Ago 27 2016
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Política

Argentina: ¿Bienvenidos al futuro?/ Ahora, el miedo

 

Juan Guahán| El futuro está entre nosotros y prepara sus instrumentos para hacerse presente con todas sus variantes. Tenemos noticias que preocupan al gobierno (desocupación de más del 9% e internas). También hay de las otras, que lo ayudan (otras internas y negocios con peronistas) y cuestiones (como la “unidad” de la CGT) de futuro incierto, como los problemas del “otro campo” .

El futuro está entre nosotros. El reciente fallo de la Corte, obligando a empezar de nuevo con el tema de las tarifas, puede ser tomado como un símbolo del fin del estado de gracia del gobierno. Mientras Mauricio Macri analiza los pasos a dar, donde no puede repetir lo hecho, siguieron ocurriendo algunas cosas. Varias de ellas preocupan al gobierno, otras lo ayudan a superar este trance.ar no al tarifazo11

Entre las cuestiones que causan mayor preocupación figura el dato del Instituto Nacional de Estadística sobre la desocupación. Ésta es del 9,3% de la población activa. Más allá que se podría cuestionar la forma de medirlo, en el sentido que no pone en el carácter de desocupado a los que reciben planes sociales, ni a los que ya no buscan trabajo, el número volcado implica un crecimiento importante respecto a las cifras anteriores. Este tema junto a la continuidad de la recesión nos ubica en una situación que no se podrá extender mucho tiempo más, por los riesgos sociales que ella entraña.

Otra preocupación es que se ha desatado una interna que dará mucho que hablar. Se trata de la separación del titular de la Aduana. Se trata Juan José Gómez Centurión, un militar honrado como héroe en la Guerra de Malvinas, quien tiene el respeto y aprecio de muchos de sus pares, algunos de ellos en actividad. El tiempo nos irá adentrando en este problema, que tiene como condimento picante que, la eterna denunciante y líder oficialista, Elisa Carrió, salió a defender al acusado. Más allá de algunas relaciones “indeseables” parece que éste pisó algunos callos que se sintieron molestos y una posible “cama” fue la respuesta. Lo que no queda claro si esta es una “interna” del macrismo o de “servicios” que operan a nivel internacional que se están sintiendo afectados.

Favorece al gobierno, al menos en lo inmediato, la buena relación con algunos sectores del peronismo y la reciente (y relativa) unidad de la Car cgt unificadaGT.

Varios gobernadores -de la última camada- apretados por la situación de sus respectivas provincias están pensando en reunirse a fines de mes, como hecho  preparatorio de un acto para los primeros días de setiembre. El objetivo, no público, sería mantener un diálogo orgánico con el gobierno y públicamente reordenar la tropa con vistas a las elecciones del año que viene. Este agrupamiento actuaría al margen de Cristina y con cierta autonomía respecto a la conducción del PJ, en manos de José Luis Gioja. Entre los gobernadores comprometidos figuran los de Chaco -la reunión sería en la Casa de esa provincia en la Capital-, Entre Ríos, Misiones, Tierra del Fuego, La Rioja. Éstos podrían recibir a otros colegas, además se sumarían algunos intendentes de notable gravitación electoral, entre ellos los bonaerenses del Grupo Esmeralda, varios diputados y otros dirigentes peronistas con parecidas intenciones.

Los problemas del “otro campo”

Todos sabemos que “el campo” es uno de los pocos grupos que tienen motivos para brindar por las medidas tomadas desde su inicio por este gobierno. La reducción o quita de las retenciones y la devaluación, inicialmente adoptada, mejoraron notablemente los ingresos del sector. Si bien la inflación y el “dólar planchado” van reduciendo esos beneficios ellos todavía mantienen una ventaja respecto a la antigua situación. Esto es lo que pasa con los productores de la zona pampeana, particularmente aquellos dedicados a los cultivos tradicionales: soja, girasol, maíz, trigo.ar camion-economia-popular

Pero hay “otro campo”. Es el campo sobre el que descansa lo que se conoce como “economías regionales”. Allí están los que no se sintieron tentados de aplaudir a Mauricio Macri en su paso por la exposición  de la Sociedad Rural. Ellos son los no tienen un aporte al PBI equivalente al de las producciones de la zona pampeana, pero que ocupan una proporción mucho mayor de mano de obra. Por cada empleado -por hectárea- afectado a las producciones tradicionales son más de 10, los que incorporan por hectárea, las “producciones regionales”.

Estos sectores son los que cubren el mapa de la Argentina productivamente más pobre. Allí están los productores de la caña de azúcar de Tucumán; los vitivinicultores y hortícolas  mendocinos; los tamberos de la cuenca de san-cor (Santa Fe y Córdoba); los productores yerbateros de Misiones; los que producen cítricos en Corrientes y Entre Ríos; los productores de peras y manzanas del Alto Valle rionegrino.

Son aquéllos que, gobierne Cristina o Mauricio, sienten que desde hace años están “al borde de la quiebra”. No son palabras de amenaza, es una realidad de tambos que cierran; de uvas, peras, manzanas que no se cosechan. Vergüenza de un país rico que se empobrece por la dirigencia que tiene, con el hambre que se extiende por la periferia de las ciudades y de sus producciones privilegiadas.

Durante el cristinismo sintieron que había desinterés político. Los productores que votan no son numéricamente significativos en el conjunto nacional y para los más pobres tenían los planes sociales para asegurar sobrevivencia y votos.

Con el macrismo las cosas cambiaron, ahora no es un mero desinterés político, se trata de algo distinto, ven que hay un prejuicio ideológico. Al gobierno parece no importarle que a los problemas existentes se le agregue la llegada de productos extranjeros. El altar del libre mercado demanda ese sacrificio.

Hace unas semanas atrás unos productores habían repartido leche en Santa Fe, esta semana –otros- vinieron a la mismísima Plaza de mayo para entregar miles de kilos de peras y manzanas. Se trata de llamar la atención sobre la situación de una economía donde las personas, los que deberían ser sus destinatarios naturales, poco y nada importan. Ese es el significado de estos mensajes.

Es posible que algún día estos símbolos desesperados se transformen en una forma de producción y distribución, donde productor y consumidor estén asociados, sin tantos intermediarios inescrupulosos.

Los mayores problemas de esas producciones: Para los que exportan, la inflación “se comió” los beneficios de la devaluación y terminaron peor que antes. Para los que venden al mercado interno, los intermediarios, sobre todos los supermercadistas, se quedan con la parte del león. Se estima que, como promedio por cada peso que le pagan al productor, el consumidor debe pagar 5 pesos. En el caso de las manzanas y peras, esa proporción sube a 10 veces. Esa es la libertad de mercado que promueve el Secretario de Comercio, un pariente de los dueños de una cadena de supermercados.

Un auténtico lobo, cuidando ovejas.

*Columnista de questiondigital.com

Anexo 1

Ahora, el miedo

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Washington Uranga| Varios meses después de haberlo anunciado la Ministra de Seguridad Patricia Bullrich logró poner en escena su “protocolo anti piquetes” para desalojar manifestantes en la autopista que une Buenos Aires con la ciudad de La Plata. Hubo carros hidrantes, balas de goma y piqueteros golpeados.

Demostración de fuerza para meter miedo y dejar en claro qué puede suceder, de aquí en adelante, ante circunstancias similares. Más que como una noticia el hecho fue celebrado como un triunfo por algunos medios y periodistas acostumbrados a hacer de coro al oficialismo. Los mismos medios y periodistas que, casi al unísono, vienen anunciando en los últimos días la existencia de un presunto plan al que titulan de “subversivo” mezclando legítimos actos de protesta con denuncias de amenazas e intimidaciones.

Nada de lo anterior puede leerse al margen del perfil ideológico del gobierno nacional que intenta instalar en la ciudadanía la sensación del caos, concebida como una estrategia más de gestión del macrismo.

No hay que desconocer entonces que desde el propio Gobierno se viene alimentando la idea de un clima de violencia revestido de denuncias por amenazas telefónicas a funcionarios a las que se sumó un “ataque” al mismo Presidente en Mar del Plata, hecho que no estuvo nunca probado y que fue desmentido incluso por el Jefe de la Policía bonaerense. Desde la usina de ideas que alimenta el relato oficialista se pretende

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Patricia Bullrich

sumar esta situación también a la “pesada herencia”, haciendo responsable de ello en primer lugar, a la ex presidenta Cristina Fernández y señalando que existen “declaraciones destituyentes” de ex funcionarios y simpatizantes del gobierno anterior.

Un paréntesis para dar lugar a una digresión. Resulta por lo menos curioso –cuando no irritante– que quienes ahora califican de “destituyentes” las manifestaciones opositoras, sean los mismos que hicieron uso de la libertad de expresión para calumniar, mentir y agraviar a quien hasta el 10 de diciembre ejercía la misma magistratura que hoy dicen que hay que respetar.

Volviendo. Está claro que desalentar (si es necesario reprimiendo) la protesta callejera y la movilización social es parte fundamental del plan trazado por el gobierno de Mauricio Macri con el fin de dar garantías para el accionar con beneficio de los grupos económicos elegidos como aliados. En ese rumbo ahora están encaminados los esfuerzos para crear “sensación” de violencia social, poner en alerta sobre el riesgo que ello implica y justificar la represión.

El Gobierno pretende que cualquier crítica sea leída al margen de los datos económicos y sociales que realmente le dan vida: desocupación, caída del nivel de vida, aumento de tarifas, inflación. Por el contrario el relato apunta a “un plan de desestabilización promovido por los k” que mete en la misma bolsa a la protesta social, inseguridad delincuencial, amenazas telefónicas incomprobables, hechos vinculados con las internas políticas, policiales y de los servicios de seguridad, para mencionar tan solo algunos de los motivos reales. Poco importa el origen o las causas: lo importante es reunir todo bajo el mismo paquete con la idea, por un lado, de justificar la represión (contra los jubilados o contra desocupados), y por otro, mostrar un Gobierno fuerte que ejerce su autoridad y su poder de fuego, capaz de garantizar a aquellos que están convocando a invertir que está en capacidad de velar por sus intereses.

La otra parte de la misma operación consiste en profundizar la línea argumentativa iniciada en su momento por el ministro Alfonso Prat Gay cuando afirmó que “cada sindicato sabrá dónde le aprieta el zapato y hasta qué punto puede arriesgar empleos a cambio de salarios”. El Ministro de Hacienda muestra el lado áspero. Macri usa su tono coloquial de “chico bueno” para pedirle a los trabajadores que “no pongan palos en la rueda”, algo que podría traducirse como “sean buenitos, no hagan lío y acepten lo que les toca ahora porque antes estuvieron mal acostumbrados”. En su argumentación el Presidente sostiene que “no se trata de un cambio económico, sino de un cambio cultural, de volver a las fuentes, a un compromiso con la calidad, la verdad y el esfuerzo”. Y para satisfacción de su tribuna Macri alude, sin ningún dato que lo sostenga, al “ausentismo” y a la “costumbre” de “inventar juicios” como modalidades de “poner palos en la rueda”. Sus intérpretes hablarán de la importancia del regreso “a la normalidad” sin aclarar que la normalidad a la que se refieren es la de ricos cada vez más ricos y pobres que seguirán siendo pobres.

ar represion3Para garantizar también esa “normalidad” es necesario que la mayoría de los dirigentes sindicales eviten la confrontación y sean “convencidos” (no importa la forma ni el método) por el Gobierno para “dejar abierto el diálogo”, “dar tiempo” y eviten protestas que se consideran excesivas o fuera de lugar. Por si los argumentos y las presiones a los trabajadores y sus dirigentes no fueran suficientes, hoy el Gobierno cuenta a su favor con la desmovilización que genera el alto índice de desocupación y el consecuente temor a la pérdida del empleo que también obra para evitar reclamos salariales.

Quienes no se encuadren en ese escenario y se lancen a las calles serán “desadaptados” o directamente “destituyentes” que merecen ser reprimidos para bien de todos.

Mientras tanto el Presidente tampoco deja de presionar al fuero laboral exigiéndole que cambie su tradición de fallos favorables a los trabajadores. Algo que también podría leerse como una demanda a la justicia laboral para actúe como aliado incondicional del Gobierno de la misma manera que lo están haciendo ahora otros estamentos del Poder Judicial.

Pasó la etapa de la seducción y los buenos modales. El “cambio cultural” pero sobre todo el modelo económico está exigiendo otra cosa. Y el Gobierno de la Alianza Cambiemos ya comenzó a transitar la estrategia del miedo.

*Publicado en Página 12

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