Abr 29 2008
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Política

Bolivia: El bolsillo del payaso y la bomba de demolición

Andrés Soliz Rada

¿Qué contendrá el bolsillo de un payaso? Suponemos que un cornetín, dos campanillas, un pito, una baraja de naipes, cintas largas y multicolores, lápiz labial, polvos faciales, rimel y matasuegras. Ese bolsillo resulta pequeño si se lo compara con el proyecto de constitución del MAS, que sostiene que “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho, plurinacional, Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías”.

“Se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro el proceso integrador del país”. Rescata los principios ético-morales andinos, guaraníes y amazónicos, sustentados, dice, en los valores de “unidad, igualdad, inclusión, dignidad, libertad, solidaridad, respeto, complementariedad, armonía, transparencia, equilibrio, igualdad de oportunidades, equidad social y de género en la participación, bienestar común, responsabilidad, justicia social, distribución y redistribución de los productos y bienes sociales, para vivir bien”.

Las exigencias contradictorias de las ONG no permitieron, por ejemplo, señalar los límites entre lo unitario y lo plurinacional, lo comunitario, lo autonómico y la libre determinación de los pueblos indígenas, en un curioso proceso integrador del país. Como si fuera tan simple como tomarse un helado, se reconocen tres banderas nacionales, 36 idiomas oficiales, se suprime la palabras República y las Fuerzas Armadas de la Nación se convierten en Fuerzas Armadas del Estado plurinacional.

A modo de consuelo, los proyectistas dicen que es un texto complejo (gracias por la noticia) y en transición (no se sabe hacia dónde, aunque podemos imaginarlo). Como puede advertirse, este bolsillo contiene, además, pastillas de cianuro que acabarán con 182 años de esfuerzos por construir la bolivianidad aún en ciernes.

El proyecto de Estatuto autonómico de Santa Cruz se asemeja a una bomba de demolición, financiada por las petroleras y redactado por catalanes a la medida de terratenientes, cuya mentalidad de ku klux klan fue impregnada sólo de los aspectos negativos de Gabriel René Moreno, quien dijo que el indio incaico “es sombrío, asqueroso, uraño, prosternado y sórdido”.

Lo anterior explica por qué se elimina de su texto el aporte de la cultura quechua-aymara en la formación de la identidad cruceña y deja en manos departamentales la regulación del recurso tierra, el régimen electoral, la obtención de créditos, el sistema de telecomunicaciones, el régimen tributario, la seguridad ciudadana y las políticas en materia energética. Lo anterior se sustenta en el carácter inapelable de los fallos de la Corte de Justicia cruceña.

Si bien se ha hablado mucho de los antagonismos entre ambos proyectos, no se ha insistido lo suficiente en sus notables coincidencias. Ambos buscan liquidar al Estado nacional, sin cuya autoridad ya comenzó a expandirse el narcotráfico, las torturas a guaraníes, los linchamientos y el control transnacional de nuestros recursos estratégicos, en tanto que la biodiversidad será objeto de negociación entre cada pueblo indígena y poderosas corporaciones foráneas.

Es obvio que el triunfo de los fundamentalistas no pasa por salvar la unidad de Bolivia sino por despedazarla. La satisfacción con que el vicepresidente Alvaro García Linera mostrará al mundo la estructuración de Estados indígenas sólo se asemejará a la alegría del Presidente del Comité Pro-Santa Cruz, Branco Marincovic, de saborear la fundación oficial de la Nación camba.

 

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