Nov 17 2020
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Política

Boaventura: Fascismo 2.0, curso intensivo

Es imposible predecir qu√© va a pasar en Estados Unidos durante las pr√≥ximas semanas. Hay varias preguntas cruciales en el aire que por ahora no tienen respuesta. ¬ŅHubo o no fraude electoral? Si lo hubo, ¬Ņfue suficiente para invertir los resultados? ¬ŅSer√° la transici√≥n de Trump a Biden una transici√≥n de Trump a Trump? ¬ŅO una transici√≥n de Trump a un acuerdo de compromiso en el Congreso como el que, tal y como aconteci√≥ tras las disputadas elecciones presidenciales de 1876, el candidato ganador asume la presidencia con la condici√≥n de aceptar el compromiso extraelectoral? ¬ŅHabr√° violencia en las calles sea cual sea la soluci√≥n, ya que cualquiera de ellas margina a una parte importante y polarizada de la sociedad? Por ahora, todo esto son inc√≥gnitas.

No obstante, hay algunas certezas muy sombr√≠as para el futuro de la democracia. Me concentro en una. Me refiero al curso intensivo de fascismo 2.0 que Donald Trump ha impartido a lo largo de estos cuatro a√Īos a los aspirantes a dictadores, a l√≠deres autoritarios y fascistas. El curso tuvo su momento m√°s √°lgido en la clase magistral que Trump comenz√≥ a dar desde la Casa Blanca a las 2.30 de la madrugada (hora de Washington DC) el pasado 4 de noviembre. El tema general del curso es ¬ęc√≥mo utilizar la democracia para destruirla¬Ľ.

Se divide en varios subtemas. En este texto me referiré brevemente a los principales. Las tres primeras lecciones se refieren a las elecciones y el resto, a la política y el gobierno. El objetivo general del curso es inculcar la idea de que la democracia solo sirve para llegar al poder. Una vez en el poder, ni la gobernación ni la rotación democrática son aceptables.

1. No reconocer resultados electorales desfavorables. El tema de la clase del d√≠a 4 fue c√≥mo rechazar los resultados electorales cuando no nos convienen, c√≥mo crear confusi√≥n en la mente de los ciudadanos, inventando sospechas de fraude que, independientemente de los hechos (que incluso podr√≠an existir), para surtir efecto tienen que formularse de la manera m√°s extrema y delirante. Ya en la campa√Īa electoral de 2016 Trump hab√≠a abordado este tema y la lecci√≥n hab√≠a sido seguida por sus alumnos predilectos (a quienes considera amigos personales), Rodrigo Duterte de Filipinas y Jair Bolsonaro de Brasil. Este √ļltimo dijo en septiembre de 2018: ¬ęNo acepto un resultado diferente de mi elecci√≥n¬Ľ.

Extrema derecha: Fascismo 2.0: del gueto a la transversalidad para intentar el "gran asalto" | P√ļblicoSin embargo, muchos de los alumnos restantes estuvieron muy atentos esa madrugada. Entre otros, Recep Tayyip Erdońüan, en Turqu√≠a y, en Egipto, Abdel Fattah al-Sisi, que Trump considera ¬ęmi dictador favorito¬Ľ, as√≠ como Narendra Modi en la India. Otro alumno atento fue Yoweri Museveni, el presidente de Uganda, que est√° en el poder desde 1986 y tiene la intenci√≥n de volver a presentar su candidatura el pr√≥ximo a√Īo. En Europa, la clase fue numerosa e incluy√≥ a Viktor Orb√°n, Matteo Salvini, Marine Le Pen, Santiago Abascal y Andr√© Ventura.

2. Transformar mayor√≠as en minor√≠as. Cada vez que las mayor√≠as electorales no favorecen la causa fascistizante, es urgente convertirlas en minor√≠as sociol√≥gicas. De esta manera, las elecciones pierden legitimidad y la democracia se convierte en una maniobra de los grandes intereses econ√≥micos y medi√°ticos. El alumno portugu√©s, Andr√© Ventura, aprendi√≥ esta lecci√≥n m√°s r√°pido que cualquier otro.¬† En declaraciones concedidas al diario Expresso (7-11), declar√≥ sobre la victoria de Biden: ¬ęMe temo, sin embargo, que haya ganado la voz de las minor√≠as que prefieren vivir a costa del trabajo de los dem√°s¬Ľ.

3. Dobles criterios. Nada de lo que es desfavorable para la causa puede evaluarse con los mismos criterios que se aplican a lo que resulta favorable. Por ejemplo, si se sabe con gran probabilidad que la gran mayor√≠a de los votos por correo son a favor de la causa fascistizante, estos deben considerarse no solo legales, sino especialmente recomendables en tiempos de pandemia. De lo contrario, hay que insistir en que son un instrumento de fraude que priva a los votantes del momento √ļnico de proximidad f√≠sica y social a la democracia. La prueba del supuesto fraude no importa, siempre que la sospecha sea lanzada de inmediato y con la invenci√≥n de estrategias fraudulentas imaginarias.

4. Nunca hay que hablar ni gobernar para el pa√≠s, sino siempre y solo para la base social. Esta lecci√≥n es crucial porque es la que m√°s directamente contribuye a socavar la legitimidad de la democracia. Si la l√≥gica es promover una corriente de opini√≥n antisistema, no tiene sentido gobernar para quienes, a pesar de tener quejas, a√ļn no han renunciado a verlas atendidas por el sistema democr√°tico. Idealmente, la base social deber√≠a ser al menos del 30% y cultivar su lealtad de manera inequ√≠voca en el tiempo, tanto en la oposici√≥n como en el Gobierno. El contacto con la base debe ser directo y permanente. La base permanecer√° unida y organizada en la medida en que deje de confiar en otra fuente de informaci√≥n. A partir de ah√≠, los hechos que desmienten al l√≠der dejan de ser relevantes. A lo largo de cuatro a√Īos, Trump fue capaz de mantener su base, como Orb√°n en Hungr√≠a y Modi en la India.¬† Lo mismo puede decirse de Bolsonaro.

La autoestima de la base social es el √ļnico servicio pol√≠tico serio. Los esl√≥ganes que invocan la autoestima y la grandeza deben reciclarse. ¬ęMake America Great Again¬Ľ fue utilizado antes por Ronald Reagan. Las consignas de las dictaduras tambi√©n se pueden reciclar, sobre todo porque con el tiempo estas se fueron legitimando. El reciclaje puede ser integral (¬ęBrasil: √°malo o d√©jalo¬Ľ) o modificarse (en lugar de ¬ęAngola es nuestra¬Ľ, ¬ęPortugal es nuestro¬Ľ).

5. La realidad no existe. El l√≠der muestra control de los hechos principalmente (1) cuando detiene la realidad supuestamente adversa, o (2) cuando, al no poder detenerla, le quita todo su dramatismo. Trump mostr√≥ el camino: deti√©nese la pandemia si de deja de hablar de ella, y para dejar de ser grave, basta dejar de hacer pruebas intensivas. Tener miedo a la pandemia es un signo de debilidad. Trump quiso salir del hospital con la camiseta de Superman; seg√ļn Bolsonaro, tener miedo a la pandemia es cosa ¬ęde maricas¬Ľ. A su vez, la pandemia se deval√ļa compar√°ndola con las pandemias que gener√≥ el sistema (desempleo, p√©rdida de soberan√≠a, falta de acceso a los servicios de salud, etc.) o, en versi√≥n tropical, apelando a la fatalidad de la muerte (Bolsonaro: ‚Äúalg√ļn d√≠a moriremos todos‚ÄĚ).

Como para el fascismo la mentira es tan verdadera como la verdad, cuanto m√°s dram√°tico sea el contraste de la invenci√≥n con la realidad, tanto mejor. Ejemplos de verdades ¬ęirrelevantes¬Ľ: la administraci√≥n Trump aument√≥ en lugar de reducir las desigualdades sociales; durante la pandemia, la riqueza de los multimillonarios aument√≥ en 637 mil millones; en los √ļltimos meses, 40 millones de estadounidenses perdieron sus trabajos; 250.000 murieron por el Covid-19, la tasa de mortalidad m√°s alta del mundo; la hambruna en las familias se triplic√≥ desde el a√Īo pasado y el aumento de ni√Īos desnutridos fue del 14%; se ha levantado la moratoria sobre los desalojos y millones pueden ser lanzados a la calle. Todo lo que no se puede negar es natural o humanamente incontrolable.

El alt√≠simo n√ļmero de muertes en Brasil es obra del destino y lo mismo ocurre con los incendios en la Amazonia, ya que, por definici√≥n oficial, los incendios son incontrolables y nadie es responsable de ellos.

6. El resentimiento es el recurso político más preciado. Gobernar contra el sistema es imposible, dado que parte del propio sistema es el que financia el fascismo 2.0. Por eso, es fundamental ocultar las verdaderas razones del descontento social y hacer creer a las víctimas del sistema que los verdaderos agresores son otras víctimas. La base organizada quiere ideas simples y juegos de suma-cero, es decir, ecuaciones intuitivas entre quién gana y quién pierde.

Por ejemplo, el aumento del desempleo se debe a la entrada de inmigrantes, aunque sea m√≠nima y realmente irrelevante; hay que hacer creer al trabajador blanco empobrecido que su agresor es el trabajador negro o latino a√ļn m√°s empobrecido que √©l; la crisis de la educaci√≥n y de los valores se debe a la astucia de los pobrecillos que, gracias a los ‚Äúempresarios de los derechos humanos‚ÄĚ, tienen m√°s derechos, sean mujeres, homosexuales, gitanos, negros, ind√≠genas. No faltan chivos expiatorios; solo es necesario saber c√≥mo elegirlos. √Čsta es la habilidad m√°xima del l√≠der fascista.

La pol√≠tica del resentimiento requiere, adem√°s de chivos expiatorios, teor√≠as de la conspiraci√≥n, demonizaci√≥n de los oponentes, ataque sistem√°tico a los medios de comunicaci√≥n, a la ciencia y a todo el conocimiento que invoque una pericia especial, la incitaci√≥n a la violencia y el odio para eliminar argumentos, la auto-glorificaci√≥n del l√≠der como √ļnico defensor confiable de las v√≠ctimas.

7. La política tradicional es el mejor aliado sin saberlo. Desde el momento en que la alternativa socialista desapareció del escenario político, la política perdió credibilidad como ejercicio de convicciones. Ese momento coincidió con el fortalecimiento del neoliberalismo como nueva versión del capitalismo. Esta versión, una de las más antisociales de la historia del capitalismo, provocó la destrucción o erosión de las políticas de protección social y de las clases medias donde existían, la creciente concentración de la riqueza y la aceleración de la crisis ecológica.

Los valores liberales de la Revolución Francesa (libertad, igualdad, fraternidad) fueron perdiendo sentido para la gran mayoría de la población, que se considera abandonada, marginada, sea cual sea el partido en el poder. Con el descrédito de los valores liberales, perdieron sentido las ideologías democráticas asociadas a ellos, como la convivencia pacífica, el respeto a los adversarios políticos, la moderación y contradicción en la argumentación, la rotación del poder, el acomodo y la negociación.

Estos valores e ideolog√≠as, que siempre han correspondido a la experiencia pr√°ctica de solo una peque√Īa porci√≥n de la poblaci√≥n, son ahora basura hist√≥rica que hay que barrer. El vac√≠o de los valores permite tanto el desprecio por la verdad como la imposici√≥n de valores alternativos, como la prioridad de la familia, la jerarqu√≠a de razas, el nacionalismo √©tnico-religioso, el mito de la edad de oro, aunque el pasado haya sido, en realidad, de plomo. Este es el caldo de cultivo para la cultura de la polarizaci√≥n.

8. Polarizar, polarizar siempre. El centrismo pol√≠tico muri√≥ y solo la radicalizaci√≥n compensa. En las circunstancias actuales, la polarizaci√≥n siempre refuerza a la derecha y a la extrema derecha. La polarizaci√≥n ya no es entre izquierda y derecha. Es entre el sistema (deep state) y las mayor√≠as desheredadas, entre el 1% y el 99%. Esta polarizaci√≥n fue intentada en los √ļltimos a√Īos por la izquierda institucional y extrainstitucional, pero alguna de ellas acab√≥ someti√©ndose servilmente a las instituciones. Cuando se rebel√≥, fue neutralizado. Esto no le puede pasar al fascismo 2.0 porque sencillamente, lejos de estar en contra del 1%, es financiado por √©l. La polarizaci√≥n contra el 1% es meramente ret√≥rica y pretende disfrazar la verdadera polarizaci√≥n, entre la democracia y el fascismo 2.0, para que el fascismo prevalezca democr√°ticamente.

La vieja derecha piensa que domestica a la extrema derecha, pero, de hecho, suceder√° lo contrario. Un ejemplo portugu√©s: el partido de centro derecha, PSD (Partido Social Dem√≥crata), est√° dispuesto a asociarse con el partido Chega, de extrema derecha, ¬ęsi este se modera¬Ľ. Respuesta inmediata del l√≠der de Chega: no es Chega el que se va a moderar, es el PSD el que se va a radicalizar. En este caso, el aprendiz del fascismo 2.0 es el mejor profeta de la √©poca.

 

*Académico portugués. Doctor en sociología, catedrático de la Facultad de Economía y Director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EU) . Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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