Sep 25 2006
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Ambiente

Argentina, ambiente – LA FRONTERA ES EL DISCURSO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No caben dudas de que el mundo merecería estar en terapia intensiva por los constantes y fundamentalistas ataques al ambiente. Y para darse cuenta de esta realidad basta con ver los informes emitidos por Terra, la nave del sistema de observación terrestre lanzada en diciembre de 1999, cuyos primeros datos –enviados a mediados del año 2000– dan cuenta que los gases nocivos en plena expansión no respetan fronteras.

Incendios forestales, actividad industrial, vehículos aéreos y terrestres, entre otras intromisiones humanas, son las generadoras de altas concentraciones de monóxido de carbono.

En la Argentina, país que muy pocas veces, si alguna, escapa a los avatares del resto del mundo, presenta zonas densamente urbanizadas que día a día y año a año se tornan menos respirables. En la capital federal y el conurbano bonaerense la polución es lenta, pero aumenta de manera inexorable. En el caso del norte de la republica, la situación se torna más compleja y los daños al ambiente se producen por y se traducen en desforestación de los montes selváticos, ocasionada mayormente por empresas depredadoras cuyo único fin es el económico.

La Patagonia argentina tampoco escapa a esta cruda realidad, porque la producción de hidrocarburos ha aniquilado irrecuperablemente especies animales y vegetales autóctonas.

No se pone en tela de juicio que la explotación y el transporte de petróleo sean actividades muy importantes para el desarrollo económico de la sociedad industrial moderna. Sin embargo estas actividades son generadoras de riesgos que se traducen en contaminaciones que atacan directamente al ecosistema marino y costero, en particular.

En su discurso ante los máximos representantes del mundo en las Naciones Unidas (ONU) el presidente Kirchner se preguntó por qué los procesos de producción de los países mas ricos, que son ambientalmente menos dañinos, no se traspasan a los Estados mas pobres, y en cambio continúen exportando doctrinas de producción que en sus naciones ya no aceptan.

Obviamente los dichos del presidente vienen muy bien, teniendo en cuenta la delicada situación que padece el mundo y que hemos calificado como digna de terapia intensiva. Pero la duda que queda flotando en el aire y sobre todo en los argentinos, que vimos y escuchamos al presidente por los medios, es ¿cuánto se ha hecho en Argentina para estar moralmente a la altura de las circunstancias y dar recomendaciones sobre como deben ser los sistemas de producción industrial no contaminantes?

El Estado Argentino en estos últimos años ha hecho poco y nada en la materia. Porque no ha sido ni disciplinado, ni lo suficientemente hábil para determinar aquellas cuestiones que merecen ser consideradas como políticas de Estado. De acuerdo al criterio de especialistas y que aparece publicado en diario Clarín, el Estado debe resguardar

“Las selvas Misionera y de Yungas, donde reina la mayor biodiversidad de la Argentina, cuya deforestación jamás se detuvo a pesar de las voces de alerta; los Esteros del Iberá, humedal correntino custodiado por una reserva casi desprovista de medios de control; el bosque chaqueño, cuyo veloz retroceso a manos de los madereros produce asombro; el pastizal pampeano, en vías de extinción en su último reducto, allá en San Luis; los bosques cordilleranos nativos, que suelen ser reemplazados por especies exóticas de rápido crecimiento, a veces justificados por incendios de origen dudoso; las cuencas de los dos ríos más importantes del país, el Paraná y el Uruguay, afectados por represas y contaminación; y la estepa patagónica, ya devastada por los ovejeros, que reemplazaron con el ganado ovino al autóctono, compuesto mayormente por el guanaco, animal adaptado a ese ambiente y que hoy ha encontrado un lugar en la cadena productiva local a través de la esquila”.

En síntesis: el cuidado y la protección del medio ambiente en cualquiera de sus formas, comienza por casa, para no caer en el viejo adagio de ver la paja en el ojo ajeno cuando en el de uno existe una viga.

Explicación de la imagen. El gas atmosférico CO2, ha incrementado al menos en un 15%,en el ultimo siglo, como se muestra en la figura no toda la energía es irradiada al espacio por las regiones de baja transmisión absorbiendo cierta cantidad de energía lo que ocasiona una alta temperatura en la tierra.

(Dirección General de Salud Ambiental, Perú. www.digesa.sld.pe.

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* Periodista de Radio y Televisión del Neuquén.
faiasso@jetband.com.ar.

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