Sep 12 2005
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Ambiente

Bolivia y la biodiversidad

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El tratamiento informativo de tipo catastrófico y seudo político de la realidad boliviana, nos hace perder de vista que Bolivia posee una de las reservas naturales más importantes del mundo. El 22% de su territorio está ocupado por 64 áreas protegidas. Por primera vez Bolivia pudo celebrar este setiembre el Día Nacional de las Áreas Protegidas.

Su territorio alberga un 14,3% de las aves mundiales, al 8,98% de los reptiles y al 7,5% de los mamíferos. Por su megadiversidad –especies de plantas, animales y de riqueza genética o germoplásmica implícita– Bolivia es uno de los 15 países con esa característica, como Brasil, Colombia, Groenlandia, Birmania, Perú, México, Congo, Indonesia, Australia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Arabia Saudita y Venezuela.

Bolivia se encuentra entre los 10 países del mundo que cuentan con un área protegida con mayor extensión territorial.

En el primer lugar está Groenlandia, con 97,2 millones de hectáreas del parque nacional de Groenlandia. Le sigue Arabia Saudita, el parque marino de la Gran Barrera de Coral de Australia con 34,5 millones de hectáreas. También Hawai, Colombia, EEUU y otros, reporta el listado de áreas protegidas realizado por las Naciones Unidas y presentado en el V Congreso de Parques del Mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, en 2003.

Un área protegida “es una superficie de tierra o mar especialmente consagrada a la protección y el mantenimiento de la diversidad biológica, así como de recursos naturales y recursos culturales asociados. Está manejada a través de medios jurídicos u otros procesos eficaces”, según el Congreso Mundial de Parques y Áreas Protegidas de 1992. En Bolivia, estas áreas protegidas fueron designadas mediante leyes y decretos supremos.

Así, la de más antigua creación es del 2 de agosto de 1939, que es el parque nacional Sajama, ubicado en Oruro, con una superficie de 100.230 hectáreas.
Una de las últimas en crearse fue el parque nacional y área natural de manejo integrado Serranía del Iñao (2004). Ese sitio se encuentra en Chuquisaca.

John Gómez, director ejecutivo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas de Bolivia (Sernap), explica que cada área protegida es determinada a partir de estudios técnico-científicos que establecen la diversidad de los ecosistemas y de las especies de fauna y flora. Para ser escogidos, tienen que ser muestras representativas de la biodiversidad del país.

IMPORTANCIA DE LAS RESERVAS

La importancia de que Bolivia posea áreas protegidas es, además de la contribución con los objetivos de conservación global, una gran ayuda a varios servicios ambientales que benefician a gran parte de la población.

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Por ejemplo, dos millones de personas tienen garantizado el consumo de agua porque varias de las cuencas están en áreas protegidas. “Santa Cruz tiene agua segura a partir de la conservación del parque Amboró; Tarija consume gran parte del agua que proviene de la cuenca del parque Sama y La Paz recibe el líquido que llega desde Cotapata”.

Otros servicios tienen que ver con evitar procesos de cambios climáticos, desertización, sequías o riadas que se dan por un mal manejo y por un uso irracional de los recursos naturales.

Sin embargo, recalca Gómez, la política a futuro implica que a partir de las áreas protegidas se puedan transferir modelos de desarrollo sostenible para que sean aplicados en otros espacios que no tienen resguardo.

Las áreas protegidas también son importantes por los beneficios económicos, pues proveen a los comunarios que viven dentro de estos sitios –alrededor de 150.000 personas–, de alimentos y medicinas naturales. Un ejemplo es Charazani, tierra de kallawayas.

DESARROLLO SUSTENTABLE

Para incrementar los beneficios se están desarrollando iniciativas productivas sostenibles que no ponen en riesgo la conservación de estos lugares, como la producción de café, cacao, miel de abeja e inciensos. “Pronto entraremos a desarrollar planes de manejo forestal comunitario y también se aplicará la normativa para desarrollar proyectos de manejo de vicuñas y lagartos que favorece principalmente a familias originarias”, sostuvo Gómez.

Los mercados para estos productos son alentadores –explica–, pues son internacionales. La estrategia es que esos rubros sean ecológico-sostenibles, lo que implica un sello verde que es una certificación reconocida. Así, las sociedades de otros países pagarán más, pues estarán contribuyendo a la conservación y al desarrollo sostenible.

El turismo es también una importante veta a ser explotada. Hay planes, pero faltan recursos para ponerlos en marcha. La autoridad mencionó un reportaje de National Geographic que indicaba que Bolivia era uno de los 15 sitios del mundo más cotizados para el turismo de aventura.

LO QUE QUEDA POR DESCRIBIR

El valor económico de todas las áreas protegidas del país, es un misterio aún, ya que a la fecha no se hizo ningún estudio al respecto. “Estamos empezando a realizarlo porque este proyecto analizará la contribución de estas zonas naturales para el desarrollo económico del país”.

Dentro de las áreas protegidas está el 80% de las especies endémicas, indica Ribera. Se conocen cifras preliminares en diversos grupos como 1.500 especies de plantas superiores, 150 helechos, 15 mamíferos, 25 aves, 35 reptiles, 37 anfibios y 34 peces. Incluso se estima que el número de endemismos para el país podría ascender a más de 2.000 especies.

Al otro extremo, aún queda mucho por descubrir. Así, hace poco, en el parque Madidi se descubrió una nueva especie de mono. Para ponerle un nombre se ingresó a una subasta de la que el casino GoldenPalace.com obtuvo los derechos. Pagó 650.000 dólares que fueron destinados a Fundesnap, organización boliviana responsable de la ayuda en la gestión del Parque Nacional con más diversidad del mundo.

(Para conocerlo, se debe ingresar a www.GoldenPalaceMonkey.com).

Actualmente, el 80% del financiamiento económico para cuidar las áreas protegidas proviene de la ayuda internacional y el 20% corresponde a fondos fiduciarios. El gasto anual por esta tarea asciende a US$ 4,2 millones.

El acecho a las áreas protegidas nacionales, departamentales y municipales continúa, principalmente en los 22 parques nacionales donde existe el control de unos 380 guardaparques y de los mismos pobladores que viven dentro de esas zonas.

El director ejecutivo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), dijo que el arma para combatir esas amenazas, es la información a la población que vive dentro y alrededor, principalmente, sobre la importancia de las áreas protegidas. Además de mejorar los mecanismos de control. Aquellas zonas que poseen madera mara son amenazadas por madereros que presionan por la extracción ilegal de ese producto, porque, explicó Gómez, su costo se incrementó.

Otro riesgo es la caza indiscriminada de animales, aves, reptiles, y la pesca, ya sea para comercialización o consumo.

EL PELIGRO HUMANO

Los asentamientos humanos son otro tipo de peligro para las áreas protegidas, pero en los últimos años, según Gómez, no han sido amenazas grandes. “Lo que estamos haciendo es concienciar a la gente para evitar estas acciones que son ilegales”, sostuvo.

Por ejemplo, en la Reserva de la Biosfera Estación Biológica del Beni, la población disminuyó en un 50% (unas 1.300 personas) luego del saneamiento realizado por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA). Esto debido a que los asentamientos eran ilegales. La gente se fue a otras comunidades cercanas.
Incluso intereses de algunas autoridades departamentales, municipales y hasta parlamentarios pusieron en riesgo, el 2004, un sector del parque Madidi, tras intentar construir un camino que afectaba una cuenca.

El informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2003 y 2004, mostró que los cultivos de coca en los parques nacionales se incrementaron en un 71%. De 2.400 hectáreas que habían el 2003, se elevaron a 4.100 hectáreas, el 2004. Los nuevos sembradíos se dieron principalmente en la región del Chapare de Cochabamba, donde están los parques nacionales Isiboro Sécure y Carrasco. Aunque, también se encontraron cultivos en el parque Madidi, en la región de Apolo (La Paz), en Cotapata y en Apolobamba.

Las zonas donde ingresan los agricultores son inaccesibles, carentes de caminos y esa sería una razón por la que escapa a los controles correspondientes. ntre el 2003 y el 2004, el aumento de los cultivos en las áreas protegidas (71%) fue mayor que el del Chapare (22%).

El impacto ambiental que producen estas plantaciones se traduce en el desmonte, chaqueo, un probable proceso de erosión, desertización, fragmentación de los ecosistemas y lo peor, según Gómez, la facilidad para nuevos asentamientos humanos.

Ante esta problemática se trabaja, desde el 2002, en una política de gestión de áreas protegidas con gente. Se elaboran planes de manejo donde se establecen formas para el uso de suelos y otros. Por ejemplo, se pretende hacer planes de manejo con la madera, para que de los parques nacionales salga el producto con valor agregado. Para ello se trabaja con las comunidades.

EL ESTADO PROTEGE LA RIQUEZA NATURAL: RESERVAS

Los cálculos realizados por el Servicio Nacional de Áreas Protegidas de Bolivia (Sernap), muestran que unas 150 mil personas viven dentro de las 22 zonas de gran riqueza natural. Estas áreas se encuentran resguardadas por el Estado, como patrimonio natural y cultural, pues son unidades de conservación de la biodiversidad. Fueron designadas a través de leyes o decretos supremos.
En total, hay 64 áreas protegidas, pero sólo 22 son nacionales y el resto son departamentales o municipales.

La mayoría de las comunidades que se encuentran dentro de las áreas protegidas nacionales son indígenas, de origen aymara, guaraní, quechua, chimán y otros.

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1. Parque Nacional Sajama. Al noreste de Oruro, en la provincia Sajama, colinda con La Paz y la frontera con Chile. Fue establecido en 1939. Su clima es frío y helado, la región es marcadamente árida. Hay 154 especies de flora y unas 250 especies de plantas superiores. Los bofedales cubren el 10% del área y son la unidad de vegetación más importante. También hay 108 especies de fauna como la vicuña, el gato andino, el puma, el suri, el cóndor, el quirquincho, la chocka, etc. Viven allí cerca de mil habitantes de origen aymara, que pertenecen al grupo étnico Karanga.

2. Parque Nacional Tunari. Al oeste de Cochabamba. Fue reconocido el 30 de marzo de 1962. El clima es templado en los valles y frío y húmedo en la zona montañosa. Posee un estrato arbóreo xerofítico con especies como el molle, algarrobo y otros. Hay 13 especies de mamíferos, 23 especies de aves, dos de reptiles y dos de anfibios. Se destaca el gato andino, vizcacha, aves como el pato de los torrentes, paloma nuca blanca y otros. Población: entre 15.000 a 18.000 familias.

3. Parque Nacional y Territorio Indígena Isiboro-Sécure. Entre el Beni y Cochabamba. Creado en 1965. Su clima varía de templado a frío hasta cálido, según el gradiente altitudinal. Posee una vegetación variada, más de 600 especies de aves, sitios arqueológicos, 402 especies de flora y se estima la existencia de 3.000 especies de plantas superiores. En fauna, hay unas 714 especies como el oso jucumari, peta de río, caimán negro, jaguar y otros. Lo habitan más de 50 comunidades indígenas.

4. Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Al noreste de Santa Cruzo y un pequeño sector al este del Beni. El clima es cálido tropical. Fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad, en 2000. Tiene una gran diversidad de ecosistemas, algunos únicos en Bolivia, además grandes farallones y cataratas. Posee 2.700 especies de plantas superiores, pero se estima que habría unas 4.000. Hay unas 1.098 especies de fauna: jaguar, tigrecillo y unas 600 especies de aves. Viven dos comunidades en el área.

5. Parque Nacional Torotoro. Al norte de Potosí. Su clima es templado y oscila entre los 1.900 y 3.600 metros sobre el nivel del mar. Hay 329 especies de flora y se estima unas 600 especies de plantas superiores. En fauna, hay 49 especies como el venado andino, la endémica paraba frente roja, el tordo y otros. También riquezas arqueológicas y culturales. Su población es de origen charcas y habla el quechua.

6. Parque Nacional Carrasco. Al este de Cochabamba. Su clima es frío, templado y cálido, pues su altitud está entre los 300 y 4.700 msnm. Gran diversidad biológica: habría 3.000 especies de plantas superiores –sólo 614 registradas–. Hay más de 300 especies de orquídeas (50 endémicas). 382 especies de fauna, 51 de mamíferos superiores. Existirían más de 700 especies de aves, de las cuales sólo 247 están registradas. Lo habitan unas 100 familias campesinas.

7. Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa. Al sur de Potosí. El clima es muy frío y seco. Están registradas 102 especies de flora y se estima la existencia de unas 200 especies de plantas superiores. Tiene desiertos helados, lagunas saladas de origen glacial, bofedales y turberas. En fauna, hay 96 especies, alunas fuertemente amenazadas, como la vicuña y el suri. Ocupa casi el 40% del territorio, con 2.412 habitantes.

8. Reserva Nacional de Vida Silvestre Manuripi. Al sudoeste de Pando. Su clima es tropical húmedo y cálido, con temperaturas entre 26,2 y 31 grados. Hay 11 tipos de comunidades vegetales. Su fauna es diversa y típica de la amazonia. En mamíferos, hay unos 176, de los cuales 80 están registrados y 56 corresponden a su rango de distribución. 476 especies de aves, 28 de reptiles, 46 de anfibios y 237 de peces. Hay 1.664 habitantes: 47% vive en comunidades y 53% en barracas.

9. Reserva Nacional de Flora y Fauna Tariquía. Al sureste de Tarija. Clima de templado a cálido, según la altura. Están registradas 808 especies de flora, pero se estima la existencia de unas 1.500 especies de plantas superiores. También hay 112 especies arbóreas. En fauna hay 406 especies, 241 especies de aves registradas, pero existirían unas 400. Poblada por campesinos que migraron a la zona desde los valles de Tarija y del Chaco. Son unas 3.400 personas que están agrupadas en 600 familias.

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10. Reserva Biológica de la Cordillera de Sama. En la región oeste de Tarija. Tiene un clima de frío a templado, según la variación altitudinal. Tiene ecosistemas altoandinos. Hay un conjunto de especies de fauna de importancia para la conservación como el cóndor, la vicuña y otros. También aves altoandinas como tres especies de flamencos. Es probable que exista una población relictual de guanacos. Viven alrededor de 4.000 personas, distribuidas en 12 comunidades.

11. Área Natural de Manejo Integrado Apolobamba. Al extremo oeste de La Paz. El clima es variado: desde muy frío en la zonas con altura, hasta cálido en la zona de Yungas. Están registradas 807 especies de flora, pero se estima que existen alrededor de 1.500. En fauna, hay unas 275 especies. También es probable que exista el rarísimo y amenazado cinclodes aricomae de la familia de furnariidae (un tipo de ave). Su población es dispersa y cuenta con 76 comunidades.

12. Reserva de la Biosfera Estación Biológica del Beni. En el sudoeste del Beni, entre las provincias Yacuma y Ballivián. El clima es cálido tropical, con lluvias de verano. Se registraron 815 especies de plantas superiores, pero se estima que hay unas 1.500. Hay 852 especies de fauna como el pejichi, marimono, manechi, jaguar, ciervo de los pantanos, el lagarto, caimán negro, el águila arpía; y se identificaron 480 especies de aves. Viven unas 120 familias chimanes y unas 20 cambas. Dentro del área hay unas 12 estancias pequeñas y puestos ganaderos.

13. Reserva de la Biosfera Pilón Lajas. Al suroeste del Beni, y centro este de La Paz. El clima es mayormente cálido y húmedo. Tiene una alta diversidad de ecosistemas. Registradas 624 especies de flora, pero se estima que hay 2.500 de plantas superiores. En fauna hay 748 especies, entre las que están el jaguar, la londra, la peta de río y otras. Hay reportes de la presencia del jucumari y la arpía. Se estiman más de 700 especies de aves, 479 registradas. Viven unos 1.357 indígenas y 4.859 colonizadores.

14. Área Natural de Manejo Integrado El Palmar. En Chuquisaca, en la provincia Zudáñez. De clima templado. Hay 270 especies de plantas superiores, cuatro son endémicas. Tiene tres pisos ecológicos. Hay 24 especies de mamíferos, 112 especies de aves pertenecientes a 30 familias. Las más representativas son el cóndor, la picua, los pájaros carpinteros y otros. Seis especies de anfibios cinco de lagartijas y siete de serpientes, además de 42 tipos de mariposas. La población supera los 2.500 habitantes agrupados en unas 400 familias.

15. Área Natural de Manejo Integrado San Matías. Al este de Santa Cruz. Su clima es subtropical amazónico. Hay 20 unidades de vegetación, de las cuales dos son de aguas libres y una de modificación antrópica. 874 especies de flora. En fauna: 14 especies de mamíferos, de las que siete están amenazadas. 142 tipos de aves, 35 de reptiles y 24 anfibios. Así, el yaracaré, las tortugas de tierra, el sicuri, el ocelote, el anta, el huaso, y otros. Viven unas 6.000 personas, la mitad menor de 15 años, repartidas en 17 comunidades.

16. Parque Nacional y Área Natural Amboró. Al oeste de Santa Cruz. Su clima es templado en la parte alta y cálido en las zonas más bajas. Están registradas 2.659 especies de plantas superiores, pero se estima la existencia de más de 3.500. 1.236 especies de fauna están registradas como el oso bandera, la pava de copete, la paraba militar y varias especies de aves endémicas como la grallaria erythrotis. Las comunidades humanas se concentran en los bordes del parque, aunque hay alguna población al centro.

17. Parque Nacional y Área Natural Cotapata. Al noreste de la ciudad de La Paz. El clima varía según la gradiente altitudinal: de frío helado hasta templado cálido. Registradas 820 especies de flora y se estima la existencia de 1.800 especies de plantas superiores. En fauna se registraron 204 especies como el jucumari, el águila de montaña, el guácharo, el taitetú y otros. Destacan las aves endémicas como la anairetes alpinus y el cinclodes aricomae. Viven aymaras en las tierras altas; campesinos, y migrantes en los valles.

18. Parque Nacional y Área Natural Madidi. Al sur de Santa Cruz. Clima cálido, típico de regiones áridas y semiáridas. Cuenta con unos 880 tipos de plantas vasculares, distribuidas en 111 familias y 28 especies de criptógamas. Se estima que hay 1.500 especies de plantas superiores. En fauna, 514 especies, 59 de grandes mamíferos, 301 de aves, 89 de herpetofauna y 65 de micromamíferos. La población humana se asienta principalmente en la zona periférica.

19.Parque Nacional Kaa-Iya del Gran Chaco. Al sur de Santa Cruz. De clima cálido, típico de regiones áridas y semiáridas. Cuenta con unos 880 tipos de plantas vasculares, distribuidas en 111 familias y 28 especies de criptógamas. Se estima que hay 1.500 especies de plantas superiores. En fauna, 514 especies, 59 de grandes mamíferos, 301 de aves, 89 de herpetofauna y 65 de micromamíferos. La población humana: pertenece a grupos indígenas como el izoceño-guaraní, chiquitano y ayoreo.

20. Parque Nacional y Área Natural Otuquis. En el sudeste de Santa Cruz. Su clima es de tipo subtropical monzónico. Se identificaron nueve formaciones vegetales con 104 especies. En fauna sólo se cuenta con datos preliminares. 59 especies de mamíferos y una alta diversidad en aves, principalmente acuáticas. Hay cinco especies de reptiles, 50 de peces. Existen unas 18 estancias pequeñas y medianas y pocas comunidades campesinas. Habría dentro del área unas 70 familias.

21. Parque Nacional Serranía del Aguaragüe. Al este de Tarija, en la provincia Gran Chaco. Su clima es subhúmedo megatermal. Tiene dos ecosistemas: el bosque tucumano-boliviano y el serrano-chaqueño. En fauna, hay varias especies, como el oso hormiguero, el oso melero, el tejón, el zorro, la charata, el quirquincho bola, el peludo, la mulita, el pecarí de collar y el oso bandera, entre otros. Existen 30 comunidades, ocho son del municipio de Villamontes, 13 del municipio de Yacuiba, nueve de Caraparí. En total hay 10.221 habitantes.

22. Parque Nacional y Área Natural Serranía del Iñao. En el departamento de Chuquisaca. Tiene una variedad de especies de flora nativa y fauna típicas de las ecorregiones de bosque tucumano boliviano y chaco serrano. Tiene un alto valor biológico y ecológico. Es un gran potencial para servicios ambientales como cabecera de cuencas y otros. Viven aquí comunidades indígenas guaraníes.

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* Fuentes:
La Prensa de la Paz y El Nuevo Día de Santa Cruz

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