Sep 14 2007
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Opinión

Argentina: – LAS PIEZAS DEL MECANO ELECTORAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En Santa Fe gan√≥ el socialista Hermes Binner; en San Luis, la dinast√≠a de Rodr√≠guez Sa√° mostr√≥ que es imbatible; en La Rioja fue sepultado pol√≠ticamente Carlos Menem, y en C√≥rdoba asistimos a un fraude digno de la ‚Äúd√©cada infame‚ÄĚ.

Las elecciones provinciales de San Luis, La Rioja, Santa Fe y C√≥rdoba representan, cada una con su propio color y su tono, el complejo mapa pol√≠tico de la Argentina. Tras cuatro a√Īos de gobierno de N√©stor Kirchner los argentinos vivimos el tramo final que conduce a las elecciones nacionales del 28 de octubre pr√≥ximo. Se trata del primer recambio, por la v√≠a electoral, tras la crisis y revuelta que hizo estallar el gobierno de Fernando de la R√ļa y la institucionalidad precaria de los mandatos que lo sucedieron hasta la elecci√≥n de Kirchner.

Al asumir √©ste, ya el pa√≠s hab√≠a comenzado a salir de la profunda depresi√≥n econ√≥mica y continu√≥ creciendo a tasas superiores al 8 por ciento. Desde las se√Īales macroecon√≥micas no se aprecian mayores dificultades en el pr√≥ximo per√≠odo, en tanto que los equilibrios y desequilibrios de la econom√≠a mundial se mantengan en los t√©rminos de los √ļltimos a√Īos. Y esto es necesario subrayarlo, como saben todos los especialistas que han estudiado el desempe√Īo a largo plazo de la econom√≠a argentina y su alta dependencia de los flujos y reflujos de la econom√≠a mundial.

En el campo de los Derechos Humanos y de algunas cuestiones institucionales, el gobierno de Kirchner sorprendi√≥ y cosech√≥ aplausos por su radicalidad. Derogaci√≥n de las leyes que tend√≠an un ‚Äúmanto de olvido‚ÄĚ sobre los cr√≠menes aberrantes de la √ļltima dictadura militar y del indulto decretado por Carlos Menem al inicio de su gesti√≥n. La renovaci√≥n de la Corte Suprema de Justicia con hombres y mujeres de probada idoneidad, puso fin a la recurrente historia de gobiernos que nombraban jueces supremos amigos o leales.

Sin embargo, al t√©rmino de su mandato, queda el interrogante de si las notables mejoras en la econom√≠a, tras rebotar de la depresi√≥n, superando en varios sectores las marcas anteriores de prosperidad, fueron bien aprovechadas por Kirchner para cambiar la matriz productiva del pa√≠s en b√ļsqueda de una mayor equidad. Ciertamente, est√° en curso una recuperaci√≥n del empleo y del salario real en los sectores formales de la econom√≠a, pero con una repercusi√≥n muy diferenciada en lo que respecta a los trabajadores ‚Äúen negro‚ÄĚ.

Asimismo, la reforma política quedó relegada en la agenda del mandato de Kirchner.

La presencia de la vieja pol√≠tica es uno de los fen√≥menos m√°s perdurables del paisaje argentino. En el estallido de 2001, cuando en las ciudades m√°s importantes se gritaba ‚Äúque se vayan todos‚ÄĚ, la opini√≥n p√ļblica y la publicada se inclinaban a pensar que las cosas en el futuro no ser√≠an igual que en el pasado.

Gran parte de las escenas de la vida pol√≠tica repiten aquellas vistas del pasado. Esa percepci√≥n de las continuidades es seguramente lo que ha llevado a Kirchner y a algunos de sus asesores a privilegiar un acuerdo con los aparatos tradicionales, en vez de apostar en la incertidumbre por la constituci√≥n de una nueva fuerza. Los intendentes, dedicados a lo largo de muchos a√Īos a manejar un aparato electoral y clientelar, garantizan un buen resultado con poco esfuerzo. ‚ÄúCon el im√°n de la caja, es suficiente‚ÄĚ, aseguran. La prueba emp√≠rica muestra que m√°s de un 70 por ciento de los que conquistaron el aparato de poder en 1983, al retorno de la democracia, lo ha detentado en los 24 a√Īos siguientes.

Muchos especialistas siguen hablando del peronismo como una partido o una ideolog√≠a √ļnica. Eso se acab√≥ hace mucho tiempo. Decir actualmente peronismo no define nada, ni en lo pol√≠tico ni en lo ideol√≥gico. Ya lo hab√≠a se√Īalado Alejandro Horowicz en su libro sobre Los cuatro peronismos. Con la candidatura de Menem en 1988, parec√≠a que se volv√≠a a unificar el movimiento, hecho trizas en los ¬ī70. La ilusi√≥n dur√≥ muy pocos meses. Y desde entonces no termina de atomizarse.

En las elecciones de 2003 se presentaron tres candidatos que invocaron el peronismo; ganó el que menos ponía el acento en reivindicar los símbolos de esa tradición. Un proceso parecido ocurre con el radicalismo. En realidad, lo que cuenta en el terreno de la práctica política es quién controla, en cada lugar, el aparato.

Ahora bien, ¬Ņesto es totalmente cierto a la luz de los √ļltimos procesos electorales? ¬ŅAlguien puede asegurar que las tempestades del 2001 y 2002 no pueden repetirse?

Las elecciones provinciales, anticipadas a la elecci√≥n nacional, generalmente est√°n en funci√≥n de las necesidades de los grupos locales, al tiempo que van anticipando un determinado clima electoral. S√≠ nos guiamos por los resultados de los √ļltimos comicios, la candidatura de Cristina Fern√°ndez de Kirchner, como sucesora de su marido, plantea algunas dudas. El clima cambi√≥, y no por el efecto invernadero. En junio, en la Ciudad de Buenos Aires, con un padr√≥n de casi 2.6 millones de electores, gan√≥ ampliamente la derecha. El domingo pasado se realizaron las elecciones en C√≥rdoba y Santa Fe, que, sumadas, constituyen el 20 por ciento del electorado del pa√≠s.

Un frente encabezado por el socialista Binner triunf√≥ c√≥modamente en Santa Fe. El resultado no sorprendi√≥. Una artima√Īa electoral, la ley de lemas, hab√≠a venido asegurando la permanencia del justicialismo durante varios a√Īos. Pod√≠an presentarse los m√°s diversos agrupamientos peronistas que, en definitiva, se sumaban para los c√≥mputos finales. Un sistema, llamado ‚Äúla cooperativa‚ÄĚ, consagraba como gobernador a la lista m√°s votada y repart√≠a las cuotas de poder. Frente a este artilugio, claramente antidemocr√°tico, meritoriamente derogado por el ex montonero y actual gobernador Jorge Obeid, se concret√≥ el triunfo de los socialistas. Estos llegan al gobierno de la provincia desde la intemperie. Han logrado mantener el predominio en Rosario, el segundo puerto de la Rep√ļblica y una de las ciudades m√°s importantes de la Argentina, ganando en esta oportunidad por una notable diferencia sobre sus adversarios.

Binner, el primer socialista que llega al gobierno de una provincia, representa por un lado la tradici√≥n del viejo y centenario partido fundado por Juan B. Justo. En lo personal, siempre ha mantenido buenos y permanentes v√≠nculos con los foros socialistas y de la izquierda de Am√©rica Latina y del mundo, a la vez que adopta ahora una postura flexible ‚Äď negociadora – frente al gobierno de Kirchner. A diferencia de otros dirigentes de su partido, que han elegido una confrontaci√≥n m√°s pronunciada.

La alianza que encabeza Binner, sin embargo, es sumamente heterog√©nea. Para nada una fuerza que ‚Äďglobalmente‚Äď pueda clasificarse como de izquierda.

En Córdoba, las elecciones se polarizaron entre Juan Schiaretti, candidato continuista del actual gobernador, José Manuel De la Sota, un exponente de la derecha vinculado a los principales grupos económicos de la provincia y del país, y Luis Juez, intendente de la ciudad capital.

Curiosamente, estos comicios dividieron al kirchnerismo. La mayoría del gobierno nacional apostó a De la Sota-Schiaretti, seguramente por la influencia de los grupos económicos que han tejido desde el reinado sin límites del neoliberalismo una sólida alianza con esta satrapía cordobesa. Un sector minoritario, donde se destaca la diputada kirchnerista Patricia Vaca Narvaja, apoyó a Juez, quien encabezó una alianza plural que incluye también a socialistas, comunistas, gentes del ARI, Libres del Sur y otros agrupamientos.

Tras una ca√≠da s√ļbita del sistema de recuento de los votos ‚Äďun calco burdo de maniobras ‚Äúa la mexicana‚ÄĚ‚Äď la elecci√≥n se dio vuelta en la madrugada del lunes, otorgando el triunfo a Schiaretti por un punto. Schiaretti, quien fuera uno de los ahijados predilectos de Domingo Cavallo e interventor de Menem en la provincia de Santiago del Estero, no podr√° sostener por mucho tiempo un gobierno que ostenta el triste logro de haber restablecido el oprobioso sistema del fraude, derrotado en 1946, tras su vigencia en la d√©cada del ¬ī30, por la irrupci√≥n del movimiento de masas del peronismo.

La reacci√≥n popular con manifestaciones multitudinarias, no vistas en C√≥rdoba desde los tiempos de Agust√≠n Tosco, se√Īala que la √ļltima p√°gina de este episodio no est√° escrita. Seg√ļn una encuesta, el 90 por ciento de los cordobeses, incluyendo a quienes votaron por Schiaretti, no aceptan el resultado del escrutinio y desconf√≠an del papel de una justicia electoral dependiente del poder pol√≠tico local.

La provincia de C√≥rdoba, con cerca de 3,5 millones de habitantes es responsable del 8.1 por ciento del PBI nacional. No obstante la recuperaci√≥n econ√≥mica provincial durante el √ļltimo per√≠odo, el desempe√Īo del gobierno local es decepcionante al compararla con otras provincias de menor potencial. El actual gobierno cordob√©s no puede exhibir nada, ni siquiera obras y realizaciones p√ļblicas. Es decir, no cabe aquella desvergonzada m√°xima de que ‚Äúroban pero hacen‚ÄĚ. Para muchos es un caso paradigm√°tico por ineficiencia y corruptela. Si medimos el ingreso per c√°pita provincial, una de las provincias m√°s ricas del pa√≠s, tanto por la actividad del agro como de la industria, de acuerdo a los m√°s destacados estudiosos, C√≥rdoba est√° en un lugar por debajo de la media nacional y de otros nueve distritos del pa√≠s.

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* De del Consejo de Redacción del periódic digital SinPermiso.

www.sinpermiso.info.

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