Jul 9 2004
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Sociedad

Archivo: Entrevista con Leonardo Boff

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A partir del 11 de Septiembre del 2001 se habla de un mundo, con toda razón, más inseguro. Pero, tanto esos atentados como las guerras que vinieron después, las de Afganistán y la de Irak, se han hecho en nombre de Dios. En nombre de un Dios o de otro. Voy a comenzar por el segundo Mandamiento que dice. «No tomarás el nombre de Dios en vano». ¿Por qué se ha convocado a Dios tanto para los atentados como para la guerra?

-Se ha evocado el nombre de Dios por la naturaleza de la religión. Las personas no ofrecen su vida, no luchan, no entregan sus más altos intereses por ideologías políticas o intereses económicos sino por convicciones profundas, por el sentido más amplio de la vida que les otorga la religión. En este sentido, la religión es  el eje central  de una civilización.

Y esto no solamente lo reconozco yo como teólogo sino también muchos científicos sociales y cito a uno especialmente, porque hoy es muy importante, Samuel Hungtinton. En su famoso libro Choque de civilizaciones él dice exactamente eso, que la fuerza central, no una de las fuerzas sino la fuerza central que moviliza a las personas en las culturas de hoy es la religión.

Prácticamente todos los conflictos hoy existentes llevan por debajo un conflicto religioso, y como las religiones normalmente se constituyen en la identidad de un pueblo que se siente amenazado, allí se produce una patología que es el fundamentalismo. Esto quiere decir que mi verdad,  mi religión, es la verdadera y todas las demás no lo son, y por eso hay que convertirlas o marginarlas, o en caso extremo hay que destruirlas. Entonces, hoy lo que tenemos es una guerra de fundamentalismos, lo sabemos muy bien por investigaciones serias.

George Bush también está movido por una visión religiosa fundamentalista, Bush es un convertido, él reúne a su equipo de oración dentro del gobierno, siempre antes de tomar decisiones rezan para cumplir el plan de Dios.

Samuel Hungtinton sostiene que estamos  frente  a un choque de civilizaciones. ¿Es realmente así?

-En su libro, que por supuesto puede ser discutido, Hungtinton dice que el primer encuentro, el primer choque será con el Islam y después con las culturas más orientales.

Yo pienso que en Occidente la perspectiva es todavía belicista. Occidente ve la guerra como una fatalidad, como la solución de los conflictos, por grandes que éstos sean. Yo no pienso que este sea el camino, porque una confrontación entre la cultura europea homogeneizada por Estados Unidos y la gran cultura de China y Oriente, conllevaría una devastación absoluta de la biosfera y la destrucción del proyecto planetario humano.
En este sentido creo que es muy importante la contribución de Hans Green, ese teólogo católico y su equipo, que está pensando en una ética mundial, como otro camino de solución. Green entiende que los conflictos fundamentales son religiosos, y que la solución debe salir de allí mismo, del diálogo entre todas las religiones, para sentar las bases de una paz política.

Hay que profundizar en esta dirección, en el diálogo de todos con todos empezando por las religiones, pasando por la política, por la economía. Sólo así podremos establecer la casa común, en el único planeta que tenemos, la Tierra, donde vive la única familia que es la familia humana, con muchos rostros, con muchas tradiciones.

Yo comenzaba con el segundo mandamiento: «No tomarás el nombre de Dios en vano». Ahora voy a pasar al quinto, «No matarás». Muchísimos católicos, a los que usted en esta conversación llama fundamentalistas, convertidos, reivindican la siguiente posición: deberíamos alegrarnos de que haya caído un tirano, de que hayamos terminado con una dictadura en el Medio Oriente.

Además, la desaparición del régimen de Saddam Hussein demostraría que aquellos que salieron a las calles a reclamar, aquellos que pedían que no se iniciara esta guerra, estaban equivocados, porque ahora nos acercamos o vamos a iniciar el camino de la auténtica liberación y de la democratización del pueblo iraquí.

-Sí, yo creo que es importante alejar del poder a tiranos sanguinarios, a personas que amenazan a la humanidad.  Por lo mismo habría que alejar inmediatamente a Bush, porque es la persona que más amenaza a la tierra, a la estabilidad del planeta.

A qué costo de qué se ha hecho la guerra en Iraq. Costos altísimos de destrucción, en primer lugar, de la soberanía de una nación. Se ha destruido toda su infraestructura, se ha asesinado a centenares de personas, a niños inocentes.

Es como si yo llegara a una casa que está en conflicto, donde padres e hijos se pelean, y la invado, mato hermanos, hermanas, mato a la abuela y luego abrazo a los padres y les digo, todo esto fue hecho por amor a ustedes, ahora serán libres, no tendrán conflictos.

Pero los muertos están ahí, la casa está destruida, entonces, a este costo no queremos la democracia ni la paz. Hay que recordar lo que dijo el Papa, que toda guerra es una derrota de la Humanidad y hay que rescatar también lo que dijo Gandhi, que abrió el camino para una nueva visión del mundo y de la política: la paz no puede ser solamente meta sino también método: los medios pacíficos son los únicos que producen paz.

Los medios violentos  no producen paz, lo más que pueden producir es una pacificación, es decir, una paz impuesta con violencia pero no una paz que florece, que hace que las personas se encuentren, que puedan trabajar y progresar tranquilamente.

Hoy es Viernes Santo**, un día  de  reflexión por Aquel que murió en el Gólgota. Al reflexionar sobre el mundo en que vivimos reconocemos que es un mundo más inseguro, más incierto, con un unilateralismo rampante. La consecuencia de estas circunstancias que estamos viviendo es el pesimismo. Yo quiero hacerle esta pregunta, porque tiene que ver con la fe, que está basada fundamentalmente en un acto de esperanza. ¿De dónde sacar la fuerza para la esperanza en un mundo que tiende a agravarse?

-Yo creo que la fiesta de hoy Viernes Santo o la Semana Santa toda, puede ser vista como una metáfora de la estructura de la historia, y también de la estructura de nuestra esperanza. Yo estoy seguro que nosotros estamos en un proceso de travesía, de transmutación, es decir, el viejo paradigma que utilizaba siempre la guerra, la violencia como solución a los problemas ya no puede seguir triunfando.

La guerra de ahora fue una guerra cobarde contra un país enflaquecido y débil. Pero no se puede hacer una guerra contra Rusia o contra China, porque tienen armas de destrucción masiva, armas nucleares, y sería el fin de la humanidad; entonces, ese camino que utiliza la guerra no es más un camino válido.

Nos encontramos en la travesía, caminando hacia otro tipo de civilización, que es la civilización del cuidado, del diálogo, de un nuevo pacto mundial de los pueblos con la naturaleza, porque ésta también pertenece a ese pacto.

Asistimos a la muerte de un tipo de civilización y lentamente está naciendo otra por todas partes, en los millones de personas que están en las calles gritando por la paz, los grupos de Seattle, de Porto Alegre, los que quieren y dicen que otro mundo es posible, diferente, más radical en la paz y la concordia entre los seres humanos.

Yo creo en esto porque si la vida existe hace ya tres mil millones de años y los seres humanos por lo menos 10 millones de años: no estamos aquí para morir miserablemente.

Yo veo el Viernes Santo como una metáfora, un paradigma. Si uno considera solamente el Viernes Santo, el Mesías Jesús fracasó rotundamente porque murió en la cruz sólo con su madre a los pies y todos lo abandonaron, sus discípulos lo traicionaron. Pero luego viene el Sábado Santo, viene la Resurrección, donde la cruz se transforma en símbolo de vida, de resurrección.

Entonces yo creo que estamos asistiendo a la Pasión de Cristo que se renueva, la pasión de los pueblos, y dentro de esa pasión hay miles de resurrecciones, hay momentos de luz y esa luz va a triunfar, y esa luz como siempre  produce alegría, hace ver las cosas de un modo nuevo y rehace la esperanza de los seres humanos.

Quiero volver al tema de la fe. Cuando hay una crisis, cuando hay un problema, cuando hay un temor o un miedo, la gente tiene la costumbre de recurrir a la fe, pero ¿se trata de una auténtica fe? Me refiero a esta fe como escapismo, no a la fe como convicción absoluta en la creencia en Dios.

-La teología siempre hizo la distinción entre la fe útil y la fe preciosa. La fe preciosa es la fe que no depende de nadie, ha encontrado a Cristo y reafirma su relación positivamente, es la fe preciosa que vive por el valor de sí misma. Pero existe también la fe útil, que no hay que despreciar: cuando estamos desesperados nos damos cuenta de nuestra condición humana, de que no somos autónomos, que dependemos de un vaso de agua, de un poco de pan, del abrazo de una persona, eso es la condición humana y ahí emerge la fe.

Para las escrituras cristianas lo opuesto a la fe no es el ateismo, no es la no fe sino el miedo, porque el miedo destruye toda la visión luminosa, todo el sentir de las cosas. En el Evangelio Jesús aparece y dice » no temáis, soy yo, creed en mí».

Ese creer, entregarse, es afirmar que el sentido  tiene más valor que el absurdo, que la última palabra tiene la luz y no las tinieblas, la vida y no la muerte. En momentos límites decimos que algo nos sobrepasa, y creemos en ese alguien que puede intervenir, salvarnos, crear para nosotros un sentido nuevo. Entonces podemos decir sí y amén, porque en sentido bíblico creer significa decir al otro, a Dios, sí y amén, yo me abro, yo acepto, yo reafirmo el valor de la vida más que el valor de la muerte y de la guerra.

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* Director del Departamento latinoamericano de Radio Nederland. (www.rnw.nl).
Transcripción de la etrevista: Vicky Robles.

 

** La conversación tuvo lugar el 18 de abril de 2003.

 Reseña biográfica de Leonardo Boff

Nieto de inmigrantes italianos, nace en Concordia, estado de Santa Catarina en diciembre de 1938. Estudia Filosofía en Curitiba y Teología en Petrópolis. En 1959 ingresa a la Orden Franciscana.

En 1970 recibe el título de Doctor en Teología de la Universidad de Munich, Alemania. Durante los próximos 22 años enseñará Teología sistemática y ecuménica en el Instituto Franciscano de Petrópolis y como profesor visitante en las universidades de Lisboa (Portugal), Salamanca (España), Harvard (EEUU), Basilea (Suiza) y Heidelberg (Alemania).

La Universidad de Turín (Italia) le otorga un Doctorado honoris causa en Política y la Universidad de Lund (Suecia) en Teología. El doctor Boff ha recibido el reconocimiento universal por su dedicación y lucha por las causas de los derechos Humanos y la suerte de los oprimidos del mundo.

Entre 1970 y 1985 dirigió la Editorial Voces; en ella coordina la publicación de textos referidos a la Teología de la Liberación y las obras conmpletas de Karl G. Jung. Hasta 1984 tuvo a su cargo la edición de la Revista Eclesiástica de Brasil; entre 1984 y 1992, de la revista Voces y dirigió o fue parte de la redacción de otros medios cristianos de comunicación.

En 1984, tras la publicación de Iglesia, carisma y poder fue llamado a Roma para responder por las tesis allí expuestas; en 1985 se le impuso un año de «silencio obsequioso», que se repitió en 1992. Esta vez abandonó formalmente la institución.

No por ello ha dejado de lado sus tareas en los movimientos de base, sus actividades académicas ni de publicar obras. Desde 1993 es catedrático de la Universidad del estado de Río de janeiro, donde enseña Ética, Filosofía de la Religión y Ecología.

Sus trabajos doctrinarios en Teología de la Liberación están expuestos principalmente en obras como Pasión de Cristo, pasión del mundo (1977), Las comunidades de base reinventan la Iglesia (1979) y La vida religiosa en el proceso de liberación (1979).

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