Abr 21 2005
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Ambiente

B15A: ni la Antártica ni el mundo serán lo mismo

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Todo se produjo en soledad; nadie escuchó el fragor de los hielos antárticos –más antiguos que la humanidad– cuando la mole de 115 kilómetros de largo se encimó con fuerza brutal sobre la Lengua de Adrygalski. Los glaciares de la barrera de Ross vibraron. Astillas y nubes heladas cubrieron el día, que la estación hace cada amanecer más breve. La cámara del satélite de observación de la Unión Europea, Envisat, registró el acontecimiento: el hecho dejó un testimionio.

La “península” de hielo de Drygalski es una lengua flotante de unos 60 kilómetros de largo varada en la costa del Mar de Ross. Hace un año era evidente que –llevada por las corrientes marinas circulares– una gigantesca masa de hielo, un iceberg que entonces tenía alrededor de 160 kilómetros de largo llamado B15A iba a chocar con ella.

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El Mar de Ross es en realidad una gigantesca bahía ubicada lejos, al sureste, de la Península Antártica, llamada por los expedicionarios chilenos Tierra de O’Hgginis y Península San Martín por los argentinos, frente la llamada Barrera de Ross, gigantesco acantilado de macizos de hielo que cubren la entrada a la planicie continental. Por ella iniciaron sus dramáticas expediciones polares el noruego Roald Admunssen y el británico Robert Ross.

COMO EN EL COMIENZO DEL TIEMPO

Lo ocurrido en la Antártica –alguien dijo que se llamará Antártida cuando América sea Amérida– recuerda las grandes catástrofes y destrucciones de una era remota de la geología terrestre. Causada por agua –que no otra cosa es el hielo– le cabe la denominación de cataclismo.

B15A es uno de los icbergs formados por el desprendimiento de una gigantesca masa de helo de las costas antárticas en marzo de 2000: el B15; según las mediciones realizadas merced a los satélites de observación, B15 tuvo una superficie de alrededor de 11.160 km.2: un tamaño que lo asemejaba a cualquier isla de Las Antillas Mayores, con excepción de Cuba y La Española. B15A es al parecer el mayor de sus fragmentos, pero sus hermanos no miden milímetros.

Para intentar visualizar el tamaño real del icberg B15A conviene tener en cuenta que sobre la supercie del mar asoma apenas la octava parte de su volumen. Esto explica porqué –según las fotografías satelitales– no sufrio daño tras morder un trozo de cinco kilómetros a la Lengua de Drygalski.

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SILENCIO EN LOS “PAÍSES ANTÁRTICOS”

Los expertos aseguran que el iceberg no ha terminado su recorrido por la lengua de Drygalski, lo que significaría nuevos choques y desprendimientos.

Desde que se encuentra a la deriva, el enorme iceberg ha bloqueado el curso de las corrientes marinas de la Antártica, lo que afecta a la fauna de la zona. Los pingüinos, por ejemplo, deben recorrer enormes distancias para llegar al mar abierto, donde encuentran alimento y viven la mayor parte del año.

En los países “naturalmente” antárticos de América del Sur –porque sus territorios se hunden en las proximidades del Océano Antártico–, Argentina y Chile, no se han producido declaraciones ofciales sobre las eventules consecuencias de de estos movimientos en el continente helado.

Se conoce sólo lo dicho por el director del Instituto Antártico Argentino, Sergio Merenssi, en el sentido de que el fenómeno “no representa riesgo para el continente ni para la fauna”. En todo caso admitió que “no es habitual el choque de un témpano de esa magnitud” .

El catacalismo ocurrió lejos, hacia el sur de los territorios reclamados por Chile y la Argentina. El iceberg es una masa con forma de botella a merced de la corrientes. Una isla de hielo procedente de la fragmentación de hielo polar, continental o marino, que es arrastrada por las aguas.

ENTRE LA “TEORÍA DE LAS UÑAS” Y EL CALOR

Muchos científicos estadounidenses piensan que el desprendimento del gigantesco B15 fue parte de “un ciclo natural de largo plazo (cada 50 a 100 años más o menos) en el que la plataforma (o Barrera de Ross) arroja pedazos tanto como las uñas de los humanos crecen y se quiebran.

De cualquier modo, lo cierto es que el B15, la masa orignaria del cataclismo, derivó hacia el Estrecho McMurdo y encalló cerca de Cape Crozier en Ross Island, partiéndose en pedazos, el más grande –el B-15A– quedó atrapado en el Estrecho McMurdo. Las corrientes que normalmente rompen el hielo en pedazos y lo sacan al Mar Ross no han podido limpiar el Estrecho, así que el grueso hielo del invierno permanece intacto a lo largo del tiempo. Si el hielo colapsa, el camino pudiera abrirse para que el hielo del mar saliera del Estrecho. Una explicación coherente.

Las grandes masas de hielo terrestre, los glaciares, suelen fragmentarse y desprenderse periódicamente –como ocurre a escala menor en la Patagonia, donde este hecho tiene connotaciones turísticas–. Esto ocurre debido al peso de la estructura acumulada generalmente en verano. En verano, porque la temperatura contribuye a debilitar la masa helada.

Y a propósito de calor: se constata de un tiempo a esta parte que la temperatura de las aguas en la superficie del Océano Pacífico registra un “excepcional” aumento, que parece tender a mantenerse, y que afecta a la Antártica. Observaciones similares en el Hemisferio Norte indican un rápido –en el sentido geológico– derretirse de los hielos en Groenlandia, Alaska y otras regiones.

Los científicos de la British Antartic Survey –equipo británico de investigaciones antárticas– determinó hace pocos años que unos 250 kilómetros cúbicos de hielo al año derivan hacia el mar en el continente antártico, descarga que por sí sola eleva los niveles de los océanos en el planeta en un quinto de milímetro por año.

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El profesor Chris Rapley, director del BAS, señaló entonces que este descubrimiento reactivaba las preocupaciones sobre el colapso de los bloques de hielo, lo que se había descartado en un informe producido en la segunda mitad de los años 90 para el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC) de la Organización de Naciones Unidas. Dijo el científico que si se estimó hasta fines del siglo XX que en materia de clima la Antártica era un gigante dormido, “yo diría que ahora ese gigante ha despertado. Esto es un peligro real”.

Añadió: ”La visión previa era que el Bloque Oeste Antártico no colapsaría antes de 2100. Debemos revisar esas estimaciones. No podemos quedarnos en calma”. El choque entre la Lengua de Adrygalski y el B15A se produjo en ese bloque geográfico. Si el BOA se derrumba ocurriría un desastre en todo el mundo, y grandes extensiones de países extremadamente pobres, como Bangladesh, quedarían cubiertos por agua.

La Antártica en su totalidad es tierra cubierta por una capa de hielo. La placa congelada que cubre la mitad oriental del continente es más estable que la occidental, pues descansa sobre rocas que están muy por encima del nivel del mar. Pero la capa que cubre el lado oeste del continente se asienta sobre un piso rocoso que se encuentra por debajo del nivel del mar.

Si se produce el derretimiento del borde de la capa de hielo debido a altas temperaturas, el mar podría entrar debajo de ella y eventualmente provocar su colapso. En 2001 el consenso de los científicos era que dicho derrumbe era muy poco probable. La certidumbre de que se aceleran las descargas de hielo del bloque antártico occidental cambia absolutamente el panorama. B15 y sus “hijos” son producto de derrumbes en esta área continental.

El profesor Rapley piensa que hay evidencia de que la descarga es un fenómeno relativamente reciente, causado tal vez por la elevación de la temperatura del mar.

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