Oct 16 2017
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Pol铆tica

Boaventura| Contra la dominaci贸n

La dominaci贸n social, pol铆tica y cultural siempre es el resultado de una distribuci贸n desigual del poder en cuyos t茅rminos quien no tiene poder o tiene menos poder ve sus expectativas de vida limitadas o destruidas por quien tiene m谩s poder. Esta limitaci贸n o destrucci贸n se manifiesta de diferentes maneras: desde la discriminaci贸n hasta la exclusi贸n, desde la marginaci贸n hasta la liquidaci贸n f铆sica, ps铆quica o cultural, desde la demonizaci贸n hasta la invisibilizaci贸n. Todas estas formas pueden reducirse a una sola: la opresi贸n. Cuanto m谩s desigual es la distribuci贸n del poder, mayor es la opresi贸n. Las sociedades con formas duraderas de poder desigual son sociedades divididas entre opresores y oprimidos. La contradicci贸n entre estas dos categor铆as no es l贸gica, sino m谩s bien dial茅ctica, ya que ambas forman parte de la misma unidad contradictoria.

Los factores que est谩n en la base de la dominaci贸n var铆an de 茅poca a 茅poca. En la 茅poca moderna, digamos, desde el siglo XVI, los tres factores principales han sido: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. El primero es originario de la modernidad occidental, mientras que los otros dos exist铆an antes pero fueron reconfigurados por el capitalismo. La dominaci贸n capitalista se basa en la explotaci贸n del trabajo asalariado por medio de relaciones entre seres humanos formalmente iguales. La dominaci贸n colonial se basa en la relaci贸n jer谩rquica entre grupos humanos por una raz贸n supuestamente natural, ya sea la raza, la casta, la religi贸n o la etnia. La dominaci贸n patriarcal implica otro tipo de relaci贸n de poder pero igualmente basada en la inferioridad natural de un sexo o de una orientaci贸n sexual.Resultado de imagen para colonialismo

Las relaciones entre los tres modos de dominaci贸n han variado a lo largo del tiempo y del espacio, pero el hecho de que la dominaci贸n moderna se asiente en los tres es una constante. Al contrario de lo que vulgarmente se piensa, la independencia pol铆tica de las antiguas colonias europeas no signific贸 el fin del colonialismo, signific贸 la sustituci贸n de un tipo de colonialismo (el colonialismo de ocupaci贸n territorial efectiva por una potencia extranjera) por otros tipos (colonialismo interno, neocolonialismo, imperialismo, racismo, xenofobia, etc.).

Vivimos en sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales. Para tener 茅xito, la resistencia contra la dominaci贸n moderna tiene que basarse en luchas simult谩neamente anticapitalistas, anticoloniales y antipatriarcales. Todas las luchas tienen que tener como objetivo los tres factores de dominaci贸n, y no solo uno, aunque las coyunturas puedan aconsejar que incidan m谩s en un factor que en otro.

El siglo XX fue de los siglos m谩s violentos de la historia, pero tambi茅n se caracteriz贸 por muchas conquistas positivas: desde los derechos sociales y econ贸micos de los trabajadores hasta la liberaci贸n e independencia de las colonias, desde los movimientos de los derechos colectivos de las poblaciones afrodescendientes en las Am茅ricas y de los pueblos ind铆genas hasta las luchas de las mujeres contra la discriminaci贸n sexual. Sin embargo, a pesar de los 茅xitos, los resultados no son brillantes. En las primeras d茅cadas del siglo XXI atravesamos incluso un per铆odo de reflujo generalizado de muchas de las conquistas de esas luchas. El capitalismo concentra la riqueza m谩s que nunca y agrava la desigualdad entre pa铆ses y dentro de ellos; el racismo, el neocolonialismo y las guerras imperiales asumen formas particularmente excluyentes y violentas; el sexismo, a pesar de todos los 茅xitos de los movimientos feministas, sigue ejerciendo violencia contra las mujeres con una persistencia inquebrantable.

Resultado de imagen para capitalismoUn diagn贸stico correcto es condici贸n necesaria para salir de esta aparente estasis hist贸rica. Sugiero varios componentes principales del diagn贸stico. El primero reside en que, mientras que la dominaci贸n moderna articula siempre capitalismo con colonialismo y patriarcado, las organizaciones y movimientos que vienen luchando contra ella siempre han estado divididas, cada una privilegiando uno de los modos de dominaci贸n y descuidando, o incluso ignorando, el resto, y cada una defendiendo que su lucha y su forma de lucha es m谩s importante. No sorprende, as铆, que muchos partidos socialistas y comunistas, que lucharon (cuando lucharon) contra la dominaci贸n capitalista, hayan sido durante mucho tiempo colonialistas, racistas y sexistas. Del mismo modo, no sorprende que movimientos nacionalistas, anticoloniales y antirracistas hayan sido capitalistas, procapitalistas y sexistas, y que movimientos feministas hayan sido conniventes con el racismo, el colonialismo y el capitalismo. De este hecho hist贸rico resulta claro que los avances ser谩n escasos si la dominaci贸n contin煤a unida y la oposici贸n desunida.

El segundo componente tiene que ver con el modo en que se organizaron las resistencias anticapitalistas, anticolonialistas y antipatriarcales. Trabajadores, campesinos, mujeres, personas esclavizadas, pueblos colonizados, pueblos ind铆genas, pueblos afrodescendientes, poblaciones discriminadas por la discapacidad o por la condici贸n u orientaci贸n sexual recurrieron a muchas formas de lucha, unas violentas, otras pac铆ficas, unas institucionales, otras extrainstitucionales. A lo largo del siglo pasado, esas m煤ltiples formas se fueron condensando en partidos pol铆ticos, movimientos de liberaci贸n y movimientos sociales, y, salvo algunas excepciones, fueron dando preferencia a la lucha institucional y no violenta. El r茅gimen pol铆tico que se impuso como la mejor respuesta a estas opciones fue la democracia de origen liberal, la democracia actualmente existente.

Ocurre que la potencialidad de este tipo de democracia para responder a las aspiraciones de las poblaciones oprimidas siempre fue muy limitada y las limitaciones se fueron agravando en tiempos m谩s recientes. El modelo que m谩s desarroll贸 esa potencialidad fue la socialdemocracia europea, y su mejor momento (conseguido, en buena medida, a costa del colonialismo y el neocolonialismo, o sea, de las relaciones econ贸micas desiguales con las colonias y las excolonias), est谩 hoy bajo ataque, no solo en Europa, sino tambi茅n en todos los pa铆ses que buscaron imitar su esp铆ritu moderadamente redistributivo para reducir las enormes desigualdades sociales (Argentina, Brasil, Venezuela).

En todas partes, la democracia de baja intensidad est谩 siendo cercada por fuerzas antidemocr谩ticas y, en algunos pa铆ses, va transitando hacia dictaduras at铆picas, muchas veces basadas en la destrucci贸n de la separaci贸n de poderes (desde Brasil a Polonia y Turqu铆a) o en la manipulaci贸n de los sistemas mayoritarios (fraude electoral sistem谩tico, como en M茅xico, sistemas electorales que no garantizan la victoria del candidato m谩s votado, como Hillary Clinton en Estados Unidos). Sab铆amos que la democracia se defiende mal de los antidem贸cratas pues, de otro modo, Hitler no habr铆a ascendido al poder por v铆a de las elecciones. Y n贸tese que, si bien de modo fraudulento, su partido ostentaba la palabra 鈥渟ocialismo鈥 en su nombre. Hoy, la democracia est谩 siendo secuestrada por fuerzas econ贸micas poderosas (bancos centrales, Fondo Monetario Internacional, agencias de calificaci贸n de cr茅dito) no sujetas a ninguna deliberaci贸n democr谩tica. Y las imposiciones pueden ser legales (驴y leg铆timas?): intereses de deuda p煤blica, imposici贸n de tratados de libre comercio, pol铆ticas de austeridad, rules of engagement de las multinacionales, control corporativo de los grandes medios de comunicaci贸n; e ilegales: corrupci贸n, tr谩fico de influencias, abuso de poder, infiltraci贸n en las organizaciones democr谩ticas, incitaci贸n a la violencia.

La democracia es hoy servidora de los intereses imperiales, cuando no directamente uno de sus instrumentos. Para imponerla se destruyen pa铆ses enteros, sean ellos Irak, Libia, Siria o Yemen. Est谩 bien documentada la intervenci贸n imperialista para desestabilizar procesos democr谩ticos dotados de alg煤n 谩nimo redistributivo y animados por alg煤n posicionamiento nacionalista para protegerse del mercado internacional depredador de recursos estrat茅gicos, sean ellos petr贸leo, minerales o, de modo creciente, tierra o agua. Esta desestabilizaci贸n se nutre siempre de los errores, a veces graves, de los gobiernos nacionales (algunos considerados progresistas) y cuenta con la activa complicidad de las oligarqu铆as que dominaron estos pa铆ses. La descaracterizaci贸n de la democracia es tal que ya se habla hoy de posdemocracia, un nuevo r茅gimen pol铆tico basado en la conversi贸n de los conflictos pol铆ticos en conflictos medi谩ticos minuciosamente gestionados por t茅cnicos de publicidad y comunicaci贸n, y 煤ltimamente apoyados por la posverdad medi谩tica de las fake news.

El tercer componente del diagn贸stico tiene que ver precisamente con los errores de los gobiernos nacionales. 驴Por qu茅 se equivocan con tanta frecuencia, sobre todo cuando son considerados gobiernos progresistas? Son muchos los factores: no hay alternativas anticapitalistas cre铆bles y las conquistas contra el colonialismo, el racismo o el sexismo parecen depender de que no interfieran con la dominaci贸n capitalista; una vez obtenido el poder de gobierno, las fuerzas progresistas se comportan como si tuviesen, adem谩s de aquel, el poder econ贸mico, social y cultural que se reproduce en la sociedad en general, y con eso deja de reconocerse la gravedad o incluso la existencia de antagonismo de clases, razas y sexos; las luchas contra el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado son siempre concebidas como si se buscara eliminar los 鈥渆xcesos鈥 de estos modos de dominaci贸n, y no su fuente. De tal 鈥渁utocontenci贸n鈥, voluntaria o impuesta, devienen dos consecuencias fatales.

La primera es tolerar o incluso promover un sistema de educaci贸n que fomenta los valores y las subjetividades que sustentan el capitalismo y las relaciones coloniales, racistas y sexistas. La segunda es negarse a imaginar (o ignorar cuando ocurren) formas alternativas de organizar la econom铆a, concebir la democracia, organizar el Estado, practicar la dignidad humana, dignificar la naturaleza, promover formas de sentir y de ser solidarias, sustituir cantidades y gustos infinitos por la proporcionalidad, dejar de lado euforias desarrollistas en beneficio de l铆mites justos y fruiciones comedidas, promover la diferencia y la diversidad con la misma intensidad con la que se promueve la horizontalidad. Al presentarse como fatales, estas dos consecuencias son inhumanas. Por la simple raz贸n de que ser humano es no ser plenamente humano. Es no tener que ser para siempre lo que se es en un determinado contexto, tiempo o lugar.

 

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