May 27 2015
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Pol铆tica

Argentina: amnesia electoral 2015

Argentina atraviesa una secuencia electoral in茅dita. En muy pocas oportunidades se vot贸 tantas veces en tan poco tiempo. El calendario electoral no deja respiro. Entre comicios nacionales, locales y ballotages, en muchas provincias se votar谩 cinco o seis veces. En esta sucesi贸n de comicios convencionales se vota mucho y se debate poco. Los principales candidatos son muy parecidos y despliegan agendas semejantes. Hay que buscar con lupa las diferencias reales que separan a Macri, Massa y Scioli. Nunca ha sido tan cierto que los tres candidatos en juego son lo mismo.

La experiencia kirchnerista de la 煤ltima d茅cada concluye en este escenario de polarizaciones artificiales y propuestas derechistas. S贸lo se disputa qui茅n comandar谩 el giro conservador que se avecina.

Las semejanzas del trio

La enorme similitud entre Scioli, Massa y Macri se verifica en el vertiginoso pasaje de figuras de un armado al otro. Estos saltos son habituales en el justicialismo, pero se han extendido ahora al grueso del espectro pol铆tico. Hasta el cierre de las candidaturas regir谩 una temporada de caza para capturar punteros y reclutar financistas .

La principal rapi帽a afecta al equipo de Massa. Cirigliano ya se escap贸 con Macri y Giustosi tramita un retorno a Scioli. Sol谩 recibe ofertas y De Narv谩ez prepara zancadillas en varias direcciones.

Massa y De Narv谩ez

Massa y De Narv谩ez

Lo mismo ocurre en la coalici贸n del PRO con la UCR, desde que Carri贸 inaugur贸 la carrera por el mejor postor. En C贸rdoba, Juez ya se ha sumado a todos los corruptos que prometi贸 enfrentar y los radicales negocian gobernaciones con cualquier opci贸n ganadora. En este mercado de pases son muy activos los ultra-opositores -como Cobos o Lousteau- que ostentaron altos cargos en el oficialismo. El kirchnerismo no ha quedado al margen de esta euforia de oportunismo. Recalde eligi贸 como vice a un individuo que bati贸 todos los r茅cords de insultos al gobierno.

La campa帽a en curso consagra, adem谩s, la primac铆a del palabrer铆o vac铆o. Los candidatos compiten por no decir nada, en spots publicitarios musicalizados por los mismos managers electorales. S贸lo est谩 permitido desplegar sonrisas y exponer tonter铆as.

Esta vacuidad ha reavivado el cinismo de muchos comunicadores. Presentan la mentira como un dato natural de las confrontaciones electorales. Descuentan que todos repetir谩n lo ocurrido con Menen o De la R煤a y que ninguno har谩 en el gobierno lo que prometi贸 desde el llano. Este principio de la gobernabilidad burguesa rige a pleno.

Otro indicio de la misma estafa es la fabricaci贸n de candidatos. Los publicistas demandan figuras conocidas para atraer el voto ciudadano. El precedente que inauguraron Palito Ortega y Reutemann ha sido adoptado por todos los competidores. Las mismas groser铆as que colocaron a Del Sel al frente PRO santafesino han llevado a un humorista cordob茅s a convertirse en candidato a vicegobernador del kirchnerismo. En la provincia de Buenos Aires las principales listas incluyen tigresas, boxeadores y expertos en frivolidades.

Por esta raz贸n Tinelli fija el tono de la campa帽a. Ensalzar a un imitador, bailar a los saltos o compartir las vulgaridades del principal showman de la TV es un requisito para ser presidenciable.

Las miradas benevolentes afirman que esas payasadas son indispensables para conocer la personalidad del futuro jefe de estado. En los hechos, los seleccionados ya pasaron por el filtro del establishment en la gesti贸n de sus provincias o municipios. Para el gran p煤blico s贸lo queda un certamen de simpat铆a.

Los c铆nicos justifican este circo culpando a la sociedad. Afirman que la poblaci贸n 鈥渘o quiere ver la realidad鈥 y olvidan como los poderosos (y no toda la ciudadana) condicionan la oferta electoral.

Las frases huecas constituyen otro indicador del enga帽o en marcha. El oficialismo subraya la 鈥渃ontinuidad鈥, Macri el 鈥渃ambio鈥 y Massa alg煤n punto intermedio igualmente indescifrable.

Macri

Macri

Los hombres del PRO tambi茅n remarcan la necesidad de 鈥渄ialogar en lugar de confrontar鈥. Con muchos globos y m谩s cotill贸n despliegan mensajes de buena onda para erradicar el pesimismo. Es el mismo marketing que utiliza toda la derecha lati noamericana para reinventarse con discursos sociales, compromisos de asistencialismo y perfiles juveniles. Enfatizan la centralidad de la gesti贸n y proclaman la disoluci贸n de las ideolog铆as.

Esta degradaci贸n de la pol铆tica sintoniza con el PRO, que aglutina no s贸lo a la derecha tradicional promotora de cacerolazos. Tambi茅n re煤ne a muchos ahijados de las ONGs privatistas. Estos sectores son m谩s afines al mensaje despolitizado que al viejo anticomunismo reaccionario.

Los operadores de Massa han optado por un slogan acomodable (鈥渆l cambio en la continuidad鈥), que les permite prometer 鈥渃onservar lo positivo鈥 y 鈥渕odificar lo negativo鈥. Con ese artificio disimulan el perfil ultra-conservador que exhibi贸 el l铆der renovador en su viaje a Estados Unidos

Scioli no necesita ning煤n consejo para desenvolverse sin decir nada. Escal贸 posiciones durante toda su carrera en el menemismo y el kirchnerismo, sin pronunciar una sola frase con alg煤n contenido. Los publicistas del gobierno compensan este vac铆o con el principal mensaje de la campa帽a: defender lo conquistado contra el regreso a los 90.

Pero este contraste con el pasado omite la propia trayectoria de Scioli y su total coincidencia actual con los restantes candidatos del poder. Todos transitan por el mismo camino que ha dise帽ado el establishment.

Escenarios derechistas

La acelerada recomposici贸n del justicialismo tradicional es un anticipo del sendero que pretende recorrer Scioli. Su candidatura es apuntalada por el viejo PJ en desmedro del kircherismo. El ascenso de Urtubey en Salta, Perotti en Santa Fe o Bermejo en Mendoza ilustran esta tendencia. Un apoyo al menemismo en La Rioja constituir铆a el extremo bochornoso de este curso.

Urtubey

Urtubey

El progresismo K ya baj贸 las banderas. Se dispone a sostener a Scioli luego de apoyar a otro personaje del mismo cariz (Randazzo). El funcionario elegido por Cristina para disputarle espacios al gobernador de Buenos Aires es un conservador que arremeti贸 una y otra vez contra los ferroviarios, los sindicatos y la izquierda. Lo presentan como el 鈥渕al menor鈥 frente Scioli, para luego postular al motonuata menemista como la 煤nica alternativa posible frente a Macri. Esta ingenier铆a electoral constituye el 煤ltimo dise帽o de la Casa Rosada.

Algunos kirchneristas justifican este sost茅n con la esperanza de rodear al pr贸ximo gobierno de funcionarios leales a CFK. Aseguran que ese cerco permitir谩 mantener el poder real en manos de la actual presidenta.

Pero Cristina no es Per贸n y lo ocurrido con Menen o Kirchner ilustra con que celeridad los mandatarios justicialistas desplazan a sus rivales. En los pr贸ximos meses se ver谩 cu谩ntos cristinistas quedan bien parados en las listas del FPV. M谩s complicado a煤n ser谩 conservar la lealtad de los designados, una vez perdido el manejo de las cajas del estado.

Otra especulaci贸n kirchnerista sugiere la conveniencia de tolerar un triunfo de Macri, para asegurar el retorno de Cristina en el 2019. Lo mismo pensaron muchos progresistas de la Capital Federal cuando Macri gan贸 la primera elecci贸n. Ocho a帽os despu茅s el PRO ha reforzado su predominio en la ciudad.

La derechizaci贸n de la campa帽a es tambi茅n un dato en el radicalismo. Macri ha facilitado el afianzamiento de los dirigentes m谩s reaccionarios de la UCR, que negocian gobernaciones con la bendici贸n de las oligarqu铆as provinciales.

El acuerdo con el PRO no reproduce la Alianza que encabez贸 De la R煤a. Esa coalici贸n con el FREPASO pretend铆a exhibir un perfil progresista que se situaba en las ant铆podas de Macri.

El giro reaccionario ya pulveriz贸 a UNEN y desmorona a la centro-izquierda anti-k. Basta observar el perfil super-conservador que adopta Lousteau en la Capital Federal para notar la simbiosis con el PRO. Los n谩ufragos de las alquimias ensayadas por el progresismo anti-k (Stolbizer, Solanas, Tumini) est谩n buscando alg煤n salvavidas, en el polarizado escenario electoral.

Nadie sabe a煤n qui茅n lograr谩 el trofeo de octubre. La mayor铆a de los encuestadores act煤an como operadores de los candidatos y difunden porcentuales poco confiables. Por eso cambia con tanta frecuencia la evaluaci贸n del mejor posicionado.

脷ltimamente las fichas de Massa est谩n en ca铆da libre y crecen las presiones para que abandone la carrera. Pero el acuerdo con Macri es dif铆cil, puesto que los cargos en disputa no se limitan a las cabezas de cada lista.

El e stablishment vuelve a afrontar un dilema tradicional. Su hombre m谩s confiable (Macri) no coincide con el personaje que garantiza el manejo del estado a su servicio (Scioli). Por eso los poderosos distribuyen fondos entre ambos candidatos y tejen operaciones para incentivar la convergencia de Macri con el justicialismo (Reutemann, Massa) y de la elite derechista con Scioli.

Pero el verdadero problema no radica en qui茅n ser谩 el ganador, sino c贸mo enfrentar谩 el turbulento escenario econ贸mico-social en ciernes.

La preparaci贸n del ajuste

El ocultamiento del viraje conservador est谩 favorecido por la primavera econ贸mica que el gobierno logr贸 instalar. Mediante un anclaje del d贸lar (subir铆a 15%) frente a la inflaci贸n (no inferior al 25%) se recompone el consumo durante el a帽o y se traspasan todos los ajustes a la pr贸xima administraci贸n. Es la t铆pica tablita cambiaria que se ha utilizado en otras coyunturas electorales.arg devaluacion-argentina

Como esta estrategia exige alcanzar r谩pidos acuerdos en las paritarias, los funcionarios negocian con la burocracia sindical estrictos techos de aumentos. Por un lado, se convalida la p茅rdida salarial registrada durante el a帽o pasado y por otra parte, se estabiliza el poder de compra en los meses previos a los comicios. La misma funci贸n cumplen los retoques anunciados en el impuesto a las ganancias que paga un sector de los asalariados.

El maquillaje en marcha disimula los atropellos que preparan los tres competidores. Todos intentar谩n reducir el d茅ficit fiscal, achatar los salarios y aplicar fuertes aumentos en las tarifas de energ铆a y transporte.

Este programa incluye devaluaciones para eliminar el denominado 鈥渃epo cambiario鈥. Macri promete erradicar esa restricci贸n en forma inmediata, Massa habla de 100 d铆as y Scioli sugiere un lapso mayor.

Esta convergencia de objetivos tambi茅n se extiende a la sustituci贸n del consumo por la inversi贸n en las prioridades de la econom铆a. Pero este giro requiere seducir a los capitalistas que aportar铆an el dinero y supone mayores subsidios en plena restricci贸n fiscal.

El tr铆o del ajuste se dispone a financiar el nuevo modelo con endeudamiento externo. Cuentan con el favor de un gobierno que ya inici贸 ese camino antes de la crisis con los buitres, acordando con el Club de Paris, YPF y el CIADI. CFK ha retomado ahora ese curso con los cr茅ditos de China y las emisiones internacionales de t铆tulos (Bonard 2021).

Las nuevas colocaciones de bonos no solventan proyectos productivos. Se paga el triple de la tasa de inter茅s abonada por el resto de Sudam茅rica para reforzar las reservas y apuntalar el consumo durante la coyuntura electoral.

La financiaci贸n lograda permite, adem谩s, construir el puente para el arreglo con los buitres que priorizar谩 el ganador de octubre. El acuerdo con Griesa es la condici贸n para un significativo reingreso de los d贸lares, que el pr贸ximo presidente utilizar铆a para implementar el ajuste.

A la espera de ese convenio rige una tregua en los mercados. Los buitres no lograron bloquear la obtenci贸n argentina de cr茅ditos y el gobierno no pudo instrumentar el cambio de jurisdicci贸n a Buenos Aires, para pagar los bonos en disputa.

Macri, Massa o Scioli se aprestan a archivar ese conflicto, concretando alguna de las iniciativas que evalu贸 CFK (cambiar la ley cerrojo, abonar parte al contado, emitir nuevos t铆tulos).

Mientras preparan este viraje los tres candidatos prometen una lluvia de d贸lares que tornar铆a indoloro el ajuste. Compiten por demostrar qui茅n despertar谩 鈥渕ayor confianza鈥 para acelerar ese aluvi贸n.

Pero ninguno aclara qu茅 ofrecer谩 a cambio, a los potenciales proveedores de las divisas. El dinero nunca llega por simpat铆a hacia un nuevo presidente. Los poderosos siempre verificar谩n primero la capacidad del mandatario para favorecer sus negocios.

Los m谩s interesados en acumular fortunas durante la pr贸xima gesti贸n son los grandes capitalistas argentinos. Conocen bien el pa帽o y han fugado al exterior sumas exorbitantes. Ocultan dentro del pa铆s unos 70.000 millones de d贸lares y fuera de las fronteras otros 300.000 millones.

El fracaso del blanqueo fiscal -renovado una y otra vez por el gobierno- ilustra las insuficiencias del perd贸n impositivo, para incentivar el retorno de los evasores. Los acaudalados exigen medidas m谩s contundentes de garant铆a oficial a la rentabilidad capitalista.nuclear armas bancos

Macri, Massa o Scioli se disponen a brindar esa protecci贸n argumentando que 鈥渘ecesitamos los d贸lares鈥, como si esa carencia fuera un mal natural y no un agujero derivado de pagar deudas ilegitimas y tolerar la fuga de divisas.

El mismo gobierno que permiti贸 ese vaciamiento, termina su mandato montando una investigaci贸n parlamentaria de la salida ilegal de fondos. Pretende ventilar durante la disputa electoral algunas aristas del fraude que convalid贸 durante una d茅cada. Una comisi贸n semejante -que indag贸 las maniobras financieras del 2001-2003- cajone贸 finalmente sus conclusiones.

Tambi茅n los banqueros conf铆an en los servicios que recibir谩n de Macri, Massa o Scioli. Por esta raz贸n los precios de los t铆tulos p煤blicos y las acciones privadas ascienden en todos los mercados.

Especialmente en el sector petrolero se esperan grandes negocios, a partir de una ley de hidrocarburos que el gobierno dise帽贸 a medida de Chevron. La nacionalizaci贸n parcial de YPF no permiti贸 recuperar la renta del subsuelo. Al contrario, reforz贸 la rentabilidad de las empresas mediante el ajuste de precios que comanda la compa帽铆a oficial.

Esas ganancias suplementarias han sido exigidas por las compa帽铆as que extraen el crudo convencional y por los aspirantes a explotar el shale. La misma t贸nica siguen todos los emprendimientos en carpeta, especialmente en los sectores de telefon铆a, miner铆a y soja.

Existe una intensa discusi贸n sobre el ritmo del pr贸ximo ajuste. Algunos suponen que Macri impulsa el shock y Scioli el gradualismo. Pero ambos actuar谩n en funci贸n de las condiciones imperantes al asumir la presidencia. No es lo mismo un contexto de desahogo internacional que un marco adverso. Los expertos se inclinan por este segundo escenario. Hay pron贸sticos de ca铆da de los precios de las exportaciones y retracci贸n de los vol煤menes de compra, en un marco de encarecimiento del d贸lar y las tasas de inter茅s.

Un condicionante mayor surgir谩 de la resistencia popular. Todos los presidenciables eval煤an esa reacci贸n, cuando convocan al 鈥渄ialogo y a la negociaci贸n鈥. Algunos piensan en un pacto con la burocracia sindical y otros en un gobierno de coalici贸n.

A diferencia de lo ocurrido durante el ocaso de Alfons铆n o Menen, nadie espera un gran colapso econ贸mico. El desequilibrio fiscal es acotado, los bancos est谩n equilibrados y el cuadro internacional es a煤n manejable.

Pero existe una fuerte presi贸n del establishment para acelerar el ajuste. No s贸lo Techint exige reducir el salario y eliminar los impuestos a la exportaci贸n. Los talibanes de la burgues铆a (B roda, Espert, Melconian, Dujovne ) hablan de eliminar las paritarias, reinstalar el equipo de Cavallo y cortar a la mitad el d茅ficit fiscal.

La amnesia electoral predominante evita registrar esas voces. Tampoco observa las opiniones de los propios economistas que rodean al tr铆o presidenciable (Bein, Lavagna, Frigerio). Con un lenguaje moderado y mucha diplomacia todos hablan del ajuste que se viene.

La tentaci贸n represiva

La capacidad de resistencia de los trabajadores constituye el gran obst谩culo al atropello que preparan Macri, Scioli o Massa. El 煤ltimo paro general fue un ejemplo de esa fuerza. Logr贸 un nivel de adhesi贸n superior a las tres huelgas anteriores. Los sindicatos impusieron un cese total de actividades, frente a un gobierno que ni siquiera intent贸 disuadir la medida.

El paro no s贸lo sirvi贸 como advertencia al presidente que viene. Tambi茅n demostr贸 el escaso eco que tienen todos los argumentos oficiales contra las protestas. Los trabajadores no se dejan marear por la artiller铆a medi谩tica contra los 鈥減aros pol铆ticos鈥 que 鈥渁fectan a los pobres鈥, 鈥渇avorecen a los bur贸cratas鈥 y utilizan 鈥渕茅todos inapropiados鈥.

En plena campa帽a todos los presidenciables prometen resolver la confiscaci贸n creada por el impuesto a las ganancias que tributan los asalariados. Pero no tienen la menor disposici贸n a cumplir con ese anuncio. Desde que fueron congeladas las escalas, ese gravamen subi贸 once veces y ya representa una porci贸n significativa de la recaudaci贸n. La sencilla soluci贸n de fijar un piso de 30.000 o 40.000 pesos, afectar s贸lo a los gerentes y compensar al fisco con impuestos al juego y la actividad financiera, contradice los planes capitalistas de los tres candidatos.

Argentina 2001

Argentina 2001

Lejos de representar una batalla de la 鈥渁ristocracia obrera鈥 en desmedro de la mayor铆a laboriosa, la lucha contra ese impuesto estimula la acci贸n de todos oprimidos. Retoma viejas tradiciones de liderazgo de los sectores obreros con mayores sueldos. Los alivios a los m谩s carenciados deben ser financiadas con beneficios empresarios y no con ingresos de los asalariados mejor remunerados.

Los paros contra el impuesto han esclarecido, adem谩s, cual es la situaci贸n social del pa铆s. Si s贸lo el 10% de los ocupados es alcanzado por ese gravamen, la inmensa mayor铆a de los trabajadores cobra ingresos inferiores a lo requerido para subsistir. Los 15.000 pesos de piso de ese tributo se ubican apenas por encima de los 12.000 pesos de una canasta familiar. Qu茅 la mitad de la poblaci贸n sobreviva con ingresos inferiores a 5.500 pesos es poco compatible con la imagen de una d茅cada ganada.

Macri, Scioli o Massa deber谩n decidir si contin煤an ocultando este sombr铆o escenario con manipulaciones estad铆sticas. Luego de proclamar que Argentina lleg贸 al Primer Mundo -erradicando la indigencia y reduciendo la pobreza al 4,7%- el INDEC opt贸 un silencio adicional de los 铆ndices. En los hechos, la pobreza ha quedado estabilizada en los mismos porcentuales de los a帽os 90 (cerca de un 25%) con dos diferencias importantes: el desempleo no es elevado y existe una gran cobertura asistencial.

Pero la miseria estructural consolida la degradaci贸n social y expande la criminalidad. Tampoco aqu铆 se conocen las cifras. Los guarismos del delito confirmar铆an la evidente multiplicaci贸n de la violencia en el robo, como consecuencia de la atroz marginalidad que ha instaurado el narcotr谩fico.

La 煤nica respuesta que ofrece el tr铆o presidenciable a este drama social es la mano dura. Por eso el discurso de la seguridad ocupa un lugar tan preeminente en sus campa帽as. S贸lo divergen en los matices del mismo populismo punitivo. Todos proponen aumentar las penas y engrosar la poblaci贸n carcelaria.

Macri, Scioli y Massa ya arrastran muchos a帽os de gesti贸n y conocen como se administra el delito, a trav茅s de pactos de impunidad con las jefaturas policiales de cada distrito. Esos contubernios contin煤an recreando la criminalidad, a pesar del turbulento descontrol que ha introducido el narcotr谩fico.

El enorme entramado de corrupci贸n que rodea a los tres candidatos salta a la vista en sus estrechas relaciones con barras bravas del futbol que manejan territorios y negocios turbios. Macri est谩 involucrado con las patotas de Boca, Massa con sus equivalentes de Tigre y Scioli con las mafias de Trist谩n Su谩rez.

Las inclinaciones represivas del tr铆o del establishment son tambi茅n inocultables. Todos propician criminalizar la protesta social y reglamentar alguna variante de la legislaci贸n anti-piquete, que CFK auspici贸 sin 茅xito. Ahora les tocar谩 a ellos repetir que las protestas con cortes 鈥渆ran v谩lidas en los 90鈥, pero no en el actual universo de bienestar.

Este giro hacia el autoritarismo ha sido tambi茅n pavimentado por el gobierno. Luego de juzgar genocidas, recuperar nietos y consagrar importantes conquistas democr谩ticas, Cristina mantuvo al acusado Milani al frente del ej茅rcito y delega el manejo de la seguridad en el carapintada Berni.

Expectativas de izquierdaar fit

En un escenario electoral tan adverso para los intereses populares el dato promisorio es la aparici贸n del FIT, como una fuerza de izquierda a escala nacional. F orj贸 un bloque de tres diputados en el Congreso y logr贸 representaci贸n en varias legislaturas provinciales.

Su avance se explica por la importante presencia de los militantes de izquierda, en las luchas sociales de los 煤ltimos a帽os. Han comenzado a canalizar parte de esa resistencia al plano pol铆tico.

Muchos analistas se sorprenden por la influencia que han logrado las tres fuerzas trotskistas que integran el FIT. Subrayan que en ninguna otra parte del mundo se registra una presencia de este tipo. Pero en otras latitudes se verifican singularidades tambi茅n llamativas para los int茅rpretes for谩neos. Conviene recordar que Argentina presenta la especificidad del peronismo y del desencuentro hist贸rico de la izquierda tradicional (socialista o comunista) con ese movimiento.

En la dif铆cil coyuntura actual el FIT resiste una polarizaci贸n que ya pulveriz贸 a gran parte del espectro pol铆tico. Los resultados de los 煤ltimos comicios han ratificado la gravitaci贸n del frente, pero no refuerzan los logros obtenidos en el 2013 . Si se confirma esa dificultad quedar铆a atenuada la expectativa en un gran desemboque por la izquierda de la experiencia kirchnerista.

El dato dominante del contexto electoral es el giro a la derecha de los candidatos que receptan la mayor铆a de los votos. Esta conducta del electorado es una reacci贸n conservadora frente a la percepci贸n de un probable escenario de crisis, con estancamiento y desempleo. Cuando impera esa sensaci贸n suelen aflorar los temores a perder lo obtenido, se afianza el inmovilismo y aumenta el apego al status quo.

Estas conductas son potenciadas por las campa帽as oficialistas que renuevan los recuerdos del 2001. Sus adversarios derechistas cabalgan sobre otro imaginario. Atribuyen todos los males del pa铆s a pol铆ticas progresistas disociadas de lo que sucede en el mundo. En esta misma creencia se apoya el viraje conservador de Brasil.

En este restrictivo escenario la izquierda canaliza una porci贸n del desmoronamiento padecido por el progresismo anti-k. No captura en la misma medida las frustraciones que se verifican en la centroizquierda oficialista. Cristina ha demostrado capacidad de reacci贸n frente a las coyunturas cr铆ticas (choque con los buitres, muerte de Nisman) y el kirchnerismo aglutina a un significativo segmento de la nueva militancia.

Es importante registrar estas tendencias para evitar los an谩lisis exitistas que presagian el inminente 鈥渄esplome del nacionalismo burgu茅s鈥. Ciertamente el peronismo ha perdido la fidelidad y la m铆stica del pasado. Se reproduce m谩s en los pasillos de los ministerios que en la resistencia callejera. Pero esta transformaci贸n no es sin贸nimo de extinci贸n de la principal estructura pol铆tica de los 煤ltimos 70 a帽os.

Las grandes crisis que peri贸dicamente enfrenta el peronismo -en el cierre de cada pol铆tico- reabren las posibilidades de construir una gran fuerza de izquierda. Distintas fuerzas canalizaron ese intento en el pasado y al FIT le toca procesar ese ensayo en la actualidad.

El desarrollo de este frente exige superar un escollo interno: el legado sectario que arrastra la ortodoxia trotskista. El primer distanciamiento con esa herencia fue la concertaci贸n de un acuerdo estable entre partidos diferentes. El segundo cambio se est谩 verificado en la pr谩ctica. La vieja pr茅dica dogm谩tica ha desaparecido en los discursos, los afiches y los mensajes que el frente dirige al gran p煤blico.

Pero lo m谩s controvertido reci茅n despunta y supone la transformaci贸n de un organismo cerrado de tres partidos, en un frente abierto a todas las tradiciones de la izquierda. Esta mutaci贸n no ha comenzado y habr谩 que ver si el FIT puede transitarla.

Es importante registrar la posibilidad de una evoluci贸n que muchos cr铆ticos descartan de antemano. Subrayan los costados m谩s negativos del frente -como su hostilidad hacia el proceso bolivariano o la revoluci贸n cubana- sin registrar su papel en la reconstrucci贸n de la izquierda argentina.

El FIT ocupa el vac铆o que han dejado las corrientes que optaron por la disoluci贸n en el oficialismo o en la centro-izquierda anti-k. Si el camino a recorrer junto a ese espacio es incierto, el sendero alternativo de votar a Randazo-Scioli o a Stolbizer es un suicidio pol铆tico.

El frente no ofrece un espacio sencillo para trabajar por el socialismo revolucionario latinoamericano, pero conforma hasta ahora el marco m谩s af铆n a esa posibilidad.

En lo inmediato el voto a la izquierda es un mandato de resistencia contra los atropellos que sobrevendr谩n y este dato constituye el principal argumento para apuntalar al FIT. Cuantos m谩s diputados y legisladores logre la izquierda, mayor ser谩 la coraza forjada para confrontar con el ajuste.

*Economista, investigador del CONICET, profesor de la UBA, miembro del Economistas De Izquierda.

 

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