Abr 21 2012
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OpiniónPolíticaSociedad

Argentina: Nuevo Estado

El freno al ALCA y el impulso a la integración regional, la quita a la deuda y la salida del FMI, la estatización de las AFJP, la nueva Carta Orgánica del Banco Central y ahora la nacionalización de YPF construyen el perfil de un nuevo Estado. El cambio es profundo y estructural. Aunque nada es irreversible, nadie podrá hablar de maquillaje o doble discurso.

Por el contrario, conforma el primer gran proceso de transformación progresiva que avanza sin los rasgos culturales de los grandes movimientos transformadores del siglo pasado.

La ausencia de programa en un pa√≠s devastado por dictaduras militares y burgues√≠as ineptas mostr√≥ el pragmatismo, la cautela de un proceso que se iniciaba cuando se hab√≠an agotado los paradigmas del siglo anterior. Sin grandes discursos fundacionales ni el programatismo altisonante del tipo de los que hab√≠an aparecido en las asambleas barriales del 2002 casi como la expresi√≥n grotesca de un final de √©poca, este proceso empez√≥ sobre la base de asumir las consignas centrales del movimiento que m√°s hab√≠a resistido a la decadencia de los a√Īos anteriores: el movimiento de los derechos humanos.

Los despuntes de nuevas propuestas que habían comenzado a surgir con la globalización y el derrumbe del viejo mundo bipolar ya no llevaban la antorcha de las grandes revoluciones, donde la llama del poder revolucionario purificaba un camino casi instantáneo, heroico, sin vueltas ni complejidades. Eso ya no existe. Se demostró que nada es irreversible, que las grandes transformaciones tienen que ser procesadas y asumidas por los pueblos a lo largo del tiempo y que aun así tampoco tienen la eternidad garantizada. Los procesos requieren profundas transformaciones culturales y necesitan marcos democráticos que permitan expresarse a las mayorías. Los filtros de mejoramiento y purificación no están dados por una espada flamígera inapelable sino por esos largos procesos culturales que decantan en el tiempo donde a la voluntad se le suma paciencia.

Estos procesos tienden a ser pacíficos, democráticos, masivos y no de vanguardias elitistas. Eso quiere decir que para avanzar están obligados a generar grandes consensos y que por lo tanto no son puros desde el principio, que no tienen la eternidad como horizonte sino una disputa permanente en el marco de la posible alternancia. Y también implican tensiones en el marco democrático, tanto externas como dentro de las propias fuerzas populares. El debate pasa a ser una de las herramientas más importantes para impulsar esos procesos culturales. Son los caminos por donde la sociedad identifica sus propios desarrollos y los instala e institucionaliza, como los que están plasmados en las reformas al Código Civil, desde los derechos de la infancia, de género y el matrimonio igualitario hasta la maduración que le permita asentar una medida como la expropiación de YPF.

Si el monumentalismo realista fue la expresi√≥n art√≠stica de aquellos procesos de epopeyas y grandes marchas, ahora no existe una √ļnica forma de expresi√≥n que intente dar cuenta de manera ortodoxa de estos nuevos procesos que se han dado sobre todo en Am√©rica latina. El conocimiento y la capacidad de gesti√≥n, adem√°s de las convicciones, han reemplazado al voluntarismo revolucionario del siglo pasado que, pese a su empe√Īo y sacrificio, no pudo resolver los problemas del burocratismo.

Esos paradigmas que identificaron a los grandes movimientos de transformaci√≥n de por lo menos los dos siglos anteriores han cambiado, se expresan de formas diferentes y, sobre todo, ahora se trata de procesos pol√≠ticos que avanzan sin las certezas absolutas que tuvieron sus antecesores. Cada quien construye sus verdades axiom√°ticas a medida que avanza, en Bolivia, en Argentina, en Uruguay, Brasil, en Paraguay o en Ecuador y Venezuela. Estos gobiernos no pueden ser tan programatistas porque van haciendo camino a medida que avanzan, est√°n obligados a ser m√°s pragm√°ticos que program√°ticos. Y es probable que la culminaci√≥n de ese proceso se produzca en el punto de maduraci√≥n de la integraci√≥n latinoamericana a partir de la cual se generen nuevas realidades sobre la base de un dise√Īo compartido, m√°s universal.

Cuando el sistema pol√≠tico, los opinadores medi√°ticos y los intelectuales de la academia le pidieron credenciales al kirchnerismo, la exigencia central fue que se definiera seg√ļn esos viejos par√°metros, cosa que no pod√≠a hacer porque su marca de origen era poco m√°s que nada, a pesar de la historia de N√©stor y Cristina Kirchner en el peronismo. En ese momento, ni la izquierda, ni el peronismo, el socialismo o el radicalismo encontraban una v√≠a para salir de sus propias crisis, implosionados por sus impotencias, hiperinflaciones, corralitos, por el menemismo y por la Alianza.

Cuando se habla de crisis de representatividad en los ’90, se habla de eso. Cualquier cosa que pudiera salir de esa crisis no lo iba a hacer para atrás, sino para adelante con una propuesta nueva y diferente. Y un chico no tiene nombre hasta que lo bautizan. El kirchnerismo no respondía a la tradición clásica de la izquierda, pero tampoco a la del populismo clásico o a la del progresismo conocido y por lo tanto fue considerado de entrada como un producto guacho, un sospechoso bastardo.

No son pocos los que todav√≠a insisten en esa mirada que cada vez se aleja m√°s de cualquier camino de transformaci√≥n y cambio y va quedando relegada a un punto en el pasado. Es una elecci√≥n entre cambiarse a s√≠ mismo para poder visualizar y participar en un proceso de cambio o aferrarse a algunos o a parte de viejos esquemas que funcionaron en los ‚Äô70, los ‚Äô80 o los ‚Äė90 pero que ahora tienen una funcionalidad esencialmente conservadora. Esas supuestas posiciones revolucionarias, progresistas, democratistas, o antimperialistas ahora pueden llegar a funcionar en sentido opuesto: en forma reaccionaria, antidemocr√°tica o antilatinoamericanista.

En el debate en el plenario de comisiones del Senado, un legislador de la oposición le preguntó a Axel Kicillof por qué no se había expropiado antes a YPF. La respuesta del viceministro de Economía fue que era como preguntar por qué la Revolución de Mayo se hizo recién en 1810 y no en 1806 o 1771. Vale la pena hacer el ejercicio y repetirse esa pregunta. De todos modos, el objetivo de la oposición fue que el Gobierno reconociera su responsabilidad en los mismos hechos que estaba denunciando para decidir la expropiación de YPF.

La idea de una autocr√≠tica apunta a la b√ļsqueda de un remedio. En este caso, la medida misma implica el reconocimiento de que las estrategias previas para alinear la producci√≥n de hidrocarburos con las pol√≠ticas econ√≥micas fracasaron o no funcionaron como se esperaba. La decisi√≥n, en definitiva, expresa en ese sentido autocr√≠tica y superaci√≥n. La misma decisi√≥n de expropiaci√≥n puso al Gobierno por delante de las cr√≠ticas. Mientras la oposici√≥n s√≥lo lleg√≥ a ese punto de la cr√≠tica, el Gobierno expres√≥ una visi√≥n cr√≠tica que lo involucraba, pero adem√°s la super√≥ con la medida de expropiar, una medida que no hab√≠a sido propuesta por la mayor√≠a de la oposici√≥n, salvo unos pocos, entre ellos Pino Solanas. Salvo esa excepci√≥n, la visi√≥n autocr√≠tica del Gobierno fue m√°s profunda.

La profundidad de un enfoque cr√≠tico o autocr√≠tico est√° dada m√°s por la salida que propone y la capacidad y la decisi√≥n pol√≠tica para concretarla que por los t√©rminos que utilice. Los t√©rminos grandilocuentes no revelan profundidad sino espectacularidad, la b√ļsqueda de un efecto pol√≠tico y la repercusi√≥n medi√°tica. En ese sentido, esos t√©rminos que buscan resonancia publicitaria tambi√©n expresan superficialidad. Una parte de la oposici√≥n se ha empantanado en esos c√≥digos que son furiosos en la denuncia pero se quedan cortos en el momento de proponer alternativas o soluciones.

Como se quiera, con autocrítica o sin ella, con equivocaciones y aciertos, con medidas tardías o tempraneras, podría decirse que el Estado raquítico que terminó la década de los ’90, vulnerable a cualquier soplido económico local o internacional, a cualquier malestar social o interés corporativo, ya va quedando en el pasado. De aquí en adelante, los gobiernos tendrán herramientas institucionales para sortear tormentas no democráticas y defender las decisiones soberanas desde el Estado.

*Periodista argentino. Jefe de redacción del diario Página 12

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