Sep 21 2019
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Política

Argentina: Así, como va, Macri no llega a diciembre

En la superficie, la política electoral procura transitar estas 5 semanas que nos separan del 27 de octubre, día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, y los 79 largos, larguísimos, días que faltan para el 10 de diciembre para le entrega del poder, objetivo de máxima para el desfalleciente gobierno macrista. Pero por debajo la situación no se calma, sino todo lo contrario:

La inflación sigue trepando y ahora a los saltos; se va confirmando que la plata del Fondo Monetario Internacional (FMI) difícilmente llegue a las manos de este gobierno. La presión de la “olla social” no disminuye.

En el imaginario colectivo quedron dos recuerdos del 2001: el estallido social y la huida en helicóptero del entonces presidente Fernando de la Rúa.

Peligrosos saltos inflacionarios

La inflación sigue siendo el termómetro más popular para saber cómo viene la mano. Sus cifras se sienten en las ollas semivacías de millones de hogares y también en los reclamos y movilizaciones callejeras. Los datos inflacionarios nos hacen olvidar la gravedad del estancamiento productivo, y los problemas financieros.

Esa realidad están, pero el pueblo de a pié percibe al fenómeno inflacionario en su vida cotidiana. Eso ocurre cuando no puede cubrir sus necesidades más elementales. Todo lo demás, esos grandes números, le suenan lejanos y medio incomprensibles.

Los datos oficiales de la inflación de agosto traen un detalle que preocupa y otro –más grave- que nos coloca en el borde una hiperinflación. La inflación en los precios registró un incremento del 4% respecto al mes de julio, a pesar que tarifas y precios de combustibles habían sido congelados.

Pero mucho más grave es lo que pasó con el incremento en los precios mayoristas, es decir lo que facturan productores e importadores. Allí la suba fue del 11,2% y seguramente se irá volcando en los precios de los abastos y supermercados a medida que pasen los días.

Es por eso que ya se escuchan voces que adelantan los riesgos que este tema se escape de las manos y terminemos el año con cifras próximas a una híperinflación.

Aventuras y temores del sector financiero

El FMI, el prestamista de última instancia, ya no sabe qué hacer con la Argentina. Se embarcó en una aventura, el mayor préstamo en la historia de esa entidad, que ahora se está volviendo incobrable. Eso pasa cuando todavía no han terminado de remitir –en su totalidad- los montos de dicho acuerdo.

Por ello es poco probable que remitan a las actuales autoridades los 5.400 millones de dólares restantes. Para dar una idea de esta debacle recordemos que en el mes de agosto hubo una “fuga de capitales” por 5.900 millones, 500 millones más que lo que el FMI debería acreditar.

Dinero que entra es dinero que se va… y los países miembros del FMI reclaman por el destino de los fondos que ellos aportan. Los burócratas temen por el destino de sus sillones. Sus evaluaciones optimistas van cambiando de tono. Esta semana un vocero del FMI, hablando de Argentina, dijo: “La situación siguió siendo sumamente difícil, el nivel de inflación siguió siendo muy elevado y eso hizo incrementar la tasa de pobreza, la actividad económica disminuyó”

Continúan las nerviosas reuniones entre funcionarios argentinos y del FMI. Que los bancos presten dinero que no tienen no es ninguna novedad y es parte de su tramposa existencia. (1). Pero que alguien del sistema financiero mundial, como el FMI, no pueda cobrar, sí es un problema. Hoy están ante esa situación. Su causa no es un error, sino una conveniencia.

Prestaron dinero por dos razones: Una, para que otros pudieran cobrarse lo que habían prestado al país. Eso ya lo hicieron y esas deudas pasaron de ser deudas que tenía el país con algunos bancos a ser deudas con los Estados, (fundamentalmente EU), que integran al FMI.

La otra razón viene de las conveniencias estratégicas y los acuerdos políticos. Se trata de la confianza que tenía Donald Trump en que la Argentina continuaría siendo gobernada por Mauricio Macri y que ello ayudaría a fortalecer la influencia estadounidense en la región.

El juego de los bancos es uno de los negocios más prósperos en toda la historia de la humanidad. Por eso no llama la atención un dicho de Mayer Amschel Rothschild, integrante de la familia fundadora del sistema bancario: “Dame el control sobre el dinero de una nación y no me importará quién redacte sus leyes” o cuando un Presidente estadounidense nos recordara que “las entidades financieras son más peligrosas para nuestras libertades que un ejército en armas”

 

Nota:

1.- Hacia del año 2010 los “Acuerdos de Basilea” que ordenan el sistema bancario mundial, habían aprobado que el mínimo de capital propio de un Banco no podía ser menos al 4% de lo prestado

 

 *Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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