Jun 30 2018
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EconomíaPolítica

Argentina: Hoy la economía y sus problemas: ¿y después…?

 El Mundial, con sus sinsabores y alegrías, no logró “tapar” la realidad, la desnudó. Allí está: profundamente dolorosa. Los problemas de la economía agobian al pueblo. La deuda y la inflación; la desocupación, la recesión y el Paro Nacional ocupan el centro del escenario y son la clave de la pregunta pendiente: ¿después qué viene?

Si no fuera por la realidad las cosas andarían a las mil maravillas, el “cambio” está en marcha y al rumbo no hay porqué cambiarlo. Eso piensa el gobierno, pero la verdad está a la vista de todos y a nadie puede engañar, ni siquiera a quienes simulan no darse cuenta de lo que está pasando.

A las cuestiones puntuales que iremos desarrollando y que afectan a los sectores populares hay que agregarle otros temas, como el derrumbe en el valor de las acciones, el incremento de la tasa del “riesgo país” y los pronunciados vaivenes de un dólar que no encuentra su techo. Todo ello manifiesta la reacción negativa de los propios grupos económicos vinculados al “mercado”. Eso da cuenta de la generalizada desconfianza que, en el  pueblo y también para el mercado, producen las políticas económicas del actual gobierno argentino.

Para que nadie pueda invocar ignorancia van algunos “datitos” sobre lo que está ocurriendo en los rubros que hemos mencionado al comienzo de esta nota.

Más deuda para pagar lo que nos reclaman  como “deuda”

Los 50 mil millones de dólares contemplados en el acuerdo con el FMI no tienen por destino contribuir al despegue de la economía. Todo lo contrario ellos son el ancla que nos amarra a una deuda con la que pretenden tenernos “agarrados del cogote” por varias generaciones. Los acreedores saben que no estamos en condiciones de pagarles lo que nos reclaman, es por eso que toman la decisión de “prestarnos” plata para que les podamos pagar.

Los analistas económicos coinciden en un dato llamativo. Nuestro país debe disponer 17 mil millones de dólares para pagar los intereses del segundo semestre de este año y los del próximo. Para ese mismo período, hay que agregarle 30.800 millones destinados a cubrir el déficit primario (la diferencia entre lo que se gasta y lo que se recauda). Todo eso suma 47.800 millones de dólares. Una cantidad muy cercana a los 50 mil millones que nos prestan.

Más allá de las volteretas y explicaciones financieras que se puedan dar, allí está el destino de la mayor parte de la plata del FMI. De todas maneras, por las fechas previstas para que lleguen esos fondos, ellos no alcanzarán para cubrir las necesidades financieras del 2019. Por ello, el gobierno deberá salir a buscar nuevos recursos.

Inflación desbocada

La inflación para este año, prevista en la Ley de Presupuesto, era 15,7% anual. El Banco Central tenía una estimación propia ubicándola entre el 8 y 12%. Ahora, a mitad del año y cuando esas cifras suenan ridículas, la estiman en un 27% y muy posiblemente supere el 30%. Al mismo tiempo la suba de la canasta de alimentos, que afecta a los sectores de menores recursos, es largamente superior a las mencionadas cifras de la inflación general. Los datos de junio indican que, para ese mes, la inflación general rondaría el 3,5% y el 4% para los alimentos.

La desocupación no cede y amenaza con crecer

Los datos para la desocupación, a fines del primer trimestre, señalan que ésta llegó al 9,2%. Lejos del 8,3% del último trimestre de 2017. Más lejano aún de las cifras estimadas para este año por diversos organismos internacionales, que las ubicaban por debajo del 8%. Como está dicho, esas cifras corresponden al fin del primer trimestre, es decir previamente a que se produjeran los últimos desbarajustes económicos y que se anunciara públicamente la profundización de los ajustes en danza, que van a afectar seriamente al empleo público, a trabajadores de la industria y el comercio, afectados por el estancamiento económico y la reducción del consumo.

Resultado de imagen para argentina desocupacionLa recesión ya empezó un nuevo ciclo

Pareciera que el fin del mes de marzo marcó no solo el fin del verano, sino que también puso término a 13 meses consecutivos de crecimiento económico. Según los datos oficiales el mes de abril registró una caída, en el desenvolvimiento de la economía, equivalente al 0,9% respecto a igual mes del año anterior y un 2,7% menos que el precedente mes de marzo. La causa de esta situación está –entre otras razones- en la sequía, una de las más extendidas y profundas de las últimas décadas.

Obviamente que la reciente “corrida bancaria” con sus efectos con la constante devaluación del peso y las insoportables tasas de interés, que ya se sienten en el quiebre de cadenas de pago, ahondarán esa tendencia. Ante esa perspectiva, los voceros oficiales informan que el segundo y tercer trimestre serán negativos. Quedan planteadas las dudas sobre la evolución del último trimestre del año. Lo cierto es que las cifras oficiales, más optimistas, refieren un crecimiento anual menor al 1%. Todo parece indicar que el crecimiento “cero” será el número más aproximado a la realidad.

El paro nacional

La suma de problemas que afectan a los sectores populares motivó el tercer Paro Nacional, decretado por la deteriorada conducción de la CGT, al gobierno de Mauricio Macri. El apoyo de los gremios del transporte, de las tres CTA, de los sindicatos y fuerzas de izquierda, junto a la participación de los trabajadores de la economía social (CTEP), le dio al paro una contundencia que no se veía desde hace varios años. Dentro de la confusión y contradicciones reinantes, el gobierno emergió con distintas respuestas. Ratificó el rumbo económico; mantuvo su recurrente idea a un diálogo sectorial y no con la CGT como tal; al mismo tiempo abrió las puertas a la posibilidad de nuevas reuniones paritarias.

¿Y ésto cómo termina…?

En medio de una crisis que no termina de resolverse aparecen las ineludibles preguntas por el destino final de este gobierno ante lo que está pasando. Una síntesis muy clara sobre

las perspectivas contradictorias respecto del futuro la dio Rubén “El Pollo” Sobrero, dirigente ferroviario y miembro de un partido trotskista. Éste sostuvo, en el acto realizado en el Obelisco el mismo día del paro: “Vamos a seguir empujando por esa huelga de 36 horas, por un plan de lucha para que caiga el Gobierno, de esta derecha de mierda y de todos sus cómplices. Hay que echar a la mierda al gobierno de Macri”.

Eso, muy posiblemente, represente su sentimiento más íntimo y el de buena parte de los argentinos. Ante el cúmulo de críticas recibidas, horas después, dio una respuesta más ajustada a lo “políticamente correcto” y lo que plantea su Partido. Pidió disculpas y dijo: “Cometí un error al decir que ‘caiga el Gobierno’. En realidad lo que quise decir es que caiga el plan económico del Gobierno. A los que se sintieron molestos les pido disculpas por este grave error”

Da la impresión que en esas dos posiciones radica la gran duda en la que está envuelta una parte importante de la oposición política y el pensamiento de muchos compatriotas, envueltos en la contradicción entre los plazos institucionales y la gravedad de la tensión social.

El fin del Mundial para Argentina hará que, junto a los ramilletes de candidatos, acuerdos y alianzas que florecerán por doquier, también se desplieguen estas dos posiciones. A medida que se vaya acercando la fecha electoral la tendencia a resolver estas cuestiones mediante las próximas elecciones irá predominando. Aunque, claro está, el gobierno tendrá que superar los naturales y recurrentes vendavales provenientes de los angustiados reclamos que se suele producir en las últimas semanas del año.

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