Feb 8 2012
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PolíticaSociedad

Argentina va a la ONU contra la militarización británica del Atlántico Sur

No puede ser casualidad que Cristina Fernández de Kirchner haya elegido una frase del más famoso de los británicos para enviarle un mensaje al premier de Gran Bretaña, David Cameron: “Quiero pedirle al primer ministro inglés que le dé una oportunidad a la paz”, citó la Presidenta a John Lennon, en el punto cúlmine de su mensaje sobre la soberanía del archipiélago, en una Casa Rosada y rodeada por políticos oficialistas y opositores, militares y activistas de los derechos humanos, ex combatientes, representantes de la juventud, empresarios y sindicalistas de todas las corrientes.

La jefa de Estado anunció que la Argentina volverá a presentarse ante todas las instancias de la ONU (el Consejo de Seguridad, el Comité de Descolonización y la Asamblea General) para denunciar la militarización del Atlántico Sur y exigirle a Inglaterra que se siente a la mesa de negociación.

“Me siento más que nunca la Presidenta de los 40 millones de argentinos, porque la presencia de tantos sectores revela claramente que estamos ante un hecho de Estado, de política nacional –comenzó CFK cuando los cantos de los grupos de juventud y de ex combatientes, barulleros, se lo permitieron–. Esa política de Estado es la que se lleva adelante y es clave desde 2003, y es de memoria, verdad y justicia. A esos valores les agregaría el de democracia y soberanía. Así le dan el exacto lugar que para nosotros tiene la causa Malvinas”, explicó, para desligar la posición actual de la Argentina del fracaso bélico que llevó adelante en 1982. Para que haya soberanía tiene que haber democracia, explicó la mandataria, por lo tanto “no se puede achacar al pueblo argentino una decisión como lo fue aquel conflicto, para negarse a cumplir lo que ha ordenado Naciones Unidas: sentarse a dialogar”.

Mezcladitos

El Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada estaba repleto, al punto de que buena parte de los invitados tuvo que seguir la ceremonia desde los balcones o en el adyacente Patio de las Palmeras, donde instalaron pantallas especialmente para la ocasión. Abajo, había una mezcla poco habitual. Por caso, mientras esperaban a la Presidenta, en la primera fila dialogaban animadamente el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni con el diputado por Unión Celeste y Blanca Francisco de Narváez (que en ningún momento de la tarde-noche aplaudió). Junto a ellos, alternaban los opositores Patricia Bullrich y el macrista Federico Pinedo, el peronista disidente Alfredo Atanasof y los radicales Ricardo Gil Lavedra, Mario Barletta y Juan Carlos Marino.

El senador Aníbal Fernández le mostraba a su par Miguel Angel Pichetto alguna novedad en su celular ante la mirada atenta de Agustín Rossi y el socialista Rubén Giustiniani. Un poco más atrás, el banquero Jorge Brito y empresarios de medios como Daniel Hadad (C5N) o Jorge Prim (Página/12). El titular de la UIA, José de Mendiguren, aparecía rodeado por los dirigentes sindicales Antonio Caló (UOM) y Hugo Yasky, secretario general de la CTA. Luego, los lugares correspondían al círculo del titular de la CGT, Hugo Moyano, en su regreso a la Rosada tras los desencuentros que tuvo con el Gobierno los últimos meses: el dirigente camionero estuvo ladeado por su hijo Facundo (dirigente de la Juventud Sindical) y Omar Plaini (Taxistas). Para la punta quedaron el referente de La Cámpora Eduardo “Wado” de Pedro, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y el de Obras Públicas, José López. Por la falta de sillas, los sindicalistas Julio Piumato y Omar Viviani y los dirigentes Quito Aragón y Edgardo Depetri improvisaron localidades en los escalones de la tarima para no quedar lejos de CFK.

Informes, denuncias y reivindicaciones

Lo primero que hizo la Presidenta fue, tal como ya había sido anunciado días atrás, firmar la resolución en la que ordena la desclasificación del Informe Rattenbach, una evaluación del rol de las Fuerzas Armadas durante la guerra del ‘82. “No se puede consentir que se impida el conocimiento de la historia, cercenando a la población conocer su pasado reciente”, sentenció la Presidenta. La comisión que deberá evaluar el contenido del informe para asegurarse que su divulgación no perjudicará a la Argentina en el ámbito interno o externo estará conformada por un representante del Ministerio de Defensa, otro de Cancillería y por el coronel Augusto Rattenbach, hijo del general Benjamín Rattenbach, responsable del informe. Otros miembros de su familia observaban desde un lugar de privilegio en el escenario, codo a codo con la flamante embajadora en Londres, Alicia Castro.

En su discurso, la Presidenta advirtió que dio instrucciones al canciller Héctor Timerman para que “denuncie formalmente ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y ante la Asamblea, esta militarización del Atlántico Sur, que implica un grave riesgo para la seguridad internacional”. Más tarde, agregó que también se presentarán, en junio, ante el Comité de Descolonización de ese organismo. “Malvinas es una causa regional y global”, argumentó Fernández de Kirchner y enumeró una serie de motivos:

– “Es un anacronismo en el siglo XXI seguir manteniendo colonias de las cuales quedan sólo 16 casos en el mundo y diez de ellos son de Inglaterra.”

– “Están depredando nuestros recursos naturales, la pesca y petróleo, sin ningún tipo de control, lo que podría terminar en desastre. Además tengamos en cuenta que las batalles que se vienen serán por los recursos naturales y nuestra región es de las más ricas y con mayor potencialidad.”

– “Si algo vamos a preservar, además de los recursos, será la paz. Todo lo que hemos resuelto entre los suramericanos fue con el diálogo y entre nosotros, sin intervención de organismos internacionales. Ellos, en cambio, están militarizando el Atlántico Sur una vez más. No podemos interpretar de ninguna otra manera, por más buena voluntad que pongamos, el envío de un destructor acompañando al heredero real, a quien nos hubiera gustado verlo con ropa civil y no de militar.”

Por último, la mandataria anunció la creación de un Hospital de Salud Mental para los ex combatientes, en donde funcionaba el Instituto Geográfico Militar, donde podrán tratar sus secuelas y problemas de adicción. “Si a Cameron le pedimos paz –concluyó CFK–, a nuestros muertos les decimos hoy: honor y gloria en nombre de todos los argentinos.”

De Rattenbach a Lennon

La Presidenta colocó por lo menos tres elementos sobre la mesa en la cuestión Malvinas. Uno, la incorporación de dos días, 2 y 3 de enero de 2013, dentro de las fechas relacionadas con la exigencia argentina de discutir con el Reino Unido la soberanía sobre las islas. En ese momento se cumplirán 180 años de la ocupación británica de 1833. Por eso Cristina Fernández de Kirchner mencionó ya en su discurso de septiembre del año pasado ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas que vendrían por delante dos años para discutir el tema, el 2012 y el 2013. |MARTÍN GRANOVSKY

El segundo elemento es la sudamericanización del reclamo diplomático en relación con un punto: los recursos naturales de la región.

Y el tercero, la nitidez en la toma de distancia respecto de la dictadura militar, que ayer volvió a plasmarse en la firma del decreto 200 que desclasifica tanto el Informe Rattenbach producido por encargo del gobierno militar en 1983 como la documentación anexa que pudiera contener. En términos de política interna, el discurso y las decisiones oficiales parecen haber buscado un clima de acuerdo general. Es difícil que, excepto un pequeño grupo de fascistas, alguien pueda oponerse a la desclasificación del Informe Rattenbach y al reclamo contra la militarización del Atlántico Sur que deberá formular el canciller Héctor Timerman por instrucciones de la Presidenta. También es difícil pronosticar cómo seguirá, por ejemplo, la relación entre la Presidenta y el secretario general de la Confederación General del Trabajo, Hugo Moyano. Pero que ayer fue invitado y estuvo, fue invitado y estuvo.

En cuanto a los personajes, el coronel y compositor Augusto Rattenbach fue uno de los fundadores del Centro de Militares para la Democracia Argentina (Cemida, clave en el proceso de transición democrática) pero su padre no puede ser sospechado por nadie, aquí o en Londres, de simpatías izquierdistas o peronistas. En 1963, Benjamín Rattenbach, nacido en 1898 y muerto en 1984, fue uno de los autores del decreto 2713 que castigaba a “los que hicieren de palabra o por escrito la apología del tirano prófugo o del régimen peronista o del partido disuelto por decreto ley 3855/55, aun cuando no mediare la existencia de una finalidad de afirmación ideológica o de propaganda peronista”. Era secretario de Guerra del gobierno de José María Guido.

Más allá de la biografía del propio teniente general Rattenbach, el documento producido para el entonces dictadorReynaldo Benito Antonio Bignone tuvo un destino paralelo a los archivos sobre la masacre ejecutada por la dictadura. Bignone dictó la autoamnistía militar, que el candidato presidencial peronista de entonces Italo Luder prometió respetar, ordenó quemar los archivos de la represión y, a la vez, decretó que el Informe Rattenbach y sus anexos fueran mantenidos en secreto. Bignone fue uno los artífices del comienzo del golpe, uno de los oficiales de la represión a través de uno de los principales centros clandestinos, Campo de Mayo, y el encargado de cerrar el ciclo con medidas de encubrimiento en medio del derrumbe del régimen.

“Somos gente que ha sufrido demasiado la violencia en nuestro país”, dijo ayer la Presidenta cuando pidió a Londres que no presentara al Estado argentino en posiciones belicistas. “No nos atraen los juegos de las armas y las guerras. Al contrario.” Y agregó un tándem (democracia y soberanía) al tríptico habitual de “memoria, verdad y justicia” y definió la guerra de 1982 como “un conflicto que los argentinos tenemos que procesar con seriedad, con responsabilidad, sin chauvinismos”.

*Lantos y Granovsky son périodistas del diario Página 12 de Argentina

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