May 31 2015
1051 lecturas

Cultura

Argentina: La (necesaria) ley federal de las culturas

 

Francisco Romero, uno de los dos directores nacionales de la Secretar√≠a argentina de Coordinaci√≥n Estrat√©gica para el Pensamiento Nacional, estuvo a cargo del programa que deb√≠a llevar adelante los foros de debate para la elaboraci√≥n de una ley necesaria: la de cultura. El resultado, luego de 46 encuentros donde participaron m√°s de doce mil personas, fue el anteproyecto de Ley Federal de las Culturas que, enviado al Poder Ejecutivo, se espera sea una de las grandes medidas antes de finalizar el primer semestre del a√Īo.
El bar de la Biblioteca Nacional (¬Ņd√≥nde si no?), unas horas antes de la inauguraci√≥n del Centro Cultural Kirchner (¬Ņcu√°ndo si no?), fue el espacio y tiempo en el cual Romero se prest√≥ a una charla para contar c√≥mo fue esa experiencia y explicar los desaf√≠os de esa ley.
‚Äď¬ŅPor qu√© se esper√≥ tanto para elaborar una ley que se presentaba como imprescindible?
‚ÄďPodr√≠a ensayar como respuesta, desde mi experiencia fuera y dentro del Estado en el campo de la cultura, que porque no estaba valorizada la cultura en la agenda p√ļblica. Pensemos que, en 200 a√Īos de historia, hab√≠amos tenido s√≥lo dos congresos argentinos de cultura, y que hasta 2006 nunca hab√≠a habido alguno. Pensemos que, desde los campos de la gesti√≥n, del arte, del pensamiento, de la actividad sociocomunitaria no se hab√≠a promovido una reuni√≥n para discutir las pol√≠ticas p√ļblicas federales y el rol del Estado ni los derechos culturales como derechos humanos. No hab√≠a, en s√≠ntesis, una agenda p√ļblica del Estado como para plantear la cultura como raz√≥n de Estado y en t√©rminos federales.geniol
‚Äď¬ŅQu√© era la cultura, entonces, para el Estado?
‚ÄďLa cultura, en t√©rminos de gesti√≥n estatal, era solamente como agencia de contrataciones y, en el mejor de los casos, como promotora de grandes eventos. No se traduc√≠a en pol√≠ticas p√ļblicas que pensaran la sociedad en t√©rminos de tejido social, de constituci√≥n de subjetividades y de c√≥mo transformarlas. Eso no exist√≠a.
‚ÄďHasta hace nueve a√Īos…
‚ÄďExacto, pero se podr√≠a decir que en los √ļltimos doce a√Īos hubo un trabajo muy interesante en t√©rminos de generaci√≥n de un archipi√©lago legislativo en el centro que pensara cada una de esas actividades de manera hol√≠stica. Sali√≥ lo referido al teatro, hubo financiamiento para lo audiovisual. Se fueron generando, desde las partes al todo, aunque sin pensar en el todo. Reci√©n en el Congreso Argentino de Cultura celebrado en Mar del Plata en 2006 se cobr√≥ conciencia, a nivel sociedad, de que necesit√°bamos tres cosas imprescindibles: ministerio, presupuesto digno y una ley nacional.
‚Äď¬ŅNo se la llamaba, en ese entonces, ‚Äúfederal‚ÄĚ?
‚ÄďNo, probablemente porque era el a√Īo de la discusi√≥n de la Ley Nacional de Educaci√≥n.
‚ÄďParece que con ese pedido no alcanz√≥…
‚ÄďNo. Pero volvimos a pedirlo en Tucum√°n, donde la respuesta del Estado fue la creaci√≥n del Consejo Federal de Cultura que la dictadura hab√≠a eliminado. Despu√©s estuvimos en San Juan y en Chaco, y en todas partes se ped√≠a lo mismo.
‚ÄďPero…
‚Äď…pero las dificultades estaban orientadas en dos sentidos. Por un lado hab√≠a un gran consenso, independientemente de las disciplinas, en todos los √°mbitos de la cultura y del arte en que necesit√°bamos esas tres cosas. Y por otro lado, hab√≠a tambi√©n un avance en los sectores de la gesti√≥n de que necesit√°bamos la consolidaci√≥n institucional de las partes: un instituto de la danza, uno del teatro, uno de la literatura, uno de la m√ļsica. Y en esa tensi√≥n no se supo resolver lo que lleg√≥ luego. Pero como producci√≥n te√≥rica, cada Congreso Argentino de Cultura iba generando las bases para este anteproyecto de Ley Federal de las Culturas. No hab√≠a mucho que inventar, s√≥lo faltaba la decisi√≥n pol√≠tica. Por eso, cuando surge el Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas, lo planteamos con mucha humildad, sin pensar que est√°bamos abriendo el camino. S√≠ pens√°bamos que √©ramos los herederos de un trabajo disciplinario, transversal, socio-cultural y pol√≠tico. Recog√≠amos eso y plante√°bamos que √©ste era el momento.
ar folklore‚Äď¬ŅPor qu√©?
‚ÄďPorque no pod√≠amos cerrar una etapa de conquista de derechos y de conciencia de esos derechos sin plantear que no hay batalla pol√≠tica o econ√≥mica por la soberan√≠a sin que est√© fundada o sostenida en una soberan√≠a cultural. Si nos vencieron pol√≠tica, social y econ√≥micamente durante la dictadura y el neoliberalismo de los ‚Äô90 fue porque nos conquistaron la cabeza y el coraz√≥n. Hubo una colonizaci√≥n cultural y pedag√≥gica. Por lo tanto, m√°s all√° de la ley que concebimos como un instrumento, se trata de pensar el pa√≠s a partir de generar las bases de un proyecto emancipador de soberan√≠a cultural que, al mismo tiempo, no puede estar atado a viejas concepciones.
‚ÄďEs decir…
‚ÄďTenemos que plantear que no hay soberan√≠a cultural sin soberan√≠a digital y comunicacional. Ese fue el puntapi√©. La creaci√≥n del Ministerio y la llegada de Teresa Parodi all√≠ aceleraron esa tendencia.
‚ÄďLa ley ser√° presentada y se espera que promulgada durante esta gesti√≥n. Un cambio de signo pol√≠tico, ¬Ņpuede dinamitar esta ley? Es decir, ¬Ņla ley puede tener puntos flojos en cuanto a lo pol√≠tico?
‚ÄďCorre peligro, al igual que corre peligro cualquier legislaci√≥n que busca transformar una matriz ideol√≥gica y social, que habla de derechos. Esta ley plantea que sus sujetos son todos los habitantes de la Rep√ļblica Argentina, no s√≥lo los argentinos. Y plantea una industria cultural que no genere concentraci√≥n monop√≥lica, sino que genere una ficci√≥n nacional. Por supuesto que corre peligro. Por eso es muy importante que haya un sujeto deseante, un sujeto social que la comprenda y la defienda, que la sociedad civil tome conciencia de que m√°s all√° de los gobiernos de turno, √©ste es un instrumento que le pertenece. Nosotros somos conscientes de que los derechos no se garantizan por estar en un papel, sino que se conquistan. Nosotros podemos obtener un instrumento, pero es deber de un debate federal y de la constituci√≥n de un sujeto multiforme y multi√©tnico que va a estar vigilante y expectante acechando que la ley se cumpla.
‚Äď¬ŅC√≥mo puede cumplirse esa premisa?
‚ÄďNosotros necesitamos, no bien se promulgue la ley, generar otro debate, m√°s all√° de este a√Īo, por un plan estrat√©gico de desarrollo cultural que observe las experiencias suramericanas. Lo mejor de la legislaci√≥n cultural hoy est√° en nuestra regi√≥n. Ese debate que viene debe ser muy honesto, planteando que no se remueven las estructuras o paradigmas de la noche a la ma√Īana. Debemos generar un plan estrat√©gico de desarrollo cultural para definir metas a corto, mediano y largo plazo. Metas que digan c√≥mo construimos un mapa federal a partir de imaginar redes y circuitos que no son s√≥lo el de las regiones. Y hay que pensar con los protagonistas esos circuitos y esas redes. Para eso decidimos crear observatorios de pol√≠ticas p√ļblicas federales en las universidades: una trama interesante, ya que las tenemos en todo el territorio. Ser√°n las universidades y la sociedad civil los garantes, adem√°s del Estado del cumplimiento de estos derechos. Estamos rodeados de peligros, pero hay que buscar, m√°s all√° de la ley, los factores sociopol√≠ticos para que tengamos otras clases de instrumentos.
‚ÄďPlan estrat√©gico, observatorio universitario, ¬Ņcu√°l m√°s?universitarios2
‚ÄďCrear algo que nos falta: c√≥mo ponderamos qu√© nos pasa culturalmente. Hasta ahora lo hacemos con el c√≥digo de barras del mercado, indicadores culturales cuantitativos. Y necesitamos indicadores culturales cualitativos. Esa es una tarea para especialistas y para quienes est√°n en el territorio. S√≥lo ellos saben c√≥mo aparecen, por ejemplo, las orquestas infanto-juveniles de cada lugar que le cambian la vida a la regi√≥n. Nos parece que ese es el desaf√≠o m√°s importante en un a√Īo en que debemos plantearnos honestamente el destino de un instrumento cuyo garante es pol√≠tico. Horacio Gonz√°lez es el encargado de redactar los fundamentos de la ley. Y √©l habla de la construcci√≥n de una nueva teor√≠a del Estado, pensar ese Estado no como un conjunto de funcionarios, no confundirnos en pensar pol√≠ticas de Estado como pol√≠ticas de gobierno. Por eso es interesante que Parodi haya ido a visitar, antes de los debates, a la Comisi√≥n de Cultura de la C√°mara de Diputados. All√≠ estaban todos, y les plante√≥ retomar el decreto 1172 de 2003 de elaboraci√≥n participativa de la normas. Con ese decreto se discuti√≥ la Ley Nacional de Educaci√≥n, con ese decreto se discuti√≥ la Ley de Medios Audiovisuales. Ese decreto y esos debates marcan una important√≠sima legitimidad social.

Para realizar este anteproyecto se realizaron 46 foros con miles de participantes, donde la letra de lo que concierne a los pueblos originarios la escribieron los mismos pueblos originarios definiendo que los 34 pueblos y las 22 lenguas son patrimonio cultural nacional. Esa es una de las tantas virtudes de este proyecto. Pensamos juntos qu√© clase de ley federal de las culturas necesit√°bamos. Esos son elementos que van a condicionar la posibilidad siempre presente de que en los pr√≥ximos a√Īos no tengamos dificultades de aplicaci√≥n.
‚Äď¬ŅC√≥mo reaccion√≥ la oposici√≥n frente a esos 46 foros de opini√≥n y de consulta y c√≥mo supone que van a reaccionar en la votaci√≥n de la ley cuando se presente?
‚ÄďUna de las cuestiones m√°s importantes fue no descuidar la legitimidad. El 18 de febrero pasado estuvimos en Corrientes convocados por el gobernador Ricardo Colombi (de origen radical, al frente de Alianza Encuentro por Corrientes), y ante los periodistas que nos preguntaban c√≥mo era posible que estuvi√©ramos ah√≠ sentados si luego de la reuni√≥n el presidente del Instituto de Cultura de Corrientes se iba a ir a la marcha por la muerte de Alberto Nisman. Esa era nuestra obligaci√≥n: caben las dos fotos y deben caber. Por un lado, la de una parte de la sociedad que se sent√≠a agredida y necesitaba expresarse, sabiendo que no iba a ser reprimida. Y la adultez y madurez pol√≠tica como para no cazar en el zool√≥gico: discutir con quienes piensan como uno es un discurso autocomplaciente que s√≥lo genera instrumentos poco v√°lidos. Hay que animarse a debatir con quienes piensan totalmente distinto o desde paradigmas diferentes. Y esos foros fueron fant√°sticos; la ministra de Cultura de Santa Fe, Mar√≠a de los √Āngeles Gonz√°lez, aport√≥ much√≠simo en ese sentido. Todos los sectores pol√≠ticos y sindicales fueron muy respetuosos y debatieron todo lo que hab√≠a que debatir. Esta ley no es la ley de Teresa Parodi o la ley K: es la ley que construimos todos. De ese modo va a ser m√°s f√°cil el trabajo de resguardo de los intereses que all√≠ est√°n planteados. No hubo una sola autoridad de ninguna provincia que haya salido a tener una expresi√≥n agraviante sobre la ley.
ar parodi y proyecto‚ÄďEn cuanto a los observatorios universitarios, ¬Ņvan a ser de gobierno tripartito?
‚ÄďSe respetar√° la direcci√≥n tripartita. Y enclavada cada una en su regi√≥n ser√° la encargada de construir el mapa cultural, planteando cu√°ntos espacios culturales hay en cada sitio, no s√≥lo los formales. Qui√©nes son, c√≥mo se desarrollan, qu√© necesidades tienen, cu√°l es la infraestructura ociosa. Con el ministro de Educaci√≥n Alberto Sileoni hablamos de poder hacer realidad un sue√Īo: que las escuelas, sobre todo aquellas enclavadas en los lugares m√°s desangelados del territorio nacional, abran sus puertas a la comunidad los s√°bados y domingos. Desde el Estado debemos optimizar los recursos para poder utilizar la infraestructura que tenemos.
‚ÄďAs√≠ como se sab√≠a cuando se debati√≥ y promulg√≥ la Ley de Servicios de Comunicaci√≥n Audiovisual que habr√≠a sectores que iban a hacer todo lo posible por incumplirla, ¬Ņse supone que en una sanci√≥n de la ley federal de Cultura puede haber sectores que la incumplan?
‚ÄďVa a haber una tensi√≥n, y sobre todo estar√° dada en saber c√≥mo construir pol√≠ticas p√ļblicas federales en un pa√≠s al que le cuesta ser federal. Y esto no solamente pasa entre Buenos Aires y las otras provincias, sino en el interior de cada provincia. Hay un pedido de buena cantidad de intendentes que cuando llaman al Ministerio es para pedir al Chaque√Īo Palavecino, a Soledad Pastorutti, a Abel Pintos, a Jorge Rojas. Y despu√©s que act√ļe alg√ļn m√ļsico local, al que algunas veces se le paga. Eso reproduce al interior la l√≥gica de centro irradiador de cultura. Si hablamos de la redistribuci√≥n justa y equitativa de los recursos hay que pensar en otra l√≥gica. La dimensi√≥n de la industria cultural hay que pensarla en funci√≥n del territorio y de restituir tejido social. Otra tensi√≥n se dar√° en la redistribuci√≥n de la red de las industrias culturales. Cuando discutimos la ley de medios, perdimos una batalla: hab√≠amos propuesto el desarrollo de una ficci√≥n nacional, que se destinen fondos para eso. Y no lo logramos.

Debemos generar instrumentos para que se produzca una verdadera industria cultural, lejos de la l√≥gica de las grandes productoras. Hay que salir de esa huella que no nos conduce a nada m√°s que a frases hechas, hay que pensar con todos los espacios que se tienen. Los Mercados de Industrias Culturales Argentinas (MICA) fueron un enorme espacio, pero hay que seguir pens√°ndolos fuera de la l√≥gica del evento. Hay que producir con cada MICA un mecanismo de sustentabilidad que dure todo el a√Īo, imaginar los circuitos, alentar y promover. Pero no desde la concepci√≥n de esperar absolutamente todo lo necesario. Hay que promover ese desarrollo desde cada sector, incluido el sector privado.
‚ÄďEso deber√≠a incluir tambi√©n las nuevas plataformas…
internet intervenida‚ÄďPor supuesto. Hay que abrir a lo digital. Debemos producir contenidos para los nuevos soportes y los nuevos formatos que peleen contra los que produce el mercado todo el tiempo. Si no los producimos para los cinco millones de netbook y la enorme cantidad de servidores para las escuelas perderemos la batalla. Debemos saber c√≥mo se construye la subjetividad cotidianamente, cu√°les son los grandes lugares de construcci√≥n de relato. Y no debemos hablar de un Estado monopolizador, sino de un Estado sensible e inteligente que pueda intervenir en lo profundo donde hoy se construyen esas subjetividades. Tenemos muchos j√≥venes muy talentosos que est√°n produciendo. Si el Estado puede crear con ellos un banco de contenidos de cultura digital, si podemos estimular en t√©rminos de diversidad, estaremos entendiendo que el siglo XXI tiene una complejidad en cuanto a lo cultural que no puede dejar afuera a los j√≥venes. Nosotros somos tributarios de la cultura libresca, accedimos al conocimiento y la belleza a trav√©s de los mecanismos y expresiones de libros. Hoy no es as√≠. Poder incidir en el mundo digital, con su concentraci√≥n, es un desaf√≠o que tenemos que llevar adelante. Internet es otro.
‚Äď¬ŅOtra disputa?
‚ÄďS√≠. En varios momentos nos plantearon una cierta tensi√≥n entre los derechos de autor y la libre accesibilidad de Internet. El conflicto es constitutivo de la vida democr√°tica. No son los derechos de autor de los creadores el tema en disputa para generar accesibilidad libre en Internet. Son los nichos de los monopolios que hoy construyen un negocio que significa entre 25 y 35 mil millones de d√≥lares al a√Īo en Internet. Internet es un negocio de circulaci√≥n de palabras y de relatos. Horacio Gonz√°lez dir√≠a que es una gran m√°quina, un dispositivo que captura la palabra. Y eso se vende y se comercializa. Por lo tanto, hay que sacar esa discusi√≥n de generar la ilusi√≥n de un mundo donde todos puedan acceder. Hay que ir hacia esa accesibilidad sin desmedro de los autores. Lo vemos: esta ley est√° sembrada tanto de peligros como de desaf√≠os.
‚Äď¬ŅCu√°ndo se presentar√° el proyecto de la ley?
‚ÄďDesarrollamos la fase de conclusiones de los 46 foros en una mesa de trabajo en el ministerio, el anteproyecto de la Ley Federal de las Culturas est√° concluido. La ministra Teresa Parodi lo elevar√° a presidencia para que, cuando se estime conveniente, se presente. Estimamos que antes de que concluya el primer semestre ser√° enviado. Y al ser una ley coral, polif√≥nica, que tuvo el camino de la legitimidad social, ahora es turno del poder Ejecutivo para plantear la cultura como raz√≥n de Estado.

multiculturalismo1Bases, conceptos, sujetos

Fueron 46 Foros los que se llevaron a cabo para debatir y sentar las bases de Elaboraci√≥n Participativa de la Ley Federal de las Culturas. Foros que funcionaron con m√°s de doce mil participantes a modo de Documento Base para la redacci√≥n del Anteproyecto de Ley. Entre ellos, 2 mil expositores y m√°s de 2 mil organizaciones art√≠stico-culturales y sociales, 23 universidades p√ļblicas nacionales, bibliotecas populares, los colectivos de Cultura Viva Comunitaria, los Consejos de Participaci√≥n Ind√≠gena del INAI, los colectivos de la diversidad de g√©nero, la CGT y su mesa intercultural, la CTA, las sociedades de gesti√≥n cultural, los sindicatos de las industrias culturales, artistas y referentes culturales. Singularidad de voces y socializaci√≥n de voces.
Entre los puntos sobresalientes, destacaba el cambio de la palabra ‚Äúcultura‚ÄĚ por ‚Äúculturas‚ÄĚ. El motivo, categ√≥rico: diversidad cultural, ling√ľ√≠stica y √©tnica; emancipaci√≥n y soberan√≠a cultural. Y otro: derechos culturales para todos los habitantes de la Argentina y el Estado como garante indelegable del ejercicio de esos derechos.
En s√≠ntesis, el federalismo como raz√≥n de Estado; pol√≠ticas p√ļblicas para la redistribuci√≥n federal material y simb√≥lica de los bienes culturales y recursos, y un presupuesto cultural que tienda al 1% del presupuesto anual de la Naci√≥n, como lo recomienda la Unesco, para el desarrollo de pol√≠ticas p√ļblicas federales; el 0,1% del presupuesto destinado a inversi√≥n cultural para las culturas autogestivas, comunitarias y cooperativas, y que el presupuesto cultural para las pol√≠ticas p√ļblicas federales tenga como compromiso de contraparte de cada jurisdicci√≥n la planificaci√≥n e inversi√≥n en la formaci√≥n art√≠stico-cultural, t√©cnica-profesional y de gesti√≥n cultural de sus trabajadores de la cultura.
El objeto del anteproyecto marca la tarea de desarrollar los principios rectores de los procesos, hechos y bienes culturales establecidos en la Constitución nacional y en los tratados internacionales suscriptos por el país.
El concepto es el preciso: las culturas son tramas de conocimientos, valores, expresiones y experiencias que se constituyen en tejidos sociales y redes simbólicas. Se enfoca en los modos de vida de una sociedad, en las narrativas, saberes y prácticas a través de las cuales se configuran subjetividades e identidades.
El concepto de cultura en plural permite identificar a la diversidad cultural, ling√ľ√≠stica y √©tnica como la urdimbre polif√≥nica constitutiva de las sociedades en general y del cultivo de la identidad cultural de la Argentina en particular. A partir del reconocimiento de esta diversidad se constituye una Naci√≥n y es posible pensar en la plena vigencia de los derechos culturales de todos los habitantes de la Rep√ļblica Argentina.
Entre los derechos culturales que promoverá la Ley se cuentan el acceso al conocimiento, participación, creación y disfrute de la diversidad cultural y sus manifestaciones, en cualquiera de sus lenguajes, formatos y soportes; los referidos a la identidad individual y colectiva y a la diversidad; los referidos al patrimonio cultural; los referidos a la creación, autoría, interpretación e investigación intelectual y artística; la participación democrática; las relaciones entre Cultura y Educación, y el acceso libre y gratuito a comunicación, información, ciencia y tecnología.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario