May 13 2015
822 lecturas

Despacito por las piedras

Bin Laden, un mito americano

Seymour Hersh asegura que la versión oficial sobre la muerte de Bin Laden es un camelo, una mala película. Que ni el líder de Al Qaeda vivía en una finca a 60 kilómetros de Islamabad, ni los militares montaron una operación secreta ayudados por la CIA, ni arrojaron luego el cadáver desde un helicóptero al mar. Si esto es verdad, probablemente los rostros de estupefacción de Obama, Hillary Clinton, Joe Biden y el resto de la plana mayor de la Casa Blanca nos obligan a suponer que aquel día estaban viendo otra clase de película, tal vez un video porno en lugar de la célebre sesión de cine snuff por poderes.

El final de Bin Laden, la bestia negra de los Estados Unidos durante las dos √ļltimas d√©cadas, est√° tan difuminado entre nubes de misterio como sus comienzos de guerrillero en Afganist√°n contra el todopoderoso ej√©rcito sovi√©tico. La oscura trayectoria del millonaurio saud√≠ contin√ļa la estela de otros mitos posmodernos: Marilyn Monroe, Elvis Presley, Paul McCartney. En ellos, aunque la biograf√≠a oficial entre en franca contradicci√≥n con el chascarrillo, al final todo vale. Seg√ļn no pocos frikis musicol√≥gicos, Paul muri√≥ en un temprano accidente de tr√°fico anunciado como cuatro o cinco discos antes e impl√≠cito en otras tantas portadas posteriores que ellos analizan con el mismo entusiasmo de un uf√≥logo destripando pir√°mides.

Muerto Paul, ante el temor de que los jóvenes británicos se levantaran en armas, una conspiración (que enhebraba al gobierno, a la policía, al resto del grupo, a la casa de discos y a un montón de sordos) dictaminó que fuese reemplazado por un clon que no sólo cantaba y tocaba igual que él sino que acabaría componiendo algunas de las mejores piezas de los Beatles. La historia recuerda la disputa de ciertos eruditos isabelinos, que niegan tozudamente que el autor de las obras de Shakespeare fuese William Shakespeare, pero que tampoco se decantan por Francis Bacon, sino por un bardo desconocido llamado por puro azar William Shakespeare.

Una buena estrategia para colar una mentira es soltar una barbaridad todav√≠a m√°s gorda, de ah√≠ quiz√° los rumores, sostenidos por ciertos √≥rganos conspiranoicos, de que Bin Laden sigue vivo y maquinando otro atentado apocal√≠ptico. Esta teor√≠a resulta tan deliciosa como la supuesta inmortalidad de Elvis, quien no s√≥lo no muri√≥ sino que mantiene el mismo traje, el mismo tup√©, la misma edad y los mismos michelines en diversas apariciones fantasmales en clubs de carretera s√≥lo para huir del gran co√Īazo de la fama. Bin Laden, el Elvis Presley del terrorismo isl√°mico, tambi√©n es otro zombi del espect√°culo, otro Walt Disney ultracongelado a la espera de su resurrecci√≥n en cuanto se inicie el declive del Estado Isl√°mico.

Porque la versi√≥n oficial del asesinato del terrorista m√°s buscado est√° tan llena de agujeros de bala como de los otros. Y el √ļltimo torpedo lanzado contra ella no viene de ning√ļn friki antiyanqui ni brilla en un foro de internet para cr√©dulos profesionales, ni siquiera sale en el maremoto de revelaciones de Snowden. Sino que est√° publicada nada menos que en la London Review of Books y viene firmada por un periodista galardonado con el Pulitzer, el mismo que destap√≥ el oprobio de la c√°rcel de Abu Grahib en 2004 y la matanza de My Lai en 1969. Lo m√°s escandaloso del reportaje de Seymour Hersh es que se parece sospechosamente a la pel√≠cula de Rambo distribuida en los mejores cines del planeta. S√≥lo que el espionaje, el hero√≠smo y el tiroteo han sido sustituidos por una burda delaci√≥n y una ejecuci√≥n ordenada por Obama. Por lo dem√°s, la historia oficial de Bin Laden tambi√©n empez√≥ en otra pel√≠cula de Rambo.

 

David Torres, P√ļblico.es

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario