Jun 6 2015
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Sociedad

Argentina: #NiUnaMenos


El miércoles pasado, centenares de miles de personas –mayoritariamente mujeres- se manifestaron en diversos puntos de la Argentina contra el femicidio y la violencia de género hacia las mujeres. Fue reconfortante ver esta marcha contra la violencia machista y las demandas a los diversos organismos del Estado para que se cumplan las leyes.

De todas maneras es innegable que la violencia contra las mujeres es el efecto. Habrá que encontrar las causas.

No quedan dudas que hoy las mujeres tienen más derechos que en otros tiempos. Lo prueban el conjunto de políticas públicas, leyes, instituciones de ayuda y apoyo, discursos cívicos a su favor. Pero ello no termina de resolver el problema de la violencia contra la mujer y otras cuestiones semejantes.

La pregunta que nos debemos formular es ¿porqué eso es así? Da la impresión que ese conjunto de derechos no ejerce la influencia esperada porque ellos se inscriben en un marco general que va en sentido contrario. Eso explica, por ejemplo, que –más allá de las normas legales- los reclamos de muchas mujeres agredidas no reciban atención por parete de los cuerpos policiales.ar niunamas

Es por eso que el discurso global, reivindicativo de la mujer, colocando el eje en demandar más derechos no ha dado el resultado esperado. Lo demuestra el reclamo de las multitudinarias movilizaciones que estamos comentando.

Pareciera que el problema no se resuelve con el solo hecho de reclamarle más derechos al Estado.

Aquí hay que señalar dos cuestiones sobre las cuales habrá que reflexionar. Una, que el problema de fondo está instalado en la cultura y en segundo lugar que habrá que repensar el tema del Estado respecto a ésta y otras cuestiones.

Que el problema tiene que ver con nuestra cultura no hay dudas. Formamos parte de una cultura machista que sigue sin darle el rol protagónico que debe tener las mujeres que representan más de la mitad del género humano. Es esperable que este movimiento sea un punto de inflexión y además de luchar contra ese efecto (la violencia contra las mujeres) avancemos hacia la modificación de las causas que lo provocan. Sería bueno reconocer el fracaso de esta cultura machista e instalar la necesidad de ese cambio cultural que les dé a las mujeres el lugar que les corresponde.

En cuanto al tema del Estado, no hay que olvidar que el mismo –al igual que buena parte de las instituciones que conforman nuestras sociedades- está más fuertemente constituido para la defensa de los bienes que de las personas.

Es por eso que la movilización del miércoles pasado puede ser el punto inicial de una toma de conciencia. Es probable que las transformaciones necesarias, en el Estado y la cultura, estén más vinculadas a la fuerza y organización que las propias mujeres vayan construyendo en la sociedad que a la demanda de nuevos derechos que el Estado les pueda proporcionar.

 

 

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