Jul 19 2014
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Sociedad

Argentina, Mundial y realidad

Termin√≥ el Mundial de F√ļtbol. Se trata del acontecimiento deportivo, junto a las Olimp√≠adas, m√°s importante de la actualidad de nuestro planeta. Cada 4 a√Īos, el mundo parece paralizarse para ver rodar la pelota. M√°s all√° de una evaluaci√≥n sobre este rol, desde este punto de vista se trata de un hecho social y medi√°tico cuyo impacto dif√≠cilmente tenga comparaci√≥n en el curso del a√Īo.

No obstante que suele decirse que ‚Äúel f√ļtbol lo tapa todo‚ÄĚ veremos de qu√© modo muchas realidades cotidianas encuentran diferentes modos de expresi√≥n dentro del fen√≥meno futbolero.

Hablando de plata

La realizaci√≥n del Mundial de F√ļtbol le cost√≥ a Brasil aproximadamente 13.600 millones de d√≥lares. Cerca del 90% de ese monto provino de las arcas y cr√©ditos estatales.

Buena parte del dinero invertido nunca ser√° recuperado y gran parte del mismo fue a parar a las cuentas bancarias de un n√ļcleo concentrado de empresas vinculadas a la construcci√≥n de estadios, aeropuertos, sistemas de comunicaci√≥n. La mayor parte de los insumos utilizados son de origen chino. Naturalmente que tal volumen de recursos es una tentaci√≥n para negocios no muy santos. A t√≠tulo de ejemplo digamos que el costo final de cada asiento de los asistentes al Mundial tuvo en Brasil 2014 un costo de 5.800 d√≥lares, en Sud√°frica (2010) hab√≠a sido de 5.200 y en Alemania (2006) fue de 3.400 d√≥lares.

De los 12 estadios construidos o totalmente remodelados, en igual n√ļmero de sedes, 4 de ellos carecen de perspectivas de uso. En dichos lugares (Brasilia, Manaos, Cuiab√° y Natal) no hay equipos que participen en ninguna de las dos categor√≠as superiores del f√ļtbol brasile√Īo. Los costos de mantenimiento correr√°n por cuenta de las autoridades locales.

La FIFA, en cambio embols√≥ unos 4.500 millones de d√≥lares. Un poco m√°s del 10% de esa cifra -536 millones- se repartir√° entre las 32 selecciones que participaron en Brasil. Los clubes que ‚Äúprestaron‚ÄĚ sus jugadores recibir√°n una recompensa consistente en 2.800 d√≥lares por cada d√≠a que esos jugadores estuvieron afectados a la selecci√≥n de sus respectivos pa√≠ses.

Hablemos de f√ļtbol

En t√©rminos generales, m√°s all√° de la frustraci√≥n brasile√Īa, fue un Mundial bueno, de muchos goles y con un protagonismo final de 4 grandes selecciones (Alemania, Argentina, Holanda y Brasil)
Nuestro pa√≠s cumpli√≥ un rol m√°s que digno. Con un comportamiento futbol√≠stico inesperado, aunque l√≥gico dada la estrategia del director t√©cnico. Nuestro punto d√©bil, la defensa, result√≥ ser lo mejor. Recibimos solo 3 goles; a Alemania y Holanda, les hicieron 4 y a Brasil, 14. Arriba, los ‚Äúcuatro fant√°sticos‚ÄĚ (Messi, Higua√≠n, Ag√ľero y Di Mar√≠a) no rindieron lo esperado. Apenas festejamos 5 goles en 7 partidos. Alemania convirti√≥ 18 goles, Holanda 15 y Brasil 10.

Ahora son tiempos de festejar por el subcampeonato, lamernos las heridas por la derrota ante Alemania y observar como los teutones ‚Äújugando lindo‚ÄĚ y al ras, como si fueran brasile√Īos, maltrataron

El fen√≥meno social que el f√ļtbol esconde

Entre las m√ļltiples cuestiones de las que podr√≠amos hablar, mientras consumimos litros de caf√©, se elegir√°n un par de muestras que parecen significativas.

En primer lugar la presencia de miles y miles de argentinos en las canchas donde jugaba la Selecci√≥n y otro tanto merodeando en los alrededores o en las playas de Copacabana en R√≠o de Janeiro. En su inmensa mayor√≠a no eran los cl√°sicos ‚Äúbarras bravas‚ÄĚ. Como dijera el escritor Jorge As√≠s, se trataba de los ‚Äúblanquitos‚ÄĚ que se acercaron a las canchas, que hab√≠an abandonado ante la presencia de grupos violentos. Eran sectores con un buen poder adquisitivo que se consideraban como los ‚Äúbarras bravas decentes‚ÄĚ, de distinto origen social pero igualmente agresivos respecto a sus cong√©neres, p√ļblico y transe√ļntes brasile√Īos.

El otro hecho significativo se trata de lo ocurrido el domingo a la noche, en las proximidades del Obelisco y otros puntos del pa√≠s. Por la tarde-noche decenas de miles de personas festejaron el subcampeonato. Pero al entrar la noche se abrieron las puertas del infierno. Fueron algunos centenares en el centro porte√Īo y en un n√ļmero aun inferior en La Plata, Mar del Plata, C√≥rdoba y otros centros urbanos. Atacaron y rompieron lo que encontraban a mano. Para el gobierno se trat√≥ de algo planificado, seg√ļn dijo Sergio Berni, Secretario de Seguridad.

La detenci√≥n de algunos ‚Äúbarras‚ÄĚ de Independiente, Chacarita y Nueva Chicago, ser√≠a la prueba. Desde la oposici√≥n acusan al gobierno por la falta de prevenci√≥n. Lo cierto es que ambas cuestiones pueden ser parte de la verdad. Pero hay otro tema que algunos comentaristas recogieron. Se trata de sectores j√≥venes excluidos que se sienten totalmente al margen del sistema de valores que impera en la sociedad. El orden impuesto y la propiedad privada, pilares de la cultura capitalista que nos rige, nada le dicen y por el contrario ‚Äďcuando pueden- se distraen en vulnerarlos. Se trata de una cuesti√≥n no menor que ‚Äďgeneralmente- no encuentra canalizaci√≥n en las organizaciones sociales o pol√≠ticas.

El Mascherano que todos tironeanarg mascherano

Desde el ultraopositor Jorge Lanata hasta el ultraoficialista ‚Äú6.7.8‚ÄĚ pretenden encontrar en Javier Mascherano la s√≠ntesis que aspiran para la Argentina de hoy y el futuro. El ‚ÄúJefe‚ÄĚ m√°s all√° que la capitan√≠a se la cedi√≥ a Lionel Messi, re√ļne en su persona -de origen clasemediero- la t√©cnica adecuada para realizar con eficacia las tareas que le competen; la voluntad para sacrificarse en funci√≥n de un todo y el liderazgo necesario para asumir la conducci√≥n de un grupo. Es por eso que Mascherano, tironeado desde distintos lugares, ante la ausencia de otros liderazgos individuales o colectivo, es el s√≠mbolo positivo de una gran parte de la contradictoria argentina actual.

 

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