que el universo no tiene sentido y no esta estructurado de acuerdo a los deseos humanos. Estamos dislocados, descentrados y cósmicamente fuera de lugar. Jung, incapaz de aceptar esta desarmonia fundamental en la relación entre el individuo y el universo, se dispone a re-inscribir la problemática sicoanalítica dentro del marco de las fuerzas cósmicas y su unificación alquimica moderna: Ying y Yang, Psique y Cosmos, Ciencia y religión.

fotoLa ilusión del fragmento. Al momento en que lanzamos una ojeada “hacia abajo”, todo lo que vemos es una distorsión de lo Real, una ilusión. Al mismo tiempo estamos inmersos y distantes del momento contingente. La vida diaria es reducida a las simulaciones excretorias de lo Uno. Una versión degradada de lo absoluto, una visión distorsionada que nos orienta hacia una jornada personal, cuya calcomanía de parachoques dice: “tu creas tu propia realidad”…

Por ultimo, todo es solo una ilusión. Todo un intento de golpear el botón eyector de la silla y trascender el mundo ordinario y cotidiano de la carne mortal, de los “egos encapsulados en piel”, de los monos bipedales sin pelaje. El ensamblaje New Age traiciona la revolución al limitarla solo a una transformación interna e individual que inevitablemente crea una disyunción al nivel del campo social, la separación de la experiencia mística de la acción revolucionaria. Toda la cuestión del poder y sus aparatos de captura se pasa por alto en favor del reino del otro mundo y la bella alma.

En este esquema de las cosas, la sociedad emerge de lo individual. Lo uno existe espacial y temporalmente antes de lo diverso. La presunción subyacente es que al cambiar nosotros mismos cambiamos la sociedad. Lo absoluto es conceptualizado como un espacio trascendental homogenizado de máxima consciencia. Si Atman y Brahman son uno y lo mismo, entonces lo uno debe ser la abolición de toda diferencia.

Revelar: volver a velar. Al intercambiar el cuello del cura por la túnica del gurú, no solo nos hundimos mas en la mitificación, sino que también nos encadenamos nosotros mismos a la tradición, al maestro, al líder y a los sabios –ofreciendo variaciones del paraíso, prometiendo escape– mientras la discrepancia es desalentada. Monasterios, iglesias y mezquitas son elementos unidos al reino de la estructura del poder; las puertas del cielo están resguardadas por burócratas.

El ensamblaje de la New Age, se conforma con un “cambio de paradigma” en lugar de una revolución, a pesar de que las grandes figuras religiosas, tales como Buda, Jesús y Mohamed fueron revolucionarios que rompieron con las estructuras políticas y las autoridades religiosas de su tiempo.

fotoEl ensamblaje de la New Age atrapa el impulso utópico por otro mundo en el fetiche de la mercancía espiritual. En un gesto repentino, nuestra mirada es re-dirigida hacia un castillo interior cuyas murallas rebosan con fantasmas que conservan el velo ideológico intacto, fundiéndonos en un campo invisible de estructuras de poder que capitaliza nuestros deseos.

La vuelta hacia el interior nos disocia del exterior revolucionario. En su fracaso de subvertir las fuerzas del capital, el movimiento New Age se hace cómplice de la sociedad de consumo controlado. Un apéndice mas de la máquina capitalista neo-liberal. Mientras esperamos, nos superamos a nosotros mismos persiguiendo talleres espirituales de fin de semana y gurús que ofrecen las últimas técnicas corporativas Zen.

Todo está en su lugar, hermanos. Usando la moda etérea mas reciente re-decoramos nuestras casas –y nosotros mismos– con los consejos de los expertos de Feng Shui y consultantes psíquicos mientras nos agarramos a la idea de que estamos a punto de lograr un cambio evolucionario masivo. La revolución puede haber sido suspendida y sin embargo, a pesar de ello, algo se esta preparando en los campos Eliseos.

Los iconos han sido descifrados, los presagios han sido interpretados, las cartas del Tarot han hablado y Nostradamus ha profetizado. Estamos al margen de algo radicalmente nuevo –o a lo menos así se nos insta a creer–. Ya sea el Apocalipsis, el fin de la historia o el arribo de la inteligencia extraterrestre, el momento esta cerca.

Si aceptamos los cálculos de Terence Mckenna, que sigue el calendario maya, el “objeto trascendental del fin del tiempo” se nos revelara en el año 2012 AD. Y tendremos asientos de primera fila para ver el Espectáculo –pero recuerde que no se permitirán sillas de playa–.

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* Candidato a PHD en Teoria y Criticismo en la Universidad de Western en el London de Ontario, Canadá.

A los lectores

Este artículo tuvo que ser re publicado por razones técnicas –los viejos duendes de taller se mudaron al mundo digital–. Al momento de ser repuesta, 45 lectores la habían recorrido y había merecido puntuación 5.

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