Ene 10 2015
800 lecturas

Despacito por las piedras

ATENTADO DE PARIS: LAS COMPLEJIDADES QUE ENCIERRA

El ataque a la Revista Charlie Hebdo, con un saldo –hasta ahora- de 19 muertos y varios heridos, merece una firme y sincera condena. Ella no puede ser ingenua y olvidar la complejidad que dicho hecho encierra. Tampoco se puede caer en la trampa de medir las muertes con varas distintas según pertenezcan o no al mundo occidental. Diversos factores intervienen para que se produzcan este tipo de situaciones. Componentes religiosos, económico-sociales y geopolíticos deben ser considerados a la hora de considerar un hecho tan denigrante respecto a la naturaleza y dignidad humana.

La condena es universal. Solo lo aplaudió el Estado Islámico, esa extraña fuerza en cuya preparación, fortalecimiento y acciones muchos sospechan que estrategias norteamericanas e israelíes algo que tienen que ver.

El mundo que emergió de la Segunda Guerra Mundial, el mundo de la Guerra Fría, fue el reino de la bipolaridad. Estados Unidos y la Unión Soviética fueron sus protagonistas. El resto debía alinearse en alguno de los bandos de esos grandes decisores universales, en función de las “áreas de influencia” acordadas en Yalta, al final de aquella guerra.

Luego vino la implosión de la Unión Soviética, se impuso la unipolaridad estadounidense y la creencia occidental que ese momento sería eterno.

Pero las aberraciones culturales e históricas, la injusticia, sobre la que estaba construida y la propia crisis del sistema capitalista –en el que se sustenta- hicieron que se abrieran paso manifestaciones de multipolaridad. Otros actores comenzaron a pesar y viejas reivindicaciones de todo tipo ocuparon el escenario mundial.

Ahora el “enemigo” no era uno y fácil de identificar. Para sostener sus intereses y mantener su hegemonía Estados Unidos alimentó conflictos y desató guerras. Junto a sus aliados de la OTAN invadió y ocupó territorios. Algunos casos fueron: Irak, 1999 y 2003; Somalía, 1993 y 2002; Yugoslavia, 1995 y 1999; Sudán, 1998; Afganistán, 1998 y 2001; Pakistán y Yemen 2002; Libia, 2011. Solo en Irak hubo más de un millón de muertos. En muchos de esos casos se enarboló la bandera de la democracia y los derechos humanos como causal que justificara la intervención. Se le incorporaba otro “guión” que parecía un libreto que el Presidente George Bush puso al servicio de aquellas intervenciones militares. Se trata de lo sostenido –en los 90- por el filósofo Samuel Huntington, en el sentido que los futuros enfrentamientos estarían sustentados -más que en problemas ideológicos o entre estados- en un “choque de civilizaciones”. Ahora las cuestiones religiosas se irían instalando en el centro de muchos conflictos.

Para el decadente occidente el islam se fue transformando en una poderosa fuente de confrontaciones. Para evitar un choque directo nada mejor que tomar compromisos con las fuerzas islámicas. Esto se hizo bajo distintas formas, ya sea promoviendo su organización o exaltando sus propias contradicciones, en este último caso aprovechándose de las históricas diferencias entre entres sunnitas y chiitas. Así fue como apoyaron a Bin Laden y su Al Qaeda, cuyo poder luego tratarían de debilitar. En tiempos más cercanos están apoyando al Estado Islámico, lo utilizan para sus propios fines respecto a Siria e Irán, aunque temen por su desarrollo futuro.

De todos estos elementos se alimenta este extremismo.

Juan Guahán, Question

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario