Jul 9 2016
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PolíticaSociedad

Argentina: Segundo centenario de una independencia incompleta

 

En Argentina estamos recordando el segundo centenario de una independencia incompleta. Algunos detalles del “Congreso de Tucumán”, que terminó… en Buenos Aires, certificando la derrota de las propuestas de San Martín, Belgrano y Güemes. Hoy: La presencia del Rey Emérito de España y otras lindezas de la semana.

 Estamos recordando el segundo centenario de la Declaración de la Independencia. Es un buen momento para desenterrar los antecedentes, características, cierre y valoración actual de ese hecho y su continuidad histórica. La historia oficial nos enseña que desde ese momento somos libres, pero no hay muchas precisiones sobre las posibilidades para el ejercicio de dicha autonomía.

 Los antecedentesar congreso de tucuman

El 25 de mayo de 1810 quedó grabada como “la Revolución de Mayo”. En esa fecha se tomó la decisión de elegir gobierno propio y dejar de estar gobernados por los virreyes, autoridades designadas por los Reyes de España. Ese grito de ¡Libertad! Estaba directamente vinculado al hecho que el Rey de España había sido apresado por los franceses. Los pueblos de la región tomaban el camino de gobernarse por sí mismos. Los virreinatos se iban deshaciendo mientras se debatían y construían las nuevas identidades que ocuparan su lugar.

Restablecido en su poder, el Rey de España trató que nuevamente la región se subordinara a sus decisiones. Ya Europa había tomado la decisión formal de aplastar a los movimientos revolucionarios.

La lucha por el derecho a darnos gobierno propio fue evolucionando hacia la idea de la independencia, fueron los largos y duros años de lucha para alcanzarla. España, Portugal, Francia y también Inglaterra, aunque tuvieran estrategias distintas, tenían interés en estas tierras. En esas luchas, patriotas como San Martín, Bolívar, Juana Azurduy, Belgrano, Artigas, al frente de tropas integradas por criollos pobres, mestizos, indios y negros regaron con su sangre el territorio de nuestra América, en pos de esa autonomía.

Ese fue el marco del Congreso de Tucumán, en 1816. Un año antes, el 29 de junio de 1815, José Gervasio de Artigas había reunido en Concepción del Uruguay (Entre Ríos) en un Congreso de los Pueblos Libres a representantes de la Banda Oriental (Uruguay), Corrientes, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Misiones, proclamando la independencia de España. La situación era muy grave, además de ésta y otras divisiones internas, los españoles venían penetrando desde el norte acechando a estos independistas. Al mismo tiempo que fracasaban los intentos revolucionarios en otros pueblos de la región y Paraguay se proclamaba independiente de España, pero también de las Provincias Unidas.

 El Congreso de Tucumán

Mariano Moreno

Mariano Moreno

Al Congreso, iniciado el 24 de marzo de 1816, asistieron 33 diputados (11 hombres de la Iglesia Católica, 4 militares y 18 abogados) provenientes de 11 provincias que hoy integran nuestro país (Buenos Aires, Catamarca, Córdoba, Jujuy, La Rioja, Mendoza Salta, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Tucumán), y 3 de lo que hoy es Bolivia (Charcas, Chichas y Mizque). Otras 4 provincias del Alto Perú (La Paz, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Potosí) no pudieron enviar diputados porque habían sido ocupadas por tropas españolas. Las del Litoral y la Banda Oriental, bajo el control de Artigas, ya habían declarado su independencia un año antes.

José de San Martín, que se encontraba en Mendoza preparando el cruce de los Andes, tenía sumo interés en que se declare la Independencia. No quería que su gesta fuera tomada como un acto de conquista de otros pueblos, sino como lo que era: una empresa libertadora de dominios extranjeros.

Manuel Belgrano, que venía de una misión en Europa, fue convocado para hablar en una sesión secreta realizada el 6 de julio. Belgrano era vocero de los patriotas más convencidos y en su exposición planteó tres grandes objetivos para el Congreso allí reunido: Declarar la Independencia; proponer la unidad de la Gran Patria bajo la forma de una monarquía constitucional a cuyo frente sería puesto un Rey descendiente de los Incas y proclamar a Cuzco, sede del imperio incaico, como capital de esa nueva entidad.  El primer punto fue aprobado en la sesión del 9 de julio que estamos recordando. La idea del Rey Inca fue avalada por aclamación en la sesión del 31 del mismo mes y sobre la capital no llegó a darse una definición mientras el Congreso funcionó en Tucumán.

Cabe recordar que para aquellos años Buenos Aires tenía una población que rondaba los 70 mil habitantes y en el “interior”, desde Córdoba a Lima, había unos 2,5 millones de personas. La propuesta de Belgrano contemplaba la identidad e intereses de esa población y traía al escenario el socialismo incaico que habían protagonizado durante varios siglos. Algunos diputados europeizantes -el bonaerense Tomás Manuel de Anchorena entre ellos- y la prensa porteña ridiculizaron esta propuesta. Dijeron que se trataba de una “conspiración de los generales” por San Martín, Belgrano y Martín Miguel de Güemes. Bartolomé Mitre divulgaría algunas calificaciones que circulaban. Allí se hablaba de una “monarquía en ojotas” y del “rey de patas sucias”. La persona a la que hubiera correspondido ese cargo era Juan Bautista Tupac Amaru, único sobreviviente de la familia del Inca y nieto del luchador del mismo nombre. Éste estaba preso, desde hacía más de 30 años, en cárceles españolas.

Como una prueba del clima reinante, el texto de la Declaración de la Independencia fue divulgado en 4 idiomas: castellano, quechua, aymará y un sistema de jeroglíficos de los pueblos del tihuanako.

Los problemas internos, la presión porteña y el acecho de los españoles hicieron que se decidiera el traslado del Congreso a Buenos Aires. Eso se decidió en setiembre de 1816 y se concretó en los inicios de 1817. Allí el Congreso, que se extendió hasta 1820, cambió de carácter y se fue imponiendo la influencia portuaria. Una muestra de los cambios producido es que se modificó hasta el nombre de lo que se estaba constituyendo. Según el Acta del 9 de julio de 1816 la Independencia fue declarada en nombre de las “Provincias Unidas en Sud América” y ello contenía la idea de integrar a toda la región sudamericana. A partir de su reinstauración en Buenos Aires se volvió a usar la designación de “Provincias Unidas del Río de la Plata” y luego se utilizaría indistintamente con el de República Argentina, definitivamente legalizado en la Constitución de 1853. Obviamente el tema del Rey Inca y la Capital del Cuzco, desaparecieron de la agenda debate y se fue consagrando la derrota que sufrieron las fuerzas patrióticas y la consolidación de ideas, doctrinas y concepciones   extranjerizantes que serían la base organizativa del país, que llega –con algunos pocos intervalos y excepciones- hasta nuestros días.

Valoracion de la Declaración de la Independencia

ar bicentenario banderasA dos siglos de aquella Declaración tenemos que reconocer que somos un país políticamente independiente. Tenemos constitución, bandera, instituciones y normas dictadas por nuestros “representantes” legales. Eso no quiere decir que seamos totalmente autónomos. En una cuestión clave, como el tema económico, seguimos siendo dependientes. Es por eso que el 9 de julio de 1947 el gobierno peronista declara –en Tucumán– la Independencia Económica.

Lo hace manifestando la voluntad: “de los pueblos y los gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana. Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la nación”. Con el Golpe de Estado de 1955 se inició un proceso de retroceso que nos ha vuelto a instalar como un país económicamente dependiente.

Hoy en día siguen vigentes lo deseos planteados por Belgrano y que expresaban el sentir de patriotas como Moreno, Castelli, Artigas, Monteagudo y otros tantos que junto a “los generales conspiradores” intentaron darle otro rumbo a la Patria.

Triunfó el pensamiento europeizante proveniente de la ciudad-puerto y hasta el día de hoy esos intereses siguen predominando.

Invitación al rey de España y otras lindezas

Macri y Juan Carlos

Macri y Juan Carlos

En estos “días patrióticos” no fueron pocas las novedades que se produjeron. Algunas giraron en torno a la bicentenaria recordación, otras tuvieron que ver con el desarrollo de los acontecimientos internos.

En lo que respecta a la recordación, es posible que el acontecimiento más llamativo haya sido la invitación a Juan Carlos I, el ex Rey o Emérito de España.  Para algunos puede tratarse de una “distracción” o “ingenuidad” de un Presidente un poco desinformado sobre el sentido de una recordación. A la misma no asistirán nuestros ex primeros mandatarios, pero sí el símbolo de una dominación que supuestamente rompimos en la fecha rememorada. Tampoco darán el ¡Presente! Los presidentes de los países vecinos.

Extraña forma de recordar la decisión de “las Provincias Unidas en Sud América” (el 9 de julio de 1816) de “romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España”. Resolución extendida pocos días después (sesión del 19 de julio) a “toda otra dominación extranjera”. Aquello que fue una convocatoria a construir una Gran Patria, ahora se reduce a la voluntad de construir un apéndice de quienes, en su decadencia, pretenden usufructuar del saqueo de nuestras riquezas.

Dictador Videla y Juan Carlos

Dictador Videla y Juan Carlos

Este hecho simbólico tiene su correlato en otras medidas, como el “tarifazo”, que hacen recaer la crisis sobre los hombros de los más humildes. En este sentido la reciente resolución de la Sala II de la Cámara Federal de La Plata, suspendiendo  dicho “tarifazo” respecto a la facturas de gas, constituye un hito que marcará el futuro. La evolución de los acontecimientos en los próximos días nos dará una referencia importante sobre las perspectivas del gobierno. Por ahora el Ministro de Energía y Minería ha anunciado que apelará dicha medida. El gobierno pide la intervención de la Corte Suprema. Su fallo será un elemento clave, aunque es presumible que difícilmente cubra las expectativas del cuestionado Ministro Juan José Aranguren. El gobierno de Macri tendrá que decidir sobre el camino a seguir. La situación va tomando temperatura, para el próximo miércoles está convocado un “cacerolazo” contra los “tarifazos” y el viernes hubo uno en la rica zona pampeana de Junín, provincia de Buenos Aires .

Mauricio Macri tendrá que decidir si repite -con el tarifazo- la grosería de recordar la Independencia teniendo como invitado principal al símbolo de quien decidimos independizarnos. En el caso de los “tarifazos” ese error consiste en seguir aferrado a un brutal incremento sin medir sus efectos económicos, sociales y políticos. Si no es capaz de revisar esa decisión, seguramente la calle se lo hará presente de un modo cuyo destino final nadie es capaz de predecir, pero del cual hay variados antecedentes históricos, nacionales e internacionales.

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