Sep 9 2005
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“Benedicto XVI es un papa ‘amañado’ por la curia vaticana”

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

‘Benedicto XVI. El Papa enigma. De delfín de Juan Pablo II a Pontífice de la curia’ es una “investigación rigurosa sobre las estrategias de la Iglesia en la elección del nuevo Papa”, según la editorial. El periodista experto en asuntos religiosos José Manuel Vidal devela, a lo largo de 456 páginas, por qué los cardenales eligieron nuevo Papa en tan poco tiempo y con tantos votos, quién es en realidad Benedicto XVI o si cambiará su imagen de inquisidor para convertirse en el Papa reformador que tanto necesita la Iglesia del siglo XXI.

Se trata de un gran reportaje en el que se cuenta los 25 días que van desde la muerte del Papa Wojtyla a la entronización del Papa Ratzinger y que cambiaron la historia de la Iglesia. De una Iglesia afónica, humillada, sucia y herida a una Iglesia referente mundial, resucitada y ante la que se arrodillan los poderosos del planeta. El libro contiene, además, un retrato del “alma” del nuevo papa, asi como las principales coordenadas de su pensamiento y las grandes líneas de su pontificado.

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Pero el meollo de la obra es un ensayo en el que el autor trata de probar que Benedicto XVI es el papa de la Curia. “Su elección infringía en teoría todas las reglas para ser papa: era mayor, estaba enfermo, procedía de una gran potencia y tenía la peor imagen que pueda tener un cardenal”, explica el autor. Y sin embargo, “Torquemada salió elegido Papa en menos de 24 horas y con un amplísimo número de votos cardenalicios”.

¿Quién consiguió este milagro? El partido curial, cuyo máximo líder fue siempre el cardenal Ratzinger, como guardián de la ortodoxia y vigilante del “depositum fidei”. Sostiene el autor que Juan Pablo II, que no era teólogo, llama, en 1984, al cardenal Ratzinger a Roma y éste pone en marcha el modelo de la restauración o de la involución eclesial.

Desde entonces, Ratzinger es “el representante más destacado de una forma de situar la Iglesia en el mundo netamente contrarreformista. Tanto Juan Pablo II como el entonces cardenal Ratzinger comparten la teoría de que la esencia misma de la Iglesia es ser conservadora: dejar en manos de otros los cambios y conservar inconmoviblemente lo conocido y lo probado. Un principio, criticado por muchos en le mismo seno de la comunidad eclesial, pero que está vigente en la Iglesia desde el siglo II”.

Fiel a este modelo y temiendo que el ala progresista eligiese a un candidato que lo echase abajo, la Curia pone en marcha la sucesión papal con años de antelación. Primero, el propio Juan Pablo II le nombra decano, colocándolo por encima de sus pares y señalándolo como su delfín. En segundo lugar, Ratzinger aprovecha la ocasión que le brinda el partido curial y desbanca a todos sus contrincantes con una gestión admirable del período de sede vacante. La consecuencia es obvia: que entra Papa en el cónclave y sale convertido en Benedicto XVI.

Dados estos antecedentes, el papa Benedicto XVI no va a acometer, según el autor, “cambios serios” en la Iglesia, sino sólo “cambios cosméticos” porque “va a ser y está siendo víctima de su propio pasado”, el “pasado del ‘nein'”, es decir, del no.

“Yo creo que no va a acometer cambios serios, sólo cambios cosméticos dentro de la Iglesia. Ratzinger va a ser víctima, está siendo víctima de su pasado. No se puede negar la historia ni la memoria. El cardenal es el del ‘nein’, es decir el no; ha dicho no al celibato sacerdotal, al sacerdocio de la mujer, a los divorciados vueltos a casar, a los temas de moral sexual, de moral matrimonial, a los homosexuales. Ha dicho no a todo”, aseguró Vidal en el transcurso de la presentación de su libro.

A su entender, “ahora no puede decir que sí, por lo que el margen de maniobra de cambio es muy pequeño. No puede matar a su hijo, que es el modelo restauracionista”. En este sentido, José Manuel Vidal considera que le queda “la maniobra de la Liturgia, donde se va a volcar”.

Y es que, según detalló, al sumo pontífice no le gustan ni las guitarras ni el ‘traca traca’ en la misa, por lo que “va a cuidar mucho la solemnidad de la Liturgia. De hecho ya lo está haciendo”, apostilla.

Explica que el margen de cambio en la curia “es relativo”.

“¿Cómo la va a reformar si es criatura de la Curia?”, se pregunta y, a renglón seguido añade: “Va a hacer ciertos cambios en otoño, va a nombrar cardenales, pero sólo cambios cosméticos”.

Y concluye: “La prueba del algodón del espíritu supuestamente reformista del nuevo papa será el Sínodo de Obispos. Si lo cambia de simplemente consultivo a deliberativo, entonces podremos empezar a creer que el Papa Ratzinger puede darnos sorpresas”.

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* En Periodista Digital (periodistadigital.com).

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